Cerca de 200.000 apps de salud, pendientes de diagnóstico

Foto: Jason Howle (flickr)
29/03/2017
Elisabet Escriche
La Comisión Europea hace más de tres años que trabaja para establecer criterios de calidad comunes para estas aplicaciones

La investigadora deja claro que la utilización de estas apps no tiene los «efectos indeseados» que pueden causar algunos fármacos. Ahora bien, sí hay «amenazas» que hay que tener en cuenta. La primera es su falta de fidelización. Hay pocas que hayan conseguido una estabilidad a largo plazo. «Algunos estudios indican que un 70% de los enfermos crónicos que utilizan una aplicación para su propio cuidado o monitorización dejan de usarla seis meses después de habérsela descargado», apunta la profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud. Un estudio realizado por investigadores norteamericanos concluye que el 80% de estas apps se abandonan en solo dos semanas.

Otro inconveniente es que están pensadas para que sean útiles para todos. «Cada persona, sin embargo, es un mundo; sería recomendable una personalización a partir de diferentes perfiles», aconseja Carrion.

Además del polémico tema de la propiedad y protección de los datos, la tercera gran amenaza es la desacreditación que puede sufrir este producto por parte del usuario si el primero que prueba no le funciona. «Es lo que se conoce como oportunidad perdida. Una persona que ha intentado dejar de fumar mediante una aplicación y no lo ha conseguido será muy reacia a probar una segunda que esté mejor diseñada y validada, aunque se lo recomiende algún profesional de la salud», matiza.


Consejos de selección

¿Qué pasos, pues, deben seguir los usuarios para tener una mínima garantía de que la aplicación que se descarguen es de calidad? El primero -recomienda Carrion- es hacer una búsqueda en Google sobre el producto que buscan, y posteriormente, mirar en diversos foros qué opinión tiene la gente para poder hacer una elección inicial de cuatro o cinco aplicaciones. El siguiente paso es buscar que tengan una evidencia científica; para hacerlo, una buena herramienta es el PubMed. Y, por último, es aconsejable que al menos dos personas prueben la aplicación seleccionada. «Si es una app sobre el sueño, debería utilizarla alguien que tenga problemas para dormir y alguien que no para ver si detectan diferencias», explica.

Para garantizar un producto de calidad, Carrion insiste en que en todas las etapas de su creación debería hacerse un trabajo «transversal» en el que participen tecnólogos, profesionales de la salud -serán diferentes en función del objetivo del producto- y expertos en legislación y en manejo de datos.

El otro gran reto que hay que afrontar es la obsolescencia que sufren estas apps. «Todos los estudios apuntan a que es precisamente por su falta de adherencia», reconoce la investigadora. La experta insiste en que es todo un reto para la salud, y más si se tiene en cuenta que la duración de un ensayo clínico suele ser de varios años. «Esto, en el mundo de las aplicaciones, es imposible. Hay que encontrar, pues, una solución que resuelva su diseño y su validación con un tiempo suficiente para que puedan utilizarse sin que queden obsoletas», recomienda.

 

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Carme Carrion

Profesora de los Estudios de Salud y miembro del eHealth Center de la UOC.

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