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| Historia y fundamentos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja |
En el compromiso voluntariamente asumido de Henry Dunant de atender a los heridos de la guerra, de no inhibirse de su sufrimiento, está la esencia del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja de hoy. Como entonces, la intervención humanitaria en las situaciones de conflicto es una de nuestras prioridades, pero compartida con cualquier otra circunstancia de calamidad para las personas, también en tiempos de paz.
En 1859, Dunant presenció lo cruento de la batalla de Solferino, en Italia, entre los ejércitos del Imperio Austro-Húngaro y la alianza Franco-Sarda. Unos 40.000 hombres yacían muertos o agonizantes, y sin que ningún herido recibiera atención alguna. Dunant organizó a la población para prestarles la ayuda posible y, a su regreso, propuso la creación de sociedades nacionales de socorro con la misión de atender a los heridos en combate.
La Cruz Roja nace en 1863, cuando cinco ciudadanos de la ciudad de Ginebra, entre ellos Dunant, impulsan el Comité Internacional para el Socorro de los Heridos, precursor del actual Comité Internacional de la Cruz Roja.
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Comisión llamada "de los Cinco" |
Ese año se celebra la I Conferencia Internacional, en la que se reúnen delegados de catorce naciones que discuten los términos de la creación de esas sociedades de socorro. A esa primera reunión asisten dos representantes de España, el doctor Nicasio Landa y el conde Ripalda, a quienes les corresponde la fundación de Cruz Roja Española (6 de julio de 1864).
También en el transcurso de la misma se adopta el emblema de la cruz roja sobre fondo blanco, la inversa de la bandera de Suiza. Durante la guerra ruso-turca, en 1876, el gobierno de Turquía propuso como signo la media luna roja, exponiendo las connotaciones religiosas de la cruz. Aún se añadiría un tercer símbolo, el león y sol rojo, adoptado por la Sociedad Nacional de Persia –actual Irán– y ya desaparecido. Actualmente, son la cruz roja y la media luna roja los dos símbolos vigentes, que tienen el doble uso protector e indicativo.
En 1864, se produce una Conferencia Diplomática, en la que los representantes de doce países adoptan –el día 22 de agosto– el "Convenio Internacional para mejorar la suerte de los militares heridos en campaña". Éste fue el primero de los convenios de Ginebra actuales y supuso un hito en la historia de la humanidad al garantizar la ayuda a los heridos y definir los servicios médicos como "neutrales" en el campo de batalla.
En la segunda Conferencia Internacional de la Cruz Roja, celebrada en Berlín en 1869, se aprobó una resolución estipulando que "las sociedades de socorro deberán, en tiempos de paz dedicarse a obras humanitarias que correspondan a sus deberes durante la guerra, a saber, a prestar asistencia en las calamidades públicas que exigen, como la guerra, un socorro rápido y organizado".
En la actualidad, la Cruz Roja y la Media Luna Roja están implantadas en 178 países y la dedicación en cada uno de ellos varía en función de las carencias humanitarias que se producen en cada lugar. A la vez, el conjunto de la institución en el mundo realiza un esfuerzo común al logro de nuestro objetivo compartido que es propiciar la vida digna para todos.
Un destacado reconocimiento al esfuerzo de nuestros voluntarios y voluntarias a ese objetivo son las tres ocasiones en que la Cruz Roja ha recibido el Premio Nobel de la Paz, aparte del concedido al propio Henry Dunant, en la primera de sus ediciones en 1901. En 1917 y en 1944 lo recibió por su entrega en favor de los heridos, prisioneros, enfermos y población civil durante las dos guerras mundiales. En 1963 lo volvió a merecer por su intervención humanitaria en otros conflictos y por el socorro prestado a los damnificados por desastres naturales.
Buscamos dirigir la atención solidaria hacia todos aquellos que la requieren, sin distinción. Así lo encomiendan nuestros principios fundamentales –aprobados en la XX Conferencia Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en Viena, en 1965– de humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, carácter voluntario, unidad y universalidad. Esa doctrina establece con nitidez las obligaciones de cada uno de los que componemos la institución, en cuanto a una actuación orientada al fomento de la solidaridad y la promoción de la convivencia pacífica.
Es notorio y esperanzador el aumento de la sensibilidad solidaria en los últimos tiempos, como muestra la consolidación de organizaciones, que se han ido incorporando a toda la diversidad de tareas de contenido humanitario y social desde el trabajo voluntario. Sin embargo, el acontecer de las relaciones humanas sigue evidenciando una abismal desigualdad entre países y entre individuos. Es evidente la urgencia de que, entre todos, proporcionemos los medios suficientes para invertir las realidades de miseria, consiguiendo limitar la expansión demográfica y preservar el medio natural.
La Cruz Roja y la Media Luna Roja, conscientes de la desproporción entre las necesidades humanitarias y las disponibilidades –no recursos– para atenderlas, priorizan su apoyo hacia quienes, objetivamente, se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad. Tratamos de aumentar la capacidad para reaccionar ante las adversidades y emprender trayectorias de progreso personal y comunitario.
Todo esto se concreta en una enorme y compleja labor, impulsada cotidianamente por los millones de personas que participan en los fines de la institución en todo el mundo. El Movimiento Internacional de la Cruz Roja organiza su actividad a través de tres componentes: el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), las sociedades nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y la Federación Internacional en la que se integran éstas. Son todas ellas entidades independientes, cada una con personalidad jurídica individual y sin que ninguna ejerza autoridad sobre otra. Sus respectivos cometidos son específicos, pero en su ejecución existe la coordinación y apoyo conjuntos.
Con ese objeto, los estatutos del Movimiento Internacional estipulan las funciones de la Conferencia Internacional, la Comisión Permanente y el Consejo de Delegados. Son foros en los que participan representantes de los tres organismos mencionados, que deliberan y resuelven sobre todos aquellos asuntos de interés de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
El CICR tiene atribuida la intervención humanitaria en circunstancias de conflicto armado internacional o en aquellos que se producen en el seno de una misma nación. Órgano fundador de la institución, es una institución privada, independiente y autónoma dentro de la misma. Basa su actuación en la aplicación del Derecho Internacional Humanitario del que es promotor e impulsor. Corresponde a su iniciativa, el impulso de los vigentes convenios de Ginebra y de sus protocolos adicionales, suscritos por la mayor parte de la comunidad de países. Su financiación se produce, fundamentalmente, a través de las aportaciones de los gobiernos y de las sociedades nacionales.
