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| Las nuevas tecnologías, ¿una oportunidad para la acción humanitaria? |
Los adelantos experimentados por la tecnología brindan enormes oportunidades para el desarrollo humano y la acción de las organizaciones humanitarias. Lograr esa potencialidad depende, evidentemente, de la forma en que se usa la tecnología y esto precisa el concurso de diferentes actores y un análisis que incluya también perspectivas sociológicas, éticas, humanísticas y políticas.
Quizá la contribución que una organización humanitaria como la Cruz Roja puede hacer consiste, precisamente, en aportar como elemento para este análisis la ayuda inestimable que para nuestro quehacer supone la utilización de la tecnología de la información y las comunicaciones, al tiempo que ilustrar también desde la experiencia, las paradojas (en ocasiones importantes) que rodean al desarrollo tecnológico.
Desde nuestra perspectiva, la tecnología es una herramienta para el progreso de las sociedades. Como en la práctica totalidad de los sectores, las tecnologías basadas en las telecomunicaciones son hoy un elemento fundamental en la dinámica de una organización humanitaria.
Sin embargo, el escenario de nuestra intervención dista mucho de ser virtual; el compromiso de aliviar el sufrimiento humano que nuestra organización mantiene desde hace tantos años se ve fortalecido con las ingentes posibilidades que estas nuevas herramientas ponen a nuestra disposición. Pero nuestra experiencia nos dice, también, que la tecnología puede lastrar la progresión de determinados sectores sociales, generando fenómenos de exclusión. Nos encontramos, por ejemplo, ante la enorme desigualdad tecnológica entre el norte y el sur. A esta desigualdad en el desarrollo tecnológico se le denomina brecha tecnológica o brecha digital y parece que cada día es mayor la distancia entre aquellos que tienen acceso a las nuevas tecnologías y los que no.
El desarrollo tecnológico parece que no está igualando, sino creando más diferencias, agravando las brutales desigualdades entre los países del norte y los del sur, los ricos y los pobres, inforricos e infopobres. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en su Informe Sobre Desarrollo Humano 2001 afirma: "Si no se formulan políticas públicas innovadoras, esas tecnologías podrían pasar a ser fuentes de exclusión y no instrumentos de progreso, las necesidades de los pobres podrían seguir postergadas y nuevos riesgos podrían pasar a ser ingobernables. Pero si el proceso es bien conducido, los beneficios podrían ser superiores a los riesgos".
Como afirma el PNUD: "La tecnología se crea en respuesta a las presiones del mercado y no de las necesidades de los pobres, que tienen escaso poder de compra". La tecnología se produce para aquellos que pueden pagarla, y desde luego no se realizan inversiones millonarias pensando en los millones de personas que viven con menos de un dólar al día. Mientras el progreso tecnológico no se produzca pensando en cómo desarrollar las capacidades humanas y cómo aumentar su desarrollo humano, las diferencias norte-sur seguirán incrementándose.
Hablando de paradojas, podemos reflexionar también acerca de la incomunicación que, en ocasiones, pueden crear las nuevas formas de comunicación; analizar la capacidad diferencial de acceso a las tecnologías de personas y sociedades, y sopesar los riesgos que entraña la globalización.
La interacción mundial se basa hoy en la economía del conocimiento y ello concede un papel preponderante a las nuevas tecnologías. Los avances han sido tan espectaculares que permiten afrontar actuaciones inimaginables, además de mejorar sustancialmente lo que ya se venía haciendo.
La fusión de informática y comunicaciones rompe los límites de coste, tiempo y distancia, iniciando una era de formación de redes de información mundial. Esta tecnología impulsa la globalización, abriendo nuevos mercados y dando lugar a nuevos actores. Las comunicaciones cambian la competencia económica, la cultura y el poder.
La globalización reivindica el conocimiento, el nuevo activo en el que se basa más de la mitad del PIB de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Sin embargo, el mapa mundial de las nuevas tecnologías se configura a tal velocidad que una persona corriente es incapaz de hacer un balance de sus efectos. La diferencia mundial entre los que tienen y no tienen y –circunscrito a la economía del conocimiento– entre los que saben y no saben, crece.
