"(...) Hasta las composiciones más libres
de medida y cadencia tienen su música y su emoción. Y más que darnos un
mundo, el del poeta, nos dan su alma. Su alma de niño, más bien diríamos de
ángel, enamorado de las cosas que llaman la atención, y, más que de las
cosas, de sus nombres. Por eso Llacuna es poeta, y muy original, en un medio
en que se desconoce casi todo lo que no son tópicos.
Con asombrosa originalidad, Llacuna junta palabras que no significarán nada
para quienes lo tengan una sensibilidad muy fina y despierta. [...] Esta
sensibilidad de Llacuna hecha infancia espiritual nos lleva de la mano a
comprender que nuestro poeta descubre, como por primera vez, las maravillas
de la naturaleza, y la gracia de la palabra, reflejo del verbo de Dios. En
la palabra, precisamente, ve Llacuna el nervio de la poesía y por eso se
complace en ella nuestro poeta. La poesía no es, para Llacuna, filosofía o,
lo que es peor, filosofismo -ni preocupación sociológica. La poesía, para
nuestro poeta, es amor, limpio, nítido, diáfano amor.
Habrá que volver sobre este libro." |
Sebastià Sánchez
Juan (1961) Literatura Catalana. Aurora de l'Aragall. (text
mecanoscrit conservat a l'arxiu Llacuna de Montserrat. ms. 1302)
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