«Hay un discurso no demostrado que vincula el selfie con la superficialidad, la banalidad y el narcisismo»

  Foto: UOC

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27/09/2018
Rubén Permuy
Gemma San Cornelio, profesora e investigadora de comunicación y cultural digital

 

Gemma San Cornelio es profesora de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación de la UOC, concretamente de los grados de Comunicación y Diseño y Creación Digitales. Pertenece a MEDIACCIONS, un grupo de investigación interdisciplinario que incluye a profesores investigadores de los ámbitos de la Comunicación, las Artes y las Humanidades. Entre los últimos proyectos que han desarrollado destaca SelfieStories y personal data, que fue financiado por la Fundación BBVA y concluyó hace casi un año. De todos modos, todavía explotan los resultados obtenidos, ya que acumularon una gran cantidad de datos. El estudio Selfies and cultural events: mixed methods for the study of selfies in context concluye que la autofoto es una herramienta de narrativa personal cotidiana, que las autofotos de grupo ganan peso y que se utiliza menos la etiqueta #selfie.

 

¿Hacemos autofotos por narcisismo?

La idea del narcisismo es uno de los tópicos de los que queríamos huir en este proyecto. Por una parte, nadie ha demostrado con datos que esto sea así y, por otra, no pertenece a nuestro ámbito. Esto, en cualquier caso, que lo defiendan los psicólogos, porque no es lo que nosotros buscábamos con el proyecto. Queríamos estudiar las diferentes apropiaciones de la autofoto o cómo la autofoto se inscribe dentro de una narrativa personal, porque en realidad la autofoto no funciona por sí misma, solo es una pieza. Ni es tan abundante como pensamos, porque al realizar un análisis cuantitativo no han salido tantas, ni es tan relevante. Es relevante en algunos momentos concretos, en los que la gente decide que debe hacer una autofoto. Tiene mucho que ver con la idea de grabar un momento que es significativo, se trata de una de las funciones de la fotografía de toda la vida. Los jóvenes hacen más autofotos y algunos estudios han determinado que también las hacen más las mujeres que los hombres, pero esto no lo hemos encontrado con nuestros datos. Hay un discurso relacionado, y no demostrado, que vincula la autofoto con la idea de la superficialidad, de la banalidad, del narcisismo.

Con la tecnología actual, ¿todos somos creadores audiovisuales?

Sí, eso también lo trabajamos, sobre todo en proyectos anteriores: la creatividad colectiva o la creatividad de los usuarios del día a día, la creatividad cotidiana. Se produce una especie de empoderamiento, un cierto dominio de las herramientas tecnológicas que sirven para grabar, un dominio de la imagen. En las redes sociales, por ejemplo en Instagram, se puede ver que hay un nivel importante de calidad visual en las imágenes, y hemos ido evolucionando hacia aquí.

¿Qué libros nos recomendarías de tu ámbito?

Uno de los libros que recomiendo es La estetización del mundo, de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy, que habla de cómo vivimos en un mundo en el que la imagen estética es muy importante. Tiene una perspectiva crítica, pero también provocativa. Los autores plantean que el capitalismo, caracterizado por haberlo hecho todo «feo», tal vez ha aportado algo bueno: poner en primer término la experiencia estética, por ejemplo. Ellos usan el concepto de transestética, que no solo pertenece al arte, sino que atraviesa diferentes esferas de la producción cultural. El libro habla de diseño, de arquitectura, de moda y de cómo todo esto ha ido configurando de alguna manera un gusto por las cosas bonitas.

Otro libro que recomiendo se titula The invention of creativity, de Andreas Reckwitz, que vincula esta obsesión de la estética con la creatividad. Nos interesa mucho que todo sea bonito, y esta novedad es lo que hace que la creatividad se haya convertido en algo tan importante en los ámbitos social e institucional. Este trabajo, más sociológico, también pone de manifiesto otras cuestiones relacionadas con la creatividad, como el trabajo creativo, la precariedad y cómo las concepciones de la creatividad como algo vinculado al disfrute personal hacen que al final aceptemos condiciones precarias simplemente por el hecho de llevar a cabo una actividad que nos gusta; de algún modo, tiene esta contrapartida.

Estos libros me parecen interesantes porque reúnen todas las obsesiones que hemos ido trabajando.

 

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