«Las instituciones no son lo bastante valientes para apostar por las competencias audiovisuales»

Foto: UOC
12/07/2017
Anna Torres
Ramon Breu, ganador del premio de Innovación UOC Baldiri Reixac por «La escuela se hace un selfie»

 

Hace veintiséis años que es profesor de la escuela Solc, una cooperativa situada en la parte alta de Barcelona que gestionan con éxito el profesorado y los padres y madres de 350 alumnos. Ramon Breu enseña Historia a los jóvenes de 4.º de ESO, y lo hace de una manera innovadora: introduciendo el audiovisual y otorgando al alumno un papel protagonista y crítico. Así nace «La escuela se hace un selfie», un proyecto que ofrece a los estudiantes una selección de documentales y películas de temáticas tan diversas como el acoso escolar o el derecho universal a la educación, y que busca su mirada atenta y analítica. Por su dosis de creatividad, de innovación y por ofrecer respuestas a nuevos problemas de la escuela del siglo XXI, un jurado de expertos le concedió el premio UOC Baldiri Reixac en mayo de este año. Breu trabaja para que sus alumnos sean críticos con los anuncios, las películas y los videojuegos que los rodean, y para que sean capaces de crear productos audiovisuales de calidad y creativos. Le gustaría llegar algún día al nivel de Francia, donde «hay una cultura cinematográfica que ya se enseña en la escuela y que hace que los más jóvenes, a diferencia de lo que pasa aquí, sepan quiénes fueron Hitchcock o Chaplin», comenta.

 

¿Nos explicas brevemente en qué consiste el proyecto galardonado con el premio de Innovación UOC Baldiri Reixac?

Es un proyecto de educación mediática en el que hace muchos años que trabajamos yo y otros compañeros. Defendemos que la escuela tiene que enseñar a leer y escribir, pero también a leer y escribir imágenes; es lo que llamamos alfabetización múltiple, aunque en la práctica no se traduce en nada. Si avanza un poco es gracias al voluntarismo de los docentes. A nosotros se nos ocurrió este proyecto que combina el análisis cinematográfico con el lenguaje audiovisual, y que a su vez les plantea a los alumnos que reflexionen sobre la escuela.

Son películas muy bien elegidas, fáciles de conseguir, pensadas para que sirvan en otros centros y para diferentes edades (de 5.º a 4.º de ESO). Después de que los alumnos hayan visto uno de estos films, explican qué ven de bueno y de malo en su escuela: las relaciones con el profesor, con los compañeros, qué pueden hacer para mejorarla, cómo pueden repensar la escuela...

¿Nos puedes poner algún ejemplo práctico?

Sí, claro. Hemos dividido las películas en siete temáticas, y una de ellas se llama «El primer ciudadano de la República». Para este bloque hemos elegido películas y documentales que intentan difundir toda la tarea que habían hecho los maestros republicanos. Hemos trabajado los documentales El retratista, que habla de la historia de un maestro catalán que fue a Burgos en los años 30; Las maestras de la República, o la película La lengua de las mariposas. Este bloque, que además es muy curricular porque enlaza con la asignatura de Historia de 4.º de ESO, tuvo muy buena acogida por los estudiantes, que se mostraron muy motivados.

¿Qué reflexiones hicieron los alumnos después de ver esas películas?

El bloque que más les hizo cuestionarse la escuela es el que se llama «El maestro que te habría gustado tener». Vieron películas que hablan de la disciplina, de las normas... Y ellos están de acuerdo con que haya normas, pero que sean fruto de un consenso. También hay otro bloque que los sorprendió mucho, el dedicado al «Derecho universal a la educación», donde vieron otras realidades, como por ejemplo la que muestra Camino a la escuela, en la que niños y niñas recorren kilómetros, e incluso ponen en riesgo su vida, para llegar a su escuela.

¿Crees que los estudiantes reciben mejor la Historia si es en formato audiovisual?

