ENSEÑAR LITERATURA EN LA RED. NUEVOS RECURSOS DIGITALES.
LAURA BORRÀS CASTANYER
Estudis d’Humanitats i Filologia, Universitat Oberta de Catalunya, HERMENEIA, Internet Interdisciplinary Institute (IN3)
Av.
Tibidabo 39-43, Barcelona 08035 SPAIN.
E-mail:
lborras@uoc.edu
La
incorporación de las nuevas tecnologías a la literatura y a su estudio supone
la posibilidad de una relectura del pasado desde una plataforma en la que la
obra se presenta como un producto abierto, exento de estructuras jerárquicas,
inscrito en una red infinita de hipertextos, y revisado a la luz de otra dimensión
textual, crítica y hermenéutica. El entorno digital hace más evidente la
inscripción de la obra en un marco intertextual y posibilita materialmente la
conexión física de los textos.
Con la asignatura Temas de literatura universal, se pretende contribuir a
una lectura transversal de la literatura universal en un entorno virtual de
aprendizaje,
a la vez que se facilitan pautas para un ejercicio práctico de literatura
comparada, proponiendo unos
itinerarios de lectura que pasan por épocas y tradiciones literarias alejadas
en el espacio y en el tiempo. A partir de las relecturas planteadas sobre
determinados textos de la literatura universal, sumada a la función tutorial
del profesor a distancia de la asignatura, se podrán lograr los siguientes
objetivos: a) Comprender
cada uno de los textos propuestos a partir de un análisis comparativo, que pone
en relación varios textos literarios, pictóricos o cinematográficos; b)
Identificar algunos modelos para contribuir a una lectura transversal de la
literatura universal y c) Construir una visión crítica sobre algunos de los
grandes temas que recorren la literatura occidental.
1.
De cambios y transformaciones
El mundo digital reconfigura la enseñanza,
prosiguiendo el proceso iniciado primero con el invento de la escritura, y luego
de la imprenta, y libera al estudiante de la necesidad de estar en presencia física
del profesor (Landow, 1997:29-30)[i]. En la Universitat Oberta
de Catalunya, desde el año 95 este proceso tiene lugar en un espacio concreto
de la red: un campus virtual que funciona, de manera asincrónica, al servicio
de una comunidad de estudiantes y profesores. E incluso en este médium
heterogéneo y turbador, el objetivo sigue siendo “enseñar”. Sin embargo,
cuando el entorno docente deja de ser el de las aulas para pasar a la inasible
virtualidad de la pantalla, el enfoque metodológico es crucial y debe ir acompañado
de una reflexión previa insoslayable: ¿debemos, a principios del siglo XXI
seguir ofreciendo el mismo tipo de enseñanza de siempre, sea en la universidad
tradicional o en una universidad pionera como la UOC? Los cambios
socioculturales que Internet ha promovido, la sociedad de la información en la
que vivimos nos obligan a repensar algunas premisas y a considerar nuevos
espacios y posibilidades que hay que saber generar, de acorde con el signo de
los tiempos. En este contexto de “sobreinformación” en el que vivimos, la
función del profesorado ya no puede ser únicamente la de transmitir
“conocimiento”, sino la de contribuir a generarlo en los estudiantes, es
decir, debe asumir una función de “guía” y proporcionar instrumentos
intelectuales que permitan enseñar a ser capaz de pensar con criterio.
En nuestro medio literario, básicamente hay
que enseñar a leer, con toda la profundidad que seamos capaces de conferir a
esta fórmula. En los Estudios de Humanidades y Filología de la UOC hemos
optado por un método hermenéutico siguiendo a Gadamer en la concepción de la
hermenéutica como el arte de comprender la opinión del otro. No deja de ser ésta
una formidable reflexión acerca de la actividad que denominamos lectura y que
aspira a participar en el “sentido compartido”. Sin embargo, leer, y enseñar
a leer en un medio como Internet y con su herramienta natural, el hipertexto,
significa enfrentarse a un dispositivo tecnológico al servicio de la educación,
en el que una cuestión previa es, sin duda, el cambio de enfoque en el
encuentro con el discurso. En este nuevo entorno se produce una cierta
substitución de códigos vinculados al formato « papel » por otros
asociados al contexto digital. Tratar de cifrar los estadios de esta substitución
merecería un análisis largo y detallado, imposible de realizar en este marco.
