Poéticas
electrónicas:
una
aproximación al estudio semiótico de la “e-poesía”
Joan-Elies
Adell
Hermeneia-IN3
http://www.uoc.edu/in3/hermeneia
Universitat
Oberta de Catalunya
Gérard
Genette, en el inicio de su brillante artículo “Ficción y dicción” se
plantea que, si no hubiera temido tanto al ridículo, dicho estudio tendría que
haberse titulado “¿Qué es la literatura?”. Argumenta el teórico francés
que, sabiendo que no podría dar una respuesta definitiva a tal pregunta, había
preferido no formularla: lo cual era una muestra de gran sabiduría. No sé
demasiado bien si el hecho de que esta comunicación no se titule “¿Qué es
la literatura electrónica?” también es signo de inteligencia. De lo que sí
estoy seguro es que, de haberla formulado, tampoco no se le hubiera podido dar
una respuesta satisfactoria, ya que se trata de una literatura en fase de
formación. Ello no debe significar, en todo caso, que no debamos plantearnos la
necesidad de estudiar y de analizar, como semióticos y como teóricos de la
literatura, estas nuevas formas de manifestación de aquello que, aún hoy,
hemos convenido en seguir dándole el nombre de literatura. Porque, y ésta es
una de las ideas que me gustaría saber transmitir, no podemos dar la espalda o
simplemente cerrar los ojos a esas nuevas formas de textualidad que, bajo las
diversas etiquetas de literatura informática, literatura generada por
ordenador, literatura electrónica o ciberliteratura, nos han mostrado que
existe una literatura íntimamente vinculada a las particularidades de la informática
y que han ampliado el campo de lo que venimos llamando “lo” literario.
Aunque
la literatura electrónica (y más concretamente la poesía por
ordenador) tiene ya una larga historia[1],
que arranca en 1959 en Alemania cuando un ingeniero, Théo Lutz, y un lingüista,
Max Bense, consiguieron programar un “calculador” para generar los primeros
versos por ordenador de la historia, así como el gran interés mostrado
posteriormente por diversos componentes del OULIPO por las posibilidades de
crear una literatura combinatoria y aleatoria mediante el uso de las
computadoras y las máquinas, también parece evidente que el rechazo o el
menosprecio por parte de teóricos y estudiosos de la literatura ante estas prácticas
literarias ha sido prácticamente unánime.
Las
causas pueden ser múltiples. Creo que, aún hoy, el recelo ante la totalidad de
la literatura informática es una consecuencia del temor provocado por las
primeras muestras de literatura generada por ordenador realizadas durante la década
de los 60 por algunos miembros del OULIPO (“Ouvroir de Littérature
Potentielle”, y en su posterior derivado informático, el ALAMO (l’“Association
pour la Littérature Asistée par la Mathématique et par l’Ordinateur”,
nacida en 1981), que hicieron realidad la vieja intuición de que llegaría un día
en que las máquinas podrían ser capaces de crear textos poéticos de manera
automática. La existencia, pues, de generadores automáticos, capaces de
“producir” textos y más textos literarios, siempre diferentes, hasta el
infinito, que no podían ser ni copiados ni almacenados, era radicalmente
novedosa y problemática. No sólo porque el recurso a la informática
modificaba profundamente los procesos de creación de obras literarias, y porque
se producía una mutación radical de los vínculos entre el “autor”
inicial, el “poeta” y su obra, así como el papel que desarrollaba el lector
en los procesos de lectura, sino también porque podían poner en cuestión
algunos concepciones ideológicas previas sobre la literatura.
