«Hay hombres feministas dispuestos a compartir el poder»

  Foto: UOC

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28/06/2018
Anna Torres
Esther Vera, directora del diario Ara

 

Es mujer, periodista, politóloga y madre. Lleva dos años y medio al frente del diario Ara, un proyecto que «le apasiona». Antes de pasar a dirigir y coordinar la redacción de este diario catalán, trabajó en radio, televisión y prensa, pasando por medios como Catalunya Ràdio, TV3, CNN o Cuatro. Recuerda con especial cariño los años en los que fue corresponsal en París y Washington para el entonces llamado diario Avui porque pudo «aprender mucho y deprisa» y cubrir momentos históricos tan relevantes como la llegada de Putin al gobierno o el ataque terrorista en el Teatro Dubrovka de Moscú. Vera fue una de las ponentes invitadas a la Jornada Anual Alumni de la UOC, dedicada a analizar la realidad en clave de género, celebrada el 20 de junio en el Palau de la Música.

 

Una periodista entrevistada. ¿Te gusta que te hagan entrevistas?

Si son sobre temas profesionales, no me importa en absoluto.

Llevas dos años y medio dirigiendo el diario Ara. ¿Qué pesa más: el orgullo y la satisfacción personal o la presión por el hecho de que una mujer asuma este cargo?

Lo hago con la máxima normalidad. Ahora bien, sí me he encontrado con situaciones extrañas, como por ejemplo participar en un debate político en televisión con ocho hombres y ser yo la única mujer. Todo ello indica que nuestra sociedad no es meritocrática porque las mujeres no llegan con las mismas condiciones a los puestos que se merecerían. Ahora bien, al final te acostumbras a este tipo de situaciones.

En el ámbito periodístico, ¿cómo ves la igualdad de género?

Nos pasa un poco como en el resto de sectores. Incluso en sectores muy feminizados como el nuestro, las mujeres que quieren acceder a los puestos de dirección y de ejercicio del poder se encuentran con un tope. Y las que llegan lo hacen en una proporción menor que los hombres. Como decía la periodista francesa Françoise Giroud, nuestras sociedades serán realmente igualitarias cuando haya el mismo número de mujeres mediocres en los puestos de responsabilidad que de hombres mediocres.

¿Has vivido alguna situación en la que te hayas sentido infravalorada por razón de género?

Casos de acoso, me parece que hemos vivido muchísimas mujeres de todos los sectores, pero creo que son más incómodos los gestos pequeños, los micromachismos. Pongo un ejemplo: tengo una amiga que era una altísima ejecutiva de banca y en un consejo ampliado un banquero se le dirigió para darle el abrigo [...].

Otra situación habitual es que no tomen tus palabras en el mismo rango de importancia que las de un hombre, o que no tengamos el mismo derecho de ser escuchadas. También me he encontrado en algunas entrevistas en las que el hombre solo dirige la mirada al otro hombre y que ni mira a la mujer.

¿Qué mensaje quisiste hacer llegar al público asistente a esta jornada de la UOC dedicada a la realidad en clave de género?

Las mujeres están igual o más preparadas que los hombres, son iguales y más competentes que ellos y, por lo tanto, no tienen que pedir permiso. Al final, no es un tema de mujeres y hombres, de feminismo y machismo, sino que es un tema de valores. Hay mujeres muy machistas y hombres feministas y dispuestos a compartir el poder. Lo que hace falta es que las mujeres no pidan permiso para llegar a los puestos que consideran que les corresponden.

¿Crees que existen diferencias entre un liderazgo femenino y uno masculino?

Creo en las personas, pero reconozco que hay mujeres que mimetizan maneras de tomar decisiones masculinizadas. Creo que la gran revolución es que las mujeres hagan de mujeres. Habrá mujeres autoritarias, habrá de más colaborativas... Y considero que sí hay un punto que nos diferencia: y es que nosotras estamos acostumbradas a no imponer las cosas a la fuerza, porque no tenemos fuerza; nosotras estamos más acostumbradas a negociar, persuadir. Este es un valor femenino que muchos hombres utilizan. Deberíamos ser ciegos frente al género.

Como politóloga y periodista que eres, ¿qué pueden hacer la política y los medios de comunicación para que la situación dé un giro?

