Número 22 (mayo de 2013)
Inteligencia competitiva y territorial: una profesión en alza
Eva Ortoll

Últimamente –quizá debido al contexto económico actual– existe un interés manifiesto por la función de inteligencia competitiva (IC), territorial, tecnológica, estratégica, o como queramos llamarla. Organizaciones de distinta naturaleza (entidades privadas y públicas, cámaras de comercio, ayuntamientos…) manifiestan, lógicamente, una inevitable preocupación por conseguir ser más competitivas en un entorno donde los constantes cambios y una cierta incertidumbre parecen ser la tónica dominante. Sería ingenuo pensar que desear ser competitivo es un propósito nuevo. Pero quizá sí que lo es la forma en que las organizaciones se están acercando a dicha competitividad.

Lo nuevo, o lo que nos llama la atención, es lo que podríamos considerar un boom alrededor del concepto de inteligencia competitiva (permitidme la generalización bajo esta acepción del resto de inteligencias a las que me pueda referir a lo largo del texto). Acaso catalogarlo de boom es un poco atrevido, lo admito, pero lo que sí es cierto es que últimamente –pongamos desde hace dos o tres años– a menudo aparecen noticias en los medios de comunicación sobre dicho tema. Amén de la proliferación de cursos, talleres, jornadas y congresos que se celebran al respecto. Y si tanto se habla de ello, ¿por qué un nuevo artículo –uno más– sobre un tema recurrente? ¿Por qué nos parece relevante reflexionar sobre este boom?

 

La inteligencia competitiva existe desde hace mucho tiempo, aunque no siempre con este nombre. Ya lo hemos comentado en artículos anteriores de COMeIN. Pero no es de su definición de lo que queremos hablar. Tampoco queremos hacer una relación exhaustiva –y seguramente aburrida– de todas las noticias que han ido apareciendo en los distintos medios de comunicación, pero sí celebrar que se hable del  tema.

 

Tal como han apuntado expertos en la materia, todavía existe poca presencia de la función de inteligencia en las empresas y otro tipo de organizaciones. De acuerdo con estudios previos, esto es debido a que el tejido empresarial de nuestro país se basa en la pequeña y mediana empresa, que seguramente todavía no ve la necesidad de –o no puede– dedicar recursos a dicha función. Por no mencionar la Administración y los organismos de carácter públicos. Pero parece que las cosas están cambiando.

 

Y este cambio, más que en una materialización de unidades o departamentos de IC en las PYME y otro tipo de organizaciones, está cogiendo forma en la concienciación colectiva sobre su importancia. Y esto es muy sugerente.

 

Pero lo que es prometedor, desde mi punto de vista, es que se dibuja una tendencia basada en la colaboración: colaborar para competir (¿os suena?). ¿Hacia dónde se orienta dicha colaboración?

 


Un paso importante en la divulgación de la cultura de inteligencia lo está realizando el mismo Gobierno español, con el impulso, renovación y dinamismo que le está otorgando al propio Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Pero al margen de este importante movimiento,  parece ser que las alianzas público-privadas, y de otra naturaleza, están cogiendo fuerza. Así, ayuntamientos, cámaras de comercio,  empresas privadas o parques tecnológicos están apostando para unir esfuerzos y compartir conocimiento.

 

Algunos ejemplos recientes los encontramos en la creación del Centro de Inteligencia Competitiva de la Comunidad Valenciana, el proyecto de inteligencia fruto de la colaboración entre el Parque Científico y Tecnológico de Almería y la Cámara de Comercio, la realización de mapas tecnológicos promovidos por Málaga Valley y el Ayuntamiento, o el emergente Centro de Inteligencia Turística de Madrid, promovido desde el Ayuntamiento y que fomenta la relación público-privada.

 

A todas estas experiencias les une un mismo objetivo: impulsar el desarrollo y competitividad de las empresas de un sector o de un territorio a partir, entre otras cosas, del análisis de información y de la colaboración en los procesos de creación e intercambio de conocimiento, utilizando métodos y técnicas propias de la inteligencia competitiva. No realizaremos tediosas e infinitas listas de pequeñas, y grandes, iniciativas. Pero nos ha parecido honesto y gráfico hacer alusión a  alguna de ellas. Sin olvidar otras propuestas pioneras como las de Navarra, Madrid, Extremadura o Galicia,  sobre las que ya habíamos hablado.

 

¿Y quién se encarga de todas estas tareas? Para responder a esta pregunta sería necesario realizar un estudio, iniciativa por iniciativa, para saber quién se ocupa de esta función. Pero no vamos a hacerlo, de momento. Como decía, lo que queremos es celebrar este boom dado que los documentalistas, graduados en Información y Documentación, o como queráis llamar a los profesionales de la información tienen –tenemos– un espléndido terreno donde expandirse y ofrecerse como especialistas del tratamiento y análisis de información. Y también anunciar a aquellos interesados en aplicar la función de inteligencia competitiva y territorial que tienen una puerta a la que llamar para contar con profesionales especialmente preparados para estas tareas.

 


Para saber más:

 

Garcia Alsina, M.; Ortoll Espinet, E. (2012). Inteligencia competitiva: evolución histórica y fundamentos. Gijón: Trea.
 

 

inteligencia competitiva;  gestión de la información; 
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