«Hace unos años era una joven hipercualificada que sobrevivía precariamente»

Foto: Real Filharmonía de Galicia
16/11/2017
Alba Pueyo
«El máster me ha permitido presentarme a la plaza de directora técnica de la Filharmonía de Galicia y ser escogida»
Sabela García, directora técnica de la Real Filharmonía de Galicia y graduada de la UOC

 

De pequeña ya tenía claro que quería formar parte de una orquesta, pero nunca se había imaginado que llegaría a dirigir una. Sabela García, violinista profesional y graduada del máster universitario de Gestión Cultural de la UOC, ha sido elegida directora técnica de la Real Filharmonía de Galicia. Licenciada en Historia del Arte por la Universidad de Santiago y en Música Antigua por la Escuela Superior de Música y Artes Escénicas de Oporto, ha trabajado en la Orquesta Joven de la Sinfónica de Galicia y la Orquesta Barroca de Sevilla, entre otras, y, recientemente, como coordinadora de la Asociación Española de Festivales de Música Clásica (FestClásica).

 

¿Qué representa para ti haber sido elegida directora técnica de la Real Filharmonía de Galicia?

Para mí significa hacer realidad un doble sueño: dar el salto a la primera línea de la gestión cultural vinculada a una orquesta de primera categoría y volver a mi tierra, donde nunca había tenido ninguna oportunidad laboral.

¿De qué manera y a partir de qué valores te ocuparás de mantener los estándares de excelencia de la orquesta?

Cualquier proyecto cultural bien planificado y desarrollado con coherencia y responsabilidad es una gran inversión para la sociedad a medio y largo plazo. Los valores estructurales de este proyecto serán la voluntad de servicio público, la excelencia artística, la implicación en el territorio, la relación con otros agentes culturales y la innovación desde la tradición. A partir de aquí, y en estos momentos, un profundo diagnóstico desde dentro me dará las pautas que debo seguir para conseguir los objetivos marcados.

Has mostrado tu convencimiento de que las actividades de la Real Filharmonía, además de extenderse a todo el territorio gallego y a escala nacional, deben dar el salto internacional. ¿Cómo lo conseguirás?

La Real Filharmonía puede y debe ser uno de los estándares de la cultura gallega, una marca que proyecte a la Galicia contemporánea en el mundo, desde el convencimiento de que, desde la tradición y siempre desde las más altas cotas de excelencia, se puede ser absolutamente moderno. Por supuesto, esta proyección internacional debe entenderse como una estrategia a largo plazo. Primero de todo tenemos que consolidar y renovar la marca mediante un buen plan de comunicación y marketing, arraigando nuestra presencia en el territorio gallego y estatal y empezando a buscar patrocinios en el ámbito privado. A partir de este punto podremos dar el salto internacional, porque los recursos públicos de los que disponemos ahora no nos permiten dar este salto actualmente.

¿Cómo surgió tu pasión por la música?

En Galicia tenemos un folclore musical riquísimo y es muy extraño encontrar una familia con algún miembro que no cante o toque algún instrumento. En mi familia siempre ha habido una gran tradición musical. De hecho, mi padre fue gaitero profesional durante años, y yo y mis cuatro hermanos hemos recibido formación musical.

¿De pequeña ya supiste que esta iba a ser tu profesión?

El primer concierto sinfónico al que asistí, en la iglesia de mi pueblo, representó un antes y un después para mí. Mi sueño se fijó entonces: quería tocar en una orquesta..., lo que no se me hubiera ocurrido en aquel momento ¡es que llegaría a dirigirla desde las bambalinas!

¿Por qué escogiste el violín?

En realidad yo quería tocar el arpa, pero en mi pueblo no existía esa posibilidad. Entonces le dije a mi padre que quería tocar la flauta travesera, pero mi hermano mellizo ya la había elegido antes. Entonces mi padre me dijo: ¿y por qué no el violín? Así que, en realidad, quien escogió fue mi padre...

¿Cuándo empezaste a dedicarte profesionalmente a la música?

A los veintidós años me fui a Madrid a estudiar y empecé a impartir clases de violín al mismo tiempo. Un año después me fui a Portugal para terminar mis estudios en la especialidad de violín barroco. Compaginé esta etapa con la actividad profesional como violinista. Este periodo profesional regular como intérprete se interrumpió cuando acabé el máster de Gestión Cultural, porque empecé inmediatamente a dedicarme profesionalmente a este ámbito, dejando relegada la interpretación a un segundo término.

¿Por qué decidiste seguir formándote?

La decisión de hacer el máster de Gestión Cultural fue una de las más inteligentes de toda mi vida. A los veintiocho años me di cuenta de que mi futuro como música independiente me llevaba a un callejón sin salida. Entonces pensé a qué me podría dedicar, algo que tuviese que ver con mi formación y mi pasión. Acababa de licenciarme en Historia del Arte y en Violín Barroco, pero era lo que en aquellos años se llamaba una joven hipercualificada que sobrevivía precariamente.

¿Qué te ha aportado el máster universitario de Gestión Cultural de la UOC en los ámbitos personal y profesional?

Durante los estudios de máster encontré mi verdadera vocación: me encantaba la música y me gustaba organizar e imaginar proyectos y llevarlos a cabo. El máster me proporcionó el bagaje teórico y las herramientas técnicas necesarias para dar un salto de giganta a mi vida profesional. Cuando acabé, estaba lista para ponerme a trabajar y enseguida me apareció una oferta de trabajo. Profesionalmente fue un acierto, y personalmente esta formación me ha permitido desarrollarme, independizarme, viajar, conocer otras realidades y trabajar con personas y profesionales maravillosos. También me ha permitido presentarme a la plaza de directora técnica de la Filharmonía de Galicia y ser escogida.