Muchísimas cosas. Para empezar, depende de los políticos que existan políticas públicas que puedan ayudar a las mujeres y los hombres en un momento tan clave como es la maternidad. Es entonces cuando se pierden las oportunidades de mejorar y prosperar al mismo ritmo que los hombres. Una alta ejecutiva me contaba que cuando hace entrevistas para captar talento pregunta a los candidatos «¿En qué apoya usted su vida profesional?». Hay un altísimo número de hombres que le responden «mi familia, mi mujer» y un altísimo número de mujeres que responden «el servicio doméstico». Por lo tanto, las mujeres siguen pensando que las tareas domésticas y el cuidado de los hijos y familiares recaen en ellas. Son necesarias políticas públicas que ayuden a las mujeres que deseen tener hijos y a la vez quieran llevar una vida profesional activa.

¿Existe algún país en el que podamos reflejarnos?

Francia y los países nórdicos tienen muchas de estas políticas sociales. Se trata de medidas que velan por compartir la maternidad y la paternidad. Y de ellas se deduce que las mujeres tienen más hijos que las mujeres catalanas o españolas y que los tienen antes.

¿Y qué puede hacerse desde el ámbito de los medios?

Somos responsables de hacer emerger mujeres y el talento femenino que aún no ha emergido. También podemos incidir en la agenda mediática o setting, con puntos de vista femeninos y más sociales.

Pasemos ahora a algunas cuestiones del ámbito digital. En muchas cuentas de Twitter de periodistas, estos especifican que solo publican opiniones personales. ¿Cómo te parece que puede separarse la esfera personal de la profesional?

Es un tema importante y delicado. Del mismo modo que recomiendo cautela a los políticos, también pido cierta cautela a los periodistas a la hora de expresar opiniones y les pido que puedan defenderlas en público. Twitter no es una forma de desahogarse, sino una forma de expresar opiniones. Pero es cierto que, dependiendo de la opinión que expreses y de cómo la expreses, tu carrera puede verse afectada.

¿Cómo pueden combatirse las noticias falsas (fake news)?

Haciendo periodismo. Las noticias falsas son las mentiras y las manipulaciones políticas de toda la vida. Deben combatirse contrastando, no publicando sin tener claro que lo que publicas es verídico y no solo verosímil; por lo tanto, haciendo periodismo. Disponer de fuentes y contrastarlas es la base del periodismo.

¿Cómo se ha incorporado el móvil en la tarea periodística de la redacción?

El móvil se ha convertido en una forma de transmitir la información muy barata. Sirve desde para hacer fotos y vídeos de cualquier momento y desde cualquier lugar hasta para gestionarnos entre nosotros. Nos proporciona más agilidad y nos ha reducido los costes.

¿Qué acontecimiento te ha hecho más ilusión cubrir?

Es difícil elegir porque hay muchos... El ataque terrorista en el Teatro Dubrovka de Moscú en 2002, las primeras elecciones que ganó Putin... Fueron un reto profesional porque Rusia era un lugar áspero para cubrir informaciones, nadie te ayudaba. Recuerdo que cuando liberaron el Teatro con un gas letárgico y comenzaron a trasladar en autobuses a los heridos, no había listas con los nombres. Los familiares iban de hospital en hospital gritando el nombre de sus parientes.

También recuerdo el caso Lewinsky. Muchos periodistas estábamos en Cuba con la visita del papa Juan Pablo II. Era la primera vez que un papa visitaba este país. Y muchos periodistas estadounidenses comenzaron a desaparecer. Nos explicaron que una web —que entonces era algo muy extraño— había sacado un caso que afectaba al presidente y que llevaría cola. Y así fue.

¿Qué momentos destacas de tu carrera?

Las épocas más interesantes periodísticamente hablando son las de corresponsal, en las que todo es nuevo y tienes la sensación de que aprendes mucho y deprisa: desde el idioma hasta la forma de funcionar, las complicidades sociales y culturales que no conoces si no vives allí...

También me gusta mucho el puesto que ocupo ahora, y no cubro exclusivamente noticias. Coordinar una redacción, darle ciertos criterios, luchar por tener la calidad que queremos, decidir portadas diferentes, dar un punto de vista editorial que conecte con la comunidad a la que nosotros intentamos representar... Todo esto no es periodismo directo, pero es gestión del periodismo, y eso me apasiona.