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Reportajes

La consulta médica, versión 2.0
Mayo de 2008 / Por Salvador Tordera
Participar en una charla sobre sexualidad en Second Life, recibir un mensaje SMS de nuestro médico para recordarnos que tomemos la medicación, comprobar en línea nuestra posición en la lista de espera de la Seguridad Social... Todas estas acciones son ya posibles gracias a la aplicación de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en el ámbito de la salud. La red se perfila como una herramienta muy poderosa para dotar a los usuarios de más control y autonomía de su salud, el bien más valioso de la vida de las personas según las encuestas de todos los países. Como en todo proceso relacionado con los vertiginosos cambios de la era de la información, las TIC abren horizontes muy interesantes, pero no exentos de riesgos.

El uso de la red para consultas médicas ha aumentado, tanto entre los usuarios de los servicios como entre los profesionales del sector. En Cataluña, el 40% de usuarios de internet realiza búsquedas o trámites relacionados con la salud. A pesar de todo, este aumento del flujo de información no ha derivado en una mayor interacción entre los actores del sistema, ni tampoco en una mayor flexibilidad ni descentralización del mismo. La gran mayoría de contenidos relacionados con la salud en la red se limitan a tablones informativos con consejos y orientaciones, generalmente difundidos por instituciones o profesionales del sector, pero también por asociaciones de usuarios y webs personales.

 

Según los expertos en este ámbito, internet se utiliza como cualquier otro medio de comunicación con el problema añadido de que sus canales no se han desarrollado en todo su potencial, es decir, aprovechando las virtudes y la propia naturaleza de la red. Estas son algunas de las conclusiones expuestas en el estudio Proyecto Internet Cataluña (PIC) de la UOC, que dedicó una de las líneas de investigación al uso de las TIC en el ámbito de la salud, que fue coordinada por el profesor Manuel Castells.

 

Con el advenimiento de la llamada red participativa o web 2.0, el usuario ha dejado de comportarse como un simple consumidor y se ha transformado en un productor de contenidos. Con este nuevo escenario sobre la mesa, los profesores Rita Espanha, del Centro de Investigaciones Sociológicas - Observatorio de la Comunicación de Portugal, y Michael Hardey, de la Hull/York Medical School (Reino Unido), fueron invitados por la Fundación TIC Salud y la UOC a una jornada para compartir los resultados de sus últimas investigaciones.

 
 

El control de la información

Los estudios realizados demuestran que el 25% de la información que circula por la red sobre temas de salud es errónea. Ante este hecho, surge un interrogante inevitable: ¿qué se puede hacer para controlar la información en un tema tan primordial para la vida de los individuos? «Casi nada. Del mismo modo que sucede con el resto de informaciones que circulan por la red, las certificaciones son iniciativas de los proveedores, pero el usuario escoge libremente la fuente y decide creer o no en ella; es un acto individual», argumenta la profesora Espanha.


Según las investigaciones de esta socióloga en Portugal, «los usuarios siempre confían más en las informaciones publicadas por instituciones públicas y que sean culturalmente próximas». Sin embargo, hay que tener en cuenta que el contexto de internet es global: «Si un afectado de gastroenteritis en Brasil (donde la enfermedad puede llegar a ser mortal) consulta un web de Portugal (donde la importancia de la enfermedad es menor por la existencia de una sólida infraestructura sanitaria), la desinformación puede llevar al enfermo a una situación dramática», expone Espanha. El usuario debe tomar un papel activo y responsable, y debe ajustar la información a su contexto real, aunque a priori se presente complicado por la sobreabundancia de la red.