Sin embargo, a partir del ejemplo concreto de una asignatura trataremos de
esbozar cuáles pueden ser los cambios que afectan a la enseñanza de literatura
para inscribirlos dentro de las posibilidades reales que tal vez nos permitan
avanzar, desde un punto de vista teórico, de la estética de la recepción a la
estética de la interactividad[ii], provocando un juego de
voces en la clase virtual, no sólo entre profesor y estudiantes, sino entre los
propios estudiantes.
El nuevo paradigma nos invita a reflexionar
sobre la nueva forma de construcción del discurso del saber y las modalidades
específicas de su transmisión y lectura. En este contexto, cuando un profesor
se plantea trasladar los contenidos que sabe transmitir de manera presencial a
las nuevas tecnologías, es necesario hacer un esfuerzo de planificación y diseño,
además de formarse mínimamente en la didáctica y en la pedagogía, aspectos
que acostumbran a estar bastante desatendidos en la docencia universitaria que
conocemos. Así, si convenimos en que la forma tiene un efecto sobre el sentido,
la manera de mostrar y organizar la disposición de información se convierte en
decisiva, especialmente si queremos fomentar una respuesta activa por parte del
estudiante. Por ello es necesario reformular y organizar innovadoramente la
relación entre las fuentes y las modalidades de la argumentación, etc.
De entrada, el cambio fundamental reside en el hipertexto, cuya
complejidad y alteridad radicales son los verdaderos responsables de la angustia
que suscita la textualidad electrónica. Pese a la dispersión terminológica
que sacude el ámbito de la teoría del hipertexto, como en otras ocasiones ha
ocurrido en el ámbito de la narratología, etc., todos coincidimos con Landow
en designar grosso modo como “hipertexto” al medio informático que
relaciona tanto información verbal como no verbal y que permite a los lectores
escoger sus propios recorridos a través de un conjunto de posibilidades. En la
asignatura Temas de literatura universal, nos hemos planteado el abordaje
de un conjunto textos a partir de una serie de relecturas que toman como hilo
conductor algunos de los temas que atraviesan buena parte de la literatura
universal (y que hemos objetivado en el deseo, el viaje, la identidad y la
alteridad). En este material hipertextual que combina la lectura lineal con la
lectura secuencial o fragmentaria inherente al hipertexto, así como recursos de
vídeo y audio, se ofrecen a los estudiantes lecturas e interpretaciones de
obras clave de la literatura universal a través de un trayecto intertextual
doble, de tipo genético y analógico, que pone en relación varios textos
literarios, pictóricos o cinematográficos. A lo largo de todo el proceso hemos
tenido una voluntad manifiesta de situar el texto sometido a análisis en una
doble orientación, hacia el presente
y hacia el futuro pero, al mismo tiempo, aparece ubicado en un paradigma
compuesto por otros textos que lo precedieron y con relación a los cuales está
escrito. Así, el texto asume de manera explícita o latente el pasado cultural
que le precede incluso cuando está concebido contra ese mismo pasado. El
curso pretende contribuir, pues, a una lectura transversal de la literatura
universal en un entorno virtual de aprendizaje, a la vez que se proporcionan
pautas a los estudiantes para un ejercicio práctico de literatura comparada,
proponiendo unos itinerarios de lectura que pasan por épocas y tradiciones
literarias alejadas en el espacio y en el tiempo[iii].
2.
