La UOC ha entrevistado al director general de Cooperación de la Generalitat de Cataluña, Carles Llorens, aprovechando su participación en el debate del ciclo «Tiempo de crisis, tiempo de oportunidades» que tuvo lugar el pasado 14 de junio de 2012 en Manresa. Llorens, actualmente al frente de la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo (ACCD), ha explicado cómo ve el futuro del sector, gravemente afectado por la drástica reducción de la dotación económica pública a los proyectos de desarrollo.
Se había conseguido llegar a un modelo de cooperación basado en la solidaridad y ahora parece que la crisis nos hace regresar a la ya superada caridad. ¿Cuál es el modelo de cooperación para el desarrollo que tendrá que seguirse de ahora en adelante?
Antes de la crisis ya había un gran debate sobre la eficacia de la cooperación. De hecho, últimamente ha habido cumbres internacionales muy importantes organizadas por la OCDE sobre los principios de la cooperación, como la de Accra o la de Busan, que han hecho que la cooperación diera un salto hacia delante muy importante. Allí se debatió la eficacia de la cooperación.
Independientemente de la crisis pero forzados por ella, hemos pasado de poner el énfasis en la ayuda a los países del Tercer Mundo a poner la fuerza en la cooperación y en el desarrollo. Lo importante ya no es la ayuda, alguien que da a los demás, sino el desarrollo. Es un cambio de concepto muy importante, ya que significa que tratamos a los países del sur de igual a igual. Ahora hablamos de la cooperación no solo norte-sur sino también de la sur-sur.
Antes quien hacía cooperación eran los estados y las Naciones Unidas. Con esta evolución, se está hablando de una cooperación más inclusiva en la que se incluyen la cooperación descentralizada, la cooperación local, las ONG —que antes no estaban consideradas en los documentos internacionales— y las empresas como otro elemento muy importante de la cooperación. Es un planteamiento mucho más inclusivo, lo que significa que la cooperación ya no es de los estados sino de las sociedades.
Para los gobiernos, ¿cómo se hace compatible luchar contra la pobreza y el hambre y a favor de la sanidad y los derechos humanos y, al mismo tiempo, apoyar los intereses empresariales y geoestratégicos?
Yo no veo que sea incompatible, sino completamente compatible, la apertura de nuevos mercados con la defensa de los derechos humanos, la mejora de la sanidad o el respeto a las personas. Por el contrario, son los mercados cautivos y los de la planificación centralizada los que creaban hambre y pobreza. La apertura de mercados debe ayudar a que la gente tenga oportunidades. Con un mercado abierto no hay hambre.
En cuanto a los tratados internacionales y a los temas militares, pedimos a los ejércitos la función de pacificar situaciones y evitar conflictos. En el mundo democrático, la apertura de los mercados ayuda a superar la pobreza, y los ejércitos, en la mayoría de los casos, deben ser pacificadores y no incitadores de conflictos.
¿Es acertado que la administración pública de cooperación apunte a la empresa privada para detener los efectos de la crisis?
La Ley de cooperación de Cataluña de 2001 considera a la empresa como un elemento de la cooperación. Porque ¿quién crea riqueza al final? ¿La cooperación o las empresas? Yo creo que, al margen de los procesos de cooperación, quien crea riqueza son las empresas, los autónomos o las cooperativas.
En el ámbito internacional, el documento de la cumbre de Busan, con esta voluntad inclusiva de que todos participen de la cooperación, dedica toda una página al papel que tienen las empresas en la creación de riqueza y en la supresión de la pobreza.
¿Y cómo debe ser esta empresa?
Estamos hablando obviamente de empresas con responsabilidad, no de depredadores. Todos conocemos a empresas no responsables que fomentan todo tipo de actitudes, pero nosotros [la ACCD] queremos trabajar con empresas responsables porque son un factor para superar la pobreza.
Hay quien pone en duda incluso el microcrédito porque es un instrumento del capitalismo, pero según mi experiencia, gracias a los microcréditos impulsados desde la cooperación pública catalana con entidades bancarias y cajas catalanas y con entidades bancarias de países como Marruecos o Senegal, se ha creado desarrollo. El microcrédito permite que ante todo las mujeres saquen adelante sus negocios y puedan alimentar a sus hijos. Por lo tanto, puede haber todo tipo de críticas muy ideologizadas, pero lo que yo he visto es eso.
¿Qué se puede hacer para frenar la oenegedependencia de los países del sur?
En general, la cooperación europea ha trabajado siempre para que las ayudas estuvieran condicionadas a cambios estructurales y al refuerzo de las estructuras de Estado en estos países. Y también la cooperación catalana. Se puede cooperar si resulta que se garantizan las estructuras de un Estado de derecho, si se refuerzan los instrumentos de la división de poderes, las estructuras de una policía que sea democrática y unos juzgados que hagan su trabajo...
En este momento lo que prima en la cooperación internacional es, básicamente, reforzar las estructuras públicas de salud o educación para que los estados sean lo suficientemente fuertes para no depender de la ayuda internacional ni de las ONG.
Se construyen hospitales o escuelas gracias a la cooperación pero después hay que cerrarlos o están vacíos porque el mantenimiento de las infraestructuras tiene un coste a largo plazo que no se puede asumir. ¿Se hace algún tipo de seguimiento de las iniciativas y los proyectos una vez recibida esta ayuda?
