El libro digital
E l l i b r o d i g i t a l
Antonio Rodríguez de las
Heras
Degà de la Facultat d'Humanitats, Comunicació i Documentació
de la Universidad Carlos III, de Madrid
El espacio digital: diez observaciones | Densidad, accesibilidad y actualización | ¿Adónde van las palabras cuando dejo de verlas? | Interacción, ubicuidad y deslocalización | Amorfia y asincronía | Hipertextualidad
Hipertextualidad
(10) Y, para terminar, tenemos la décima propiedad. Propiedad muy importante de tener en cuenta para concebir cómo puede ser el futuro libro digital.
Esta propiedad permite continuar con una operación de trascendencia en la historia del libro: en vez de enrollar el soporte, se pliega el soporte. Pues bien, ahora en el mundo digital lo que hay que plegar ya no es el soporte sino el texto. Y cuando se pliega un texto estamos hablando de un hipertexto. No podríamos concebir un libro digital sin una estructura hipertextual. Y paso enseguida a explicárselo; pero como será difícil en poco tiempo, procuraré con una metáfora aclarar la idea de hipertexto como una forma de plegar el texto, como una nueva geometría del texto.
En la sociedad en la que vivimos los conceptos, las ideas se difunden tan rápidamente que, como si de una brusca expansión en el mundo físico se tratara, se enfrían igual de rápido y pierden fuerza. Uno de los conceptos que ha perdido fuerza ha sido el concepto expansivo de hipertexto. Con Internet, en concreto con la Web, se ha empezado a utilizar en su sentido débil, en su sentido menos exigente. Hasta el punto de que se denomina hipertextualidad al hecho de vincular documentos con el concurso de unas herramientas informáticas. Pero esto es marcadamente insuficiente. Para ello, voy a recurrir a la metáfora anunciada.
Imaginemos que tenemos una gran hoja de papel, que representaría la generosidad de la tecnología en cuanto a posibilidad de registrar información en los nuevos soportes. Podemos empezar a escribir sobre ella, hasta llegar a llenarla. Pero una vez escrita, se nos dice que para leer lo escrito hay que hacerlo a través de una ventana reducida como es la pantalla electrónica. La superficie de la hoja escrita es muy superior a la de la pantalla Este es el contraste entre un mundo digital extraordinariamente denso y su acceso mediante una pantalla electrónica. La tecnología te ofrece todos los metros de profundidad que se desee en el pozo, pero hay que asomarse a un estrecho brocal. ¿Cómo resolver esta discrepancia?
Hay dos soluciones. Una, si no cabe la hoja, troceémosla en partes que sí concuerden con el tamaño de la pantalla. Además, la tecnología nos ofrece aguja e hilo para hilvanar a nuestro gusto los trozos: son los "links" o enlaces.
Todos hemos experimentado que, cuando, aburridos en una reunión, comenzamos a trocear una hoja, el montón de fragmentos adquiere un volumen considerable, superior al del punto de partida. Y el intento de ligarlos con la ayuda de hilos amenaza con convertirlos en una maraña. No es, por tanto, un buen camino esta consideración del hipertexto basada sólo en enlaces.
¿Otra solución que podría haber? Ciertamente que la gran hoja no cabe en las dimensiones de la pantalla, pero en vez de fragmentarla comenzamos a plegarla. A medida que avanzan los pliegues, lo escrito va desapareciendo bajo los dobleces y emergiendo una forma, una papirola, una interfaz, que sí ya cabe en la pantalla y que luego el lector tocando el texto irá desplegando, haciendo que vayan brotando las palabras tras los pliegues. El trabajo hipertextual es un trabajo de papiroflexia, aunque lo que se pliegue no sea papel, sino el texto. La hipertextualidad es una geometría del texto en el espacio digital.
Para que el libro digital emerja hay que concebir unas organizaciones hipertextuales mucho más potentes que las que en estos momentos tenemos. Un conjunto de páginas web es muy poco exigente en este sentido, y puede, en general, resolverse con aguja e hilo, pero no sucede lo mismo con la escritura de un libro. Aquí se necesita mucha más creatividad e insistente experimentación. Sólo asi irá tomando forma un libro sin páginas, un libro blando, poliédrico, navegable, con emociones nuevas de lectura y frustración por otras irremediablemente perdidas.
Nos espera mucho trabajo, pero es un reto irrenunciable que nos llega al humanismo desde unas tecnologías que están conformando el mundo. La responsabilidad es nuestra.