Los juguetes tecnológicos: una decisión de adultos
Flickr/Devon Christopher Adams (CC)
29/12/2014

Por Àngels Doñate
 

«Incorporar las nuevas tecnologías a la vida cotidiana de los niños tiene que ser entendido como un ejercicio de normalidad. En una sociedad progresivamente organizada en torno a redes informacionales, lo más lógico es que los adultos adopten una actitud positiva hacia la tecnología y los acompañen en sus primeros pasos. Los juguetes tecnológicos son un buen instrumento para hacerlo», explica Julio Meneses, profesor de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC.
 

Los juguetes tienen que servir para pasárselo bien, compartir, aprender y desarrollar las capacidades de los niños. Según Guillermo Bautista, profesor de los mismos estudios, los juguetes tecnológicos los atraen «porque les ofrecen un mundo casi sin límites y unas grandes posibilidades para jugar, simular y entretenerse. Las pantallas tienen un gran poder porque son una ventana de accesibilidad a muchas cosas y de forma muy fácil». Reconoce que los estudios indican «que los chicos se ven más atraídos que las chicas por este tipo de juguetes, pero creo que esta actitud está condicionada por los modelos y referentes sociales: en su publicidad, en sus personajes, planteamientos de juego…».
 

¿Cuestión de edad?

Según Meneses, «incorporados con sentido común y supervisión de los adultos, no hay una edad más adecuada que otra para regalarlos. Lo que es importante es la manera como lo hacemos. No tiene que ser un hecho extraordinario». Según Bautista, con los juguetes tecnológicos, «los más pequeños pueden aprender sones, colores o formas y entrenar diferentes habilidades cognitivas. Para los mayores pueden ser una herramienta potencial de aprendizaje, sobre todo por su versatilidad. Por ejemplo, un videojuego puede potenciar desde el pensamiento estratégico hasta la autoestima». Este juguete «debe ser flexible en sus planteamientos y tiene que poder responder a los intereses de diferentes niños y niñas, tener grandes posibilidades de jugabilidad y cambio de tipo de juego», comenta.
 

Estereotipos

«Algunas investigaciones muestran que los niños y los jóvenes son un colectivo heterogéneo, que no se corresponde con la imagen popular que los presenta como seres humanos indefensos ante las innovaciones tecnológicas», comenta Meneses, y añade que tampoco es cierto el estereotipo «de nativos digitales o ciberniños». Aquellos que los presentan como un colectivo homogéneo, que como consecuencia de su exposición a la tecnología desde sus primeros años de vida deberían disponer de las habilidades para dominar la tecnología, se equivocan. Hay niños y niñas que disfrutan usando la tecnología, que les interesa o que rápidamente aprenden a usarla, y otros que no.
 

Peligros

Para Bautista, en el caso de algunos videojuegos, existe «el peligro de potenciar y reproducir modelos no deseables relacionados con la violencia o la xenofobia, especialmente si el contexto de desarrollo de los niños y jóvenes no es el adecuado y el uso de los videojuegos no está controlado por los adultos o no es apropiado». Meneses afirma que la mala prensa que a veces tienen «es actualización de una preocupación que hemos desarrollado a medida que se han introducido innovaciones. No hay que minimizar riesgos de un mal uso o exposición inadecuada a ciertos contenidos, pero la respuesta la encontraremos en la educación».
 

El papel de los padres y madres

Los padres y madres «sirven a menudo de ejemplo con sus prácticas; y, por lo tanto, deben ser coherentes en lo que piden a sus hijos y lo que ellos mismos hacen. Es importante que acuerden y hagan cumplir unas maneras y unos tiempos de uso para aprovechar las tecnologías como una experiencia educativa más», dice Julio Meneses.

Según Guillermo Bautista, el decálogo que tendrían que cumplir es: «1) conocer las nuevas tecnologías; 2) no prohibir su uso; 3) poner límites y normas en su uso; 4) compartir tiempo y juegos tecnológicos, comunicarse y disfrutar en torno a este tema; 5) actuar con prevención, precaución y seguridad; 6) informarse y aprender sobre el tema; 7) ser conscientes que utilizarlos tiene que responder a una necesidad real y no creada; 8) ser coherente con su uso; 9) colaborar para que los niños y jóvenes aprendan como se usan (comunicación escuela-familia), y 10) dar alternativas de juego a los hijos».

Según Meneses, hay que preguntarse si «tiene sentido que un nuevo miembro de nuestra sociedad no disponga de los conocimientos y las habilidades necesarias para dominar las nuevas tecnologías y aprovechar las oportunidades que les ofrecen en su vida cotidiana. Muchos creemos que no».