La participación de niños y jóvenes en la gestión de los desastres disminuye el impacto en el conjunto de la sociedad

19/10/2017
Ainhoa Sorrosal
Un estudio de la UOC señala que los jóvenes reclaman formación para gestionar emocionalmente estas situaciones y planes de autoprotección adaptados

La sociedad estará más preparada para superar catástrofes como incendios forestales o terremotos si se tienen en cuenta las opiniones de niños y jóvenes a la hora de diseñar los protocolos de protección civil. Esta es una de las conclusiones del proyecto CUIDAR, liderado por el investigador Israel Rodríguez Giralt, del grupo de investigación CareNet del IN3-UOC. Las conclusiones de este proyecto, en el que se ha hecho un trabajo participativo con un centenar de menores de todo el Estado, se han debatido este jueves en el CaixaForum de Barcelona ‒«¿Cómo fomentar la resiliencia de niños y jóvenes? Participación y gestión de desastres»‒ con la presencia de los investigadores pero también de expertos en protección civil y derecho de los niños.

«Los resultados de la investigación evidencian que la participación, además de ser un derecho de los niños, es un medio muy útil para que se vinculen con la gestión de los desastres y para aportar ideas de calidad a los actores que trabajan en este ámbito. Esto es lo que más ayuda a que la población sea resiliente», avanza Rodríguez Giralt.

CUIDAR ha contado con la colaboración de niños y jóvenes, entre 9 y 18 años, de diferentes poblaciones y con algún tipo de experiencia que hiciera que el tema de los desastres fuera relevante para ellos. Con este criterio, los grupos de trabajo eran de Gandesa - donde se han vivido incendios forestales -, Sant Celoni - por el riesgo químico al cual está sometido el municipio con la fuerte presencia de industrias químicas -, Lorca - por el terremoto - y Ciutat Meridiana (Barcelona) - por los incendios y desahucios.

La investigación forma parte de un proyecto europeo coordinado por la Universidad de Lancaster (Reino Unido) y en él participan universidades y organizaciones de cuatro países diferentes de la UE: Save the Children, Reino Unido (SAVE Reino Unido); Universitat Oberta de Catalunya (UOC), España; Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa (ICSUL), Portugal; Save the Children Italia (SAVE ITALIA); Panepistimio Thessalias (UTH), Grecia.


Dar voz a los más pequeños tiene efectos positivos tangibles

El investigador apunta tres temas que la investigación ha revelado como posibles puntos de trabajo tanto para la Administración como para los agentes implicados en planes de emergencia y protección civil.

• Necesidad de tener mejores herramientas de gestión emocional. Los menores han señalado que existe un vacío en la formación sobre el autocontrol y la gestión emocional ante las catástrofes. «Nos dicen ‒afirma Rodríguez Giralt‒ que no solo tenemos que explicar qué es un desastre o qué es el plan de emergencia sino que también tenemos que formar a las personas sobre cómo reconocer y controlar el miedo».

• Reforzar programas de autoprotección. Evidencian que no están pensados para niños y que presuponen que, en una situación de emergencia, siempre habrá un adulto cerca. Nos piden planes que fomenten su autonomía en la toma de decisiones.

• Interés en colaborar con expertos en la reducción de riesgos. En general, los chicos creen que tienen buenas habilidades en comunicación y que pueden ayudar en este tipo de situaciones, especialmente con su conocimiento de las redes sociales.

Tradicionalmente la cultura de la protección civil ha tendido a tratar a niñas, niños y jóvenes como un grupo pasivo y vulnerable; más un objeto de cuidado y educación que un sujeto que tiene que ser escuchado e involucrado en la gestión de desastres.

El proyecto CUIDAR tiene como objetivo revertir esta situación fortaleciendo la resiliencia de este colectivo en situaciones de desastre y aumentando su protagonismo en la gestión de este tipo de sucesos. CUIDAR busca, pues, entender cómo viven los niños y jóvenes una situación de desastre, identificar de qué modo los actores implicados en la gestión de catástrofes pueden dar apoyo efectivo a este colectivo, desarrollar espacios y herramientas comunicativas innovadoras de acuerdo con todo ello e influir en la gestión de situaciones de emergencia y desastres para reforzar una cultura participativa capaz de incluir las necesidades de jóvenes y niños.


Niños que han vivido alguna tragedia

«Hemos trabajado diferentes perfiles porque uno de los objetivos del proyecto es desmontar la idea de que los niños son un colectivo homogéneo», explica el investigador. «Hemos buscado que el tema de los desastres resonara de alguna manera en la cotidianidad de estos niños. Queríamos que ellos identificaran ideas, soluciones... sobre temas que a ellos les preocupan». Este trabajo se hizo mediante talleres participativos entre los meses de octubre de 2016 y febrero de 2017.

En una segunda fase, entre abril y mayo, los menores han puesto en común las experiencias con expertos. «Es un proyecto sumatorio en el que la voz de los niños se ha ido enriqueciendo con el trabajo con los expertos y de este debate han salido demandas de los niños que nos dan pautas sobre qué les preocupa y en qué pueden contribuir», afirma Rodríguez Giralt, que añade que «para los profesionales que trabajan en este ámbito puede ser muy rico porque reconocen que no llegan a este público y a menudo tampoco saben cómo hacerlo».

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Foto del profesor Israel Rodríguez Giralt

Israel Rodríguez Giralt

Experto/a en: Movimientos sociales y activismo político, en particular el activismo en torno a la salud y las políticas sociales de atención a la dependencia: movimiento de vida independiente, neurodiversidad, grupos de pacientes, activismo de las personas mayores; participación pública en la sociedad del conocimiento: coexpertos y democracia tecnológica; desastres, política y colectivos vulnerables.

Ámbito de conocimiento: Psicología y movimientos sociales.

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