Enseñar literatura en la red: leer, releer
“Un buen lector es un relector”, afirma rotundamente Nabokov. La
contundencia de semejante afirmación no deja espacio a la duda: el espacio
hipertextual en el que la lectura es fragmentada y no secuencial, la relectura
se revela como la estrategia metodológica inevitable en la construcción de
sentido. Si nos detenemos a analizar los motivos que nos empujan a releer,
pronto nos percataremos de que no existe una norma clara que justifique esta
particular inclinación. El acceso por primera vez a un texto la mayor de las
veces es por inducción, o por azar, de modo que es un acto escasamente libre;
la opción de la relectura, en cambio, es un acto iluminado por la libertad (Borràs,
2001)[iv]. El hipertexto posibilita
una relectura exponencial de los contenidos que hemos diseñado, pero esto no es
todo. Además, la distinción entre “lower
criticism” y “higher criticism”
formulada por Tim Machan al principio
de su Medieval Literature: Texts and Interpretation[v],
(Binghamton, Medieval & Renaissance Texts and Studies, NY, 1991) queda aquí
completamente desvirtuada por cuanto nuestro propósito es fundir ambos tipos de
crítica, la que es básicamente textual y bibliográfica y la que estaría
conformada por los estudios interpretativos para ofrecerlos de una manera
combinada y cohesionada en la que ya no tienen razón de ser diferencias de
categoría como las que él establece.
Es necesario considerar con seriedad que el
acto de enseñar en línea a partir de estos materiales académicos en soporte
digital, supone desprenderse de los hábitos adquiridos y de transformar las técnicas
comunicativas del discurso del saber. Las maneras de probar la « validez »
de un análisis literario se encuentran, en este momento, profundamente
modificadas desde que podemos desarrollar el discurso según una lógica que ya
no es necesariamente lineal y deductiva, sino abierta y relacional. En nuestro
ejemplo, el estudiante-lector, puede consultar directamente los documentos
(archivos, imágenes, música…) que son los objetos o los instrumentos de la
investigación que le está siendo referida[vi].
En este entorno textual múltiple, sin fronteras, o con las únicas fronteras de
la curiosidad y el deseo, la noción esencial es la de « enlace ».
Participamos de una concepción del entrelazamiento como una operación que pone
en relación las unidades textuales fragmentadas por y para la lectura, pero que
deberían provocar también una respuesta por parte del estudiante. Ya lo había
formulado Landow y nuestra experiencia, y las opiniones de los estudiantes lo
corroboran, el enlazamiento electrónico vincula la idiosincrasia y la asociación
personal de maneras particularmente liberadoras. En este sentido, después de la
experiencia acumulada y a partir de los resultados obtenidos desde nuestras
propias inversiones estratégicas y creativas, la conclusión a la que llegamos
es que la revolución de las modalidades de producción, transmisión e
interrogación de los textos puede ser comprendida en la hipertextualidad como
una cierta mutación epistemológica.
3.
El hipertexto: un espacio para liberar la mirada
El hipertexto ha sido visto como promesa de
poder, libertad e independencia, pero estas sugerentes posibilidades no se ponen
de manifiesto de manera automática, como por arte de magia, sino que es
necesario enseñarlas[vii].
Se impone un reciclaje general de los procedimientos involucrados en el acto
docente. A la transferencia del “conocimiento” del profesor (que en el
entorno virtual queda substituido por los “materiales”) se debe reaccionar
con la tarea de acompañamiento en el proceso de madurez intelectual de los
estudiantes, interviniendo en la “pizarra virtual” o en el foro para incitar
al debate, corrigiendo ejercicios, respondiendo dudas, planteando nuevos
interrogantes... Al fin y al cabo, se trata de una tarea holística, más
completa, sino global, más provechosa para el estudiante sin ningún tipo de
dudas, por cuanto le obliga a leer, a comparar, a escuchar a sus compañeros,
además de al profesor, a intervenir, a organizar sus ideas de forma lógica y
presentarlas coherentemente. Dicho de otro modo: a organizar y construir, de
manera radicalmente subjetiva y a partir de su propia iniciativa y capacidad, su
personal proceso de aprendizaje. Sin embargo, me gustaría considerar brevemente
ahora qué tipo de lector y de práctica lectora requiere un hipertexto, un
texto que nace desde la fragmentación, desde la dispersión o el rizoma, porque
no es evidente[viii].