La
reacción más habitual a la existencia de dichas prácticas de creación
literaria combinatoria y aleatoria ha sido la de considerarlas como
“subliteratura tecnológica”, como una especie de literatura de laboratorio
que expone burdamente sus procedimientos, lo cual permite seguir sacralizando aún
más el acto literario anterior, aquél que tiene como objetivo final el ser
fijado en el formato del libro impreso y que identifica creatividad con
“genialidad” entendida como una idea totalmente opuesta a la de invención. La
sacralización de la que hablaba, y que ve en la literatura combinatoria,
aleatoria y automática una seria
amenaza y un peligro para cierta manera de entender el humanismo, es la que
afirma que la máquina (el ordenador) jamás podrá ser capaz de producir textos
literarios de una calidad poética
y estética que estén a la altura de los escritos producidos por autores de
carne y hueso (Balpe, 1995: 22). En
general se han rechazado este tipo de prácticas poéticas, alegando que el
estado actual de los textos generados por ordenador se caracteriza por una
inferioridad literaria —por no decir pobreza— en comparación con la auténtica
creación de autor. Contrariamente, algunos de los miembros del OULIPO,
pensamos en Italo Calvino, pensaban que la potencialidad del lenguaje era tan
grande que iba a acabar anulando o multiplicando la personalidad del autor e,
incluso, las máquinas de escritura podrían acabar siendo capaces de producir páginas
escritas con personalidad propia, lo que hacía dudar de la concepción
literaria tradicional en la que el autor es el centro indiscutible de la
creatividad literaria. Escribe Calvino: “Scompaia
dunque l’autore, questo enfant gaté –bambino viziato– dell’inconsapevolezza,
per lasciare il suo posto a un uomo più cosciente, che saprà che l’autore è
una macchina è saprà come questa macchina funziona.” (Calvino, 1981). Philippe
Bootz, uno de los poetas electrónicos en lengua francesa más interesantes y
que más ha reflexionado sobre las relaciones entre poesía y ordenador, afirma
que este argumento de la debilidad del texto generado por ordenador resulta tan
falaz como la de aquellos que consideraban que una máquina nunca podría ganar
una partida de ajedrez. No debemos olvidar que esto ya ha ocurrido.
No
toda la literatura electrónica, sin embargo, es literatura generada automáticamente
por ordenador. Si bien es cierto, como decíamos, que la literatura
electrónica (y, especialmente, la poesía electrónica en soporte CD, que será
el género discursivo en el que centraré esta aproximación) mantiene una
estrecha vinculación histórica con una tradición literaria ya conocida, de raíz
vanguardista, y que se emparentaría con la
poesía visual (denominación común de un conjunto de obras en las que su
materia prima es el lenguaje visivo y que hacen del espacio una materialidad del
significado), con la poesía sonora (aquella entendida como emanación de la
lengua oral y que no puede tener equivalencia escrita, si no es por aproximación)
y con la poesía de aspecto clásico pero combinatoria, como la del
OULIPO y su idea de la literatura potencial (sé que puede resultar chocante
llamar clásica, por ejemplo, a la idea de Raymond
Queneau de sus Cent
mille milliards de poèmes,
diez sonetos de catorce versos cada uno en los que el lector puede, a su
voluntad, reemplazar cada verso por los nueves restantes que le correspondan: el
lector puede, así, componer él mismo 1014
poemas,
es decir, cien mil miles de millones de poemas diferentes que respetan todas las
reglas del soneto, por lo que el resultado final de cada una de las
elecciones sí es una poesía
de aspecto clásico), si bien es cierto, como decía, que existe esa vinculación
histórica entre la poesía por ordenador y estas prácticas literarias de
raigambre vanguardista, también lo es que, a partir de finales de los años 80, algunos
escritores quisieron desmarcarse de la práctica automática de textos y
experimentar las nuevas posibilidades creativas que ofrecía la informática a
la hora de elaborar textos poéticos.
Mientras
que la gente del OULIPO y del ALAMO habían acudido a la informática porque,
para ellos, se había convertido en un útil, en una herramienta muy poderosa y
llena de posibilidades para plasmar sus ideas de literatura potencial y de
creación lingüística, los nuevos escritores surgidos al entorno de la revista
francesa alire, creada en París en enero de 1989 por el equipo L.A.I.R.E.
(Lecture, Art, Innovation, Recherche, Écriture)[2],
querían que la literatura informática fuera vista, simplemente, como una
literatura producida en un nuevo soporte, el digital, que iba a necesitar, para
ser creada y para ser leída, de una mediación llamada ordenador. Antes de la
irrupción del CD-ROM y de la explosión de Internet, a través de dicha revista
se difundió a un público minoritario todo un conjunto de obras poéticas
producidas y destinadas a ser leídas exclusivamente mediante el ordenador:
textos de fuente (source) electrónica, como ellos las llaman.
Su
objetivo era el de crear Literatura, con mayúsculas. Teniendo en cuenta, con
todo, que la materialidad con la que se trabaja es radicalmente distinta, se
hace posible que acabe cuestionando la naturaleza misma del concepto de
literatura: esa nueva materialidad es el medio digital, identificado con el
ordenador, concebido como una lugar de innovación (lieu d’innovation).
