E l l i b r o d i g i t a l
Antonio Rodríguez de las
Heras
Degà de la Facultat d'Humanitats, Comunicació i Documentació
de la Universidad Carlos III, de Madrid
Conferència pronunciada a
Barcelona el 21 d'octubre de 1999
en el marc de la II Setmana de Debat sobre l'ensenyament universitari de les
Humanitats
Tecnologies de la Informació i Humanitats,
organitzades per la Facultat d'Humanitats de
la Universitat Pompeu Fabra
i els Estudis d'Humanitats i Filologia de la UOC
El espacio digital: diez observaciones | Densidad, accesibilidad y actualización | ¿Adónde
van las palabras cuando dejo de verlas? | Interacción,
ubicuidad y deslocalización | Amorfia y asincronía | Hipertextualidad
El espacio digital: diez observaciones
El tema Tecnologías de la información y Humanidades posiblemente habría parecido intratable hace unos años. En los años setenta se pensaba que el desarrollo de las tecnologías de la información iría por un camino totalmente divergente de la línea humanística, y que progresivamente la sociedad bascularía hacia una sociedad tecnológica cada vez más dominante. Nadie podía pensar en los años setenta, y digo setenta por ser cuando comencé, desde las humanidades, a estudiar estas tecnologías, que escasamente en quince o veinte años ya no solamente esas dos líneas, la humanística y la tecnológica, no iban a ser divergentes sino, todo lo contrario, que se daría una convergencia. Y en ese encuentro entre tecnología y humanidades hay un campo apasionante, o al menos así me lo parece, y quizá eso haga que trate sobre este tema con una cierta pasión y emoción. Creo que el encuentro es muy interesante por la cantidad de sugerencias y capacidades que abre a un nuevo humanismo en una sociedad tecnológica.
Dentro de este encuentro, que me parece tan interesante, he querido centrar mi atención en una mirada al libro. Creo que el libro es el objeto que mejor representa lo que es el humanismo de siglos. El libro en estos momentos se encuentra frente a un campo nuevo, el del mundo digital, que lo perturba y, a la vez, esta reciente emergencia abre una incertidumbre sobre cuál va a ser el papel de ese libro que nos ha acompañado, como objeto cultural, durante tantos siglos. La página del libro en una sociedad en la que domina la pantalla; una pantalla por la que está brotando una buena parte de ese mundo digital. Este sería el motivo principal de mi intervención: discurrir sobre el futuro inmediato que espera al libro en el espacio digital.
Primero querría hacer una observación sobre qué entiendo por espacio digital. Porque me gustaría que durante toda esta intervención nos libráramos de quedar enredados en la parte más superficial del fenómeno: el utillaje. El bosque de aparatos y siglas obstaculizan y desaniman la pretensión de alcanzar unas ideas claras y generales.
El mundo digital, tal como desearía que lo entendiéramos a lo largo de mi intervención, es una emergencia muy reciente que ha provenido de algo aparentemente sorprendente. Veamos: puedo coger en la mano un disco magnético, óptico, pero si comienzo a reunir más discos -a conectar unos con otros- el resultado no será una pila de discos, del mismo modo que si reúno libros tendría una estantería o una librería, sino que esos discos comienzan a desaparecer. Ya no los veo y, sin embargo, ha emergido un nuevo espacio al que sólo me puedo aproximar a través de ese ventanillo, de ese brocal, que es la pantalla electrónica. Una emergencia que se ha producido, una vez más en la historia de la evolución, por conexión de partes más simples. Y lo que ha nacido detrás de esa pantalla es un espacio con propiedades nuevas respecto al espacio tridimensional en el que estamos inmersos.
El espacio digital es un fuerte "atractor". Es decir, que ese espacio, que está empezando a formarse, tiene una gran capacidad de atraer todo lo que hay al otro lado, en nuestro espacio tridimensional. Y así, cantidad de objetos, sucesos y actividades que se dan en el espacio tridimensional pasan al espacio digital. Cada vez más cosas, operaciones y sucesos de nuestro mundo cartas, papeleras, juegos, comunicación, dinero, mercadeo... están ya en el espacio digital. Y esto es sólo el comienzo, porque, sin caer en visiones futuristas exageradas, las posibilidades de absorción son ilimitadas.
Pues bien, si se está produciendo esa atracción tan generalizada, no podía librarse de ella un objeto tan importante para nuestra cultura como es el libro: el libro también sufre esa atracción y pasa al otro lado de la pantalla. Ahora lo interesante, y lo que querría desarrollar, es ver qué sucede con esa transferencia: ¿se pierde el libro tal y como lo entendemos? ¿Adquiere otras propiedades? Pues yo les voy a descubrir desde el primer momento mi tesis: creo que la transferencia, fruto de ese espacio atractor que es el espacio digital, del libro objeto que hoy tenemos el códice, el texto en tinta, el papel, la página al otro lado de la pantalla va a reforzar las características, las aspiraciones que secularmente el hombre había depositado en ese gran invento que consiste en plegar el papel y sujetar los pliegos. Las propiedades del libro se van a potenciar. Esta es mi tesis, y quiero manifestarla desde el primer momento.
Con este punto de partida es obligado que a continuación pase a justificar por qué tengo esas esperanzas en el futuro del libro en el mundo digital. A través de diez observaciones vamos a ver que las aspiraciones, como decía antes, depositadas en las distintas formas materiales que hemos dado al libro se van a potenciar en el espacio digital. Por consiguiente, el paso del libro códice al libro digital no será más que un reforzamiento de lo que ya existe. No una perturbación.