Número 67 (junio de 2017)
Momento de buscar trabajo: ¿por dónde empiezo?
Gina Aran

Se acerca el final de curso y muchos estudiantes finalizan sus estudios y abren una nueva etapa profesional. Es el momento de encontrar un lugar en el mercado de trabajo. Ahora, para muchos, comienza el trabajo de buscar trabajo

En pocos días, nuestros estudiantes habrán terminado un curso seguro intenso y bien apretado de tareas, muchos de ellos y ellas dejarán atrás una etapa de preparación para comenzar su carrera profesional.
 
Toca entrar en un mundo, el laboral, que teóricamente no deberían dejar hasta que les corresponda la jubilación. Toda una vida en la que seguramente cambiarán de trabajo varias veces y que, idealmente, les deberá resultar provechosa y satisfactoria.
 
Hoy día el mundo empresarial es volátil, pues las decisiones pueden cambiar en el momento menos pensado; incierto, porque no es fácil prever qué hará la competencia o cómo se comportará el mercado; complejo, pues está inmerso en un sistema de conexiones globales; y ambiguo por la misma cantidad de informaciones circulantes en este contexto, que hacen difícil la toma de decisiones.
 
Es un hecho que el terreno del empleo se ve afectado por esta situación actual, siendo especialmente difícil para los jóvenes sin experiencia afianzar un puesto de trabajo, más cuando el conocimiento tiende a perder valor diferencial dado que todo el mundo tiene acceso a él.
 
Es por eso que el éxito en la búsqueda de trabajo pivota alrededor de los conocimientos pero también de las habilidades específicas y transversales, así como de las cualidades personales, en definitiva, las competencias. Ha sido un objetivo destacar entre otros candidatos.
 
Encontrar el trabajo que queremos pasa por plantear una buena estrategia de investigación que implicará tomar decisiones y prepararse a conciencia.
 
Una tarea previa que se suele menospreciar —pero que seguramente es la más importante— es la del proceso de autoconocimiento, tanto desde un punto de vista de personalidad, como de competencias, como de objetivos. En esta tríada se incluyen las emociones y los valores, las preferencias y las inseguridades, las actitudes y los deseos... todo debe ser previsto para decidir hacia dónde nos dirigimos, con qué recursos contamos y qué aspectos queremos mejorar, siempre en función de los objetivos que nos proponemos. Considero que es muy útil hacer un ejercicio de visualización del futuro en el que nos podamos imaginar, incluso recomiendo redactarla con detalle y conservarla mientras avanzamos.
 
Entramos a partir de ahí en una segunda fase, de carácter mucho más operativo, en la que tendremos que hacer una búsqueda de las empresas que encajan con nuestra visión, son las "empresas diana", aquellas donde quisiéramos trabajar. En este sentido, cabe comentar que a menudo nos deslumbramos con las que tienen una notable visibilidad pero, si buscamos más a fondo, encontraremos infinidad de organizaciones que pueden resultar ser un buen destino.
 
Es la hora entonces de ponerse en marcha y planificar las actividades que nos han de conducir a conseguir una entrevista de trabajo.
 
Por un lado, hay que dotarse de herramientas que nos permitan proyectar quiénes somos y qué valor aportamos a la empresa.
 
El clásico curriculum vitae es el documento base. Este deberá ser adaptado a cada organización en función de las necesidades que deducimos que esta quiere cubrir y que encajan con lo que nosotros podemos aportar.
 
Por otra parte, es necesario que nos acostumbremos a hacer uso de las redes sociales para comunicar nuestro perfil. Debemos tener presente que los seleccionadores nos buscarán, algunos directamente se dedican a buscar perfiles por internet sin tener previamente el CV clásico. Debemos estar en LinkedIn, la más importante red profesional, y mantener actividad, pues es a través de todo lo que compartimos que nos podrán conocer. Se buscan personas, no títulos exclusivamente.
 
Una recomendación útil para saber qué pueden estar viendo de nosotros es que practiquemos egosurfing, es decir que nos busquemos nosotros primero en internet... solo tenemos que poner nuestro nombre en Google y tirar del hilo. Lo que encontremos es lo mismo que encontrará cualquier seleccionador.
 
Otra red en la que deberíamos estar presentes es Twitter, un espacio de microblogging que nos permite seguir empresas y entrar en contacto con personas clave.
 
Tanto LinkedIn como Twitter deben servir para construir una network, una red de contactos, que será la que sustente las posibilidades de recibir una propuesta atractiva de trabajo. Por eso tenemos que mantenernos activos mostrando nuestras competencias e intereses, a través de lo que compartimos, lo que opinamos o lo que aportamos a los demás.
 
Para todo profesional, y especialmente el de la comunicación, es altamente recomendable —cuando no imprescindible— tener y mantener un blog que proyecte quiénes somos. Es nuestro escaparate y lo primero que encontrarán las empresas que busquen especialistas de nuestro ámbito.
 
Poco a poco, vamos construyendo lo que hoy día se llama “marca personal” y por la que nos identificarán y recordarán. Pero esta no es exclusivamente digital, sino que se construye también en el offline. Por lo tanto, hay que tener previstas actividades presenciales que nos permitan hacer contactos con otras personas. Cursos, conferencias o presentaciones son espacios donde hacer networking. A tal efecto, es imprescindible tener preparado un elevator pitch y una tarjeta de visita.
 
Se estima que el 80% de las vacantes no se publican y uno de los medios preferidos para buscar candidatos son los contactos personales (Informe Infoempleo-Adecco). Esto da buena medida de la importancia de trabajar nuestra marca personal y el networking.
 
Los portales de empleo, como Infojobs por ejemplo, son otra de las vías fundamentales y, por tanto, será necesario que revisemos periódicamente todas las vacantes que sí aparezcan publicadas.
 
Por otra parte, muchas empresas ofrecen en sus webs la posibilidad de dejar nuestra candidatura. No perdamos pues la oportunidad.
 
Ahora bien, para todas las “empresas diana” hay que planificar también el envío de autocandidatura, una manera proactiva de presentarnos sin que en ese momento necesariamente haya una vacante. Es muy posible que cuando aquella empresa necesite alguien, recuerde y recupere nuestro CV, que llegue con la ventaja de no “competir” con decenas de otras candidaturas, como sucede en un proceso de selección.
 
Todas las actividades que hemos planteado más arriba se deben trabajar intensamente y de manera integrada. El objetivo es conseguir una entrevista, porque es esta la llave que puede abrir definitivamente la puerta a un nuevo trabajo.
 
Conocernos a nosotros mismos, conocer en profundidad la empresa, definir nuestra aportación de valor diferencial y comunicar con seguridad constituyen la receta esencial para superarla con éxito.
 
Para saber más:
 
Aran, Gina (2014). Comunicación persuasiva para la entrevista de trabajo. Barcelona: Editorial UOC.  

 

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