Las instituciones de educación superior usan hace años con normalidad el potencial de las tecnologías de la información y de la comunicación en la docencia, en la investigación y en la administración educativa. Y para conseguir ese uso más o menos intensivo, para garantizar el acceso a las infraestructuras tecnológicas básicas que las universidades de hoy necesitan, han tenido que invertir importantes cantidades de dinero. A menudo esta inversión no ha ido acompañada de una necesaria planificación estratégica que ayudase a hacerla sostenible en el tiempo y los resultados de la no planificación, con sus consecuencias, se han sentido en muchas instituciones educativas en los últimos años.
Deberían haber pasado ya los tiempos en los que las universidades invierten en tecnología de servicios, especialmente TIC, sin la correspondiente planificación. Y deberían haber pasado también los tiempos en los que se pensaba, como resultado de la teoría del péndulo, que con poca inversión o sólo con el trabajo de unos becarios es posible organizar servicios tecnológicos, campus virtuales o software para la administración educativa. Ni lo uno ni lo otro. Las cosas tienen su valor, su coste, y la planificación estratégica de la inversión ayuda a hacerla sostenible y, por tanto, adecuada a las necesidades de cada institución y de su contexto. Y aunque esto parezca una evidencia, últimamente se había olvidado en el mundo de la organización educativa superior.
El monográfico que presentamos en este número nos aporta reflexiones y evidencias referentes al valor económico de la educación universitaria con uso más o menos intensivo de tecnología. Hemos querido aportar diferentes aproximaciones al estudio del valor de la tecnología en educación superior desde la perspectiva de la economía, y de forma específica desde la perspectiva de la economía de la educación. Y estamos convencidos de que, una vez más, aportamos con nuestra revista muchos elementos para la reflexión e incluso para la toma de decisiones estratégicas en el campo de la universidad y su relación con la sociedad de la información.
El valor de las TIC en educación, es decir, la aportación de la tecnología al resultado económico de los objetivos marcados por las instituciones, es algo que cada día tienen más en cuenta los administradores de la educación. Y lo más importante, a nuestro entender, es que hoy el análisis económico en educación va más allá de los simples balances de resultados en unidades monetarias o de los márgenes económicos resultantes. Conceptos como el de la sostenibilidad económica engloban ya elementos como la coherencia en la organización educativa, la adecuación de la oferta a la demanda del contexto, la preparación de los profesionales de la educación y su valor en el ámbito académico, el posicionamiento institucional global y la política de alianzas, etc. Todos estos elementos y otros forman parte del conjunto que puede configurar la sostenibilidad de una institución de servicios como la educativa.
El valor de las TIC en educación superior va mucho más allá del resultado de la suma del coste de la tecnología que empleamos. El potencial del uso de la tecnología en los procesos de enseñanza y aprendizaje en la universidad, así como en los procesos administrativos y de servicio a la comunidad educativa, es muy elevado y contribuye al valor global de la institución de una forma claramente destacada. Pensemos un momento en la apuesta del MIT por la creación de su Open Course Ware. ¿Se trata únicamente de una apuesta educativa? ¿Tiene un componente económico claro? ¿Y de posicionamiento de la institución? Pensemos también en las ofertas cada vez más claras que empresas como Google, YouTube con sus canales específicos o Apple con su iTunesU están lanzando a las universidades. ¿El hecho de participar en esas ofertas aporta resultados económicos a las instituciones? De la misma forma, la apuesta por el e-learning en los estudios de posgrado o por el blended-learning o la formación híbrida en las universidades tradicionales también forma parte de todo este engranaje económico complejo. Estamos convencidos de que la lectura de los artículos que configuran el monográfico de este número ayudará a la comprensión de éstas y otras cuestiones, a la vez que aportará elementos para la reflexión sobre la economía de la educación con uso de tecnología.