«Hacer comunicación en vez de política es un fracaso estrepitoso»

Foto: UOC
07/12/2017
Marc Pidelaserra Roso
Ismael Peña-López, profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC

Se ha iniciado la campaña electoral para las elecciones al Parlamento de Cataluña del 21 de diciembre, una convocatoria extraordinaria en la que todos los partidos procuran movilizar al electorado para maximizar sus resultados. ¿Qué papel tendrán las redes sociales en esta estrategia de captación del voto? La campaña en línea y los equipos de ciberactivismo ya son una normalidad en la estructura de cada candidatura, y, para identificar cuáles serán las claves de la comunicación política en las redes sociales, entrevistamos al profesor de los Estudios de Derecho y Ciencia Política de la UOC Ismael Peña-López, especialista en política e internet.

¿Qué papel tendrán las redes sociales a la hora de movilizar al electorado en el contexto político actual?

La campaña se configura claramente como una elección entre dos bloques. Esta polarización deja poco espacio para la reflexión y para la deliberación, para la construcción colectiva, y desplaza, en cambio, el debate hacia la subjetividad y la vivencia personal, posicionamientos que las redes sociales ayudan a difundir y amplificar. Por tanto, es previsible que se acentúe el debate en la calle, especialmente en la calle virtual que representan las redes sociales. Y no solo eso, sino que vemos una «redsocialización» de la política institucional que copia las formas de las redes sociales (inmediatez, regate corto, priorización por las formas en detrimento del fondo, contenidos multimedia, mensajes dirigidos a colectivos determinados) y las traslada a la manera de comunicar y debatir de otros espacios como los mítines, las entrevistas en los medios, los artículos de opinión o los debates televisivos y radiofónicos.

Entonces, ¿los mensajes de los partidos en las redes no influirán en el proceso de deliberación y argumentación del posicionamiento político de los ciudadanos?

Pienso que esta no será la batalla: la deliberación y la argumentación es previsible que dejen lugar a la emoción y el cierre de filas hacia el «otro». De los dos efectos de signo opuesto que podemos encontrar en las redes sociales (escucho solo a «los míos» o las aprovecho para debatir con «los otros»), el momento actual es mucho más proclive a favorecer el primer efecto que el segundo. Así, no hay grandes diferencias entre candidaturas y todas, en general, con cambios mínimos, responden a la estrategia (consciente o no) de cero deliberaciones, cero matices, diferenciación de bandos y destrucción del oponente.

¿Destacarías algún gran cambio de tendencia de los partidos en cuanto a la estrategia de redes?

Los políticos, en general y con excepciones, han fracasado en uno de sus papeles fundamentales, que es educar al ciudadano en materia de ejercicio de la democracia. Y, en lugar de reforzar la deliberación y el consenso, se han decantado claramente por la ocurrencia ingeniosa pero poco constructiva. Si hablamos de las redes sociales, en lugar de reeducar un espacio de inmediatez y que puede conducir a reforzar las ideas propias, han preferido utilizar las redes no para escuchar, sino para hablar y escucharse a sí mismos y ver si esto funciona en el cortísimo plazo, sin preocuparse del medio o largo plazo. Así, vemos tacticismos que pueden recompensar de manera inmediata, pero que pueden hipotecar estrategias de futuro más amplias de miras.

Quieres decir que la comunicación política en las redes sociales no ha supuesto ninguna mejora...

La comunicación política ha pasado de ser un medio a ser un fin. Ya no hacemos política, hacemos comunicación, y adaptamos la política a lo que sea necesario para hacer coherente la comunicación que planificamos a horas vista. Es un fracaso estrepitoso de la política. Y vale la pena recordar aquí que el fracaso no es del medio, sino de los actores. Allí donde las convicciones pasan por delante de la reflexión –política, religión, deportes– las redes sociales empeoran el trabajo de los actores que se asoman a ellas, a diferencia de lo que ocurre en ámbitos como el aprendizaje o la salud, donde las redes son exitosas a la hora de articular comunidades de interés que trabajan juntas por un objetivo común.

