«Solo un 20 % de empresas catalanas se bonifican por la formación de sus trabajadores»

Foto: UOC
29/06/2017
Roser Reyner
Alfonso Luengo, director gerente de Fundae, Fundación Estatal para la Formación en el Empleo

Alfonso Luengo fue director de Recursos Humanos del Instituto Cervantes y gerente del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía antes de hacerse cargo, en 2012, de la dirección de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (Fundae). Como director gerente de esta institución, Luengo ha participado recientemente en la jornada «La formación en nuevas competencias», organizada por la UOC, en la cual se analizaron los conocimientos y aptitudes necesarios para la empleabilidad de los trabajadores.

¿Por qué es importante la existencia de una fundación estatal sin ánimo de lucro dedicada a la formación de las personas con empleo?

Fundae es la entidad que gestiona los fondos de la cuota de formación profesional que se obtienen a través de las cotizaciones que realizan por este concepto empresas y trabajadores. Estos fondos permiten financiar, mediante bonificaciones en las cotizaciones de la Seguridad Social, la formación que las empresas dan a sus propios trabajadores. Por esta vía, anualmente se forman más de 3 millones de trabajadores.

Otra parte de los fondos recaudados sirve para subvencionar, previa convocatoria pública en régimen de concurrencia, planes de formación dirigidos prioritariamente a la formación de trabajadores ocupados, entre 400.000 y 500.000 trabajadores durante los últimos años.

Son muchos, pero no todos...

Así es: si el 80 % de las empresas utilizasen los fondos que tienen derecho a bonificarse en concepto de formación, el crédito utilizado sería el doble de lo disponible ahora: 1.200 millones de euros en lugar de 600, aproximadamente.

¿Por qué no lo hacen?

En una buena parte por desconocimiento de las empresas, en parte por las dificultades que el sistema proporciona para superar las barreras de acceso y, en ocasiones, se debe a una cultura contraria a la utilización de fondos públicos, como es el caso de algunas multinacionales. Además, falta mucha didáctica, nos falta convencer.

Parece una tarea titánica, que además no ha estado exenta de polémicas en los últimos años. ¿Cuáles son los principales retos de Fundae a día de hoy?

En los últimos años, en el ámbito de la formación para el empleo, de lo único que prácticamente se ha hablado ha sido de «fraude». Yo prefiero hablar de malas prácticas, que no siempre determinan un fraude pero que pueden producir ineficiencias en el sistema.

Uno de los objetivos de la reforma del sistema de formación para el empleo es el combate de estas malas prácticas. Pero, en realidad, el secreto del éxito es que solo se financie la formación que es necesaria y esto ni es sencillo ni es algo de lo que podamos estar orgullosos en el caso del sistema español. Nuestro sistema educativo, como el francés, del que es tributario, no ha interiorizado en los alumnos la formación a lo largo de la vida, la necesaria continuidad entre formación profesional inicial, teórica, y la formación para el empleo.

¿En qué países funciona mejor?

En Alemania, Suiza, Austria y los países escandinavos está garantizada esa continuidad. Culturalmente lo tienen asimilado y lo han adaptado a sus propias necesidades productivas.

La jornada se ha centrado en las nuevas competencias que los empleados necesitan para mantener su trabajo o mejorar.

Efectivamente, el encuentro con la UOC tiene mucho sentido, porque esta universidad tiene un alumnado estadísticamente muy parecido al alumno de la formación que nosotros promocionamos y financiamos. Nos dirigimos a alguien que ya trabaja y que quiere mejorar profesionalmente o que tiene un reto formativo personal pendiente. No está lejos el día en que las instituciones universitarias, como la UOC se plantearán participar de manera directa o indirecta en las iniciativas de formación que nosotros gestionamos.

Aunque sea una formación en línea...

En el mundo de la formación para el empleo, la formación presencial va a convivir pacíficamente con la formación online porque, aunque la formación continua es tendencialmente presencial por ser una formación ligada al trabajo efectivo, no puede negarse la pujanza y la calidad de la teleformación. En cuanto a la modalidad en sí, yo entiendo que lo que define la presencialidad es la sincronía entre alumno y profesor, no el medio a través del cual tú estás presente; pero estos matices deben ser definidos por el órgano regulador competente.

Al hablar de las nuevas competencias que necesitan los trabajadores, los idiomas y las TIC han sido protagonistas. ¿Qué hay de las competencias más humanas, que las máquinas aún no pueden hacer?

La realidad dice que la formación no cognitiva más demandada por las empresas y los trabajadores es la que tiene que ver con las TIC y los idiomas. Son las dos concreciones de polivalencia y adaptabilidad. Puede parecer una obviedad decepcionante, pero se trata de habilidades comunicativas para hablar con las personas y las máquinas. No me parece malo, al contrario; pero es verdad que empiezan a crecer otro tipo de acciones formativas relacionadas con lo que las máquinas no podrán hacer: el pensamiento ético, crítico, analítico, o también el trabajo en equipo. Hay empresas que se han vuelto adaptativas, si no se adaptan desaparecen, y promueven por tanto ese tipo de formación. Aunque lamentablemente el empresario español está muy centrado en la formación sobre el producto, y eso es poco compatible con la promoción de una formación más transversal. En cuanto a los límites de la tecnología, es claro que en determinados sectores del mercado laboral, como por ejemplo el de la dependencia, las habilidades humanas son mejorables pero no sustituibles por la tecnología. Necesitaremos asistentes mejor formados pero raramente serán suplidos por máquinas en su importante labor.

La formación de los empleados quizás depende también de lo bien formados que estén sus empleadores...

Sí, así es, hay estudios que lo corroboran. Pero no hay que echarle la culpa a nadie en concreto, partimos de un problema cultural y generacional: la formación continua y la formación profesional no han sido valoradas. En España, hay que recordar a todo el mundo que hay que formarse. Por ejemplo, en Catalunya, solo un 20 % de empresas se bonifican por la formación de sus trabajadores, y la media española no es mucho más alta. En el mundo de la empresa falta el reconocimiento de que el producto final que te mantiene en el mercado tiene mucho que ver con la formación de tus directivos, tus mandos intermedios y tu personal.

El estudio llevado a cabo por el Observatorio de Empleabilidad de la UOC presentado en la jornada explicaba las dificultades para definir simplemente qué es talento, y en consecuencia para medir qué talento se capta o cómo se puede retener. ¿Falta más ciencia en el ámbito de los recursos humanos?

Hay un déficit de metodología, por ejemplo, para medir cuántas empresas han mantenido su posición estratégica en su sector gracias a la formación de sus directivos y trabajadores. No hay métrica aún que lo constate. La medición es clave para convencer a la sociedad y a las empresas de que la formación es rentable en términos económicos, corporativos e institucionales.