Campus Virtual
 
 
 
 
 

Reportajes

TIC + Política: Un terreno aún pendiente de explotar
Febrero de 2008 / Por Jose Medina
El 9 de marzo del 2008 se celebran en todo el Estado las elecciones al Congreso de los Diputados y al Senado, además de las elecciones autonómicas en Andalucía. Esta es ya la novena vez desde 1977 que se concurre a estos comicios. Por esta razón, recuperamos este reportaje elaborado para la revista Mundo UOC con motivo de las anteriores elecciones locales, que trata sobre la relación entre las tecnologías de la información y la comunicación, la política y la administración.


La sociedad, la economía e incluso la forma de hacer política han cambiado mucho en treinta años. Las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) están bastante presentes en muchos ámbitos de la vida actual, incluyendo los de la política y la administración. Fenómenos como la proliferación de los blogs, las movilizaciones convocadas por la red o las nuevas formas de organización y participación son algunas de las cuestiones que son objeto de estudio por parte de los investigadores. Términos como democracia digital, participación electrónica o administración electrónica empiezan a sonar, según algunas opiniones, como posibles horizontes hacia donde pueden conducir las TIC en el terreno político, mientras que, por otra parte, estas tecnologías facilitan la aparición de nuevas formas de movilización social.


Políticos delante del ordenador
¿Los ciudadanos se pueden dirigir directamente a sus representantes, sin intermediarios? Un hecho tan sencillo hoy en día como poder enviar un mensaje electrónico directamente al buzón de un diputado y recibir respuesta era hace algunos años el equivalente a pasar muchas barreras de secretarias, agendas o audiencias. Sin embargo, como apunta la profesora de los Estudios de Derecho y Ciencia Política Rosa Borge, «el mundo político está muy consolidado y tiene una estructura que funciona. Las TIC pueden irrumpir y lograr provocar ciertos cambios, pero estos no son tan fáciles; además, la clase política no tiene muchos incentivos para cambiar». Borge arguye que un político desistirá de abrir canales de comunicación o participación «si eso conlleva un desbordamiento de mensajes que sabe que no podrá responder, o si eso produce enfrentamientos con la oposición y con los ciudadanos y vecinos».

Albert Batlle, director del máster oficial de Sociedad de la información y el conocimiento, de la UOC, apunta que el efecto más importante, hasta ahora, de la irrupción de las TIC en este ámbito es sobre todo «el aumento de la información política a disposición de los usuarios de las tecnologías». Según su opinión, la motivación principal para que los ciudadanos participen en política es «la satisfacción de sus intereses». «La existencia de un interés es la condición previa para que las personas emprendan la búsqueda del producto político».

Las TIC, por otra parte, también permiten una información más directa de la actividad de los representantes políticos, como el acceso a la legislación y a las actividades del Parlamento, o una consulta más rápida de los boletines oficiales. Eso también implica «más control del representante», según explica Rosa Borge. «Un ciudadano puede saber qué está pasando en Irak a través de canales de información más arraigados en el territorio, de primera mano y no censurados, que precisamente no son los canales tradicionales del Ejército o el New York Times». Un claro ejemplo es la rectificación que se le hizo al político norteamericano John Kerry: «a través de los blogs se pudo descubrir que no fue tan héroe en la guerra de Corea como decía». Sin embargo, el uso de las TIC por parte de los representantes políticos puede pecar, a juicio de algunos expertos, de falta de planificación estratégica o de objetivos poco claros. «A los diputados les pueden facilitar portátiles o PDA, pero después el 70% de ellos no utilizan el correo electrónico para atender al ciudadano», explica Borge. La profesora añade que la introducción de esta tecnología se debe muchas veces al hecho de que «el mundo político está muy presionado» para dar una imagen de modernidad, además de sufrir las presiones de las empresas que intentan vender sus TIC.

En este sentido, Albert Batlle considera que «adoptar la tecnología por parte de los políticos es fácil; el problema viene cuando más que adoptarla para satisfacer necesidades se hace por otros motivos, como por imitación». Para comprobarlo se puede trazar, por ejemplo, un paralelismo con el mundo de los negocios o, incluso, del ocio, en que la intensificación de las TIC se ha notado todavía más. «El mundo del negocio electrónico (e-business) utiliza la tecnología para lo que le sirve y le da beneficio», ratifica Batlle. «Las TIC aplicadas al mundo político están lejos de la utilidad que ha encontrado el mercado».

Administración en línea
A diferencia del mundo más visible e institucional de los representantes de los ciudadanos, la administración electrónica tiene un paralelismo más próximo al del mundo de las empresas y experimenta cambios mucho más importantes. Diversos ayuntamientos pueden ofrecer, por medio de internet y del teléfono móvil, servicios de una manera más rápida e, incluso, económica que tener que abrir ventanillas físicas. «Tienen unos objetivos más definidos, que pasan por dar un servicio más eficiente por medio de las TIC y por llevar a cabo más eficazmente trámites y procesos», argumenta Albert Batlle. Según la encuesta del 2005 sobre el uso de las nuevas tecnologías en la administración local, confeccionada por la Secretaría de Telecomunicaciones y Sociedad de la Información de la Generalitat y el consorcio público Localret, casi la totalidad de los ayuntamientos catalanes de municipios de más de 1.000 habitantes disponen de página web propia; de estos, un 19% ya ofrecen la posibilidad de llevar a cabo trámites en línea y un 35% publican en su página las licitaciones y contrataciones que hacen. Los servicios más frecuentes que se brindan al ciudadano pasan por trámites como el pago de impuestos y tasas, la búsqueda de trabajo, las licencias de obras o los certificados de empadronamiento, además de otros, como matriculaciones en cursos, equipamientos, o la creación y el registro de nuevas empresas.

