Número 23 (junio de 2013)
Una mirada a la prensa, una instantánea a la historia
Silvia Martínez Martínez

El vínculo entre historia y periodismo se hace presente en no pocas ocasiones. Trabajar sobre hechos, pasados o actuales respectivamente, y aplicar técnicas similares para indagar sobre los acontecimientos son algunos de los argumentos empleados por aquellos que intentan justificar la existencia de lazos entre ambas disciplinas. Sin embargo, una mirada detallada nos permite comprobar que, más allá de los contenidos reflejados en las noticias, la prensa ofrece una imagen de la sociedad: acciona el disparador realizando una instantánea a la historia.

El periodista es un narrador de acontecimientos, historias, actuales. Intenta dar respuesta a las famosas cinco W’s, lo que incluye dar una explicación del hecho al indicar el porqué se ha producido. Además, en su rol de gatekeeper, selecciona y jerarquiza los hechos mostrando de forma destacada aquellos que considera más relevantes. Por ello puede parecer que el periodista facilita la labor del historiador al realizar un primer filtro y ofrecer aquellos acontecimientos que pueden ser clave en el devenir histórico. Sin embargo, en diversos foros se ha cuestionado la asimilación de la labor del periodista como historiador del presente. Sirvan como ejemplo de esta postura las aportaciones de los profesores Sanmartín, de Ramón Carrión y Paniagua Santamaría en distintas ediciones del Simposio de Historia Actual. Así, además de la inmediatez (que dificulta contar con la perspectiva necesaria en algunos casos para medir la evolución y la repercusión de determinados hechos), el objetivo del periodista y el del historiador divergen. El relato periodístico es asimismo traspasado por la línea editorial del medio en el que este se publica y se somete a un proceso productivo forjado por unas rutinas profesionales específicas.

 

Los medios de comunicación y con ellos los centros de documentación periodística pueden convertirse en fuentes de información para historiadores. Para ello es necesario que las narraciones periodísticas superen el juicio de la historia que certifique aquellos acontecimientos como hechos confirmados. A través de ellos el historiador puede tener incluso declaraciones de los testigos y de sus protagonistas. En la actualidad, con la digitalización de colecciones y ejemplares de prensa impresa, la consulta de estas fuentes se facilita. Un ejemplo muy destacado es el proyecto de preservación bibliográfica de la Biblioteca Virtual de Prensa Histórica (BVPH). Sin entrar en los detalles del proceso de digitalización y asignación de los metadatos que permiten la consulta y recuperación de los fondos (que de por sí implicaría la elaboración de un artículo específico), es interesante señalar que este archivo está disponible online tanto para investigadores como para usuarios en general que pueden acceder a ejemplares publicados desde 1753. El valor de este esfuerzo de preservación se evidencia si se tiene en cuenta la dimensión que alcanzó la prensa en el siglo XVIII pues, según indican Francisco Fuentes y Fernández Sebastián en Historia del periodismo español (1998:20), los años ochenta fueron “la década de oro del periodismo ilustrado” y es el momento en que se extiende la denominación periodista en detrimento de otros términos empleados hasta la fecha.

 

El repositorio de la BVPH permite acceder a los ejemplares del día de fechas clave en la historia y ver cómo se estaba viviendo el acontecimiento en aquel momento. Así, por ejemplo, se puede consultar la portada de El Progreso en pleno golpe de estado de 1936. Pero una comparativa cronológica ofrece pautas de la evolución social, de los intereses, de la economía... La publicidad que se insertaba en estas publicaciones (en especial desde que la publicidad se convierte en fuente de ingresos para los medios) también nos ofrece muchas claves de las costumbres y hábitos de un período histórico. Nos permite conocer las condiciones con las que se ofrecían los préstamos, la moda y el estilismo de la época e incluso, viendo los medicamentos que se anunciaban, conocer las enfermedades que eran más comunes. A modo ilustrativo, sirva como muestra la página de anuncios que publicaba el Diario de Reus el 1 de enero de 1900. Con todo, coincidiendo con las palabras que McQuail (1991:230) expresaba en Introducción a la teoría de la comunicación de masas, el contenido de los medios se presenta “como revelador de la sociedad y la cultura”.

 

Hasta ahora hemos hablado de la prensa como fuente para otras ciencias. Sin embargo, en un paso más, puede convertirse en objeto de estudio. Ello permite observar desde el surgimiento y desaparición de cabeceras hasta la evolución de la función de los medios en la sociedad, pasando por los cambios en la maquetación y el estilo narrativo. Disciplinas jóvenes como la de historia del periodismo irrumpen así en el panorama académico y científico. De manera más específica, el análisis de aquel discurso informativo que podemos clasificar como de metaperiodismo, hasta ahora poco explorado por los investigadores, puede mostrar la imagen que los propios profesionales tienen de la labor periodística y del sistema de medios. Se trata de una nueva instantánea, esta también de importancia en tanto que, según reconoce Meneses Fernández (2010:177) en un estudio sobre las aportaciones del metaperiodismo, estos contenidos “desentrañan las relaciones tejidas entre el sector periodístico y los demás actores sociales, y los enfrentamientos entre las facciones internas”.

 

La propia singularidad de la labor informativa (siempre sometida al escrutinio público) hace que, a pesar de que el diario está concebido para un consumo rápido pues sus contenidos tienen fecha de caducidad, los propios lectores revisen, rescaten y analicen mensajes publicados en el pasado en los medios de comunicación. La cultura de compartir que se ha extendido en la Red hace que cada vez sea más habitual encontrar en agregadores de contenidos y redes sociales entradas que comparan el discurso de las portadas (bien de diferentes medios, bien de una misma cabecera pero en distintos momentos históricos). En otras ocasiones, se puede plantear en estos espacios sociales una pregunta de modo que se pide al resto de usuarios que sean ellos los que localicen determinados contenidos y compartan sus reflexiones con la comunidad. Sirva de ejemplo de esta última práctica una cuestión lanzada en Quora donde se pide que se indiquen las portadas de revista que se consideren más polémicas. En cualquier caso son éstas muestras de la apertura del debate y reflexión pública sobre los medios. Se trata de aportaciones ciudadanas que merecen también ser objeto de estudio y que presentan a su vez la imagen que parte de la sociedad tiene del sistema mediático y de los contenidos que en él se difunden.

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