Es en este sentido que estoy de acuerdo con Philippe Bootz cuando advierte que,
a la hora de estudiar y analizar la literatura creada por ordenador, no debemos
conformarnos con la idea
que la informática ha contribuido únicamente a la creación y la difusión de
un tipo de obras especificas, que sólo pueden ser leídas a través del
ordenador, sino que también ha modificado profundamente la manera de concebir
la creación literaria en su totalidad (Bootz,1998).
Esto
significa que la particularidad “informática” de la literatura no está
circunscrita a una forma literaria en particular, sino que más bien reside en
una concepción de la obra. La informática invade la literatura, no para
aniquilarla, sino para transformarla. Así,
pues, a la poesía sonora y visual y los generadores de texto se suma la poesía
dinámica, los poemas de lectura única, los poemas animados, etc. A través de
estas múltiples realizaciones, como se dice en el folleto de presentación del
primer número de la revista alire, ha sido tanto la “posición del
lector la que ha sido repensada” como la “definición de lo escrito” la
que ha tenido que ser reformulada, cosa que afecta también al estatuto mismo de
la noción de autor. Así pues, los tres ejes del esquema básico de la
comunicación literaria “autor-texto-lector” se ven alterados por estas
obras electrónicas, necesitan ser repensados a la luz de lo aportan, desde el
punto de una óptica literaria, las tecnologías digitales.
El
estudio de las poesías electrónicas presenta dos principales dificultades. La
lectura de un texto electrónico generado, ya se trate una generación automática
de textos o de poesía animada visual dinámica, rompe con la lectura de textos
en formato impreso. ”Leer” es siempre leer en el sentido de que esta acción
consiste siempre en percibir y captar signos que emanan del trabajo de un
“autor”, pero la manera, las disposiciones que reclama la lectura de los
textos electrónicos, que es una escritura ambigua, no fijada, flotante, son
radicalmente nuevas. La segunda dificultad tiene que ver con que la poesía
electrónica no es únicamente una poética de la pantalla (esto es, de lo que
va a ser leído), sino también, y especialmente, una poética de la programación:
de los códigos, de los algoritmos y de los cálculos que constituyen su
fundamento: la tarea del escritor la encontramos no únicamente en el texto a
leer, sino en la programación. Es, pues, el poeta electrónico un creador de
potencialidades, no de concreciones. La poesía electrónica por ordenador es
una escritura en potencia que se hace acto únicamente en el momento de la
lectura. No debemos olvidar que la pantalla no es la página. La página del
escritor, del poeta, es un soporte material y fijado. En la literatura electrónica,
el soporte es una serie de bits registrados en la memoria del ordenador. Es un
soporte, por su propia naturaleza, inestable, y el trabajo de los escritores es
explotar lo máximo posible esta especificidad. Si definimos provisionalmente
que la escritura informática es aquella en la que el “escritor” se encarga
de la programación y de cuidarse de su realización, lo que es cierto es que la
informática nos impela a preguntarnos qué quiere decir en este caso escribir:
nos obliga a reformular un nuevo concepto de escritura literaria.
Nos estamos refiriendo a un tipo de literatura (nos centraremos más en
la poesía) en la que los programas informáticos intervienen directamente en la
creación literaria, y que crean una nueva relación entre el ser humano y la máquina.
El ordenador no es concebido como un útil, como un simple instrumento más
“moderno” de escritura, sino como el lugar, el espacio vital de la obra (Papp,
2000: 21). Es en este espacio vital donde se desarrolla el trabajo creativo,
donde el ordenador impone sobre las facultades que éste posee y que lo
distingue de todas las máquinas y de todas los tecnologías de escritura
conocidas hasta el momento presente: sus posibilidades combinatorias infinitas,
el azar concebido como una fórmula matemática y la interactividad.