La crítica ha apuntado repetidamente hacia
el hipertexto como la actualización de los ideales teóricos postmodernos.
Desjerarquizado por naturaleza, el hipertexto subvierte las nociones
convencionales de “cierre”, de “finitud” textual así como las fronteras
textuales, dispersa radicalmente la autoridad y la extiende al lector en el
mismo acto de lectura (Gilbert, 1997)[ix].
Si la nuestra es una mirada esclavizada por una línea secuencial -la del orden
que impone la lectura-, con la traslación del texto a la pantalla la mirada
recupera la libertad de vagabundeo, se desprende de la esclavitud del orden del
tiempo y de la temporalidad como secuencia objetivada en un soporte. De algún
modo el hipertexto permite la emancipación de la mirada para construir el
espacio. En nuestros materiales, hemos tratado de organizar la mirada del
estudiante del mismo modo que si éste acudiera a una exposición, porque en una
exposición no sólo se están mostrando objetos, sino que, de manera más o
menos sutil, se están leyendo las imágenes para construir una opinión o, como
mínimo, para ofrecer elementos para configurarla. La mirada, en el marco de la
pantalla, actúa de manera similar a un pincel y dibuja los contornos del
territorio que descubriremos con la codicia de hacernos con “todo” el saber
que se esconda bajo los pliegues del ejercicio de papiroflexia que representa la
creación de todo hipertexto.
Esta operación tan simple en apariencia pone de relieve, no obstante,
que la forma en que se lee condiciona en gran manera el contenido y la
consideración de lo leído. En este sentido, pienso que en un futuro no muy
lejano deberemos investigar si el problema de la interpretación radica en la
“forma” de lectura que precise un texto. Las nuevas textualidades basadas en
el ordenador se han vivido en nuestro ámbito como una auténtica intrusión.
Como apunta Aarseth, ahora nos
enfrentamos con textualidades lineales –en nuestro caso la lectura de los
textos clásicos elaborados en una lógica de la linealidad- y no lineales –el
hipertexto crítico que nosotros hemos construido encima del texto a leer-. Esta
evolución empírica, podría hacer posible un paso metodológico del enfoque
filológico al antropológico, en el que el objeto de estudio es más un proceso
(el texto cambiante) que un proyecto (el texto estático)[x].
Sin embargo, si el New Criticism
había convertido el análisis de textos en la provincia del crítico/experto,
provisto de una sensibilidad y percepción singulares, para desvelar los
secretos de los tesoros literarios, nosotros hemos optado por un personal
criterio filológico-hermenéutico, uno de los múltiples posibles.
Podemos constatar que la textualidad no lineal suscita angustias y
despierta temores. Las preguntas a formularnos de inmediato son ¿cómo
puede la teoría de la literatura atacar las textualidades de la no linealidad?
¿De que manera afectará a nuestros métodos discursivos la lógica poderosa
aunque sumamente primitiva del enlace? Si
Katherine Hayles[xi]
ha apuntado ya la idea del media specific criticism para designar el modo
de interrogación crítica hacia la materialidad del medio en el que se produce
la obra literaria, nuestra propuesta de lectura en los materiales digitales de
la asignatura de referencia ilustra de modo ejemplar hasta qué punto cada
lectura trata de mostrar el compromiso del texto con la materialidad de su
medio, y de qué manera esta materialidad se convierte en una encrucijada en la
que el contenido y la forma que lo aloja ya no pueden ser adecuadamente
entendidos separados el uno del otro. Cuando hayamos logrado una mejor interacción
entre ellos estaremos cerca de lo que esta profesora de UCLA ha denominado el
paso de una print-oriented perspective hacia una media perspective. Llegados
a este punto habremos conseguido lo que ella acuñó como “technotext”,
es decir, un hipertexto en el que las propiedades materiales estén activamente
construidas por el texto y se hagan resonantes con significados, convirtiéndose
en componentes del proceso de elaboración de sentido semióticamente
relevantes. O formulado a partir de los conceptos y la terminología de Aarseth,
habrá de balancearse entre la textonomía, esto es el estudio de los medios textuales, para proveer el terreno de
juego de la textología, el estudio del significado textual (Aarseth,
1997:15).
