«Las empresas con mujeres en lugares de responsabilidad funcionan mejor»

09/11/2015
Germán Sierra
Sean Williams
Sean Williams es catedrático de la Universidad de Clemson (Carolina del Sur) en el Spiro Institute for Entrepreneurial Leadership, miembro del Consejo Asesor del Gobierno de los Estados Unidos en Innovación y Emprendimiento y miembro de la Upstate Carolina Angel Network. Este octubre participó en sendas ponencias en el «Workshop on Creative Entrepreneurial Venturing Champion Strategies on the Creative Landscape», un encuentro internacional sobre emprendimiento, creatividad e innovación organizado por el IN3. Williams, que fue investigador del IN3 de 2010 a 2011, ha analizado durante su participación el mito del emprendedor héroe y las principales acciones que tendría que implementar Europa meridional para mejorar su ecosistema emprendedor.

¿Por qué el emprendedor es el héroe de nuestro tiempo?

Fíjate en la atención que han recibido por parte de los medios de comunicación. Steve Jobs ha construido una cultura a su alrededor y en torno a Apple que mucha gente respeta. Y lo ha hecho con valores como la creatividad, la construcción de una marca y el carisma personal. Este es el perfil que mucha gente piensa que tiene el emprendedor, identifican la figura del emprendedor con él, con el gran héroe. Pero hay miles de personas creativas e innovadoras haciendo muy buen trabajo. Lo he explicado en mi ponencia: no nos podemos comparar con Jobs, Zuckerberg (Facebook) o Amancio Ortega (Zara), porque ellos son las excepciones a la regla, los héroes reales son las personas que empiezan negocios y hacen que funcionen, porque eso es muy difícil. Parte de mi trabajo es asesorar a esa gente normal. Creo que centrarse en los héroes hace que levantar la empresa parezca más difícil.

A menudo conocemos a la persona, pero no al equipo que hay detrás. Por este motivo usted habla del individualismo dentro de las redes (individualism within networks).

Muchos emprendedores creen que su negocio o su producto es exclusivamente su trabajo, digamos que son egoístas, de una forma positiva. Pero como individuos tienen una red alrededor. Una de las principales motivaciones de los emprendedores es su autonomía para crear; pero al mismo tiempo, y esto es paradójico, todos tienen que crear un ecosistema para conseguir sus objetivos y servirse de una red. Los grandes éxitos vienen de la mano de muchas personas.

También habla de la cuestión de género y apunta que las mujeres tienen más éxito emprendiendo porque utilizan más sus redes.

Históricamente el emprendimiento había sido un asunto masculino pero globalmente ahora hay más mujeres poniendo en marcha proyectos de emprendimiento. En los Estados Unidos ya empiezan a superar a los hombres. El emprendimiento femenino a escala mundial ha estado basado en la necesidad. Pese a las dificultades, porque en muchos lugares las mujeres han tenido menos acceso a la educación, a redes de financiación o accesibilidad a trabajos muy remunerados, estas mujeres han empezado pequeños negocios para aportar ingresos a sus familias. Los estudios nos dicen que muchas de las mujeres tienen éxito porque reinvierten parte de los beneficios que generan en su red, aquella que inicialmente las ha ayudado a elevarse. Este hecho genera un sistema de apoyo mutuo muy rico, que se retroalimenta; mientras que los hombres reinvierten solo en ellos mismos o en el crecimiento del negocio. También se observa otro patrón: las empresas con mujeres en lugares de responsabilidad funcionan mejor. Los negocios se basan en la confluencia de dos elementos: estrategia social y tareas. Y las mujeres tienden a potenciar mucho este factor de relación y comunicación. Los trabajadores felices trabajan más y más trabajo generalmente se traduce en más beneficios.

¿Qué diferencia el propietario de una empresa de un emprendedor? Hace siglos que existen los propietarios de empresa pero la palabra emprendedor con su acepción actual es relativamente reciente...

La diferencia que hacemos es relativa a si tú como empresario te centras en el crecimiento o en el mantenimiento. El emprendimiento tiene dos componentes básicos: la mentalidad y la innovación. Muchas compañías mantienen el sistema existente y no innovan, en management tradicional se ha enseñado que el riesgo se tiene que minimizar al máximo mientras que la filosofía emprendedora pretende maximizar el retorno. También está el valor de la tolerancia al riesgo. Muchas compañías no toman riesgos mientras que mucho emprendimiento se basa en hipótesis: tengo una idea y la quiero probar, es una manera de actuar siempre con la pregunta «¿qué pasaría sí?». Volviendo al crecimiento, las start-ups tienen otra característica: su escalabilidad, un crecimiento rapidísimo, por eso uno de los factores clave del emprendimiento es la escalabilidad. Es una de las características que más atrae a los inversores.

Usted conoce de primera mano los ecosistemas emprendedores americano, español y chino. ¿Encuentra diferencias en la cultura emprendedora de cada país por motivos religiosos, políticos o históricos?