Es obvio que no es tarea fácil la desempeñada por el CICR. Las violaciones e incumplimientos del Derecho Internacional Humanitario son frecuentes, cuando no sistemáticas. Por ello, su esfuerzo es permanente en que los estados se comprometan sin titubeos a hacer todo lo posible para asegurar la protección a quienes son víctimas de los conflictos.
El fin primordial de la Cruz Roja es el cese de la violencia, pero es fundamental garantizar la asistencia humanitaria durante el conflicto. Por lo demás, la aplicación del Derecho Internacional Humanitario ahorra tratos inhumanos y, sobre todo, deja vías abiertas a la reconciliación. Lo frecuente es que el odio entre comunidades enfrentadas perdure tras los enfrentamientos, hipotecando las posibilidades de coexistencia pacífica. De ahí la importancia del Tribunal Penal Internacional, recientemente instituido, para la justa pero contundente respuesta a las transgresiones graves contra la humanidad.
La operatividad del CICR se basa en el derecho de iniciativa que la comunidad internacional –firmante de los convenios de Ginebra– le otorga. Ello le posibilita, a modo de ejemplo, la visita a los prisioneros de guerra e internados civiles, el intercambio de mensajes de éstos con sus familias, la búsqueda de desaparecidos o la asistencia médica y la distribución de socorros a la población civil. Aparte de esa labor más asistencial, es pieza fundamental de la actuación del CICR la labor preventiva que realiza, a través de la difusión de las normas del Derecho Internacional Humanitario, especialmente entre los miembros de las fuerzas armadas de los respectivos países. Asimismo, regularmente advierte a la población general sobre las consecuencias de los conflictos, como, por ejemplo, fue su campaña contra el uso de las minas terrestres, que ha desembocado en un consenso internacional para su eliminación y prohibición.
Por su parte, la Federación Internacional, fundada en 1919, se responsabiliza de inspirar, facilitar y promover las actividades humanitarias que desarrollan las sociedades nacionales para mejorar las condiciones de vida de las personas vulnerables. Su financiación depende de las aportaciones de las sociedades miembros, así como de otras contribuciones de gobiernos y voluntarias a sus actividades de emergencia.
Actúa como representante oficial de las Cruces Rojas y Medias Lunas Rojas en el ámbito internacional, promoviendo la cooperación entre las mismas y fortaleciendo sus capacidades para llevar a cabo programas eficaces de preparación para desastres, salud y asistencia social. Dirige la asistencia a las víctimas de desastres, a los refugiados y a los afectados por emergencias sanitarias.
A partir de la información de la sociedad nacional de donde se ha producido alguna de estas situaciones, convoca la ayuda del resto de sociedades, solicitando las aportaciones necesarias. Transporta las aportaciones de éstas, de los gobiernos o de otros donantes, distribuye los suministros que no están disponibles en la zona afectada, cuando es necesario, envía expertos para la coordinación de las actividades y después, si es preciso, participa en la fase de rehabilitación de los daños.
Podríamos decir, por último, que las sociedades nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja constituyen la espina dorsal de nuestra organización. Tanto el CICR como la Federación se apoyan en ellas para el desarrollo de sus operaciones, como conocedoras de las realidades y circunstancias locales. En sus respectivos países actúan como auxiliares de los poderes públicos en el campo humanitario, ofreciendo una serie de prestaciones que, según cada circunstancia, pueden incluir el socorro y los programas sanitarios y sociales.
La dedicación de cada sociedad nacional está supeditada a las demandas sociales o humanitarias de su respectivo país, desde el acatamiento a los valores humanitarios que son comunes a toda la institución. Originariamente, estuvieron dedicadas al socorro en los conflictos bélicos, pero especialmente tras la Segunda Guerra Mundial, fueron ocupándose de tareas relacionadas con la promoción de la salud y la asistencia social.
En el caso de Cruz Roja Española, actualmente su ocupación cotidiana discurre entre una amplia labor social a los colectivos desfavorecidos y la contribución a los planes internacionales del resto de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Esa dedicación incluye prestaciones hace tiempo iniciadas y convenientemente actualizadas, así como la incorporación de nuevos servicios en función de sus necesidades. Aparte de la evolución de su labor, cabe destacar que ésta, antes volcada en exclusiva a atender situaciones internas, ha ganado un fuerte impulso en lo que se refiere a los aspectos de cooperación internacional.
De acuerdo con el propio acontecer en España, Cruz Roja tuvo, al principio, un cometido exclusivamente relacionado con el socorro en situaciones de conflicto bélico, y pronto empezó a atender situaciones de calamidad pública. En 1918, inició la extensión de la red de hospitales de Cruz Roja, motivada por las carencias asistenciales existentes. Durante la Guerra Civil también realizó una importante actividad en ambos bandos, contando con la intervención del CICR. En los años setenta, realizó la implantación de la red de puestos de primeros auxilios. Y a partir de los ochenta, Cruz Roja diversificó su actuación a lo que eran nuevas áreas, como son las acciones con los grupos más desfavorecidos de nuestro país y aumentando la cooperación con los países menos desarrollados.
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La Conferencia Diplomática de 1864 aprobó un marco jurídico que sentó los fines fundamentales de la Cruz Roja: la acción efectiva de socorro a los heridos, los vehículos y personal sanitario que deberían ser considerados y respetados como neutrales y, por lo tanto, protegidos en los conflictos bélicos.
En 1921, el Comité Internacional de la Cruz Roja adoptó cuatro principios: caridad, universalidad, independencia e imparcialidad. En 1964, la Federación Internacional de Cruz Roja y Media Luna Roja adoptó estos principios a los que sumó otros tres. Pero fue en Viena y en el año 1965, en la XX Conferencia Internacional de la Cruz Roja, en que se definieron y aprobaron los principios fundamentales actualmente en vigor: humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, carácter voluntario, unidad y universalidad.
