«Los científicos nos tendremos que dotar de algún tipo de plataforma para intercambiar conocimiento»

Foto: UOC
09/11/2017
Rubén Permuy
Àlex López-Borrull, Director del Grado de Información y Documentación de la UOC

 

Además de ser el director del Grado de Información y Documentación, López-Borrull es desde hace diez años profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. Este doctor en Químicas, al mismo tiempo, forma parte del grupo de investigación Knowledge and Information Management in Organizations (KIMO).

 

¿Cuál es su trayectoria académica?

Antes de llegar a la UOC estaba cursando el doctorado de Química en la Universitat Autònoma de Barcelona y en una parte de la tesis tenía que hacer un uso intensivo de bases de datos. Estas bases me llevaron a estudiar las revistas científicas relacionadas con la química, las patentes, etc y me animaron a profundizar en mi conocimiento sobre el mundo de la información y la documentación. Me licencié en Documentación en la UOC y, a partir de ese momento, mi trayectoria se enfocó en la información y la documentación. Desde hace diez años estoy en los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC. Paralelamente, me he especializado desde el punto de vista científico en el acceso abierto (open access) y la ciencia abierta (open science), mis principales líneas de investigación.

¿Puede profundizar un poco más en qué consiste esta investigación?

El conocimiento científico es lo que generamos en la investigación académica y en las universidades. Considerando el sistema científico como una organización, me dedico a analizar cómo se difunde este conocimiento, no solo de cara a la sociedad, que sería la parte más divulgativa, sino sobre todo entre científicos. ¿Cuáles son los vehículos y cuáles son las herramientas y los sistemas que utilizan para difundir sus conocimientos? Hay un elemento muy importante en la actualidad, las revistas científicas, que hace  años que están en funcionamiento. Aún no se ha encontrado ninguna manera mejor para difundir el conocimiento científico entre científicos aunque disponemos de otros canales, como las redes sociales, los blogs o las revistas científicas. Pero es un eje dinámico, ya que, entre otros, disponemos de las revistas de datos, y hay una serie de aspectos que están cambiando. Me dedico a estudiar cómo determinadas herramientas pueden aplicarse desde una vertiente de acceso abierto y de ciencia abierta, para ser más efectivos a la hora de evaluar, en la evaluación de expertos (peer review), etc., aunque hay varias críticas en su funcionamiento en el día a día.

¿Deben adaptarse las publicaciones científicas al acceso abierto?

Las publicaciones deben adaptarse a los nuevos modos de difundir el conocimiento. Entendemos que los datos son un nuevo vehículo. Actualmente se están haciendo revistas que solo contienen conjuntos de datos porque son un material muy valioso para hacer investigación. Pero algunas revistas también están empezando a incorporar el mundo multimedia y audiovisual, y generan resúmenes en vídeo y todo un conjunto de material que antes era considerado suplementario y que ahora incluso puede tener el mismo valor que los artículos científicos. En los últimos años internet tensaba los formatos propios del mundo audiovisual. Recordemos el caso de Napster, el caso de Megaupload, en que las industrias han visto cambiar sus formas de conocimiento y han visto crecer plataformas como Spotify. En el caso del mundo científico, plataformas como Sci-Hub están sacudiendo, aunque desde el punto de vista de la ilegalidad, el sistema con el que se difunde el conocimiento. Veremos un cambio de paradigma en los próximos años. Ni 140 ni 280 caracteres en Twitter son suficientes para difundir el conocimiento y sus conclusiones, pero los científicos nos tendremos que dotar de algún tipo de plataforma para intercambiar conocimientos validables, revisables y que sirvan para continuar generando nuevo conocimiento.

¿Y qué pasa con las grandes publicaciones científicas no favorables al cambio hacia el acceso abierto?