El componente religioso es clave. En Estados Unidos el emprendimiento forma parte de nuestra cultura y esto está muy ligado a la tradición protestante: la forma como la gente demostraba que era escogida y Dios les sonreía era generando riqueza. También somos un pueblo muy centrado en el mañana: sufro hoy pero tendré mi recompensa mañana. En España la tradición está muy enraizada en la cultura católica y el sistema de protección social que tenía cuidado de la gente. Aquí os han dicho «te protegeremos, no te preocupes», mientras que en Estados Unidos nos han dicho «vale más que encuentres una forma de salir adelante por ti mismo». En China, como país muy antiguo que es, hay una orientación de grupo. El éxito individual siempre se refleja en la familia y los ancestros. Te puedes encontrar en el patio de una universidad china una estatua erigida en honor a la primera persona que se licenció allí y debajo de su nombre cincuenta o sesenta nombres de familiares suyos. Mandan un mensaje: el éxito de esta persona es gracias a sus antepasados, cuando te salgan bien las cosas, piensa en el bien común.

¿Quiere decir que en España el emprendimiento es menos ágil?

Sí, España es lenta, se enfrenta a la burocracia, a la sospecha sobre la riqueza y los ricos y a la falta de interés que muestran aquellos que tienen la experiencia y el dinero para transmitir conocimiento a quienes quieren unirse al ecosistema emprendedor, a pesar de que esto está cambiando y en la propia Barcelona se observan iniciativas interesantes. En Estados Unidos la red de ayuda a los emprendedores es gigante en forma de asesoramiento y dinero.

Hay una permanente obsesión en Europa por crear el Silicon Valley europeo. ¿Es un error?

Sin duda. Silicon Valley es un lugar único por su historia, geografía, gente que trabaja, compañías que le han dado forma y por las políticas locales que lo beneficiaron. Yo trabajo en un programa que se llama Technology Villages, en Carolina del Sur. Este estado es uno de los más pobres. Desde este punto de partida lo que hacemos es aprovechar los recursos de cada ciudad para desarrollar compañías relevantes para la gente que vive allá: proyectos agrarios, nucleares, automoción, robótica. Todo esto lo explico porque en cada región funciona algo diferente. En Boston tenemos también muchísima inteligencia y recursos pero no han intentado reproducir Silicon Valley: se han especializado en dispositivos médicos.

A raíz de la crisis muchos sectores empezaron a defender que desde muy pequeños los niños en la escuela fueran educados con mentalidad emprendedora, generadora de riqueza, mientras que otros sectores críticos con esta orientación decían que no era conveniente hablar a los niños de transacciones económicas tan pronto. ¿Qué piensa de todo?

Yo creo que estas suspicacias vienen de un error de interpretación. El emprendimiento no quiere decir hacer dinero. Es resolución de problemas, creatividad e innovación. El sector público en España necesita emprendedores, la educación necesita emprendedores porque son definidos por su mentalidad que les hace resolver problemas y encontrar oportunidades para hacer mejor las cosas. Es evidente que esto históricamente está ligado a hacer dinero. Introducir muy pronto esos conceptos en la educación creo que solo puede ser fantástico porque significa promover la creatividad.

Algunos de los emprendedores de más éxito no solo abandonaron sus estudios universitarios sino que hacen bandera de ello...

Son freaks. Solo tenemos un Leo Messi como solo teníamos un Steve Jobs. Es uno entre un millón. Por cada millonario que abandonó la universidad hay decenas de miles que lo hicieron pensando que triunfarían y ahora son personas sin estudios y sin mucho margen de maniobra y realmente la única manera de que mejoren sus expectativas es volviendo a la universidad. Hay un movimiento en Estados Unidos liderado por Peter Thiel que fue uno de los fundadores de PayPal que dice: la universidad no es importante. En realidad, lo que tendría que decir es: la universidad tiene que cambiar. No perdamos de vista la fuerte correlación entre educación universitaria e ingresos.

En los últimos años se observa un cambio de modelo laboral que probablemente se irá consolidando en el futuro. Ya no se trata de buscar trabajo, sino de crear tu propio trabajo.

Es un cambio cultural muy familiar para nosotros en los Estados Unidos pero un cambio muy traumático para vosotros en el sur de Europa. A largo plazo creará una economía más fuerte porque pondrá en manos de los individuos el poder de su propio destino y creará más innovación porque la innovación necesita de mucha gente intentando hacer proyectos innovadores. También creo que creará un ecosistema más robusto de creación de empresas. A corto plazo es difícil de digerir: por este motivo pienso que cuanta más gente tenga en su base educativa los conceptos que mencionaba anteriormente de creatividad y design thinking, mucho mejor. También lo podemos analizar como un cambio en el estilo de vida: tú decides cuando trabajas y cuando no. Esto quiere decir más libertad, pero al mismo tiempo más responsabilidad.

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