Yo creo que sí, lo que pasa es que no hacemos la guerra a las letras. En cada propuesta que pensamos, además de la película y el lenguaje audiovisual, hay textos que pueden ir de artículos de diarios a libros de divulgación. Siempre creamos puentes entre la cultura escrita y la audiovisual.

La tarea que hacéis tú y tus compañeros de profesión de dar más protagonismo a los estudiantes en su proceso educativo liga con los ideales de la Escuela Nueva 21...

En este país empezamos en los años 90 a introducir cambios, es decir, que ya llevamos más de veinte años con movimientos de innovación en el ámbito de la educación mediática. Lo que pasa es que las instituciones no nos han hecho caso; no son lo bastante valientes para apostar por la competencia audiovisual, solo se decantan por la lingüística. Por el contrario, los alumnos cada vez tienen más inputs audiovisuales, publicitarios, en videojuegos, en internet... Y la escuela es la única que puede orientarlos. Es irresponsable pensar que cada uno de nosotros tiene la facultad de orientarse en este maremágnum. Hacen falta unos instrumentos y un esquema que la familia no puede dar. Recuerdo cuando hace veinte años les decíamos a las familias que tenían que mirar la tele con los hijos: «no los dejéis solo viendo la tele», y muchos nos decían «¡yo estoy con mi hijo pero no sé qué decirle!».

¿Qué le faltaría a la educación de este país para ser excelente?

Tener más financiación, con el objetivo de que la innovación no recayera siempre en la figura del maestro. Podríamos tener plantillas más amplias... Me gustaría ver una inversión en educación parecida a la de otros países de nuestro entorno. Y que no nos diera miedo la innovación metodológica, ni de contenidos, que algunos son del siglo XIX.

¿Y cómo se innova en una clase de Historia?

Priorizando los contenidos. Pensando en aquello que sirva más a los alumnos, por ejemplo: subrayando más la historia contemporánea, que los afecta más directamente. También se innova impartiendo un día una clase en la biblioteca, en un museo o en la calle.

¿Cómo crees que hay que enseñar el lenguaje audiovisual a los niños?

En nuestra escuela empiezan a hacer talleres en P3, P4 y P5, ya se explica qué es una imagen y qué es la realidad, o qué es un anuncio de juguetes, construyen cámaras rudimentarias con cartón y aprenden a identificar qué es un plano medio o un primer plano. Cuando son mayores, sobre todo en secundaria, durante uno o dos trimestres dan una materia que se puede llamar Publicidad o Lenguaje audiovisual o Producción escolar... Y el proceso culmina en 4.º de ESO con el trabajo de investigación sobre comunicación.

Queremos que dominen el lenguaje audiovisual, la producción escolar (guion, grabación y edición); y cuando la tienen acabada lo explican en la clase de al lado (momento en que trabajan la oralidad). Y, para acabar, hacen un análisis crítico.

Un ejemplo de los alumnos de 3.º: con motivo del Día de la Paz se les ocurrió hacer un vídeo que llamaron «Sonrisas por la paz», y grabaron a todos los niños de la escuela sonriendo. Fue un trabajo de toda el aula, y muy creativo, aspecto que intentamos priorizar.

¿Cómo potenciáis la mirada crítica de los alumnos respecto a los productos audiovisuales que consumen?

En el momento en que introducimos en el aula una película, un anuncio o un informativo, entre toda la clase ya nace esa mirada crítica. Aunque nos salen enemigos no buscados. Por ejemplo, aquí en la escuela tenemos padres periodistas a quienes no los gusta que sus hijos critiquen un telediario. O cuando colaboré con el Libro Blanco del Consejo del Audiovisual de Catalunya (CAC), los fabricantes de videojuegos no nos podían ni ver. Con todo, pensamos que cuanto más concienciado y educado esté el público, mejor será la calidad de los medios.

Con todo, este proyecto ha sido reconocido por las instituciones con el premio UOC Baldiri Reixac. ¿Qué ha supuesto para ti este galardón?

Estoy muy contento y muy esperanzado con que otras escuelas repiensen la manera de hacer las cosas y, si lo desean, tomen el mismo camino.