Las principales discográficas eran muy refractarias a ponerse al día y con el tiempo comprobaron que o generaban sus propias plataformas o se verían engullidas por la nueva dinámica. Todo cambia en un sistema conservador y con una inercia muy grande, pero es evidente que las políticas científicas están ayudando mucho. En el momento en que determinadas legislaciones –como la de Estados Unidos en los National Institutes of Health o la Ley de la ciencia española– marcan el camino, definen cómo deben comportarse los científicos. El cambio también se está impulsando en el ámbito europeo en cuanto a la ciencia abierta: puede tardar más o menos, pero ya no tiene marcha atrás. Puede costar más en determinadas ramas de la ciencia, pero ciertos ámbitos, como la biomedicina, nos están marcando hacia dónde evoluciona esta nueva manera de entender y de difundir el conocimiento científico.

Entre los proyectos de investigación en los que ha participado hay el CERN, un centro puntero en el mundo...

Dentro del KIMO, con compañeros como Agustí Canals y Eva Ortoll, hemos estado estudiando el CERN como el paradigma de una forma diferente de colaboración entre científicos. Es la big science, grandes centros con miles de científicos trabajando con un único objetivo. Esta realidad nos muestra una determinada manera de hacer ciencia. Hemos estado estudiando como el CERN no solo ha sido el creador del mundo web, sino también de repositorios donde todos sus datos fueran accesibles para el resto de científicos. Este conocimiento del CERN nos ha llevado a estudiar cómo los principales institutos de investigación son capaces de gestionar estos datos. Si primero se ha hecho un proselitismo y ahora estamos haciendo un análisis de cómo se difunden estos conocimientos y datos en abierto, también debemos estudiar cuál es su valor real de reutilización y económico para sus instituciones y quiénes están utilizándolos. Porque el motivo principal de compartir datos es que se reutilicen. Del mismo modo que se busca que un artículo se pueda citar, se busca que el data set se reutilice, se cite y tenga un valor para la comunidad científica. El conocimiento de una gran institución como el CERN nos permite analizar cómo el sistema científico catalán está impulsando compartir sus datos.

¿Y no genera preocupación la privacidad de según qué datos?

Los datos referidos a personas tienen un valor desde un punto de vista ético y moral y también legal que hace que los científicos tengamos que ser mucho más cuidadosos en su preservación y en su privacidad. Esto genera retos en campos como la genómica, pero también en las ciencias sociales, con las entrevistas y las encuestas. Del mismo modo que los censos y otros datos deben tener en cuenta la privacidad, también la deben tener en cuenta la ciencia y los datos que generamos. Cuando generamos data sets, las personas no deben ser fácilmente identificables, como en investigaciones sobre enfermedades o entornos de guerra. Toda la privacidad es importante, pero también que no se puedan identificar grandes conjuntos de personas que cumplen determinadas características. Una identidad de grupo o personal no solo se puede resolver con criptografía, sino también con el almacenamiento de los datos. Es un reto para las universidades, ya que antes estos datos no eran mostrables. En el momento en que tus proyectos te obligan a mostrar datos, debes tener mucho cuidado de cómo hacerlo. Pero los científicos no están solos, ya que disponen de instrucciones de los agentes financiadores, de los sistemas universitarios, de las bibliotecas, etc., que generan planes de gestión de datos para proyectos. En este nuevo paradigma algunas cuestiones tienen que cambiar, pero los científicos no se enfrentan solos.

¿Nos recomienda algún libro sobre ciencia abierta?

Opening Science. The Evolving Guide on How the Internet is Changing Research, Collaboration and Scholarly Publishing, de 2014, de Springer, que está en abierto, en el que hay toda una suma de contribuciones de diferentes actores que reflexionan desde el punto de vista de la ciencia abierta, tocando muchos aspectos, como la colaboración, las métricas alternativas, los nuevos tipos de revistas, los data sets y el acceso abierto, entre otras cuestiones. Todo esto es el nuevo paradigma. Este libro permite disponer de una visión completa de los cambios que vendrán.