La irrupción de los MOOC sacude el debate sobre las enseñanzas en línea

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La irrupción de los MOOC sacude el debate sobre las enseñanzas en línea

27/11/2012 Los massive open online courses (MOOC) son cursos en línea a gran escala y gratuitos ofrecidos por universidades de prestigio, y que por primera vez otorgan algún tipo de certificación al estudiante

Ahora hace una década el Massachusetts Institute of Technology (MIT) inició el proyecto OpenCourseWare, para hacer accesible en línea y de forma gratuita todos sus materiales. Posteriormente se convirtió en un consorcio –OCW Consortium– que agrupa universidades de todo el mundo, entre ellas la UOC. En aquel momento, no obstante, no había el ánimo de conceder ningún tipo de reconocimiento oficial a los estudiantes. Desde entonces, el modelo ha evolucionado hacia los llamados MOOC, que buscan garantizar algún tipo de certificación a las personas que siguen estos cursos, ofrecidos ahora a gran escala, gratis y por instituciones educativas de prestigio. Destacan cinco organizaciones detrás de estos proyectos. Dos son sin ánimo de lucro: edX liderada por el MIT, Harvard y Berkeley, que evaluará a sus estudiantes en centros Pearson en todo el mundo; y Khan Academy, también con el MIT y su antiguo alumno Salma Khan. Y tres son con finalidades de beneficio: Udacity y Coursera, ambas creadas por antiguos profesores de informática de Stanford; y Udemy, que permite que cualquier persona suba su curso.

El pasado mes de septiembre, durante la inauguración oficial del curso universitario catalán, el consejero de Economía y Conocimiento, Andreu Mas-Colell, se refirió a los MOOC como una amenaza puesto que «las grandes universidades del mundo se nos meterán en casa sin crear ningún puesto de trabajo. Hay que anticiparse aquí, y de nuevo la colaboración entre universidades puede ser esencial». De hecho, Coursera ya ha firmado con más de diecisiete universidades de prestigio, la mayoría de los Estados Unidos, como por ejemplo la Universidad Brown y la Universidad de Columbia, para ofrecer sus cursos a cerca de 1,35 millones de estudiantes, situados en un 61,5% fuera de los Estados Unidos.

Y aquí empiezan las preguntas: ¿son una alternativa para los estudiantes de países no desarrollados con la dificultad o imposibilidad de acceder a una educación superior? ¿Son una estrategia de internacionalización alternativa a la proliferación de campus deficitarios de las universidades de prestigio en todo el mundo? ¿Cuál es su modelo de negocio, entonces? ¿A cambio de qué certificación que pueda capacitar a los estudiantes para competir en el mercado laboral? ¿Está el mercado laboral dispuesto a asimilar «profesionales» de capacitación difícilmente contrastable? ¿Quién y de qué manera certifica el nivel de adquisición de conocimientos y su capacitación para aplicarlos? ¿Son un revulsivo para las enseñanzas tradicionales? ¿Qué suponen para la enseñanza superior en línea?

La rectora de la UOC, Imma Tubella, opina sobre los MOOC: «Son autoaprendizaje, cursos que se ofrecen independientemente del contexto de las personas puesto que pueden tener hasta 1 millón de estudiantes a la vez, lo cual comporta una ratio de abandono altísima (cerca del 95%) porque no hay acompañamiento. Existe el riesgo de que se considere la educación en línea de segunda categoría si lo ponemos todo en el mismo saco, y la UOC se quiere desmarcar claramente. A pesar de que, obviamente, no renunciamos a experimentar algo similar, más orientados hacia los LOOC (little open online courses), siempre con acompañamiento del estudiante y con profesores especialistas detrás para garantizar la calidad de la enseñanza en línea».

Esta prevención hacia los MOOC es compartida por Albert Sangrà, director del eLearn Center de la UOC: «La pregunta más importante, sin embargo, es si las universidades de más prestigio que están impulsando esta iniciativa (MIT, Harvard, Stanford...) los reconocerán en sus propios programas y con qué valor lo harán. De momento, parece que esto no es así. Después, habrá que ver si los sistemas de certificación son fiables. Por ahora, parece que quien certificará será otra empresa con quien han llegado a un acuerdo (Pearson). Será fundamental, cuando pase el enamoramiento inicial, ver cuál es el valor añadido que las universidades –como por ejemplo la UOC– ofrecen más allá de la certificación». E incide: «Hay que recordar que hace unos años, en los inicios del e-learning, surgieron unos modelos empresariales que parecía que se iban a comer todo el mercado universitario y, en cambio, lo que pasó es que tuvieron que cerrar en tres y cuatro años, porque no valoraron cómo funciona el sector educativo superior». Además, Sangrà considera difícil que las universidades dimitan de su función docente para convertirse en meras entidades acreditadores mediante exámenes que, por otro lado, también harán empresas externas.

Por su parte, Llorenç Valverde, vicerrector de Tecnología, subraya que los MOOC han aparecido en un contexto de recortes en los presupuestos destinados a educación. Al mismo tiempo, recientemente en los Estados Unidos se han publicado estudios que demuestran que no hay diferencias importantes entre lo que aprenden los estudiantes presenciales y los estudiantes en línea. «Es por eso que las universidades, especialmente las públicas, han empezado a mirar la formación en línea –que antes no tenía mucho reconocimiento– como una posible solución al problema de no disponer de suficientes instalaciones, ni capacidad económica para atender la demanda que tienen», afirma. Valverde sostiene que los MOOC tienen que servir como revulsivo para el sistema universitario, «sobre todo para poner en valor el acompañamiento que las instituciones universitarias tenemos que ofrecer al estudiante, dado que esta tarea difícilmente será sustituida por la realizada en una aula en que conviven miles y centenares de miles de estudiantes y en que el modelo de aprendizaje y seguimiento es automatizado».

Finalmente, sobre el modelo más plausible para sacar adelante los MOOC en Europa señala: «no estoy seguro de que el modelo americano sea fácilmente exportable a Europa. Pienso que lo que tenemos que hacer es aprender de la experiencia y diseñar y desarrollar lo que más convenga de acuerdo con las características del espacio europeo de educación superior».

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