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| Revolución tecnológica y empleo |
¿Qué relación tiene la revolución tecnológica con el empleo? Los líderes europeos cifran la creación de empleo que permitirán estas medidas en 20.000.000 de nuevos puestos de trabajo.
La sociedad de la información y las comunicaciones no sólo influye en la globalización, sino que su efecto más importante radica, quizá, en que condiciona el mercado de trabajo.
El marco político de referencia para el desarrollo de los recursos humanos en España señala que las nuevas tecnologías suponen un gran cambio en el proceso productivo, que se ha saldado en nuestro país con una destrucción importante de empleo. Para afrontar esta situación, considera esencial incidir sobre la calificación de los trabajadores para incrementar su nivel y permitir una adaptación de los perfiles a los nuevos requerimientos del mercado de trabajo.
Efectivamente, las herramientas y los modos de trabajo han cambiado, provocando que la capacidad de reciclarse y el aprendizaje continuo sean las únicas formas de integrarse y mantenerse en el mercado laboral. Este fenómeno afecta de una forma decisiva a un sector importante de personas mayores de 40 años, incapaces literalmente de adaptarse al mundo que se les viene encima.
Llegados a este punto, conviene quizá reflexionar sobre el preocupante porcentaje de españoles que no leen habitualmente, ni siquiera la prensa, convirtiéndose en una suerte de analfabetos funcionales para los que un sistema de trabajo basado en la comunicación escrita comporta indudables dificultades.
Uno de los principales condicionantes de la exclusión social en nuestro país es el desempleo. Partiendo de esta realidad, Cruz Roja Española ha incorporado a sus programas de intervención social el Plan de empleo para colectivos vulnerables, en el que se contempla un itinerario personalizado de inserción social y laboral y que, como no puede ser menos, tiene en cuenta la capacitación en nuevas tecnologías.
Contribuyendo a la paradoja de la que antes les hablaba, las ventajas que suponen las nuevas tecnologías para la inserción social y laboral y para la salud y calidad de vida de los colectivos más débiles (ancianos, discapacitados, inmigrantes, mujeres con especiales dificultades, etc.) tienen su otra cara en la capacidad diferencial de acceso. Ellos y ellas constituyen los candidatos con más posibilidades para integrar los nuevos guetos no tecnológicos en la sociedad del conocimiento y de la información.
Es este un aspecto que, como organización humanitaria, nos preocupa de lleno. La lucha contra la exclusión es una prioridad para Cruz Roja y esta lucha pasa por incrementar la autonomía personal de aquellos a los que van dirigidas nuestras acciones. Autonomía personal entendida como la habilidad para planificar la propia vida, entrar en relación con otros y participar activamente en la construcción de la sociedad. El fomento de esta autonomía pasa necesariamente por una justa distribución de oportunidades y por la promoción necesaria de estas personas para su integración.
Un segundo aspecto importante es que se llegue a perder de vista la realidad en la que viven inmersas millones de personas para las que el simple hecho de poder acceder a los mínimos básicos de supervivencia supone un trabajo ímprobo. Nunca ha sido más fácil que hoy no perderles de vista, ya que la tecnología de las telecomunicaciones nos permite recibir imágenes en tiempo real de sus circunstancias.
Indudablemente este aspecto ha tenido enorme influencia en el incremento de las aportaciones solidarias de los ciudadanos a la labor humanitaria. Sin embargo, nuestra capacidad de intervención directa sigue siendo escasa.
Aquí observamos una nueva paradoja. A raíz de las últimas catástrofes, la ayuda internacional a través de la Red llegó casi inmediatamente, en forma de transferencias bancarias. Sin embargo, el acceso físico de los voluntarios de las ONG al lugar de la tragedia o la llegada de alimentos y medicinas se convirtió en una lucha titánica por falta de infraestructuras de todo tipo.
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