En un mundo cada vez más urbano, «las ciudades son simultáneamente el escenario de las oportunidades y de las desigualdades», opina Jiménez Araya. Para revertir esta situación –comenta– hace falta, «en primer lugar, visibilizar a los más desfavorecidos mediante indicadores desagregados, por edad, sexo, etnia, hábitat e ingreso familiar. En segundo lugar, las políticas públicas tienen que situar a los niños y niñas en un lugar de máxima prioridad, como los pilares del desarrollo».
Y es que las cifras son alarmantes: «Aunque ha habido un descenso generalizado de la mortalidad infantil, todavía mueren al año cerca de ocho millones de niños menores de cinco años (22.000 al día), casi la mitad en África, el epicentro del problema», constata el experto de la UOC.
Políticas públicas óptimas
Para quebrar el círculo vicioso de la pobreza, Jiménez Araya propone adoptar las siguientes políticas públicas: «Atención primaria de salud, con prioridad materno-infantil; educación pertinente para la vida, en especial de las niñas; hábitat digno (vivienda, agua potable y saneamiento higiénico), y seguridad alimentaria».
Contar con ellos
Se debe proteger a la infancia porque son la nueva generación. «Este compromiso local, nacional e internacional tiene que estar orientado en favor de los más pobres y excluidos pero, sobre todo, hay que llevarlo a la práctica contando con ellos, con la participación de los grupos destinatarios para lograr su plena inclusión social como ciudadanos», concluye el consultor de Unicef.
Los efectos de la crisis económica: 2,2 millones de niños pobres en España
De acuerdo con las últimas investigaciones, se han detectado «nuevos pobres», como consecuencia de la recesión económica y las restricciones de los servicios sociales básicos, aunque, como explica Jiménez Araya, «las políticas de bienestar municipales y la asistencia de las ONG han paliado los peores efectos antes y durante la crisis».
España, uno de los países de la UE con la tasa de pobreza infantil relativa más alta
«El incremento de recortes del gasto público en los dos últimos años 2010-2012 está agravando la situación, como pone de manifiesto un informe reciente de Unicef (El impacto de la crisis en los niños). La pobreza infantil afecta a más de 2,2 millones de niños y representa el 26,2% de los menores de 18 años. España ocupa uno de los lugares más altos de los países de la UE, solo por debajo de Bulgaria y Rumanía, en la liga de pobreza infantil relativa», constata Jiménez Araya.
Sensibilidad ciudadana, sobre todo de los más jóvenes
De acuerdo con encuestas recientes sobre cooperación internacional promovidas por Unicef, «los españoles consideran la pobreza y la desigualdad entre países ricos y pobres como los problemas más importantes a escala mundial y cerca de las tres cuartas partes apoyan la ayuda al desarrollo», apunta el experto de la UOC.
Además, a pesar de verse desproporcionadamente afectados por el alto desempleo, «son los jóvenes de 18-24 años los que más desean un incremento de la ayuda internacional». De hecho, «casi un tercio del total de los encuestados opinan que los países de África subsahariana deben recibir la mayor parte de la cooperación, donde cerca de cuatro millones de niños y niñas menores de cinco años mueren anualmente por causas evitables», concluye Tomás Jiménez Araya.