Sin embargo, la penetración de las TIC en la administración pública todavía presenta algunas barreras. Dentro de este sector pueden encontrarse «resistencias internas y reticencias a la aplicación intensiva de las nuevas tecnologías», advierte Albert Batlle, que considera que estas reticencias se deben sobre todo «a un factor cultural». Para el profesor, «las nuevas tecnologías diseñan una administración en red, no jerarquizada, que tiene que compartir ficheros entre departamentos para facilitar el servicio al ciudadano». Eso chocaría con «la lógica de que la información es poder, limitación que también trasciende cuando las administraciones tienen que colaborar entre ellas». Sin embargo, Batlle confía en que «el tiempo lo solucionará», ya que «la intensificación de las nuevas tecnologías en otros campos hará que los ciudadanos lo pidan», para que también se aplique a la administración pública.

Nuevas maneras de hacer política
¿La irrupción de las TIC puede romper el sistema político que conocemos hoy en día? ¿Serán posibles formas más directas de hacer política, a través de un solo clic? No hay mucho optimismo con respecto a esta posibilidad. Muchos expertos coinciden en pensar que, más que construir nuevas fórmulas de democracia directa, las tecnologías tenderán a mejorar los mecanismos del sistema representativo que conocemos hoy en día. Las críticas vienen sobre todo por la desigualdad de acceso a las nuevas tecnologías, que hace que cualquier iniciativa por medio de la red tenga un déficit de representatividad democrática.

Las TIC también se incorporan a los procesos de participación ciudadana en la toma de decisiones públicas que ponen en marcha cada vez más a menudo las administraciones públicas, sobre todo los ayuntamientos. Clelia Colombo, una de las investigadoras del IN3, el instituto de investigación de la UOC, considera que los procesos de participación ciudadana que utilizan las TIC pueden permitir, por ejemplo, «una mayor información de los ciudadanos, más comunicación de estos con sus representantes políticos o la participación de ciudadanos que normalmente no irían a un proceso presencial, como los jóvenes, las personas que tienen responsabilidades familiares o las que trabajan fuera del municipio». En abril, Colombo recibió el premio del concurso de Jóvenes Sociólogos del Institut d’Estudis Catalans por una investigación sobre la incorporación de internet en los procesos de participación ciudadana impulsados desde las administraciones públicas. Según la investigadora, «los procesos que han funcionado mejor son los que incorporan las potencialidades de las TIC en su desarrollo, y que mantienen también la vertiente presencial, hecho que permite superar las limitaciones de infraestructura tecnológica y de desigualdad en el acceso a las TIC de los procesos exclusivamente virtuales». Después de un análisis de las oportunidades y limitaciones que pueden aportar las TIC a la participación ciudadana, «aún es pronto para impulsar procesos únicamente virtuales, y son muy positivas las experiencias de tipo mixto», concluye Clelia Colombo en su investigación.

Sin embargo, «la democracia representativa tal como está organizada actualmente no está en peligro por la irrupción de las nuevas tecnologías», explica Albert Batlle, que considera que a corto plazo «es posible mejorar la democracia representativa» gracias, entre otros aspectos, «al control del ciudadano, que tendrá que estar interesado», hecho que también corrobora Rosa Borge, que considera poco viable y muy peligroso pensar en un futuro basado en referendos electrónicos: «Muchas veces se denuncia que el uso intensivo de las TIC podría desembocar en una democracia a ráfagas o instantánea», explica Borge, y podría convertir el sistema en «la democracia del clic». «Antes de un referéndum electrónico sobre el diseño de una plaza o sobre el aprovechamiento de un espacio público tendría que haber un proceso deliberativo, con foros y grupos de discusión con entidades y ciudadanos, y con diferentes segmentos de la población y técnicos», pone como ejemplo Borge. En este sentido, puede decirse que hay muchos autores que coinciden en decir que los principales cambios tienden más a una mejora de la democracia representativa que a construir una democracia directa.

Movimientos electrónicos
Mejoran los canales de comunicación, de información y de consulta. Los políticos pueden saber quién es el ciudadano que los puede votar, y el ciudadano puede conocer mejor a quién vota, ya que tiene más información y más directa. Muchos expertos aseguran que las formas tradicionales de participación política están en crisis y que surgen otras nuevas. Para Albert Batlle, la participación electoral y la militancia en los partidos y sindicatos «parece que va en retroceso», pero en cambio «suben más otras formas de participación política al margen de las instituciones», como las asociaciones por afinidad, los grupos de presión o las ONG con «canales muy diferentes».

«Las TIC sirven para organizar mejor al ciudadano» y formar grupos de presión, explica Rosa Borge, que asegura que «esto ha servido para convocar a gente que estaba aislada en el territorio y que no está representada en ningún sitio, comunicarse con ella y difundir información». Este es el caso de nuevos movimientos sociales que han aparecido en los últimos tiempos, formados por personas de diferentes procedencias o, incluso, afinidad, pero unidas por una causa o problema concreto. Algunos de los ejemplos son organizaciones como la plataforma Aturem la Guerra —organizada a partir del conflicto bélico en Irak— o como V de Vivienda —que reivindica soluciones al problema de la vivienda. «Tú podías tener un problema determinado; sin embargo, si no tenías ninguna manera de compartirlo, pensabas que eras el único con ese problema. Ahora, con la tecnología, eso cambia», dice Albert Batlle. Estas nuevas formas de movimientos se organizan, se convocan o se movilizan sobre todo por medio de las nuevas tecnologías, utilizando chats, correos electrónicos o teléfonos móviles. «No son sólo herramientas de grupos alternativos de izquierdas, sino que sectores conservadores y de la derecha las utilizan a menudo y con eficacia, como se ha podido ver últimamente en España», explica Rosa Borge.