 

La expansión del web 2.0

En la mayoría de países, como Portugal o Cataluña, el escenario tecnológico en el ámbito de la salud todavía es de la primera versión de internet, pero las nuevas herramientas del web participativo (wikis, blogs, redes sociales...) se van abriendo paso y aportan sus ventajas. El profesor Michael Hardey estudia desde hace unos años la evolución de la red en temas de salud en el mundo anglosajón. Hardey asegura que «el web 2.0 ha pasado a formar parte inseparable de la actividad diaria de las personas, especialmente de los menores de treinta años; así que el mundo de la salud, como otros sectores profesionales, no le puede dar la espalda». Las redes sociales van estableciéndose como una plataforma para medir la calidad de los servicios y, especialmente, para compartir experiencias y ansiedades relacionadas con las enfermedades (www.patientslikeme.com). Así lo descubrieron, en sus inicios, las asociaciones de enfermos portadores del VIH, pioneras en organizarse por medio del ciberespacio.

 

En California (EE. UU.), con un sistema sanitario altamente privatizado, hay algunas iniciativas en las que los pacientes puntúan hospitales y médicos en línea (www.rateMd.com). Además, se han desarrollado algunos web mashup (aplicaciones híbridas) que permiten a los pacientes, de forma anónima, introducir los datos referentes a su enfermedad, monitorizar-se en un mapa y localizar a pacientes con síntomas parecidos a los suyos (www.whoissick.org). Según Hardey, las aplicaciones mashup permitirán combinar variables muy útiles desde el punto de vista de la salud; por ejemplo, se podrá alertar, vía teléfono móvil, a un usuario afectado de asma que está a punto de adentrarse en una calle con un alto nivel de polución.

 

También desde EE. UU., pero con voluntad global, se ha creado Google Health, la apuesta del gigante informático por la creación de perfiles médicos consultables en línea, con los datos que los propios clientes han introducido, y protegidos mediante un código de acceso. De momento, sólo está disponible para los norteamericanos. Tal como advierte la profesora Espanha, «el principal defecto de esa aplicación es que el paciente puede decidir esconder información relevante de su historial médico», así que no podemos afirmar que nos encontremos ante un intento serio de compartir un historial médico, único y profesional, en línea. Su eterno competidor, la multinacional Microsoft, también tiene disponible una aplicación similar, HealthVault.

 

Otras herramientas del web 2.0 en el ámbito de la salud son las desarrolladas por el Hospital John Hopkins de Maryland (EE. UU.), que permite a sus usuarios descargarse, en formato podcast, noticias, recordatorios y consejos para los pacientes con dificultades de lectura. Instituciones de varios países también apuestan por los mundos virtuales, como Second Life, para acercar la salud a los más jóvenes (en España ha sido una iniciativa de la Sociedad Española de Medicina de Familia).

 

Salud 2.0 en Cataluña

La Generalitat de Cataluña ha puesto en marcha varias iniciativas relacionadas con la salud y las aplicaciones del web 2.0; entre ellas, la creación de un canal de comunicación del Departamento de Salud, en línea y personalizado, y de un único historial clínico accesible y editable desde cualquier punto de la red territorial.

 
 

Cambios en la relación médico-paciente

Según apunta Hardey, uno de los puntos sensibles de este nuevo paradigma (e-health) es la erosión de la relación entre médico y paciente, tradicionalmente de cariz paternalista («el médico lo sabe todo»). Esta reestructuración hacia el modelo en línea puede reducir el apoyo a los canales tradicionales (presencial/papel) y los expertos advierten del riesgo de reforzar los patrones de exclusión ya establecidos, que impiden acceder a los servicios de salud en algunos grupos.


La llamada brecha digital también está presente, ya que no todos los usuarios disponen de acceso a la red y pueden beneficiarse de estos avances, sea por causas socioeconómicas o por un insalvable recelo hacia las nuevas tecnologías. De modo inverso, algunas experiencias demuestran que las consultas de salud en la red se convierten en una forma efectiva de acercar la tecnología al colectivo de la gente mayor y, en consecuencia, mejoran su capacidad de estar informados, al mismo tiempo que les reducen la sensación de aislamiento. En definitiva, la e-health anima al usuario a tomar un papel más activo, autónomo y eficiente en la gestión de su salud y, a la vez, ofrece a los proveedores de servicios de salud una forma mejor, más rápida y personalizada, de comunicarse con sus clientes.