Los principios fundamentales son el código de conducta e ideario del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja y constituyen las señas de identidad de la institución en todos los ámbitos y niveles de actuación.
Los principios obligan a toda la institución en su conjunto y constituyen uno de los elementos de cohesión fundamentales del Movimiento. Ahora bien, no podemos olvidar que los miembros de la institución como parte visible de la misma se encuentran obligados por los principios en un doble sentido:

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Actuar en todo momento y lugar de acuerdo con estos principios.
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Mantener un compromiso ideológico.
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El voluntario de Cruz Roja debe ser conocido y reconocido, como tal, por la actividad que desarrolla (centrada en determinados colectivos y/o situaciones) y por la forma de actuar que deberá reflejar la asimilación personal de los principios fundamentales.
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El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, al que ha dado nacimiento la preocupación de prestar auxilio, sin discriminación, a todos los heridos en los campos de batalla, se esfuerza, bajo su aspecto internacional y nacional, en prevenir y aliviar el sufrimiento de los hombres en todas las circunstancias. Tiende a proteger la vida y la salud, así como a hacer respetar a la persona humana. Favorece la comprensión mutua, la amistad, la cooperación y una paz duradera entre todos los pueblos.
El principio de humanidad es esencial en el Movimiento, ya que establece el fin prioritario de la institución: "Prevenir y aliviar el sufrimiento humano en todas las circunstancias", y los objetivos generales:

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Proteger la vida y la salud.
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Hacer respetar a la persona humana.
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También especifica una determinada forma de acción que nos permitirá conseguir los objetivos, favorecer:

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La comprensión mutua y la amistad.
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La cooperación.
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Una paz duradera entre los pueblos.
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Este principio se fundamenta en el valor de la persona, dotada de dignidad y derechos inviolables y en la solidaridad con todos aquellos que sufren. Es la expresión del compromiso del Movimiento con la defensa de los derechos humanos. El Movimiento ha estado presente en la defensa de los derechos humanos desde sus orígenes, aunque no siempre explícitamente. Destacan particularmente las acciones en los siguientes temas: tortura, desapariciones forzadas o involuntarias, discriminación racial, derechos de la infancia, campos en los que puede desempeñarse un cometido movilizador. Ello sin dejar de tener en cuenta otros muchos derechos de contenido económico social y cultural, y en los conocidos como de la "tercera generación" o derechos de solidaridad (paz, desarrollo y medio ambiente), en los que se realizan de hecho numerosas contribuciones.
En la consecución de estos objetivos los voluntarios expresan su solidaridad mediante actitudes de:

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Comprensión, cooperación, amistad, interés afectuoso y desinteresado.
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Respeto, que nace del reconocimiento de la individualidad del otro, de sus capacidades y posibilidades.
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Relaciones abiertas, horizontales, sin caer en redes afectivas, que bloquean.
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No hace ninguna distinción de nacionalidad, raza, religión, condición social ni credo político. Se dedica únicamente a socorrer a los individuos en proporción con los sufrimientos, remediando sus necesidades y dando prioridad a las más urgentes.
Supone la esencia del pensamiento del Movimiento. Del reconocimiento de todos los seres humanos nace la no-discriminación, por motivos de raza, sexo, religión, condición social, credo político o ideología. Supone la no-aplicación de distinciones de carácter desfavorable por el mero hecho de pertenecer a una categoría determinada. La única "discriminación" se realizará a partir de las necesidades: la asistencia será proporcional a la intensidad del sufrimiento. Exige luchar contra todo prejuicio y actuar ateniéndose sólo a los hechos a fin de hacerlo sin preferencias personales ni ideas preconcebidas.
La vivencia de este principio no sólo se ejercita en situaciones extremas de conflictos bélicos o confrontación de grupos, sino que tiene ramificaciones que nos afectan en la cotidianeidad, en la forma de relacionarnos con aquellos que "son distintos" o que no piensan como nosotros. De ahí la necesidad de profundizar en la tolerancia, como actitud que exige un ejercicio personal de apertura de la mente y aceptación del otro, tal y como es, sin menoscabo de las propias convicciones.
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Con el fin de conservar la confianza de todos, el Movimiento se abstiene siempre de tomar parte en las hostilidades y en las controversias de orden político, racial, religioso e ideológico.
A la vez que respeta los derechos civiles, políticos y sociales de toda persona, el Movimiento siempre se abstiene de tomar parte en cualquier tipo de controversia de orden político, racial, religioso o ideológico.
Neutralidad significa no entrar en controversias para poder actuar en todo tiempo y lugar. En este sentido, la neutralidad es una garantía de acción. No debemos confundir nunca ser neutral con ser indiferente; la neutralidad supone tomar partido por los más vulnerables.
Lógicamente al voluntario de Cruz Roja no se le pide que renuncie a su ideología, todo el mundo tiene unas determinadas ideas, sino que ésta no se refleje en la acción que desempeña en nombre de Cruz Roja.
No debemos confundir nunca neutralidad con imparcialidad:

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El neutral se niega a pronunciarse, no toma partido.
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El imparcial actúa según unas normas establecidas.
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El Movimiento es independiente. Auxiliares de los poderes públicos en sus actividades humanitarias y sometidas a las leyes que rigen los países respectivos, las sociedades nacionales deben, sin embargo, conservar una autonomía que les permita actuar siempre de acuerdo con los principios del Movimiento.
Este principio aparentemente entra en una contradicción: por un lado, establece que el Movimiento es independiente y, por el otro, que es auxiliar de los poderes públicos. Sin embargo no existe tal contradicción. La independencia supone:

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Oponerse a toda injerencia de orden político, ideológico o económico.
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No ser un instrumento de la política gubernamental.
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Independencia ante la opinión pública.
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Libertad de acción.
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Pero al mismo tiempo es una institución auxiliar de los poderes públicos ya que:

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Las sociedades nacionales son reconocidas por los estados.
