¿Qué consecuencias pedagógicas tiene el pin parental?

  Foto: Unsplash

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24/01/2020
Juan Vila
Los expertos creen que su aplicación puede generar segregación, desconfianza y menoscabo de la autoridad del profesor

La implantación del denominado pin parental en la Región de Murcia sigue dando que hablar y planteando muchas dudas. ¿Qué consecuencias prácticas puede tener sobre el niño, sobre el profesor y sobre el colegio un sistema que exige la autorización previa y expresa de los progenitores para que sus hijos puedan participar en todas aquellas actividades que aborden cuestiones relacionadas con la formación afectivo-sexual o que supongan un problema para la moral de la familia?

 

Importancia de estos contenidos

En primer lugar, según los expertos, cabría preguntarse qué importancia tiene este tipo de contenidos y si dentro de la escuela no debería optarse por una enseñanza ajena por completo a cualquier valor; ¿sería esto posible?, ¿y deseable?

José Ramón Ubieto, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, cree que «es obvio que debe enseñarse en el colegio todo aquello que permita al niño o la niña conocer el mundo complejo y diverso en el que vive. La educación es un invento para llevar a alguien de la familia al mundo adulto, obliga a ver las cosas de una forma distinta a como se presentan en casa. Esa forma no tiene por qué ser contradictoria, sino que puede ser más amplia. Una educación sin valores sería indeseable. Hay principios muy básicos que deben compartirse en todos los sistemas educativos. Están recogidos en los derechos humanos y tienen que ver con el respeto a la diferencia, el derecho a la vida, a la intimidad, etc.».

Por su parte, Miquel Castillo Carbonell, profesor colaborador de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la UOC, también cree que «estos contenidos no pueden obviarse, forman parte de la construcción de la identidad sexual y de género, y por lo tanto del proceso de formación personal. La escuela es corresponsable y permite dinámicas más flexibles, abiertas y críticas. La familia, si marca una línea muy clara, puede adoctrinar, pero la escuela es más difícil por la pluralidad de docentes, compañeros, etc.».

 

La autoridad del profesor, socavada

De momento, y con la excepción desde septiembre de la Región de Murcia, la legislación española no permite a los padres vetar ningún tipo de contenido. ¿Cómo cambiarían las escuelas si el pin parental empezara a ponerse en práctica?

«Esta medida crearía una segregación en el funcionamiento del aula al introducir una división entre los alumnos totalmente innecesaria y les trasladaría una brecha que ellos no han creado», asegura Ubieto.

Aunque el profesor considera que resulta difícil conocer a priori los efectos que tendría su implantación, sí destaca otro posible efecto aún peor: «Este tipo de propuestas socava la autoridad del maestro, que ya de por sí está en precario. El mensaje que se envía a los alumnos es que no todo lo que el maestro dice es creíble y él también puede producir fakes. Eso, desde un punto de vista pedagógico, es lo más grave porque aumenta la desconfianza hacia los docentes».

 

Dos velocidades dentro del aula

Una opinión similar expresa Castillo Carbonell, que explica que, además, puede tener cuatro efectos distintos: «En primer lugar, el pin parental cuestiona la profesionalidad de los docentes. Generalizar que todo el profesorado adoctrina o tiene una misma postura ideológica en determinados temas es muy delicado, y supone asumir que el profesorado no es profesional y enseña lo que le interesa».

En segundo lugar, comenta que se crearían dos velocidades en los itinerarios formativos: «Una parte del alumnado no participaría de determinadas experiencias, ideas, charlas o maneras de ver el mundo, mientras que otros sí, y eso les daría a estos últimos más capacidad crítica e información».

 

Polarización y pensamiento único

La polarización es, según Castillo Carbonell, el tercer efecto de la implantación del pin parental, es decir, la creación de grupos cada vez más distanciados y con posturas enfrentadas. «Es algo que ya se está dando en las escuelas y aumentaría si un grupo de padres restringiera los contenidos, porque lo que se dice es que esas ideas son malas o negativas», afirma.

Como cuarto y último efecto estaría la implantación de un pensamiento único en el que estaría un grupo de alumnos cuyos padres eligieran esta opción: «Si bloqueamos determinados contenidos, estamos imponiendo un solo criterio e impidiendo que la persona crezca y tenga una opinión de adulto».

 

Un problema casi inexistente

A pesar de que el pin parental ha acaparado el debate en las últimas semanas, ambos profesores reconocen que no es un problema real en el día a día de las escuelas, como también puso de manifiesto el consejero de Educación de Madrid, Enrique Ossorio, cuando aseguró que en su comunidad, con más de 1.200.000 alumnos y 1.200 centros, solo habían recibido una queja oficial de padres por los contenidos que les habían enseñado a sus hijos y dos quejas por medio de Twitter.

Aun así, en caso de conflicto, Ubieto cree que «los padres no pueden exigir que en la escuela se eduque a los hijos en sus convicciones, eso pueden hacerlo ellos en sus casas. Si se admitiera, estaríamos ante una educación a la carta, en la que cada hijo recibiría el eco de su familia únicamente, como si ese fuese todo el mundo. La escuela no puede tener ideología porque tiene que hablar de todas y enseñar a analizarlas. Ya llegará el tiempo —adulto— en que cada uno sacará sus propias conclusiones».

 

Los verdaderos desafíos

Para Ubieto, «los verdaderos problemas de la educación pública son la falta de inversión y de recursos, el declive de la autoridad del maestro, el uso de las nuevas tecnologías, y las desigualdades sociales que se reproducen en el aula».

Castillo Carbonell, por su parte, añade otra asignatura pendiente: «En nuestro país falta un consenso claro en políticas educativas para que no dependan de si gobiernan unos o gobiernan otros; hay que establecer unos mínimos a partir de los cuales no haya discusión y cada centro pueda tener su propia autonomía basándose en ellos».