Es cierto que eso ha ocurrido pero diría que cada vez sucede menos. En la cooperación catalana, con todas las dificultades que pueda haber, realizamos un control muy exhaustivo de cómo se gestionan los recursos públicos que destinamos. Los recursos que van a la cooperación están completamente fiscalizados por varios instrumentos que nos garantizan que el dinero se ha gastado bien.
Ahora bien, una gran asignatura pendiente que aún tenemos es la evaluación del impacto. Hay mucho trabajo por hacer. Se debe evaluar si aquellos proyectos de cooperación que hemos llevado a cabo han conseguido a largo plazo el objetivo que se proponían, como por ejemplo, mejorar el sistema educativo de aquel país, el sistema sanitario, la calidad del agua o la gestión de residuos.
Por otra parte, velamos por la sostenibilidad de los proyectos de cooperación. Cada vez más, reclamamos la salida del proyecto a las ONG y a nosotros mismos, cuando es cooperación directa de Estado a Estado o de administración a administración, en los concursos públicos. Exigimos que este proyecto sea sostenible. Cada vez más se piensa en lo que ocurrirá cuando los cooperantes se vayan. Debe hacerse un trabajo en alineación con los proyectos de desarrollo de cada país. Si tú has ido a desarrollar un proyecto que te apetecía (seas una ONG, una persona o una empresa) pero no lo has encajado bien en la dinámica del país, tienes muchas posibilidades de que ese proyecto sea una especie de hongo que, cuando tú te vayas, muera. Aunque cada vez es más difícil que esto suceda.
Hagamos un poco de autocrítica. ¿Ahora con la crisis, tiene la sensación de que se han desperdiciado los recursos en cooperación con sueldos excesivos, exceso de personal o haciendo proyectos para cobrar subvenciones?
Hace un año y medio que soy director de la cooperación catalana y puedo decir que los proyectos que conozco más a fondo, en general, no son solo buenos, sino proyectos notables. Lo que yo he visto con mis propios ojos en países pobres en los que hemos trabajado, como Senegal o Mozambique, está muy bien.
Otra cosa es cómo hemos gestionado las estructuras en Barcelona. Soy muy crítico sobre cómo se ha gestionado la Agencia Catalana de Cooperación al Desarrollo hasta ahora. No se ha hecho bien. Creció muy rápidamente y se hizo muy grande pero no hubo una estrategia de crecimiento. Cuando llegué como director general, me encontré con una agencia totalmente colapsada y muy ineficaz desde un punto de vista administrativo y de gestión. En cambio los proyectos se han hecho muy bien y no se han derrochado recursos sino que se han aprovechado.
¿Cómo podemos mejorar la coordinación de los esfuerzos dentro del sector de la cooperación entre ONG, empresas, instituciones y otras entidades?
Es uno de los grandes retos que se nos plantean porque tenemos que afrontar varios problemas. Como administración, no hemos de decir qué deben hacer las ONG. Este Gobierno lo tiene muy claro, la sociedad civil es la sociedad civil y el Gobierno es el Gobierno. Pero desde la tribuna que me proporciona haber sido el director general durante un año y medio, digo que tenemos un sector muy atomizado.
Desde mi punto de vista no es eficaz ni es bueno que tengamos cientos de entidades, a menudo muy pequeñas, que gestionan recursos municipales y, con 3.000, 4.000 o 5.000 euros, lleven a cabo un proyecto en África. No tiene sentido. En África, 3.000 euros es mucho dinero si los llevas en el bolsillo y quieres gastártelos, pero para hacer un proyecto de cooperación, África es demasiado complicada para actuar con organizaciones tan pequeñas. En el sector catalán, sería preciso disponer —además de todas las ONG de ámbito internacional y español— de ONG medianas más musculadas y con mayor capacidad, en vez de tener tantísimas de menores dimensiones.
Otro problema es que hay mucha gente que se dedica a la cooperación: sindicatos, patronales, universidades, ayuntamientos, diputaciones, consejos comarcales, el Gobierno de la Generalitat de Cataluña, el Gobierno del Estado, etc. Toda esta gente actúa muy a menudo en el mismo lugar, pisándose, o bien en tantísimos sitios que no tiene sentido. La Generalitat tiene la voluntad de desempeñar un papel de liderazgo para coordinarlo todo, con dos condiciones: que dialoguemos mucho con todos los actores de la cooperación catalana y que se nos reconozca esta autoridad de liderazgo y de coordinación.
Queremos poner orden y concentrarnos en los países prioritarios de la cooperación catalana. Somos demasiado pequeños para estar en tantísimos lugares; por ello, debemos trabajar en los países y las regiones prioritarios, donde los diferentes actores se coordinen.
Y otra de las cosas que reclamo es que cada uno haga lo que sabe hacer. No es necesario que los sindicatos construyan escuelas. Harán un gran trabajo si apoyan a los sindicatos homólogos de los países del sur. Las patronales harán muy bien si ayudan a vertebrar las patronales o a impulsar el espíritu emprendedor de estos países. No es necesario que las universidades hagan otra cosa a parte de ayudar a otras universidades. Nosotros, como Gobierno, ya ayudaremos a los gobiernos regionales o nacionales. Es caótico que los sindicatos construyan escuelas o que las universidades ayuden a los sindicatos.