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Su acción complementa la desarrollada por los poderes públicos, cubriendo aquellas áreas a las que no pueden llegar las diferentes administraciones, siempre con la autonomía necesaria para cumplir los principios fundamentales y poder decidir las acciones que realiza y las que no.
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Para hacer realidad este principio en la cotidianeidad, se requiere que los voluntarios de Cruz Roja:

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Respeten estos principios por encima de sus intereses particulares.
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Profundicen y se entusiasmen con el papel que, como voluntarios de Cruz Roja, están llamados a ejercer para el desarrollo de una sociedad que, sin ellos, sin la acción solidaria e independiente de Cruz Roja, carecería de un elemento de vertebración necesario para el mundo actual.
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La independencia de la institución se garantiza en la práctica con un funcionamiento interno democrático, estando abierta a todos, con fuentes de financiación diversas y con una gran diversidad de acciones.
Esta independencia nos ayuda a ser más libres para actuar por la dignidad, bienestar y defensa de los sujetos más débiles de la sociedad, y a comprender el compromiso y responsabilidad que, además, tenemos con la institución.
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Los voluntarios, con su acción, dan cumplimiento a los principios fundamentales.
Es un movimiento de socorro voluntario y de carácter desinteresado.
La Cruz Roja es una asociación de voluntarios, por lo que el voluntariado forma parte de la propia esencia de la institución.
El voluntariado tiene las siguientes características:

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La relación del voluntario con la actividad que desarrolla en Cruz Roja comporta:
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Implicación personal: relación de ayuda, comunicación, compañía, paz, etc.
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Expresión de los principios fundamentales.
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Servicio gratuito y desinteresado.
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Se compromete libremente a dedicar "un tiempo" a una actividad voluntaria dentro del campo de actuación de Cruz Roja.
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Participación en la comunidad, para mejorar las condiciones de vida de sus semejantes.
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La participación voluntaria es cooperativa, es decir, trata de lograr un mayor nivel de humanización, a través de la cooperación entre los distintos actores y factores sociales.
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En cada país sólo puede existir una sociedad de la Cruz Roja o de la Media Luna Roja, que debe ser accesible a todos y extender su acción humanitaria a la totalidad del territorio.
Este principio supone que debe existir una única sociedad nacional por país y, por lo tanto, extender su acción a todo el territorio y estar abierta a todos. Garantiza que la Cruz Roja no se diluya en asambleas independientes y garantiza la coherencia institucional.
Actualizar la conciencia de nuestra permanencia a una sola y gran institución, extendida por todo el mundo y por todo el territorio nacional, y mantener la esencia de su identidad debe ser para todos los miembros de Cruz Roja motivo de orgullo, a la vez que de estímulo para el cumplimiento de las normas y orientaciones que dimanan de sus documentos y órganos.
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El Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, en cuyo seno todas las sociedades tienen los mismos derechos y el deber de ayudarse mutuamente, es universal.
El Movimiento tiene vocación universal y aspira a extender su acción a todo el mundo. Pero, al mismo tiempo, esta universalidad implica que todas las sociedades nacionales, desde la más grande y desarrollada hasta la más pequeña, tienen los mismos derechos y deberes en el seno del Movimiento y el deber de apoyarse mutuamente.
Las actividades voluntarias, a la vez que son concretas, referidas a sujetos personalizados, tienen la posibilidad de ser ampliables a cualquier persona que se encuentre en situación similar, lo que permite diseñar procesos y establecer estrategias universalizables.
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La Cruz Roja y la Media Luna Roja constituyen una organización de personas voluntarias. Los voluntarios y las voluntarias son la máxima expresión de un compromiso solidario, libremente asumido, que se manifiesta en el respeto y la defensa de los ideales del Movimiento de Cruz Roja y Media Luna Roja, siendo los que hacen posible nuestra acción. Además, el carácter voluntario es la base ideológica y conforma su identidad como institución.
El Movimiento Internacional de la Cruz Roja cuenta con cerca de 100 millones de voluntarios distribuidos en 180 países del mundo, que atienden a millones de personas.
El voluntariado ha sido y es la base de la organización desde su fundación en 1864. En los orígenes y la evolución hasta hoy de la red mundial humanitaria que es actualmente el Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja encontramos un magnífico ejemplo de perseverancia en la dedicación solidaria. Una dedicación cimentada y organizada en unos principios, entre los que el carácter voluntario de la participación de sus miembros ha sido y es su motor impulsor.
Junto al imprescindible cometido del voluntariado en los objetivos de Cruz Roja, sus demás principios fundamentales, de humanidad, imparcialidad, neutralidad, independencia, unidad y universalidad, constituyen condiciones esenciales e imprescindibles para avanzar en la extensión de los derechos esenciales, que deben estar al alcance de cualquier persona.
La política de voluntariado de la Federación Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja define el voluntariado como una actividad que se ejerce libremente, que beneficia a las personas vulnerables y cuya organización corre a cargo de cada sociedad nacional.
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Los modelos de voluntariado entre las sociedades nacionales están influidos por varios factores: modelos socio-económicos del estado y sistema organizativo y de gestión.
La participación social y política es una de las claves de la ciudadanía y el voluntariado, una de las formas de ejercer esa participación. Hoy en día, la acción voluntaria constituye, sin duda, un elemento esencial en la construcción de la sociedad civil.
El voluntariado es una fuerza creativa y mediadora que, día a día, construye sociedades más saludables basadas en el respeto a la dignidad de todas las personas. Es una tarea que da poder a la gente para ejercitar los derechos que les asisten como seres humanos y, por ello, les concede solvencia para mejorar sus propias vidas y contribuir a resolver problemas sociales, culturales, económicos y ambientales. Es un empeño que contribuye, también, a construir un mundo más justo y humano, a través de la cooperación internacional.
La acción voluntaria es una decisión individual y esto es lo que contribuye a dotar de escala humana esa rebelión contra la injusticia que subyace a la acción humanitaria. Se trata de una apuesta por el poder de cada uno para paliar el sufrimiento de otras personas. Además es, a la vez, fuente y reflejo del capital social; por un lado, capacita a las personas mediante la adquisición de nuevos conocimientos y habilidades y contribuye a su desarrollo personal, a su creatividad y a su autoestima; por el otro, posibilita la creación de comunidades más fuertes y cohesionadas, refuerza la confianza entre los ciudadanos y facilita el desarrollo de normas de solidaridad y reciprocidad.
