Número 67 (junio de 2017)
Dinamitando la caja del misterio: el retorno de Twin Peaks
Antoni Roig

Sergio Ramos y Rafa Nadal están viendo Twin Peaks. No sé si habrán elaborado ya alguna teoría, pero probablemente se sientan desconcertados. Lo que Movistar+ anuncia como «No es una serie. Es la Serie» se ha revelado como algo distinto, que pone a prueba —y de qué manera— lo que significa ver televisión en esta llamada "era dorada" de las series. ¿Nostalgia? ¿Autohomenaje? ¿Control autoral férreo? ¿Caos y decadencia narrativa? ¿Gol a Showtime?… Aun no lo sabemos, pero este es precisamente el tema: David Lynch y Mark Frost han construido un artefacto radical que ejerce un influjo extraño pero que se niega a dar explicaciones y nos deja indefensos: ¿spoilers?, ¿teorías fan? Esto es otra cosa. 

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En una temporada en la que no han faltado series de televisión abiertamente surrealistas y dispuestas a romper nuevos límites entre lo real y lo irreal, como Legion o American Gods, llega el reboot de Twin Peaks. En cierta manera es lógico, ya que sus dos temporadas originales abrieron de par en par, a principios de los noventa, todo un mundo nuevo de posibilidades sobre lo que se podía hacer en televisión. Teorías sobre «quién mató a Laura Palmer» (un tema totalmente superfluo para sus creadores) y por qué, marcaron una época en la que los fans tenían que esforzarse mucho para poder compartir sus obsesiones. Y el "mantra" de este anticipado regreso se basaba en una frase mítica y mitificada, pronunciada por Palmer en la Habitación Roja: «Nos veremos de nuevo dentro de 25 años». Todo cuadra bajo la apariencia de un diseño autoral que encaja con el contexto actual de lo que J.J. Abrams denomina la «caja del misterio». En esta caja, que rige la estructura de muchas ficciones contemporáneas, se juega con el espectador para que elabore sus teorías, comparta posibles pistas, encuentre mensajes ocultos, de forma que pueda sumergirse en el universo narrativo de series como Lost o Fringe (por poner solo dos ejemplos de la factoría Abrams). Y así funcionan muchas series, como cajas que los fans deben intentar manipular a la búsqueda de revelaciones, de posibles pistas diseminadas en lugares insospechados como forma de gratificación y moneda de capital social. Es la era de los spoilers y las teorías fan, que tienen como principal objetivo la resolución de un misterio que planea sobre la serie, sea la identidad de un asesino, la verdad sorprendente sobre un personaje, la fuente de una conspiración, un hecho oculto en el pasado, o la mismísima naturaleza de lo que está sucediendo… Este juego se establece a partir de una creencia previa, que la caja existe, que el mundo que se nos presenta está perfectamente definido, que es coherente y accesible a nosotros, que está dejada ahí para que juguemos con ella, donde cada pieza tiene su función y nos permite avanzar hacia una futura conclusión. Y ahora entra Twin Peaks 2017.
 
 
 