Las aplicaciones del desarrollo tecnológico a la labor humanitaria de Cruz Roja, tanto en lo que supone el apoyo a los colectivos más vulnerables de nuestra sociedad como en la vertiente de ayuda humanitaria y cooperación al desarrollo, tienen una utilidad indiscutible en ámbitos muy variados, comenzando por el propio desarrollo intraorganizacional.
Esquemáticamente, podríamos acotar las utilidades de las nuevas tecnologías como herramienta de apoyo a nuestra intervención en los siguientes ámbitos:

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Las comunicaciones: entre bases y centros, con unidades móviles, con recursos humanos. Un exponente son las unidades de intervención de urgencia (UIU o ERU), que funcionan como un centro de comunicaciones y se pueden instalar, en menos de 48 horas, en cualquier lugar del mundo.
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El diagnóstico: tanto sobre el terreno (en unidades móviles) como en centros de primeros auxilios, centros sanitarios o en las viviendas de los usuarios.
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El tratamiento: en unidades móviles o en centros propios, a través de equipamiento sanitario.
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La alerta: de usuario a centro y derivación, por ejemplo, la teleasistencia (sistema que proporciona a las personas que tienen que mantenerse en su domicilio la posibilidad de poder contactar de forma inmediata, a través de un equipamiento telefónico e informático, con una central de asistencia que funciona la 24 horas del día), y de personal a centro (como en el caso de los delegados y voluntarios de servicio). Esta aplicación nos permite activar nuestros recursos de emergencia.
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El último ámbito de utilidad es la prevención: de usuarios a servicios especializados, alertas tempranas, comunicación de cambios de situación e información remota.
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Entre los dos últimos ámbitos podemos situar el seguimiento que diariamente se hace de diversos fenómenos atmosféricos, que nos permite alertar y prevenir, diseñando una respuesta adecuada a la posible magnitud de sus efectos. Así, hemos seguido la evolución del huracán Mitch, desde la semana anterior a su llegada a Centroamérica.
Proporcionar apoyo a sectores de población que por edad, problemas de discapacidad, de salud, etc., afrontan un grave riesgo de exclusión social es una línea de trabajo prioritaria para Cruz Roja Española. La comprensión del papel que las nuevas tecnologías desempeñan en el incremento de la calidad de vida de estas personas nos ha movido a desarrollar servicios que aúnan el componente tecnológico con el soporte humano. Cruz Roja fue pionera en la conceptualización y puesta en marcha de un proyecto de teleasistencia en el año 1989, que, en la actualidad, presta cobertura a más de 60.000 personas.
La participación en proyectos de investigación, diseño y validación de prototipos que suponen la aplicación de los avances tecnológicos a la provisión de servicios a los colectivos más vulnerables es de sumo interés para Cruz Roja. A su vez, nuestro conocimiento de las necesidades y demandas de los usuarios interesa a entidades, empresas, universidades, etc., que están trabajando en el sector.
Partiendo de estas premisas, Cruz Roja ha participado en el proyecto Mobcare, liderado por un destacado grupo empresarial, cuyos objetivos consistían en ampliar la prestación del servicio de teleasistencia al ámbito móvil, integrando herramientas complementarias como la localización por GPS y dotando al centro de atención de alarmas de un sistema cartográfico de alta calidad. El proyecto permite, también, la monitorización de las constantes vitales básicas del usuario y su envío periódico al centro de control para su análisis.
Una vez finalizado el proyecto, Cruz Roja prosigue su colaboración en la extensión de la telemedicina a la atención extrahospitalaria, en la dotación de equipamiento para vehículos de transporte sanitario que permita la telemonitorización y en la mejora del diseño del terminal de teleasistencia móvil.
Cruz Roja ha participado también en el proyecto SAFE XXI, liderado por una gran empresa, en el que, además de las prestaciones de telemedicina y teleasistencia móvil, se incorporó la posibilidad de transmitir la voz desde la unidad de control remoto y el desarrollo de un terminal de teleasistencia para sordos.