Muchas personas contribuyen de forma significativa al bienestar y al progreso de los países desarrollados. Cada vez se hace más necesario aumentar la participación voluntaria dado el impacto de los distintos problemas globales; la red más importante es aquélla que se construye entre las personas, partiendo de decisiones y tomas de postura individuales y tejiendo una malla de esfuerzo colectivo.
Somos muy conscientes del potencial que la acción voluntaria tiene en la sociedad civil. El voluntariado se anticipa en muchos casos a la actuación de las administraciones, creando espacios de intervención que, posteriormente, son asumidos por los gobiernos y el sector privado. La cercanía de las ONG a las nuevas necesidades y demandas sociales viene derivada de su condición de cauce de las iniciativas ciudadanas. Voluntarios y voluntarias forman parte del tejido social. Por esta razón, su acción es importante, sus reflexiones, su participación en todas las esferas de la institución, sus propuestas...
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El voluntariado de hoy se concibe en términos de solidaridad y de responsabilidad: el preocuparse por el respeto a la dignidad de los demás.
Es otro modelo de sociedad el que ofrece el voluntariado; una sociedad que transciende fronteras, en la que prevalece la ayuda mutua con independencia de la afiliación religiosa, el pasaporte o la pertenencia étnica, porque existe dignidad humana y es universal.
Nuestros voluntarios y voluntarias son personas que tienen una conciencia solidaria que les impulsa a actuar en colaboración con otras personas, con el objeto de despertar en ellas sus propias capacidades para mejorar su calidad de vida, desarrollando actividades en beneficio de la comunidad, dentro del marco de los fines y objetivos de la organización.
Estas personas se caracterizan por lo siguiente:

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Respeto al ser humano, sin discriminación, respeto a la vida y cooperación con los pueblos.
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Capacidad de adaptación y aprendizaje, para garantizar una atención de calidad, acorde con los fines de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
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Iniciativa, promoviendo cambios que permitan a las personas con las que trabajamos afrontar su proyecto de vida.
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Actitud solidaria y cooperativa.
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Compromiso con las personas más vulnerables y con los fines de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.
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Capacidad de trabajar en equipo, incrementando así el poder de transformación y de cambio.
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El voluntariado en Cruz Roja y Media Luna Roja debe reforzarse en todas las sociedades nacionales tanto por razones externas como internas. Esta situación es diferente en los distintos países, en función de sus circunstancias y condiciones. Por ello, se hace preciso reforzar las capacidades de cada sociedad nacional.

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Para abordar las necesidades crecientes de la sociedad.
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Porque los gobiernos, las empresas y los/as ciudadanos/as que contribuyen aportando sus recursos son más exigentes con relación a la calidad del servicio que prestamos.
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Los cambios en el propio voluntariado (perfiles) incrementándose sus exigencias con relación al trabajo, la dirección, el apoyo y el reconocimiento que reciben.
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Cruz Roja Española es la organización con un mayor número de voluntarios en nuestro país: cerca de 150.000 voluntarios y voluntarias que donan una media de tres horas semanales de su tiempo al cumplimiento del compromiso que han adquirido con la organización de forma altruista. La dedicación de todos ellos permite la realización de actividades que no serían posibles si tuvieran que ser remuneradas.
Cruz Roja ha diversificado su actuación, implantando programas que responden a nuevas demandas sociales, llegando cada vez a más personas y ampliado los programas de ayuda humanitaria y cooperación internacional hasta extremos difícilmente predecibles hace unos años, gracias al continuado apoyo de los ciudadanos.
El voluntariado de Cruz Roja Española se caracteriza por su juventud. Aproximadamente el 60% tienen menos de 30 años, la mujer representa el 40%, aunque está aumentando su presencia en los últimos años. Como reto para los próximos años, creemos importante ampliar el perfil incorporando nuevos colectivos o aquellos que tienen una presencia más escasa en nuestra organización, incluyendo los que en su momento fueron usuarios de nuestros servicios (personas mayores, discapacitados, inmigrantes, etc.).
Se ha realizado un gran esfuerzo por consolidar el papel del voluntariado en la institución y mejorar su promoción y gestión, intentando conjugar el planteamiento ideológico con herramientas de trabajo.
Se están elaborando materiales adaptables a las nuevas tecnologías de la información, de forma que sea compartida, rápida y disponible su utilización.
En esta línea se ha elaborado el "procedimiento de gestión", que pretende flexibilizar y personalizar, a través de itinerarios individualizados, la incorporación y formación de los voluntarios y voluntarias, facilitando fórmulas y opciones adaptadas tanto a las personas como a las diferentes realidades locales. Con él pretendemos homogeneizar criterios, dando espacio a las diversas circunstancias de cada uno, para conformar la identidad plural de la organización.
El voluntariado, por el papel que ocupa en la institución y la cercanía con los usuarios, está en condiciones de promover cambios. Para que puedan desarrollar esa labor como agentes de cambio, deben de estar informados y formados.
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Cada vez son más frecuentes los portales relacionados con la solidaridad, el voluntariado y las ONG. Son diversas las ventajas de las nuevas tecnologías:

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1. La comunicación es prácticamente instantánea.
2. La información es viva, gráfica e interactiva y no tiene fronteras.
3. Los documentos son susceptibles de rápida actualización.
4. Facilitan a los usuarios las consultas, donaciones...
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Todas las ventajas antes mencionadas favorecen el uso de la Red en las siguientes líneas:
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El capítulo de la cooperación internacional es el eje de la actividad internacional de Cruz Roja Española, constituye nuestro trabajo determinante con las personas más vulnerables, es nuestro compromiso exterior con estos colectivos y una de nuestras mayores apuestas a favor de la paz.
