[Crónica de Joan Antoni Guerrero]
«Barcelona –explicó el urbanista– ha sido la pionera en todo el lenguaje neoliberal que el resto de ciudades tomó como modelo; fue con los Juegos Olímpicos que la ciudad encontró una referencia de crecimiento que después, con el Foro de las Culturas 2004, se multiplicó». Por eso considera que, como objeto de estudio, será interesante analizar la situación de Barcelona después de la crisis económica para ver cómo consigue reubicarse.
En este contexto, asegura Robles-Durán, los movimientos sociales como el 15-M, en España, o Occupy Wall Street, en Estados Unidos, podrían ser decisivos para conseguir una reforma de las ciudades en el sentido de hacerlas más abiertas a la participación ciudadana. El urbanista, que reside en Nueva York y que ha tomado parte de forma activa en el movimiento Occupy Wall Street, señala que las movilizaciones han generado «una conciencia mucho más colectiva de que trabajando juntos se puede intervenir en la producción urbana», y en este sentido menciona los casos de resistencia organizada para evitar desahucios. «En muchas zonas de Nueva York se ha conseguido parar miles de ellos y de formas diversas», explicó.
El experto, que denuncia el urbanismo clásico y defiende un nuevo modelo de práctica urbanística que tenga más en cuenta a las personas y menos los intereses corporativos o políticos, cree que el desarrollo de las ciudades no se puede dejar en manos de promotores o planificadores. «Es la gente, con una voluntad de desarrollo, la que debe tomar la decisión de lo que se hace en la ciudad, y es de eso que nos hemos olvidado». En opinión de Robles-Durán se habla mucho «de la capacidad del ciudadano de decidir su entorno», pero esto se ha perdido «por completo», puesto que, según dice, «el ciudadano hoy espera que la ciudad piense por él, que el promotor dé los modelos y los estilos de vida, olvidándose de que es él, el ciudadano, el que construye su entorno».
Así pues, el urbanista mexicano cree que se hace necesario «un regreso a un modelo de urbanización en el que no se enfatice lo material porque esto ya lo tenemos –hay muchos edificios vacíos y mucho espacio». De modo que el reto ahora es saber cómo reconstruir las relaciones sociales en las ciudades, «este es el proyecto más grande, inmaterial y de reorganización», subrayó.
Al modelo urbanístico de Barcelona también se ha referido el director del programa de investigación Transformación urbana en la sociedad del conocimiento (TUSC) del IN3 de la UOC, Ramon Ribera-Fumaz, que destaca que ha sido «paradigmático en muchos aspectos» y que su «progresismo, tal y como afirmaba Manuel Vázquez Montalbán», residía en «abrir la playa a los ciudadanos».
El modelo de crecimiento de la capital catalana se desarrolló después del éxito de los Juegos Olímpicos «a partir de estrategias neoliberales», y paulatinamente «los aspectos positivos del modelo han ido desapareciendo y pasando a un modelo fraccionado, en el que los intereses de la construcción han prevalecido sobre el espacio público y los derechos de los ciudadanos», lamenta Ribera-Fumaz.
Asimismo, añade que, «más que un modelo, lo que ha habido en Barcelona es un proceso durante el que la idea de facilidades públicas para los ciudadanos ha ido desapareciendo» hasta llegar a la situación del Foro de las Culturas 2004 y la construcción del 22@. En este momento, sostiene Ribera-Fumaz, «se rompe la retícula modernista de Ildefons Cerdà» y al mismo tiempo el urbanismo «rompe con el entorno de la clase trabajadora».cia, añadió, hay que profundizar en el diálogo entre disciplinas.