En colaboración con una importante fundación, Cruz Roja está proyectando una unidad móvil de telecomunicaciones que incorporará tecnología que permita la sustitución de centrales de teleasistencia en caso necesario y posibilitará, a su vez, la coordinación de actuaciones de emergencia de todo tipo.
Otros ámbitos explorados por Cruz Roja en este momento son la aplicación de la tecnología en la prestación de apoyo a la vida en el domicilio de personas afectadas por demencias, a través de dispositivos orientados a la detección de riesgos y al incremento de su calidad de vida.
Esta colaboración en proyectos de investigación nos permite explorar soluciones tecnológicas para las demandas sociales emergentes y vincular a las administraciones públicas, con cuyo apoyo proveemos servicios para colectivos vulnerables, en el inicio de un ciclo compuesto por las siguientes fases: Investigación – Prueba de prototipos con usuarios de proyectos de Cruz Roja – Comercialización y universalización de prestaciones.
En este empeño tienen consideración de población prioritaria los sectores más vulnerables, lo que conduce a su integración entre los perceptores del apoyo tecnológico, en el momento de la extensión de la cobertura a toda la población.
Les hablaba al principio de otra paradoja, la incomunicación que se deriva de las nuevas formas de comunicación. La sociedad del conocimiento y la información supone un cambio en los esquemas todavía imperantes en multitud de facetas de nuestra sociedad que quedarán obsoletos en muy poco tiempo.
Además de los cambios en la educación, la formación continuada de profesionales cualificados, la movilidad física y geográfica que las nuevas formas de trabajar y aprender traen consigo, esta revolución supone, asimismo, cambios en la forma de relacionarse.
A esta reflexión sobre la incomunicación me mueve la imagen de la importante cantidad de adolescentes y niños conectados al ordenador y que encuentran en esa relación con la pantalla un caudal de información que soluciona aquella necesidad de respuestas que constituía una de las bases de la relación entre generaciones. La experiencia acumulada ya no es un valor en sí misma.
También me hace pensar en esa recurrente paradoja leer que el término utilizado en Finlandia (la tierra de Nokia y el país del mundo con mayor porcentaje de usuarios de Internet por cada mil habitantes) para designar al teléfono móvil significa "prolongación de la mano".
En una investigación sobre las ventajas y desventajas de esta herramienta de comunicación, los menores finlandeses reflexionaban sobre su utilidad y concluían que no precisaban como antes el contacto con los amigos, ya que podían relacionarse con ellos sin necesidad de "quedar", enviándose mensajes escritos a través del teléfono, lo que, por otra parte, resultaba más económico que una conversación telefónica.
Resulta fácil colocar un contrapunto a esta imagen de incomunicación en el tremendo valor que suponen las herramientas tecnológicas para restablecer lazos de comunicación entre personas afectadas, por ejemplo por conflictos bélicos. El Comité Internacional de Cruz Roja puso en marcha por primera vez una página web para facilitar el contacto entre los miembros de las familias separadas como consecuencia de la guerra en los Balcanes. Todos podemos imaginar la velocidad que imprime al proceso de reunificación familiar una solución de estas características, que permite ahorrar una importante cuota de sufrimiento a los afectados.
Otro ejemplo de esta comunicación lo encontramos en un grupo de mujeres que utilizó Internet para formar una comunidad que atravesaba las líneas en la antigua Yugoslavia desgarrada por la guerra. Este medio permitió vincular a mujeres de diferentes grupos étnicos. Conectadas entre sí, a través de ordenadores de diferentes universidades, estas personas se prestaron apoyo mutuo, enviándose mensajes que les permitían compartir sus preocupaciones y sus estrategias de supervivencia.
Un último ejemplo que me permite cerrar el círculo comunicación/incomunicación tiene como protagonistas a un grupo de adolescentes y personas mayores en Estados Unidos. Apoyados en las nuevas tecnologías, constituyeron una red de intercambio de información, reflexión y aprendizaje que tenía como objeto de debate la Segunda Guerra Mundial. En este caso, la experiencia vivida por los ancianos se resaltaba como algo sumamente valioso para las nuevas generaciones.
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