Extendiéndonos en esta definición, de vital importancia para todo el Movimiento Internacional, nuestra misión fundamental es prevenir y aliviar, en todas las circunstancias, los sufrimientos humanos, proteger la vida y la salud y hacer respetar a la persona, en particular en tiempo de conflicto armado y en otras situaciones de urgencia; tratar de prevenir las enfermedades y promover la salud y el bienestar social; fomentar el trabajo voluntario –de importancia capital– y la disponibilidad de los miembros del Movimiento, así como un sentimiento universal de solidaridad para las personas que tengan necesidad de protección y asistencia.
Todas las estrategias de los miembros del Movimiento están basadas en unas políticas previamente aprobadas y se plasman en documentos base de carácter general y multisectorial (tanto de la Federación Internacional de la Cruz Roja y la Media Luna Roja [IFCR] como del Comité Internacional de la Cruz Roja [CICR]), como la Estrategia 2010, y en otros de marcado carácter regional o que abordan un único sector de intervención, como es el caso del ARCHI (Africa Red Cross and Red Crescent Health Initiative).
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La acción de Cruz Roja Española (CRE) está centrada en varios programas destinados tanto a resolver situaciones estructurales como coyunturales. Dentro de estas últimas, las más conocidas por la opinión pública, están los programas destinados a paliar las necesidades detectadas con motivo de desastres, tanto los producidos por fenómenos naturales como los provocados por la acción humana.
En ambos casos, se pretende reducir la vulnerabilidad de las comunidades con las que trabajamos, potenciando sus capacidades, y fortalecer a las diferentes sociedades nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para que puedan desarrollar mejor su labor.
Fruto del plan de acción de Cruz Roja Española para el período 1999-2003 es el plan de cooperación internacional. Bajo unos criterios claros y definidos, este plan se articula en torno a cuatro programas.
El primero lo constituye la ayuda humanitaria, que tiene como objetivo general prevenir y aliviar el sufrimiento humano derivado de guerras, conflictos y desastres, dando respuesta a las necesidades básicas e inmediatas de las personas afectadas cuando se demuestra que no pueden ser eficazmente socorridas por sus propias autoridades, constituyendo un paso previo a acciones de desarrollo o de reconstrucción y ayudando a las poblaciones afectadas a encontrar un mínimo nivel de autosuficiencia.
El segundo programa, la cooperación al desarrollo, tiene por objetivo reducir la pobreza y la vulnerabilidad, trabajando en el fortalecimiento de las capacidades a largo plazo para lograr sociedades más justas y equitativas y ayudar con ello a preservar la paz y a prevenir los conflictos y los desastres.
El tercer programa lo constituye el desarrollo institucional, con el que pretendemos contribuir al fortalecimiento de las sociedades nacionales del Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja para que éstas puedan cumplir su mandato humanitario.
En cuarto y último lugar, se encuentra el programa de educación para el desarrollo, la paz y los derechos humanos.
Entre los cuatro programas, y siempre que sea posible y/o viable, se establece el continuum operacional, que da una mayor coherencia y viabilidad a nuestra intervención. Este trabajo es reforzado y coordinado por el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), en casos de conflicto, y por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC), en casos de desastres naturales.
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El continuum que anteriormente se describía donde mejor queda reflejado es en la respuesta ante desastres; cada vez que ocurre un desastre de grandes dimensiones, tanto provocado por un fenómeno natural (inundaciones, terremotos, volcanes, etc.) como provocado por la acción de las personas (conflicto armado, hambruna, etc.), se activan nuestros primeros instrumentos de respuesta. El primero de ellos es la puesta en marcha de los equipos FACT (Field Assessment Coordination Team), equipos formados por un conjunto de personas que, en coordinación con otros organismos nacionales e internacionales, evalúan la verdadera magnitud de la catástrofe y, sobre todo, las necesidades más inmediatas de la población afectada (alojamiento temporal, agua y saneamiento, ayuda alimentaria y no alimentaria, etc.).
En función de los resultados de esa evaluación, y en coordinación con la sociedad nacional del país afectado, el CICR o la Federación efectúa un llamamiento de ayuda internacional, en que se recoge la situación en la zona del desastre y la acción del Movimiento a corto, medio y largo plazo, priorizando zonas, colectivos y sectores de intervención.
Al mismo tiempo Cruz Roja Española inicia una campaña de solidaridad para cubrir las necesidades de la población afectada, y establece un plan de trabajo con la sociedad nacional del país.
Este plan de acción puede incluir el envío de alguna de las Unidades de Intervención de Urgencia o UIU (en inglés, ERU), en coordinación con el resto de componentes del Movimiento.
De igual manera, el personal que gestiona las emergencias dispone de otras herramientas de uso interno, como es el sitio DEMIS, un sistema informativo de gestión de desastres que ofrece información en tiempo real sobre la evolución del desastre, herramientas de trabajo y bases de datos. Este sistema es compartido tanto por todas y cada una de las sociedades nacionales como por la Federación y el Comité Internacional.
Cruz Roja Española dispone de otras herramientas de uso exclusivamente interno, aunque pueden ser consultadas por la población en general: la Aplicación de Cooperación Internacional recoge todos los planes, programas, proyectos y actividades de nuestra acción exterior, siendo la más conocida la que informalmente conocemos como "Cartera de Proyectos".
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De forma paralela a la acción inmediata descrita anteriormente, se van planificando y definiendo los proyectos de rehabilitación y desarrollo, informando de forma precisa tanto a los financiadores como a la población en general.
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Finalmente, tanto la Federación Internacional como Cruz Roja Española evalúan todas las etapas de la intervención. Esta evaluación es realizada tanto por los diferentes financiadores como por auditorías técnicas y financieras encargadas por la institución, al margen de las valoraciones que se efectúen por todo el personal de Cruz Roja, tanto en el país donde se ejecutan los programas como en España, incluyendo siempre a las personas beneficiarias de los proyectos.
Esta evaluación nos sirve como herramienta de control y, asimismo, puede ser útil para la mejora de nuestros procedimientos y nuestra capacidad de gestión, pudiendo motivar cambios en el rumbo de nuestras políticas, en caso necesario, y obteniendo enseñanzas de la experiencia que faciliten la mejora de los resultados de las intervenciones y nos permitan responder a la obligación de rendir cuentas y acrecentar la transparencia.
