Aprender a programar en la escuela rompe barreras sociales y de género

Foto: Annie Spratt / Unsplash (CC)
15/11/2017
Nereida Carrillo
El pensamiento computacional ayuda a resolver problemas y enseña a pensar de manera abstracta, lógica y estructurada

Dar órdenes a un robot para que mueva las manos o dé unos pasos, desarrollar una aplicación de móvil con fines sociales o diseñar un videojuego sencillo son retos al alcance de los más pequeños. Los centros de enseñanza apuestan por la introducción de la programación informática en las aulas. Aunque todavía hay debate sobre cuándo y cómo se debe empezar a aprender a programar, los profesionales defienden los beneficios de que los niños adquieran estos conocimientos y habilidades y se relacionen con la tecnología de una manera mucho más cercana.

Carlos Casado, profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC y director del máster universitario de Aplicaciones Multimedia, aboga por que las criaturas aprendan a programar desde muy pequeñas: «Puede ayudarlos a aprender a pensar y resolver problemas». Para este profesor y miembro del colectivo Inventa, introducir a los alumnos en la programación implica fomentar el pensamiento computacional; los niños trabajan «la comprensión del problema, el análisis de las posibles soluciones y la división del problema en problemas más pequeños para poderlos resolver más fácilmente».

Por su parte, Adriana Ornellas, doctora en Pedagogía y profesora de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, asegura que «la actividad intelectual asociada a la programación enseña a pensar de manera abstracta, lógica y estructurada». Esta experta añade que con estos aprendizajes, «los niños y niñas pasan de ser meros consumidores de tecnología a ser productores de esta». Esto cambia su visión de los dispositivos; dejan de verlos como una caja negra, empiezan a entender sus mecanismos y se sienten empoderados. «Tenemos que aprovechar el potencial de muchas herramientas tecnológicas como el Scratch —afirma Ornellas—, para potenciar el aprendizaje por indagación, por investigación, por resolución de problemas, para romper modelos educativos arraigados desde hace siglos.»


Contra la brecha de género y social

Entre la comunidad educativa y los expertos informáticos hay consenso en que el aprendizaje de la programación informática repercute positivamente en los niños. Fomenta también el pensamiento crítico, el pensamiento creativo y el análisis, y los ayuda a trabajar en equipo. Casado señala también que impulsa la ruptura de barreras de género y sociales en el uso de la tecnología: «Introducir la programación en la escuela también puede permitir a niños y niñas de familias con pocos recursos tener más relación con la tecnología y poder verla como una salida profesional». Este profesor de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación añade que la familiarización con este lenguaje en la escuela contribuye a «romper el mito de que la informática es cosa de hombres».

La introducción de la programación informática en las aulas no es algo nuevo. Ya en los años ochenta, las escuelas catalanas y las del Estado español fueron permeables a esta tendencia: los centros de enseñanza se dotaban de equipos para enseñar a programar con los lenguajes Logo y Basic. Sin embargo, en los años noventa se apostó más bien por la ofimática y no fue hasta bien entrada la primera década del siglo xxi cuando se recuperó la enseñanza de la programación. Actualmente, en Cataluña la programación informática está incluida en el currículo de la ESO. En primaria, su enseñanza no está tan reglada, depende de cada centro y sobre todo de la voluntad de los maestros. En esta edad, son muchos los padres que optan por que sus hijos se inicien en este ámbito yendo a clases extraescolares.

«Aprender a programar es una actividad que se puede hacer desde muy pequeño», explica Casado. De hecho, existen herramientas diseñadas para la primera infancia, como el Bee-Bot, un robot que tiene que programarse para que camine y que está pensado para niños a partir de tres años. Sin embargo, la realidad es que la mayoría de menores se introducen más tarde en esta disciplina. Casado apunta que, como muy tarde, hay que empezar a aprender hacia los diez años, en el ciclo superior de primaria. Además de la recomendación de introducirse en la programación a una edad muy temprana, los expertos también están de acuerdo en que hay que hacerlo desde la escuela y transversalmente. «La solución no requiere impregnar el currículo escolar con la enseñanza de la programación», opina Ornellas. Por su parte, Casado afirma: «La programación debería ser una herramienta que se utilizara de manera transversal en diferentes asignaturas».


Formar maestros y estimular familias

Pero para incorporar la programación como una herramienta más en la escuela, es necesario que los docentes dominen este lenguaje. «Ya pedimos mucho a los maestros. Pedirles, además, que aprendan a programar es complicado. Más aún cuando es una actividad que les cuesta mucho más que a sus alumnos», afirma Casado, que cree que con las nuevas generaciones de docentes esta situación mejorará. Por su parte, Ornellas hace la siguiente reflexión: «Los maestros y profesores innovadores y proactivos ya tienen interés en formarse y compartir prácticas. Creo que también debemos preguntarnos si los formadores de los maestros están suficientemente preparados».

Además de penetrar en la escuela, la programación informática también está en auge como modo de ocio familiar. Desde el año 2013, la UOC acerca la programación informática a las familias y a la sociedad organizando talleres de programación con Scratch en el marco del Scratch Day. «No diría que los padres y madres deberían aprender a programar, porque implica una obligación, pero recomiendo que lo prueben; se sorprenderán de lo fácil y divertido que puede ser programar en familia», asegura Ornellas. Casado añade: «Estaría muy bien que toda la sociedad tuviera unos conocimientos básicos de programación, al igual que toda la sociedad sabe escribir, leer, sumar o multiplicar».


Herramientas para todas las edades

El abanico de herramientas para aprender a programar es amplio. Pero hay que elegir algunas en función de la edad de los niños. Aquí presentamos algunos recursos que pueden ser útiles:

  • Scratch: es una plataforma para aprender a programar de una manera sencilla y divertida. Se trata de una iniciativa del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y está pensada para niños de entre ocho y doce años.
  • Snap: un entorno de programación muy similar al Scratch, aunque con una apariencia menos infantil.
  • App Inventor: permite crear aplicaciones de móvil de manera intuitiva y fácil. Su público objetivo son adolescentes de entre catorce y diecinueve años; de hecho, es una herramienta de cabecera en muchos institutos catalanes.
  • Python: se trata de un recurso más avanzado, diseñado para adolescentes que ya tienen una base de programación informática y quieren ir más allá.
  • Lego WeDo: incluye un juego de construcción de Lego con motores, sensores, una batería y otras piezas. Se aconseja a partir de los siete años.
  • Arduino: se trata de una placa electrónica programable. Con algunas dosis de creatividad, permite fabricar todo tipo de robots. Su público son jóvenes que cursan secundaria.
  • Raspberry Pi: más que una placa electrónica es un ordenador completo; un aparato de dimensiones pequeñas, asequible y manejable. Se recomienda su uso a partir de los últimos cursos de ESO y en Bachillerato.

 

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Foto del profesor Carlos Casado Martínez

Carlos Casado Martínez

Experto/a en: Estándares, accesibilidad y desarrollo web, pensamiento computacional, programación en la escuela y Scratch.

Ámbito de conocimiento: Desarrollo web y programación.

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Foto de la profesora Adriana Ornellas

Adriana Ornellas

Experto/a en: Tecnologías emergentes para el aprendizaje en la sociedad contemporánea, formación del profesorado en TIC, new literacies, e-learning 2.0, pensamiento computacional.

Ámbito de conocimiento: Educación y TIC.

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