
La sociedad, la economía e incluso la forma de hacer política han cambiado mucho en treinta
años. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están bastante presentes en muchos
ámbitos de la vida actual, incluyendo los de la política y la administración. Fenómenos como la
proliferación de los blogs, las movilizaciones convocadas por la red o las nuevas formas de
organización y participación son algunas de las cuestiones que son objeto de estudio por parte de
los investigadores. Términos como
democracia digital,
participación electrónica o
administración electrónica empiezan a sonar, según algunas opiniones, como posibles
horizontes hacia donde pueden conducir las TIC en el terreno político, mientras que, por otra
parte, estas tecnologías facilitan la aparición de nuevas formas de movilización social.
Políticos delante del ordenador
¿Los ciudadanos se pueden dirigir directamente a sus representantes, sin intermediarios? Un
hecho tan sencillo hoy en día como poder enviar un mensaje electrónico directamente al buzón de un
diputado y recibir respuesta era hace algunos años el equivalente a pasar muchas barreras de
secretarias, agendas o audiencias. Sin embargo, como apunta la profesora de los Estudios de Derecho
y Ciencia Política Rosa Borge, «el mundo político está muy consolidado y tiene una estructura que
funciona. Las TIC pueden irrumpir y lograr provocar ciertos cambios, pero estos no son tan fáciles;
además, la clase política no tiene muchos incentivos para cambiar». Borge arguye que un político
desistirá de abrir canales de comunicación o participación «si eso conlleva un desbordamiento de
mensajes que sabe que no podrá responder, o si eso produce enfrentamientos con la oposición y con
los ciudadanos y vecinos».
Albert Batlle, director del máster oficial de Sociedad de la información y el conocimiento,
de la UOC, apunta que el efecto más importante, hasta ahora, de la irrupción de las TIC en este
ámbito es sobre todo «el aumento de la información política a disposición de los usuarios de las
tecnologías». Según su opinión, la motivación principal para que los ciudadanos participen en
política es «la satisfacción de sus intereses». «La existencia de un interés es la condición previa
para que las personas emprendan la búsqueda del producto político».
Las TIC, por otra parte, también permiten una información más directa de la actividad de los
representantes políticos, como el acceso a la legislación y a las actividades del Parlamento, o una
consulta más rápida de los boletines oficiales. Eso también implica «más control del
representante», según explica Rosa Borge. «Un ciudadano puede saber qué está pasando en Irak a
través de canales de información más arraigados en el territorio, de primera mano y no censurados,
que precisamente no son los canales tradicionales del Ejército o el
New York Times». Un claro ejemplo es la rectificación que se le hizo al político
norteamericano John Kerry: «a través de los blogs se pudo descubrir que no fue tan héroe en la
guerra de Corea como decía». Sin embargo, el uso de las TIC por parte de los representantes
políticos puede pecar, a juicio de algunos expertos, de falta de planificación estratégica o de
objetivos poco claros. «A los diputados les pueden facilitar portátiles o PDA, pero después el 70%
de ellos no utilizan el correo electrónico para atender al ciudadano», explica Borge. La profesora
añade que la introducción de esta tecnología se debe muchas veces al hecho de que «el mundo
político está muy presionado» para dar una imagen de modernidad, además de sufrir las presiones de
las empresas que intentan vender sus TIC.
En este sentido, Albert Batlle considera que «adoptar la tecnología por parte de los
políticos es fácil; el problema viene cuando más que adoptarla para satisfacer necesidades se hace
por otros motivos, como por imitación». Para comprobarlo se puede trazar, por ejemplo, un
paralelismo con el mundo de los negocios o, incluso, del ocio, en que la intensificación de las TIC
se ha notado todavía más. «El mundo del negocio electrónico (e-business) utiliza la tecnología para
lo que le sirve y le da beneficio», ratifica Batlle. «Las TIC aplicadas al mundo político están
lejos de la utilidad que ha encontrado el mercado».
Administración en línea
A diferencia del mundo más visible e institucional de los representantes de los ciudadanos,
la administración electrónica tiene un paralelismo más próximo al del mundo de las empresas y
experimenta cambios mucho más importantes. Diversos ayuntamientos pueden ofrecer, por medio de
internet y del teléfono móvil, servicios de una manera más rápida e, incluso, económica que tener
que abrir ventanillas físicas. «Tienen unos objetivos más definidos, que pasan por dar un servicio
más eficiente por medio de las TIC y por llevar a cabo más eficazmente trámites y procesos»,
argumenta Albert Batlle. Según la encuesta del 2005 sobre el uso de las nuevas tecnologías en la
administración local, confeccionada por la Secretaría de Telecomunicaciones y Sociedad de la
Información de la Generalitat y el consorcio público Localret, casi la totalidad de los
ayuntamientos catalanes de municipios de más de 1.000 habitantes disponen de página web propia; de
estos, un 19% ya ofrecen la posibilidad de llevar a cabo trámites en línea y un 35% publican en su
página las licitaciones y contrataciones que hacen. Los servicios más frecuentes que se brindan al
ciudadano pasan por trámites como el pago de impuestos y tasas, la búsqueda de trabajo, las
licencias de obras o los certificados de empadronamiento, además de otros, como matriculaciones en
cursos, equipamientos, o la creación y el registro de nuevas empresas.
