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Entrevista con Eudald Carbonell
«Un solo diente permite explicar la historia de un mundo»
Marzo de 2014 / Por Cèlia Roca
Australia, Croacia, Eritrea, España, Etiopía, Francia, Georgia, Italia, México, Tayikistán, Tanzania, China... Estos son solo algunos de los rincones del planeta donde el arqueólogo, paleontólogo y catedrático de la Universidad Rovira i Virgili (URV), Eudald Carbonell i Roura (Ribes de Freser, Girona, 1953), ha desenterrado parte de nuestro pasado. Un torrente de conocimiento inagotable al que podemos acercarnos de la mano del nuevo grado de Antropología y Evolución Humana URV-UOC, diseñado e impartido por las dos universidades en las modalidades semipresencial y en línea. Si bien su cargo como codirector de los yacimientos de Atapuerca le obliga a residir en Burgos, el febrero pasado participó en Barcelona en el acto de presentación de esta nueva titulación.

¿Cómo afronta el reto de impartir una disciplina basada en el trabajo de campo con la ayuda de las TIC, tal como se hará en la UOC?

Esa pregunta es interesante. El conocimiento se puede transmitir por vía oral y mediante las nuevas tecnologías, pero siempre habrá que salir al campo para ponerlo en práctica. Este grado se puede cursar en línea, pero también tiene que tener una parte presencial para que sea completo. De hecho, no se trata de una formación filosófica, sino científico-técnica.

Por lo tanto, los estudiantes tendrán la posibilidad de hacer prácticas a lo largo del grado.

Efectivamente. Es básico que haya unas prácticas que les permitan experimentar todo lo que han aprendido durante la carrera. Nosotros les podremos proponer participar en algunas de las excavaciones que tenemos en todo el mundo, pero ellos también podrán buscar por su cuenta la manera de experimentar en primera persona los conocimientos adquiridos.

Paradójicamente, la innovación y las TIC les ayudarán a mirar hacia atrás. ¿Qué beneficios aporta a la sociedad conocer nuestros orígenes?

Mirar atrás es fundamental para conocer experiencias históricas, sociales, económicas, ecológicas... Son hechos empíricos y experimentales, que han sucedido, y que nos proporcionan mucha información para la creación de protocolos que pueden ser útiles para afrontar situaciones como las que ya han tenido lugar. Esto es básico para el conocimiento y la formación social, tanto desde el punto de vista histórico como del futuro. Por eso, estas nociones tendrían que estar al alcance de cualquier persona.

Entonces, ¿podemos aprender de los errores del pasado gracias a la arqueología y la paleoantropología?

Sí. Los restos arqueológicos nos hablan de sobreexplotaciones del ecosistema, de guerras fratricidas...

O de rebeliones de determinadas clases sociales, como en el caso de la cultura de El Argar, en Almería...

Exactamente. La jerarquía es necesaria para organizar la especie, pero esto puede provocar que, a veces, la gente no se sienta representada en un sistema. Todo ello conduce al fracaso, al colapso de ciertos modelos de organización social y a enfrentamientos internos. La historia nos enseña a adaptarnos a cada circunstancia ecológica.

Recientemente, ha publicado el libro El arqueólogo y el futuro. Dos conceptos antagónicos...

Pienso en el futuro porque, al fin y al cabo, nuestros descendientes forman parte de esta continuidad histórica. Y lo que buscamos los arqueólogos es, precisamente, las claves de la continuidad, como reflejé hace años en mi libro Las claves del pasado. La llave del futuro (2000). Esta clave está en las interacciones humanas, que se manifiestan en todos los fenómenos conocidos.

Hablemos ahora de Atapuerca. El año pasado se puso en marcha un proyecto para conectar la Sima de los Huesos con la Gran Dolina. ¿Cómo está funcionando esta iniciativa?

Queremos relacionar la Sima de los Huesos, que tiene medio millón de años, con los yacimientos de la Trinchera, que tienen la misma cronología: entre 400.000 y 500.000 años. Nuestro propósito es confirmar si las personas enterradas en la Sima de los Huesos eran las mismas que vivían en la Gran Dolina. Relacionando los registros arqueológicos y paleontológicos, podremos explicar cómo se desarrollaban la vida cotidiana y las inhumaciones. Trabajamos en ello. Esperamos obtener los resultados de aquí a dos o tres años.

En la Gran Dolina se ha encontrado el segundo fósil humano más antiguo de Europa, y en la Sima de los Huesos, el ADN mitocondrial más remoto del mundo. ¿Nos esperan más sorpresas?