Series como Legion o American Gods juegan a fondo la carta del surrealismo pero respetando la caja del misterio, con piezas que más pronto o más tarde deben encajar; se benefician además de su vínculo con mundos preexistentes, sean los cómics Marvel o una novela de Neil Gaiman. Del Twin Peaks original heredamos toda una serie de icónicas referencias (ambientes, personajes, lugares, música y sonido, tono entre la comedia, el serial, el thriller y el horror) y, sin duda, el intenso mundo creativo de David Lynch. Esa referencia a los 25 años apela a continuidad, a revival, a reencuentro con personajes y situaciones familiares. Los fans nos regocijamos al saber que el control de Frost y Lynch sobre el producto sería total y que lo que se planteó inicialmente como una miniserie se convertiría en una temporada completa incluso más larga que lo que las plataformas de televisión de pago suelen producir, hasta un total de 18 episodios. Y por encima de todo el secretismo más absoluto hasta el momento de la premiere. Ausencia total de spoilers para lanzarse en su búsqueda a la más mínima oportunidad. A partir de aquí se puede construir la caja, pero desde el primer capítulo ya quedó claro que esta no era la intención de sus creadores. Sí, ahí está el Great Northern Hotel, la comisaría, el Bang Bang Bar o la Habitación Roja, pero la narrativa explota y fragmenta en infinidad de situaciones, lugares y personajes distintos, sin que un compartimiento de la caja nos lleve necesariamente a la siguiente. Las subtramas pueden ser abandonadas y quizás retomadas cuatro episodios más tarde, o quizás nunca —en el momento de escribir estas líneas hemos llegado al séptimo episodio—. No sabemos qué importancia real tiene lo que estamos viendo en relación a un hipotético "conjunto coherente", nos podemos empezar a preguntar si la caja es defectuosa. Bueno, de hecho, hay literalmente una caja en la serie, una caja en la que parece ser que pueden entrar y salir "cosas" y que debe ser vigilada, pero de la que lo ignoramos todo. Horas más tarde, seguimos ignorándolo prácticamente todo y hemos perdido pie, porque nuestros personajes, en general, no se corresponden a nuestras expectativas. El caso del agente Cooper es el más representativo, fragmentado en estos momentos en un doppelganger malvado (que remite a la serie original pero que podría pertenecer perfectamente a films de Lynch como Corazón salvaje o Carretera perdida) y sobre todo el alucinado Dougie, donde Cooper se encuentra atrapado y que es incapaz de realizar las acciones cotidianas más elementales. Dougie/Cooper puede tomarse una taza de café realmente buena, pero de una manera totalmente alejada de la serie original. ¿Teorías? Muchas, sin duda, incluyendo la que considera que el pobre Dougie es el espectador, totalmente desconcertado, desintegrado y paralizado después de 25 años sin contacto con el mundo (de Lynch). Se rescata el film Twin Peaks: fuego camina conmigo (1992), que emprendió ya en su momento una huída hacia alguna parte, como posible apoyo para buscar pistas.  
 
 
Porque necesitamos pistas. Queremos saberlo todo, pero Twin Peaks se niega a revelarse a sí misma para desesperación de muchos espectadores, incluyendo quizás a Rafa y Sergio y probablemente a los ejecutivos de Showtime. Quizás la teoría más acertada es la que dice que Twin Peaks es como una trampa para los "teoristas" y David Lynch, el mayor trol de la historia contemporánea de la televisión. Quizás esta es la manera de volver a diferenciar Twin Peaks tras 25 años en los que las series de televisión han cambiado totalmente, gracias en buena parte a Twin Peaks. Quizás nos estamos quedando encallados ante la imposibilidad de saberlo todo, quizás lo que nos pide Twin Peaks es simplemente que aceptemos que eso no va ser posible. El riesgo es enorme, porque todo apunta a una pérdida masiva de espectadores, acostumbrados a sorpresas controladas, a giros que pueden ser contextualizados siguiendo foros o redes sociales. Como dice un cronista de Den of Geek al hacer la reseña del sexto episodio: «¿Que si fue un buen episodio? Ni idea, tío, solo sé que me perturbó pero bien». Y es que de entre todo lo que podía ser, Twin Peaks ha decidido no ser complaciente. Y por eso mismo vuelve a ser televisión subversiva.
 
Para saber más:
 
 
 
 
 
Jensen, Jeff (2017). «David Lynch thinks your Twin Peaks theories are 'a beautiful thing'». Entertainment Weekly.
 
 
 
Banda Sonora:
 
Badalamenti, Angelo (1990). Music from Twin Peaks. Warner Bros.
 
Rene & Radka (2017). The Chromatics: Shadow
 
televisión;  entretenimiento;  fandom; 
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