Sin embargo, la penetración de las TIC en la administración pública todavía presenta algunas
barreras. Dentro de este sector pueden encontrarse «resistencias internas y reticencias a la
aplicación intensiva de las nuevas tecnologías», advierte Albert Batlle, que considera que estas
reticencias se deben sobre todo «a un factor cultural». Para el profesor, «las nuevas tecnologías
diseñan una administración en red, no jerarquizada, que tiene que compartir ficheros entre
departamentos para facilitar el servicio al ciudadano». Eso chocaría con «la lógica de que la
información es poder, limitación que también trasciende cuando las administraciones tienen que
colaborar entre ellas». Sin embargo, Batlle confía en que «el tiempo lo solucionará», ya que «la
intensificación de las nuevas tecnologías en otros campos hará que los ciudadanos lo pidan», para
que también se aplique a la administración pública.
Nuevas maneras de hacer política
¿La irrupción de las TIC puede romper el sistema político que conocemos hoy en día? ¿Serán
posibles formas más directas de hacer política, a través de un solo clic? No hay mucho optimismo
con respecto a esta posibilidad. Muchos expertos coinciden en pensar que, más que construir nuevas
fórmulas de democracia directa, las tecnologías tenderán a mejorar los mecanismos del sistema
representativo que conocemos hoy en día. Las críticas vienen sobre todo por la desigualdad de
acceso a las nuevas tecnologías, que hace que cualquier iniciativa por medio de la red tenga un
déficit de representatividad democrática.
Las TIC también se incorporan a los procesos de participación ciudadana en la toma de
decisiones públicas que ponen en marcha cada vez más a menudo las administraciones públicas, sobre
todo los ayuntamientos. Clelia Colombo, una de las investigadoras del IN3, el instituto de
investigación de la UOC, considera que los procesos de participación ciudadana que utilizan las TIC
pueden permitir, por ejemplo, «una mayor información de los ciudadanos, más comunicación de estos
con sus representantes políticos o la participación de ciudadanos que normalmente no irían a un
proceso presencial, como los jóvenes, las personas que tienen responsabilidades familiares o las
que trabajan fuera del municipio». En abril, Colombo recibió el premio del concurso de Jóvenes
Sociólogos del Institut d’Estudis Catalans por una investigación sobre la incorporación de
internet en los procesos de participación ciudadana impulsados desde las administraciones públicas.
Según la investigadora, «los procesos que han funcionado mejor son los que incorporan las
potencialidades de las TIC en su desarrollo, y que mantienen también la vertiente presencial, hecho
que permite superar las limitaciones de infraestructura tecnológica y de desigualdad en el acceso a
las TIC de los procesos exclusivamente virtuales». Después de un análisis de las oportunidades y
limitaciones que pueden aportar las TIC a la participación ciudadana, «aún es pronto para impulsar
procesos únicamente virtuales, y son muy positivas las experiencias de tipo mixto», concluye Clelia
Colombo en su investigación.
Sin embargo, «la democracia representativa tal como está organizada actualmente no está en
peligro por la irrupción de las nuevas tecnologías», explica Albert Batlle, que considera que a
corto plazo «es posible mejorar la democracia representativa» gracias, entre otros aspectos, «al
control del ciudadano, que tendrá que estar interesado», hecho que también corrobora Rosa Borge,
que considera poco viable y muy peligroso pensar en un futuro basado en referendos electrónicos:
«Muchas veces se denuncia que el uso intensivo de las TIC podría desembocar en una democracia a
ráfagas o instantánea», explica Borge, y podría convertir el sistema en «la democracia del clic».
«Antes de un referéndum electrónico sobre el diseño de una plaza o sobre el aprovechamiento de un
espacio público tendría que haber un proceso deliberativo, con foros y grupos de discusión con
entidades y ciudadanos, y con diferentes segmentos de la población y técnicos», pone como ejemplo
Borge. En este sentido, puede decirse que hay muchos autores que coinciden en decir que los
principales cambios tienden más a una mejora de la democracia representativa que a construir una
democracia directa.
Movimientos electrónicos
Mejoran los canales de comunicación, de información y de consulta. Los políticos pueden saber
quién es el ciudadano que los puede votar, y el ciudadano puede conocer mejor a quién vota, ya que
tiene más información y más directa. Muchos expertos aseguran que las formas tradicionales de
participación política están en crisis y que surgen otras nuevas. Para Albert Batlle, la
participación electoral y la militancia en los partidos y sindicatos «parece que va en retroceso»,
pero en cambio «suben más otras formas de participación política al margen de las instituciones»,
como las asociaciones por afinidad, los grupos de presión o las ONG con «canales muy diferentes».
«Las TIC sirven para organizar mejor al ciudadano» y formar grupos de presión, explica Rosa
Borge, que asegura que «esto ha servido para convocar a gente que estaba aislada en el territorio y
que no está representada en ningún sitio, comunicarse con ella y difundir información». Este es el
caso de nuevos movimientos sociales que han aparecido en los últimos tiempos, formados por personas
de diferentes procedencias o, incluso, afinidad, pero unidas por una causa o problema concreto.
Algunos de los ejemplos son organizaciones como la plataforma Aturem la Guerra —organizada a
partir del conflicto bélico en Irak— o como V de Vivienda —que reivindica soluciones al
problema de la vivienda. «Tú podías tener un problema determinado; sin embargo, si no tenías
ninguna manera de compartirlo, pensabas que eras el único con ese problema. Ahora, con la
tecnología, eso cambia», dice Albert Batlle. Estas nuevas formas de movimientos se organizan, se
convocan o se movilizan sobre todo por medio de las nuevas tecnologías, utilizando chats, correos
electrónicos o teléfonos móviles. «No son sólo herramientas de grupos alternativos de izquierdas,
sino que sectores conservadores y de la derecha las utilizan a menudo y con eficacia, como se ha
podido ver últimamente en España», explica Rosa Borge.