El libro digital
E l l i b r o d i g i t a l
Antonio Rodríguez de las
Heras
Degà de la Facultat d'Humanitats, Comunicació i Documentació
de la Universidad Carlos III, de Madrid
El espacio digital: diez observaciones | Densidad, accesibilidad y actualización | ¿Adónde van las palabras cuando dejo de verlas? | Interacción, ubicuidad y deslocalización | Amorfia y asincronía | Hipertextualidad
¿Adónde van las palabras cuando dejo de verlas?
(4) La cuarta propiedad es también muy interesante. Para presentarla siempre recurro a un momento de la película de Fellini, "Ensayo de orquesta": es cuando una componente de la orquesta recuerda la pregunta que un día le hizo una niña: "¿adónde va la música cuando deja de sonar?". Esta frase nos va a servir para aproximarnos a la siguiente propiedad que nos espera. Para ello, imaginemos que estamos ante una pantalla electrónica (Bueno, corrijo lo que he dicho en la conferencia, porque ahora hay un lector que está leyendo DIGIT·HVM y, por tanto, se encuentra ya ante una pantalla electrónica). Con un clic hace desaparecer las palabras que tiene en pantalla, y es entonces cuando hay que hacer uso de la frase de la película de Fellini, pero no ya para preguntarse "adónde va la música cuando deja de sonar", sino "¿adónde van las palabras cuando dejo de verlas?". Durante siglos, y hasta ahora, cuando se dejaba de ver las palabras, es que habíamos pasado la página y éstas se encontraban en el reverso. En la pantalla, el destino de las palabras es distinto: cuando dejamos de verlas se diluyen en los interminables surcos de un disco. Y ahí no hay palabras escritas, sino ristras inacabables de finísimas incisiones o de partículas imantadas.
Esto es un cambio muy sugerente porque hasta ahora nuestras palabras, retenidas en soportes distintos la cera, la arcilla, la piedra, el papel, el pergamino, al dejarlas de ver estaban en el reverso o en otro lugar. Pero estaban ahí. Ahora no están, vuelven a un pentagrama que son los surcos de un disco. Y eso es interesante para entender el libro futuro.
Las palabras, aunque nos empeñemos con las metáforas de las páginas en pantalla, como la página Web, por ejemplo no están impresas en la pantalla electrónica. La palabra está sostenida. Y la pantalla no es una superficie de 14 o 17 pulgadas. La pantalla es un espacio de tiempo. Un espacio de tiempo, entre un clic y el siguiente, durante el cual las palabras están sostenidas. Entre una acción y otra del lector las palabras se sostienen en la pantalla; antes y después están diluidas en el disco.Lo mismo que sucede a las letras, la imagen y el sonido también se diluyen en los surcos de la superficie discoidal. Aquí está el concepto de multimedia, en la disolución del texto, la imagen y el sonido, que se mezclan bajo el mismo código en los cauces del disco. Otro sueño del hombre con respecto al libro se ve respondido desde el libro digital: la buena conjunción de la imagen, el texto y el sonido en el espacio de lectura.
A lo largo de la historia del libro, la lucha ha sido constante entre el texto y la imagen. Cuando llega el códice se salva la dificultad del volumen o rollo para contener la imagen, ya que que al doblar el soporte se saltaba una pintura de capas espesas. Liberada la imagen de esta restricción, aparece con todo su esplendor en los libros iluminados. Pero se manifestará entonces más claramente la lucha del texto y de la imagen por el espacio de la página: unas veces la imagen domina el texto y lo pone a sus pies pie de imagen, pie de foto y en otras obras el texto encierra la imagen y la confina dentro de los rasgos de una letra majestuosa. Hasta la música, a través de la notación musical, encontrará la forma de conseguir un lugar en la página de un libro.
El libro instalado en el espacio digital se hace multimedia; no hay impedimento material para que congenien texto, imagen y sonido, aunque sí queda la tarea de autor para saber dosificar y distribuir la presencia de cada uno de ellos.