La reflexión final se plasma en diferentes estudios y documentos técnicos que son referencia casi obligada en el complejo mundo de la cooperación internacional. Un claro ejemplo de esto es el Informe Mundial sobre Desastres de la Federación o los informes del Comité Internacional.
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Aun cuando la actividad internacional del Movimiento se sustenta fundamentalmente en fortalecer las capacidades de las sociedades nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja a través de las operaciones de socorro, recurriendo prioritariamente a la utilización del personal local, tanto en Cruz Roja Española (Unidad-delegados@cruzroja.es, eru@cruzroja.es), como en la Federación y el Comité Internacional, se precisa a colaboradores para las misiones en sus sedes o sobre el terreno.
Se necesitan todo tipo de especialistas en socorro y desarrollo, desde técnicos de logística hasta médicos, desde gestores financieros hasta expertos en comunicaciones, para apoyar y coordinar todas las actividades sobre el terreno, además del apoyo que se precisa tanto en material como en recursos económicos para el sostenimiento, incremento y mejora de esta actividad fundamental en la misión de Cruz Roja Española.
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Ante un mundo global, la acción local
En este mundo globalizado y globalizador, donde parece que las decisiones que nos afectan se toman en lejanos centros de poder, se da la paradoja de que lo próximo, lo cercano, adquiere una importancia fundamental. Una organización como el Movimiento Internacional de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja desarrolla toda su potencialidad en este ámbito, su acción se desarrolla en lo más próximo, en lo más cercano, en el "cara a cara", y, en este sentido, la acción local adquiere una importancia fundamental.
Esa Cruz Roja de cualquier pueblo del mundo, con sus voluntarios y su pequeño local, es la que está llevando a la práctica nuestros principios y nuestro compromiso humanitario con los más desfavorecidos, desarrollando acciones de mejora de la calidad de vida de los colectivos más vulnerables. Todo nuestro compromiso, toda nuestra ideología, toda la tecnología al final se plasman en un voluntario que trabaja con un usuario que recibe unos determinados servicios. Veamos un ejemplo:
Para prever los movimientos de los ciclones en la bahía de Bengala se utilizan datos de los satélites. Después de ser registrados en Dhaka, los avisos son transmitidos por radio a los voluntarios de la Media Luna Roja de Bangladesh en las zonas costeras bajas. Los voluntarios, por medio de megáfonos, son el último eslabón de la cadena de avisos de alta tecnología generados por los sistemas de satélites e informáticos pero, sin esa participación local en el terreno, el resto de los sistemas carece de sentido.
La acción de la Federación Internacional para estos próximos años se ordena en cuatro áreas esenciales: promoción de los principios y valores humanitarios, intervención en casos de desastre, preparación para desastres y salud y asistencia en el ámbito de la comunidad.

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El Movimiento de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja promueve los valores humanitarios individuales y comunitarios que fomentan el respeto de los seres humanos y la disposición a colaborar para encontrar solución a los problemas. De los siete principios fundamentales al lema del poder de la humanidad, se trata siempre de influir en el comportamiento de las personas con las que trabajamos.
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La intervención en casos de desastres representa todavía la parte más importante de nuestra labor, pues anualmente prestamos asistencia a alrededor de 30 millones de personas, desde refugiados hasta víctimas de desastres naturales.
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El gran aumento del número de desastres naturales en todo el mundo, en años recientes, ha hecho que la Federación preste más atención a las actividades de preparación para desastres. El objeto de estas actividades es que tanto las sociedades nacionales como las comunidades estén mejor informadas de los riesgos a los que se enfrentan, de la forma de reducir su vulnerabilidad y de las maneras de hacer frente a la crisis cuando se produce un desastre.
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Muchas personas pierden la vida porque no tienen acceso ni siquiera a los servicios de salud más elementales y a la educación en salud elemental. Las actividades de salud y asistencia en el ámbito de la comunidad se han convertido en el núcleo de la asistencia humanitaria y absorben una gran parte de los gastos de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja. Por conducto de esos programas, la Federación trata de poner a las comunidades en condiciones de reducir su vulnerabilidad a las enfermedades, de prepararse para las crisis de salud pública y de intervenir debidamente en ellas.
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Podemos ver diversos ejemplos de actividades de voluntarios en diferentes partes del mundo:

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La Cruz Roja Rusa interviene en los diversos orfanatos que existen en todo el país. Gracias a la ayuda internacional, varias secciones locales renuevan edificios y donan juguetes. La Cruz Roja Estadounidense y la Cruz Roja Rusa han distribuido alimentos a orfanatos de cinco regiones de Siberia central. Sin embargo, la ayuda material no basta y urge una reforma radical del sistema. Los voluntarios de la Cruz Roja Rusa trabajan por cambiar la actitud de la gente y establecer nuevos métodos de atención y de cuidado. Ayudar a los más vulnerables no se limita a mitigar el hambre y poner calefacción en los dormitorios, también hay que tratar a los niños con la dignidad y el respeto a que tienen derecho.
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La Cruz Roja Francesa está desarrollando un programa para abordar los problemas de los suburbios de las grandes ciudades donde abunda el desempleo, la violencia y la pobreza. De esta forma, los voluntarios de la Cruz Roja Francesa han podido ayudar a comunidades que otros prefieren ignorar o aislar. Al abordar los problemas de la violencia y de la exclusión, han ido ganándose la confianza de los jóvenes y han logrado que se entablara el diálogo entre vecinos. También han cumplido con su objetivo de aportar un nuevo soplo de vida a estas zonas marginadas.
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La República Democrática del Congo es un país desestabilizado en el que se han producido importantes movimientos de población para huir de la violencia. Los socorristas de la Cruz Roja de la República Democrática del Congo trabajan, incluso, arriesgando su vida con los colectivos más afectados por el conflicto y han establecido un sistema de búsquedas y de transmisión de mensajes para las familias que se encuentran separadas.