¿Te parece que Twitter es la mejor plataforma para seguir la campaña?

A diferencia de lo que ocurre en el terreno de la deliberación, con respecto a informarse y, sobre todo, para seguir el día a día de la campaña electoral, Twitter es estupendo. Sin embargo, hay que decir que en general vemos en Twitter lo que dicen, lo que retuitean y marcan con un «me gusta» las personas a las que seguimos, y que seguimos a las personas a las que seguimos porque lo hemos decidido así. Por tanto, la decisión de a quién queremos seguir debe ir precedida de una decisión de qué queremos saber: ¿queremos saber qué dice solo el colectivo con el que nos sentimos más identificados? ¿Queremos saber las posiciones de los demás? ¿Queremos el análisis de medios tradicionales o bien de otros menos mayoritarios?

Y más allá de Twitter...

Herramientas de mensajería como WhatsApp o, sobre todo, Telegram, también entran con fuerza en lo que respecta a la información política más actual. Sin embargo, y a diferencia de Twitter, en Telegram o WhatsApp el efecto burbuja o de cámara de resonancia («solo oigo lo que quiero oír») es mucho más fuerte que en redes más abiertas como Twitter o Facebook, donde el margen para recibir información de otros colores es mucho mayor.

¿Las redes sociales, la blogosfera y los influenciadores pueden provocar una disminución de la credibilidad de los medios tradicionales?

En los últimos años algunos periodistas y cabeceras no han necesitado ninguna ayuda para ver disminuida su credibilidad. Es decir, no debemos culpar a quien es capaz de, por medio de internet, denunciar y demostrar que determinada información es sesgada, poco fundamentada o directamente falsa. La culpa es, en todo caso, de los medios que han hecho mal su trabajo para favorecer a determinadas formaciones políticas, por intereses económicos propios o por falta de recursos para hacer un trabajo mejor.

¿La preocupación creciente por las noticias falsas (fake news) Puede provocar un desinterés informativo por parte de la ciudadanía?

Las noticias falsas pueden tener dos efectos de signo opuesto: por un lado, que incremente la desafección política de los ciudadanos, que, conscientes de que los políticos «les engañan», ahora vean que también les engañan los medios y deciden rendirse del todo. El otro efecto es que, ante el interés de las elecciones, el complicado pero también interesante y determinante momento democrático que vive el país, o la altísima movilización, hagan que los mismos ciudadanos se lancen a combatir las noticias falsas y, como resultado neto final, tengamos un ecosistema informativo mucho más transparente (aunque sea a la fuerza) y que contribuya a mejorar el ejercicio democrático y a animar al ciudadano a participar más y mejor en política.

¿Cómo puede afectar la propia agenda de Òmnium, la ANC, SCC... y su campaña de redes en la agenda y la campaña de los partidos?

La ANC y SCC son muy similares, no ideológicamente (obviamente), pero sí en sus objetivos. Son organizaciones con una finalidad muy específica y claramente alineada con unos determinados bloques ideológicos. En este sentido, lo que hacen es reforzar tanto en las formas como en el fondo el tipo de comunicación y el tipo de movilización que los otros actores institucionales (partidos, medios de comunicación) llevan a cabo. Òmnium Cultural, aunque tiene un claro sesgo hacia uno de los bloques, es una entidad más abierta y más plural, dado que viene de una tradición de activismo, no político, sino cultural y social.

Por último, ¿piensas que la tendencia en las redes sociales va encaminada al «activismo de sofá» o «clictivismo»?

El «activismo de sofá» o «clictivismo» no existen, al menos de manera significativa. Por norma general, quien es activo en las redes sociales ya lo es fuera de ellas y tiene fuertes vínculos con el tejido asociativo o político de su entorno: asociaciones de vecinos, AMPA, sindicatos, partidos, asambleas, movimientos, medios de comunicación «alternativos», etc. Si bien es cierto que la facilidad de participar en las redes sociales atrae a perfiles menos comprometidos, también es cierto que (con contadas excepciones) suelen ser menos activos y, en consecuencia, menos influyentes.