A todo ello hay que añadir el hecho de que
la extrema fluidez del hipertexto nos obliga a repensar una de las principales
preocupaciones de quien escribe: la posibilidad de ejercer un control sobre de
qué manera un lector “pasa” a través de un texto. En efecto, el acto
creativo del autor-profesor requiere de un acto interpretativo del
usuario-estudiante que pasa necesariamente por el deambular sobre el texto. Creo
que el hipertexto encarna una nueva forma de “textualidad transitable”, si
se me permite la expresión, basada en la capacidad de “penetración” de un
texto marcado por enlaces que abren puertas hacia nuevos horizontes de
significado. En el hipertexto cualquier ilusión de control se desvanece por
completo: la seducción es la única arma a esgrimir para empujar hacia una
errancia hipertextual compulsiva, pero necesaria. Perdemos la noción de control
porque el mismo hipertexto la desprecia. Si el
saber se irradia y disemina produciendo una virtualidad infinita de conexiones
intertextuales, que representan las infinitas formas de configuración
discursiva del sujeto (Pinto, 2002)[xii],
todo en él es relevante, todo puede estar interconectado[xiii].
4.
¿Inestabilidad? ¿Caos? Hacia la construcción colectiva del conocimiento
Hemos estado hablando, en nuestro caso, de un
hipertexto independiente, únicamente de lectura, en el que las contribuciones
del lector-estudiante se limitan a la selección del recorrido de lectura, no a
un sistema conectado en red, donde los lectores pueden añadir además texto,
enlaces o ambos. Sin embargo, nuestro estudiante-lector tiene la habilidad de
imponer una determinada estructura narrativa en el hipertexto, la propia,
personal e intransferible. Es ésta, una estructura dominada por el deseo, el
auténtico motor que hace las veces de guía subliminal en la navegación a través
de los contenidos, organizados “en red”, a causa de los enlaces, lo cual
tiene importantes implicaciones para la retórica y la estilística de la
composición hipertextual. Stuart Moutlhtop, sin ir más lejos, señala que la
retórica hipertextual debería estar fundada no en la coherencia y en el orden,
sino en la inestabilidad y el caos[xiv].
Nuestros estudiantes han respondido con éxito a la prueba. Se esperaba de ellos
que supieran recorrer los itinerarios posibles que nuestras lecturas
estructuradas en formato hipertextual pudieran generar, y que, a su vez, fueran
capaces de crear su propio recorrido intelectual de analogías temáticas y
afinidades lectoras y lo sometieran al juicio de la comunidad grupal del aula,
no sólo del profesor, en lo que se ha revelado como una auténtica construcción
coral del pensamiento. Sin embargo, no estoy segura de que estemos preparados
todavía en los círculos universitarios para aceptar la contundencia de una
declaración de principios como la que propone Moulthroup, tan simple en su
enunciación como compleja en su asimilación y puesta en funcionamiento.
Tal vez de manera excesivamente ambiciosa para ser aplicado a “todos los públicos[xv]”, nuestra propuesta en esta asignatura era fomentar un nuevo marco de trabajo digital que evidenciara la obra a un nivel más físico, completamente textual, y que permitiera que el enlace, la interacción, la interrelación fuera posible (Borràs, Hermeneia 2002)[xvi]. Este personal uso de la filología, definido por Raffaele Pinto como mucho más atento al sujeto interpretante y a las preguntas que lo constituyen como tal que al texto interpretado y a su objetiva realidad histórica, puede ser considerado como una revolución copernicana de la crítica literaria, promovida por las nuevas tecnologías. A partir de la enseñanza en una universidad virtual, hemos constatado que esta mutación epistemológica comporta, a su vez, una nueva modalidad de comunicación y recepción de los conocimientos, que ya no se presentan como el registro de “verdades” establecidas, sino que permiten apuntar hacia una construcción colectiva del conocimiento basada en el intercambio. Esperamos que ello signifique un paso más hacia la interactividad deseable en el aprendizaje en línea.