En este contexto podríamos afirmar que la originalidad de la poesía
electrónica no reside en el resultado de sus producciones cuanto en los
procedimientos de la creación. Como ya dijimos anteriormente, en este tipo de
texto digital resulta necesario considerar los procedimientos de producción,
por una parte, que hacen referencia al lenguaje informático (como las
operaciones algorítimicas) donde se constituye la materialidad escrita del
texto, y, por la otra, la manera en como el texto se presenta al lector en la
pantalla, esto es, su apariencia en el momento preciso en que dicho texto está
archivado y en el momento concreto y puntual en que es leído. Aunque no sean
perceptibles en el mismo espacio, estos dos aspectos son complementarios. El
primero pertenece a lo que podríamos llamar el dominio del autor y el segundo
al del lector. Y, así, surgen diferencias respecto a la noción de “texto”,
según lo pongamos en relación con el polo
“autor/texto” o en relación con el polo “lector/texto”. Estas
diferencias pueden traducirse por los conceptos “texto-escrito”, “texto
para ver” (“texte-à-voir”) y “texto-leído” (“texte-lu”)
que han sido propuestos por Philippe Bootz (1997; 1999)[3].
Según Bootz (1997) el “texto-escrito” es aquél creado por el autor
y que está estructurado según una lógica propia y específica de ese autor.
El “texto para ver” (“texte-à-voir”), es aquél que es
aprehendido, captado, capturado, por el lector.
Se inserta en el tiempo, esto es, en la duración de la lectura
individual, en un instante concreto y preciso, al menos para el lector. A partir
de este “texte-à-voir”, el lector se forja una imagen mental, un
“texto-leído”, que es el espacio de la construcción del sentido. En síntesis,
el “texto-escrito” está caracterizado por una estructura aplicada por el
autor a una serie de códigos informáticos y a una serie de informaciones
digitales. Este texto es un generador, intemporal, que produce los “textos
para ver”, que sí están situados en el tiempo. La suma de un contexto a este
“texto para ver” produce una imagen mental, el “texto-leído”, que
activa la producción de sentido para el lector. La lectura se convierte,
entonces, en un acto individual, único, subjetivo. Dos lectores podrán
“capturar” dos “textos para ver” diferentes, que se correspondan a dos
generaciones distintas de un mismo “texto-escrito”. Estos conceptos parecen
muy útiles para dar cuenta de una manera completa de una cuestión que es
central a propósito de la relación entre la literatura y la informática, como
es la interactividad. Si ésta consigue introducir el lector en el texto, nos
podemos a su vez preguntar si el lector no puede tambíen intervenir en el
texto, intervenir en él, de forma irreversible. Por lo que respecta a la
literatura electrónica, dicha “reintervención” se sitúa más bien en el
nivel del “texto para ver” que no en el “texto-leído”.
Anteriormente me había referido a cierto voluntad histórica, en la poesía
electrónica, de ir más allá de la página impresa. Como ya hemos visto, desde
sus inicios buena parte de la literatura informática, a través de sus
experimentaciones y transformaciones, ha buscado ese ideal de superar el formato
fijo (y, por tanto, no imprimible) de la página. En buena parte de los casos,
no obstante, los resultados obtenidos se debían conformar con ser pantallas que
sustituían a las páginas. Acababa funcionando, por tanto, una concepción del
poema electrónico en el que se convertía objeto acabado,
como texto finito, que seguía mantiendo las características discursivas
propias del medio impreso y conservaba la accesibilidad a la lectura homologable
a la de un documento escrito. Se tracta aún de una opción estrechamente
vinculada a una concepción de la literatura como productora de objetos (o de
estructuras lingüísticas o semióticas independientes de su soporte y modo de
producción) denominados “textos”. Cabe destacar que esta concepción
prevalece igualmente en la concepción clásica del hipertexto, en la que el
“texto” no es más que el objeto accesible al lector.