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Las personas mayores se han convertido en uno de los colectivos prioritarios. En el mundo, cada mes, 1.000.000 de personas cumple 60 años. En 2010 una persona de cada diez de la población mundial tendrá más de 60 años; en 2025 será una de cada cinco, y en 2050 la proporción de mayores de 60 años será superior a la de menores de 15. Casi el 60% de las personas mayores vive en el mundo en desarrollo; en 2020 serán el 70%. Las mujeres representan el 55% de las personas mayores y el 65% de las personas de más de 80 años. Diferentes sociedades nacionales de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja en todo el mundo desarrollan programas de atención a este colectivo.
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Colombia sufre un grave problema de violencia social. Cada año mueren unas 30.000 personas debido al crimen en las grandes poblaciones y a los malos tratos. La Cruz Roja Colombiana lanzó una campaña de información masiva con el lema Adiós violencia. Durante siete meses de campaña por todo el país, la organización pidió a la gente que empapara su mano de pintura fresca de colores y dejara su huella plasmada en pancartas con las que luego se decoraron las paredes de las secciones de la institución. Asimismo, escuelas, hospitales y centros comunitarios lucieron durante meses este símbolo del cansancio popular provocado por la cruda enfermedad que vive Colombia. Se recogieron más de 147.000 huellas de colores. Además, se inició una gran labor de sensibilización con los 55.000 voluntarios y cientos de funcionarios de la institución, instándoles a que ellos mismos fueran portavoces y promotores del mensaje y su significado.
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La Cruz Roja de Ghana está desarrollando proyectos de mejora de la calidad de vida de las mujeres y jóvenes de Ghana. Se están desarrollando sistemas de recogida de agua que ayudan a mejorar considerablemente los cultivos y que permiten a las mujeres organizar pequeñas empresas para comercializar los productos. Con los jóvenes, la actividad más eficaz sigue siendo la creación de una red de 450 educadores, que se encargan de las campañas de prevención del SIDA. La Cruz Roja de Ghana también encabeza la lucha contra la marginación de quienes viven con el VIH/SIDA y que, desgraciadamente, es tan común. Dado que los encargados de formar tienen un contacto directo y natural con la población, se encuentran en una posición inmejorable para convencer a la gente de que cuide a los miembros de su familia, sin rechazarlos, como suele hacerse por prejuicios culturales y falta de conocimientos sobre el virus.
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Cada vez más se ve la importancia del apoyo psicológico a las víctimas de los desastres naturales o de los conflictos bélicos. Por ello, diferentes sociedades nacionales cuentan con voluntarios formados y preparados para brindar asistencia psicosocial. La asistencia psicosocial permite que la gente se desahogue y hable de su sufrimiento y de sus penas. Los voluntarios escuchan y confirman sus sentimientos. También dan información clara y precisa, ya que los rumores aumentan el estrés. Durante la primera serie de visitas, los casos más serios se remiten a especialistas para que propongan el tratamiento. En cuanto al resto, continúan las visitas y las sesiones de grupo para que los participantes puedan compartir experiencias. Se trata más bien de prevención postraumática que de tratamiento; en muchos casos, el hecho de poder hablar evita o mitiga complicaciones ulteriores.
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La difícil situación de las personas con discapacidades físicas y mentales obedece, en parte, a la percepción que tiene la gente de ellas, esa noción de que una persona con alguna discapacidad es una carga y no una ventaja para la sociedad. Existe un proyecto piloto de la Delegación Regional de la Federación en Budapest, junto con la Cruz Roja Húngara, a través del cual se intenta cambiar las actitudes y hacer participar a quienes quieren ayudar a encontrar soluciones para sus propios problemas. En este proyecto también participan el gobierno local, varias ONG y las propias personas con problemas y oprimidas a quienes se escucha; algunas lo hacen por primera vez en su vida.
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En Somalia las probabilidades de morir en el parto son más altas que en ninguna otra parte del mundo. Dado que no existe un servicio de salud centralizado, la Media Luna Roja Somalí, con el apoyo del CICR y la Federación, administra dos hospitales y 45 clínicas de atención primaria de salud en todo el país, que prestan servicios a 840.000 personas. Todos los meses, la Sociedad Nacional proporciona a las clínicas medicamentos básicos y vacunas esenciales para reducir la mortalidad infantil. Además, cada año, la Media Luna Roja Somalí imparte formación y entrega botiquines especiales a tres parteras nacionales que luego trabajan en estrecha colaboración con la clínica.
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En los cruces principales de Abidyán (Costa de Marfil), los niños rodean los coches y piden limosna. Puesto que hay miles de niños de la calle, es más fácil ignorarlos y cerrar los ojos. A los niños de la calle se les trata con una mezcla de desconfianza y desprecio. Con sus escasos recursos, la Cruz Roja de Costa de Marfil sólo puede llegar a una pequeña proporción de niños de la calle, lo que no impide que el proyecto brinde una asistencia valiosa a los pocos que se benefician de él. Unos 400 niños llegan a la Cruz Roja para ver al médico o a los socorristas de primeros auxilios. Treinta y cinco niños están matriculados en el primer grado de un programa de educación de un año. Reciben clases de cálculo elemental, aprenden a leer y a escribir y a descifrar las señales de tráfico. También se les imparten nociones de alimentación e higiene corporal y de la reproducción mediante sensibilización en cuanto a las enfermedades de transmisión sexual, la contracepción y la prevención del VIH/SIDA.
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El CICR, la Cruz Roja Estadounidense y la Cruz Roja Kenyata colaboran en las áridas llanuras y las escarpadas montañas de la zona del valle del Kerio, al noroeste de Kenya, una de las regiones más aisladas del país. Se están desarrollando proyectos para mejorar el acceso al agua y la educación, y fomentar los valores humanitarios. De esta forma, la Cruz Roja ha tratado de abordar algunas de las causas del conflicto entre grupos étnicos que ha convulsionado la región en estos últimos años. Por último, el proyecto también propició la instalación de la Cruz Roja Kenyata en esta zona alejada. Voluntarios de la Cruz Roja local administran el albergue que acaba de construirse con la idea de utilizar los fondos recaudados para ayudar a la comunidad a mantener y reparar los nuevos pozos y escuelas.
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