¿Los niños también tienen síndrome postvacacional?

03/09/2013
En septiembre, entre los adultos, se habla de la depresión posvacacional. ¿Qué ocurre con los niños y los adolescentes? Como explica Antoni Badia,profesor de los Estudios de Ciencias de la Educación y Psicología, «cada uno lo vive de una forma particular. Algunos esperan septiembre con muchas ganas; otros también, pero después de la primera semana los ánimos iniciales han desaparecido, y algunos otros directamente odian que las vacaciones terminen. El regreso a la vida escolar suele significar para los niños y niñas un regreso a un estilo de vida más estructurado, que no quiere decir rutinizado, por lo que respecta al tiempo, el espacio, la actividad diaria y las relaciones sociales».

 

[Por Àngels Doñate]

¿Cuáles son los principales retes para los niños y niñas? Como explica este psicólogo, «seguramente el mayor esfuerzo que tienen que hacer es volver a regular las horas de sueño». Pero este no será el único ajuste importante. Antoni Badia también destaca el hecho de «dejar de estar la mayoría de horas del día en un espacio familiar, que controla y que a menudo puede modelar más a su gusto, e ir a parar en un espacio escolar compartido con otros niños y adultos, muy organizado y estructurado, y regulado por normas externas que no controla y que a veces le pueden ocasionar incomodidades». Sin embargo, para él «el ajuste más importante es quizás todo lo que supone el regreso a experimentar y vivir las actividades escolares y las relaciones sociales típicas de un centro educativo: dentro del aula, en el patio, al comedor o en las actividades extraescolares. Todos los cambios y ajustes se podrían resumir en que la expectativa social es que vuelvan a ejercer la identidad de alumno y dejen más aparcadas otras identidades, como por ejemplo la de hijo, turista, deportista, telespectador o internauta.

¿Cómo viven los niños y los jóvenes estos cambios, año tras año?

Este experto nos explica que «la dificultad de regresar a unos horarios regulados se visualiza de forma muy distinta según si se trata de un niño pequeño que tiene que ir a educación infantil o de un adolescente que debe ir a la ESO. El primero quizás se manifestará de un modo más evidente en forma de llantos o quejas y el segundo no, pero esto no significa que el adolescente no deba realizar ningún esfuerzo. Puede suceder lo mismo en el caso de dejar de hacer actividades compartidas durante todo el día con personas que quieres. El niño pequeño lo podrá vivir como una pérdida cuando tenga que separarse de sus padres para ir a la escuela, pero también lo podría vivir así el adolescente que tiene que dejar de verse diariamente con amigos inseparables que no asisten al mismo centro educativo».

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