¿Liberación sexual? ¿Quién se ha liberado?
Foto: Flickr/Recuerdo de Pandora (CC)
21/06/2013

Hace sesenta años que Alfred Kinsey (1894-1956, Estados Unidos) publicó el Comportamiento sexual de la mujer (1953), el primer estudio en su género junto al Comportamiento sexual del hombre, publicado cinco años antes (1948). El 23 de junio Kinsey cumpliría ciento diecinueve años, y, aunque no es una fecha que se suela conmemorar, sí permite preguntarse qué ha sucedido con los comportamientos sexuales de hombres y mujeres durante estas décadas. «Desde los años cincuenta y sesenta en nuestra cultura occidental (a excepción de países singulares), el sexo ha pasado a ser un componente central y fundamental de las relaciones de pareja. Hoy, la pareja debe proporcionar bienestar psíquico y equilibrio emocional, además de una relación sexual satisfactoria. También, poco a poco, se hace indiferente el carácter homosexual o heterosexual de la relación. Emocionalización de la relación de pareja y "desheterosexualización" son dos procesos que se producen entrelazada y paralelamente. ¿Quiere esto decir que la supuesta "liberación sexual" que predicaba, por ejemplo, W. Reich ha cortado muchas ataduras y ha aumentado nuestra libertad? ¿Ha tenido los mismos efectos para hombres y mujeres?», se pregunta Francesc Núñez, director del programa de Humanidades de la UOC e investigador de GRECS.

El tema tiene muchas aristas y algunas cortan, tal y como señala el investigador aludiendo a consecuencias ni previstas ni deseadas: «Muy bien puede estar sucediendo que la sexualidad con fines recreativos y la elección de pareja tengan que ver con impulsos "sociológicos" opuestos o incompatibles entre hombres y mujeres y que, en la intersección de estos dos campos de juego, el capital y los intereses no sean los mismos y beneficien a unos más que a otras», aunque a primera vista pueda parecer políticamente incorrecto.

Begonya Enguix, antropóloga y profesora de la UOC, indica que, «bajo la apariencia de una mayor igualdad entre hombres y mujeres, en muchos ámbitos de la vida social las diferencias siguen siendo grandes, pues los varones continúan ocupando la mayoría de los puestos directivos y tienen mayores remuneraciones en igualdad de condiciones, mientras que las mujeres siguen al cargo de todo lo relacionado con el cuidado y la procreación, por ejemplo. El doble juego entre parcelas de poder conquistadas y aún por conquistar conlleva que en ocasiones sea muy difícil etiquetar de forma simple una conducta o tendencia. Por ello, en el terreno sexual, no está claro si las mujeres gozan hoy de mayor –y mejor– libertad sexual y afectiva, si esto es extensible a todas las mujeres y si efectivamente se han reducido las desigualdades». Como Núñez afirma: «Tal vez se pueda hablar de grandes cambios en las relaciones de pareja y relaciones sexuales, pero siguen escondiendo importantes desigualdades y formas de dominación, como muchas mujeres siguen denunciando».


Sexo, marca de estatus masculino

Según Enguix, la actividad y la potencia sexual han sido tradicionalmente, y más en los países mediterráneos, pilares fundamentales de la masculinidad. La sexualidad masculina, como campo de competición y de lucha, aspira a la conquista de las mujeres que, supuestamente liberadas, concurren en igualdad de condiciones. Al fin y al cabo, el mayor capital erótico de las mujeres (como afirma, por ejemplo, la controvertida socióloga Catherine Hakim) sirve para atraer a los hombres, cuyas necesidades sexuales son mayores (puesto que, según Hakim, están en una situación de permanente déficit sexual). No obstante, allí donde las mujeres suelen concebir el sexo en relación con una serie de contenidos románticos que lo justifican y lo legitiman, los hombres practican el sexo desde el desapego emocional y la falta de compromiso. Eso, según Núñez, les otorga una ventaja competitiva, a la vez que fortalece su autonomía individual. Además, en algunos casos, la estrategia reproductiva femenina (que no solo, pero también, es una cuestión de edad) lleva a adoptar estrategias de exclusividad sexual más pronunciadas que en los hombres y a ser más capaces de compromiso. Los hombres no están «obligados» a ello y esta «libertad» también ofrece una ventaja competitiva (que se convierte en dominio) muy importante.

En este sentido puede hablarse de una sexualidad acumulativa por parte de los hombres frente a una preferencia por el exclusivismo emocional femenino, términos en que lo dice E. Illouz en su reciente libro ¿Por qué duele el amor?. En esta situación, los hombres tienen clara ventaja en el contexto de una sexualidad desregularizada, en el que la acumulación es ventajosa frente al exclusivismo. Según esta autora, y esta es también la propuesta de reflexión y discusión de Núñez, «nos encontramos ante una situación de "dominación emocional", dominación que se ejerce cuando una de las partes tiene capacidad de control de la interacción por medio de un mayor desapego en las relaciones y mayor poder de elección, limitando las opciones de la otra parte».

Así, Enguix y Núñez perciben un modelo de relaciones de género asimétrico en el que la dominación masculina se ejerce tanto en lo relativo a las prácticas como a los discursos. La realidad es que aun cuando las mujeres eligen una estrategia acumulativa masculina, eso no suele mejorar su posición ni pone fin a la dominación. Según Enguix, se interpreta esa estrategia sexual como una táctica para encontrar al hombre indicado, o bien se la condena por inapropiada para una mujer. Para Illouz, por ejemplo, la paradoja es que las mujeres heterosexuales de clase media nunca han sido tan soberanas como ahora de su cuerpo y emociones y al mismo tiempo están dominadas por los hombres de un modo que no tiene precedentes. Para atajar esta paradoja, esta autora reclama transformar la sexualidad en un dominio de conducta regulado al mismo tiempo por la libertad y por la ética. La propuesta de Núñez y Enguix pasa por cambiar las reglas del juego, que tienen raíces muy profundas. «Los comportamientos descritos por Kinsey han cambiado, pero los retos siguen siendo muy grandes», reflexiona Francesc Núñez, y Enguix añade: «Tanto hombres como mujeres deben asumir esos retos».


s23 de junio, Alfred Kinsey cumpliría ciento diecinueve años

El estudio buscaba identificar de modo objetivo cuál era la experiencia y el comportamiento sexual humano.

Algunos de los resultados del estudio causaron sorpresa entre la gente, ya que según los datos analizados:
 

  • El 37% había tenido una experiencia homosexual.
  • El 62% de las mujeres tenía experiencias de masturbación.
  • El 70% de los varones había tenido algún encuentro con prostitutas.
  • El 50% de los varones casados había tenido alguna experiencia extramatrimonial.
  • El 50% de las mujeres había mantenido relaciones antes del matrimonio.
  • El 30% de las mujeres nunca había experimentado satisfacción sexual.
  • El 25% de las mujeres casadas tenía alguna experiencia extramatrimonial.

Font: http://historiadelasexualidad.blogspot.com.es/p/alfred-kinsey.html

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