Ojalá. Atapuerca tiene unas características muy especiales. Estos han sido los hallazgos más recientes, pero hay muchos más, como el homínido más antiguo de Europa, el Homo antecessor; el caso de canibalismo más antiguo de la humanidad o la primera acumulación de cadáveres conocida. Junto con el diente fósil localizado en Orce (Granada), estos yacimientos cuentan con los especímenes más antiguos del continente.

¿Qué información ofrecen los restos óseos fosilizados?

Nos permiten estudiar la biocenosis, es decir, el comportamiento de los seres vivos en un entorno determinado; la tanatocenosis, entendida como el proceso de su muerte, y la tafocenosis, que es el proceso de fosilización y de la formación de los yacimientos fósiles. Todos los organismos, vivos o muertos, nos proporcionen información. Por ejemplo, si un hueso ha caído al agua, tiene la marca correspondiente. Si ha sido mordido por un animal, tendrá su incisión... A partir de este fósil, se puede reconstruir el contexto en que vivió su propietario. A esto lo llamamos ingeniería inversa.

Un diente como el de Orce tiene que ser prácticamente un libro abierto...

Sí. Nos puede llegar a decir qué tipo de agua había en la zona años atrás, qué tipo de alimentación siguió el espécimen al que pertenecía, si había sufrido estrés cuando se formó, si pasaba hambre... En definitiva, nos aporta información sobre todo tipo de pautas genéticas. Con un solo diente se puede explicar la historia de un mundo.

Ha trabajado en yacimientos de todo el mundo. ¿Cuál ha sido el más especial?

Posiblemente, Atapuerca. ¡Llevo allí treinta y cinco años! De todas maneras, también destacaría la experiencia de excavar en México, en Asia central y en Eritrea, donde hay yacimientos antiquísimos que nos hablan del origen de la humanidad. De todas maneras, tengo la sensación de haber llegado al final de un ciclo. Me quedan diez años antes de jubilarme, a lo largo de los cuales espero hacer descubrimientos y trabajos que nos permitan completar la visión de la humanidad.

No para.

Ahora mismo tengo entre manos un montón de proyectos. Demasiados. Quizás tendría que hacer menos, pese a que me estoy centrando en el de Atapuerca, que es el más importante.

Cataluña es un lugar especialmente rico en yacimientos iberos y romanos. ¿Cuál es la salud de la arqueología entre nosotros?

Precisamente empecé a hacer prácticas arqueológicas en Empúries. A pesar de que yo me he dedicado fundamentalmente a yacimientos prehistóricos, hay una riqueza extraordinaria de yacimientos históricos y protohistóricos. Cataluña está en el Mediterráneo y en una zona de paso, y eso la convierte en un lugar idóneo para hacer arqueología. A pesar de que la situación económica es difícil, se están excavando yacimientos de muchas épocas. Vale la pena, porque nuestro país esconde una historia muy importante.

Vivimos tiempos duros para la investigación y la cultura. ¿Cree que las administraciones están bastante sensibilizadas?

Las administraciones siempre han sido muy reservadas a la hora de invertir en arqueología. Siempre se han priorizado las cuestiones sociales y las infraestructuras. De todas maneras, las administraciones que no dediquen dinero al estudio de la historia se equivocan en su planteamiento, porque la formación de las personas es lo que hace que un país sea diferente.

¿Qué le queda por hacer a Eudald Carbonell?

Volver a Eritrea, donde intentamos encontrar los homínidos más antiguos del mundo y sus industrias. Y volver a dar clase, porque hasta ahora he estado dedicado a la investigación, al clúster de Atapuerta. Mi proyecto de vida es explicar lo que he aprendido, lo que sé, lo que conozco, y compartirlo, ayudando a integrar el conocimiento en el futuro de nuestra especie. La experiencia es muy importante. Es la base de explicar fenómenos, y por eso, se tiene que trasladar a otras personas.

Y en ese sentido, imagino que la universidad ejerce un papel fundamental.

Sí: además de conocimientos, la universidad también transmite un mensaje de perseverancia a los jóvenes. La evolución humana forma parte de un proceso intelectual básico, que tendría que explicarse en las facultades tanto de letras como de ciencias.

 

Perfil

  • Doctor en Geología del Cuaternario por la Universidad Pierre et Marie Curie, París VI (1986)
  • Doctor en Historia por la Universidad de Barcelona (1988)
  • Director del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES)
  • Catedrático de Prehistoria de la Universidad Rovira i Virgili (URV) desde 1999
  • Investigador principal del Grupo de Autoecología Humana del Cuaternario en la URV
  • Codirector de los yacimientos de Atapuerca, en Burgos, desde 1991
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