A
partir de finales de los años 80, especialmente con la obra de Philippe Bootz,
empieza a aparecer obras etiquetadas bajo el nombre de “poesía animada”,
donde lo “visto” y lo “leído” (si seguimos utilizando los conceptos
antes referidos) en una pantalla comienza a tomar vida, a moverse, a apropiar-se
de dicho espacio visible. Con la poesía animada, nos encontramos con otro
manera de enfocar el trabajo creativo de la literatura electrónica, ya que se
buscan obtener textos más “dinámicos”[4],
con la introducción del movimiento y la temporalidad como componentes básicos
de su generación. Los poemas animados representan
una irrupción de la temporalidad en el interior de “la cosa escrita”. Esta
irrupción de la temporalidad en el propio corazón de lo escrito introduce
características de la lectura oral en un objeto que no lo es en absoluto. Hymne
à la Femme et l’Hasard, publicado en abril de 1995 en el número 7 de la
revista alire, o, À bribes abbattues, aparecido en junio de 1995
en el número 9 de esta misma revista, son dos ejemplos bastante significativos
de lo que vengo diciendo ya que la percepción parece que haya sido trastornada
por los juegos que han sido introducidos en la pantalla a través de la aparición,
el desarrollo, el centelleo, la coloración, la desaparición, el resurgimiento
o la reaparición de uno o de cualquier otro fragmento. Ambos poemas, como nos
explica su autor, inducen una gran
variedad de aspectos y de resonancias que se ocultan, que se eclipsan, que se
substituyen, que se multiplican en una partición cercana a lo musical” (Vuillemin,
2000: 362). Los textos poéticos animados son móviles, no se pueden capturar,
tampoco no son reproducibles. Parecen escapar al orden de lo finito, se refieren
a algo evanescente, que se acerca, paradójicamente, a la oralidad. Haciendo
esto, los poemas animados introducen otras modalidades de la duración y de la
temporalidad inéditas hasta ahora. Otro de los poemas de Philippe Bootz, La
Belle, publicado en el segundo número de la revista alire (1990),
funciona de otra manera. En él nos encontramos
con una superposición de fragmentos de frases y de sintagmas verbales
desdoblados. “Leer” el texto que desfila ante nuestros ojos, fugitivo,
elabora un nuevo espacio donde cada palabra posee su propio espacio. Estas
palabras se dilatan y se encogen, convirtiendo el poema en la figura simbólica
de la fuerza de evocación de las palabras y del lenguaje.
Para
acabar, quisiera hacer referencia a una de las últimas experiencias en el ámbito
de la poesía electrónica: se trata de los poemas de lectura única, concebidos
bajo el principio de que cada poema sólo puede ser generado una única vez y
que será destruido, acabada su ejecución, y que jamás no podrá ser releído,
reencontrado, ni siquiera aleatoriamente. Una “poème-à-lecture-unique”,
como Passage de Philippe Bootz, se organiza, como él mismo ha explicado,
en tres fases que se desarrollan sobre diversas lecturas irreversibles: una primera fase formada por textos multimedia que introducen
el componente narrativo del texto y desfiguran notablemente el comportamiento de
la fase siguiente. En el transcurso de dicha fase el lector puede escoger entre
la relectura del texto en curso, la lectura del prólogo o la lectura del poema
siguiente. Una segunda fase interactiva, en la cual el lector sólo puede
escoger entre la lectura siguiente y la lectura del prólogo (la relectura de un
texto interactivo no tiene sentido). Esta fase está formada por un hipertexto
en que cada nodo únicamente puede ser activado una vez. Su funciuón es la de
introducir información por parte del lecto en vistas a la elaboración de la
fase siguiente. Hay que remarcar que el lector “no puede no leer” ya que
tota la inactividad es interpretada por el programa como una voluntad de no
intervención. La libertad de acción por parte del lector conferida por la
interactividad se convierte en una restricción. La tercera fase, finalmente,
está formada por un un generador automático de texto animado que no genera más
que un único texto: la respuesta al estado de petición resultante de la
interactividad de la fase precedente. La totalidad del proyecto, pues, está
concebida como una planta o una matriz que, a través de las diversas
elecciones, se adapta al lector mediante un diálogo. El texto animado final
posee, por tanto, una historia para quien la ha “escrito” que excluye a
cualquier otro posible lector.
Con
esta comunicación he querido ofrecer una mirada crítica que pueda dar cuenta
de las prácticas poéticas que utilizan las tecnologías digitales como medio
esencial de creación. Al escoger como ejemplos de análisis la llamada poesía
animada y los poemas de lectura única, he querido mostrar los desafíos que la
literatura electrónica nos plantea a los semióticos y a los teóricos de la
literatura. Identificando lo que de novedoso, relevante y también problemático
aporta la “e-poesía” como es la introducción de la temporalidad en lo
escrito (que acerca la poesía electrónica a la literatura oral, pero también
a la imagen en movimiento cinematográfica), la existencia de un autor que
trabaja en la creación de potencialidades, más que de concreciones, o la
concepción de la poesía electrónica por ordenador como una escritura en
potencia que se hace acto, mediada por el ordenador, únicamente gracias a la
colaboración del lector. Son aportaciones que nos dan a entender que de la
relación literatura-informática están apareciendo y que nos sugieren nuevas
maneras de practicar la escritura y de gozar de la lectura.