REFERENCIAS
[i] Landow, George P. "What's A Critic to Do?: Critical Theory in the Age of Hypertext." in Hyper/Text/Theory. Ed. George Landow. Baltimore: Johns Hopkins, 1994. 1-50. Barcelona, Paidós, 1997, pp. 17-68.
[ii] En el congreso de la Asociación Española de Semiótica que se celebrará de los días 3 al 5 de octubre en Logroño presento una comunicación titulada precisamente así: “De la estética de la recepción a la estética de la interactividad. Notas para una hermenéutica de la lectura”.
[iii] “Siguiendo las conexiones intertextuales (tanto de tipo genético como de tipo analógico), que van marcando el camino dentro del corpus hipertextual, se van describiendo unas rutas de lectura aleatorias y totalmente subjetivas que ilustran la difusión y la articulación de tal tema en la tradición literaria. Los estudiantes, después de familiarizarse con los textos presentados en los materiales, y con los instrumentos de navegación que los mismos materiales ofrecen, tienen como tarea principal de curso la de seleccionar unos temas subjetivamente relevantes, y construir su propio corpus (hiper)textual. Tanto la primera parte del curso, más receptiva, como la segunda, más activa, se desarrollan de un constante diálogo entre el profesor y los estudiantes” (Pinto, 2001).
[v]
Tim Machan Medieval
Literature: Texts and Interpretation, Binghamton, Medieval &
Renaissance Texts and Studies, NY, 1991.
[vi] Por ejemplo ver y escuchar a Vittorio Gassman recitando el canto XXVI del Inferno de Dante al tiempo que leen el canto en original y lo contrastan con la traducción al catalán.
[vii]
Smith, Jonathan
“Is there a Hypertext in this Class? Teaching Victorian Literature in the
Electronic Age” (http://www-personal.umd.umich.edu/jonsmith/tlwcart.html,
last consulted 25/01/02).
[viii] Espen Aarseth ha acuñado el término ergodic literature (a partir de los vocablos griegos ergon y hodos que significan “obra” y “camino”) para las creaciones literarias que exigen un esfuerzo nada trivial que permita al lector atravesar el texto, penetrar en su sentido. Análogamente nuestra voluntad a la hora de pensar los materiales ha sido la de dar a luz un producto hipertextual ergódico para el estudio de las redes que enlazan temáticamente la literatura universal.
[x] Espen Aarseth, Cybertext. Perspectives on Ergodic Literature, The Johns Hopkins University Press, Baltimore and London, 1997, p. 104.
[xi] Katherine Hayles está a punto de publicar, si no lo ha hecho ya, en MIT Press un libro en el que se muestra muy atenta hacia las posibilidades que presenta esta crítica específica que ella denomina media-specific criticism.
[xii] Pinto, Raffaele, “Crítica literaria y construcción del sujeto. Dos modelos de autoanálisis: Sigmund Freud (Psicopatología de la vida cotidiana) e Italo Calvino (Seis propuestas para el próximo milenio) en Laura Borràs (ed.), Deseo, construcción y personaje, Madrid, SGAE, 2002 (en prensa).
[xiii] Semejante pretensión de control todavía es más ilusoria si se tiene en cuenta que el lector puede llegar a ejercer de escritor.
[xiv] Moulthrop, Stuart. "Polymers, Paranoia, and the Rhetoric of Hypertext." Writing on the Edge 2.2 (1991): 150-59.
[xv] En el pasado semestre académico (2001/2002) el reducido número de estudiantes matriculados y su procedencia (todos de segundo ciclo y con unos expedientes y trayectorias más que brillantes), ha convertido en un auténtico lujo la puesta en práctica de la acción docente.
[xvi] Borràs Castanyer, Laura, “Internet i literatura avui: el fil d’Ariadna” en http://www.uoc.edu/in3/hermeneia.