REFERENCIAS
BIBLIOGRÁFICAS
-BALPE,
Jean-Pierre (1995), “Pour une littérature informatique: un manifeste...” en
A. Vuillemin y M. Lenoble (eds.), Littérature et Informatique. La littérature
générée par ordinateur, Arras, Université d’Artois.
-BOOTZ,
Philippe (1997), “Le point de vue fonctionnel” en Doc(k)s-alire+CD-Rom,
Ajaccio/Villeneuve d’Ascq.
-BOOTZ,
Philippe (1998), http://www.altx.com/ebr/reviews/rev9/r9booFr.htm
-BOOTZ,
Philippe (1999), “Ai-je lu ce text?” en A. Vuillemin y M. Lenoble (eds.),
Littérature, Informatique, Lectures, Limoge, Pulim, pp. 245-274.
-CALVINO,
Italo (1981),
“Introduzione”,en
R. QUENEAU, Segni cifre lettere (e altri saggi), Torino, Einaudi.
-GILLOT,
Arnaud (1999), “La notion d’‘écrilecture’ à travers les revues de poésie
électroniques KAOS et alire”, en A. Vuillemin y M. Lenoble (eds.), Littérature,
Informatique, Lectures, Limoge, Pulim, pp. 173-186.
-KOSKIMAA,
Raine (2000), Digital Literature. From text to Hipertext and Beyond, ???
-PAPP,
Tibor (2000), “Pour analyser la cyberpoésie...”, éc/artS: Pratiques
artistiques/Nouvelles technolgpies, 00-01, pp. 315-322.
-TALENS,
Jenaro y COMPANY, Juan Miguel (1979): “El espacio textual: tesis sobre la noción
de texto”, en Cuadernos de Filología, I, 1, pp. 35-48.
-VUILLEMIN,
A. (2000), “Poésie, informatique
et création: les approches nouvelles” en éc/artS: Pratiques_artistiques,
00-01, pp. 361-364.
-VUILLEMIN,
A. y LENOBLE (eds.) (1995),
Littérature et Informatique. La
littérature générée par ordinateur,
Arras, Université d’Artois.
-VUILLEMIN,
A. y LENOBLE, M. (eds.) (1999), Littérature, Informatique, Lectures,
Limoge, Pulim.
[1]
Han sido diversos los estudios que han analizado la historia de la
literatura electrónica. Podemos destacar, entre otros, los textos de Alain
Vuillemin (2001) y de Arnaud Gillot (1999: 173).
[2]
Integrado por
Philippe Bootz, Frédéric Develay, Jean-Marie Dutey, Claude Maillard y
Tibor Papp
[3]
Jenaro
Talens y Juan Miguel Company han establecido una interesante distinción
entre espacio textual y texto, que puede complementar a la
planteada por Bootz. Brevemente, la consideración de la literatura y aun
del arte en general como comunicación ha sido desplazada por su
consideración como producción, tanto en el proceso creador como en
el proceso lector, y en última instancia, polarizada desde el núcleo
receptivo, reconociendo diferencias de grado, pero no esenciales, entre los
procesos de creación y lectura. Así, el espacio textual sería un
“lugar” al que nosotros, pretendiendo reconstruir/descifrar la presencia
del otro, otorgamos sentido: texto es “el resultado de un trabajo
de lectura/transformación operado sobre el espacio textual; trabajo
que tiene como objetivo hacerle no sólo ya significar (algo
inherente al propio espacio en tanto actualización del lenguaje y en
absoluto añadido a él) sino poseer sentido” (Talens, 1979: 44).
Creo que su planteamiento puede ser muy útil para el estudio de la
literatura electrónica.
[4]
En este sentido, no puede sorprendernos que, desde el punto de vista teórico,
como por ejemplo el teórico finlandés Raine Koskimaa (2000), también se
plantee la distinción entre el texto digital y el texto impreso como una
distinción entre textos estáticos y textos dinámicos: “The difference
between print and digital texts can be put simply: print text is static,
digital text is dynamic” (Koskimaa, 2000).