«La poesía es música que se hace con palabras»
Foto: UOC
12/01/2017
Ángela Plaza

El pasado 16 de diciembre, en la 66ª edición de La noche de Santa Lucía, María Cabrera (Girona, 1983) ganó el 58º premio Carles Riba de poesía, uno de los reconocimientos más prestigiosos de las letras catalanas. El galardón distinguió La ciutat cansada, su tercer libro. No es el primer reconocimiento que la poesía de Cabrera recibe puesto que en el 2004, y con solo 21 años, ganó el premio Amadeu Oller por su poemario Jonàs. Enamorada de la lengua catalana en todas sus vertientes, María Cabrera es licenciada en Filología Catalana por la Universidad de Barcelona y combina la docencia en la UOC con la investigación de su tesis doctoral sobre la lingüística. La ciutat cansada, que Edicions Proa publicará en febrero, habla sobre el agotamiento de las emociones, unas emociones demasiado pensadas y transitadas. A pesar de que la escritura no es su actividad principal, la poesía de Cabrera mantiene una conexión especial con la música y muchos artistas como Manel, Bikimel o Sílvia Pérez Cruz han musicado varios poemas suyos.

Doctoranda en Lingüística y poeta. ¿Podríamos decir que es una enamorada de la lengua catalana en todas sus vertientes, la lingüística y la literaria?

Empecé la carrera de Filología Catalana pensando que solo quería Literatura y, entonces, empecé a cursar las asignaturas de Lingüística y me enamoré profundamente de la forma de las palabras. De hecho, la tesis que estoy haciendo es de fonología y fonética, que tiene mucho que ver con el sonido y con las cadencias. La poesía es música y la poesía se hace con las palabras. Masticar el sonido de las palabras con las cuales escribes está ligado, para mí, muy íntimamente con lo que es la poesía o con los significados que quiero expresar.

¿Cómo nació su pasión por las letras? ¿De pequeña ya supo que este sería su camino?

Sí, creo que sí. Sabía que quería estudiar algo de letras, aunque no tenía muy claro qué y, al final, creo que hice una buena elección. Me lo pasé muy bien estudiando Filología Catalana y ¡creo que no sirvo para mucho más!

El pasado 16 de diciembre fue galardonada con el premio Carles Riba de poesía por La ciutat cansada. ¿Qué significó recibir esta distinción?

Personalmente, todavía estoy un poco sorprendida por este reconocimiento. Participé porque tenía un poemario acabado y pensaba que debía hacerlo circular de alguna manera, pero me quedé muy impresionada. También sentí una cierta responsabilidad. Es un honor muy grande y estoy muy agradecida al jurado por esta decisión. Tal vez sobrepasada también.

Es curioso cómo recibir un premio de estas características puede ser una gran alegría y al mismo tiempo significar una gran responsabilidad...

En cuanto a mi carrera profesional, yo no me he planteado nunca la escritura como una profesión. Siempre ha sido un añadido. Entre otros motivos, porque no podría nunca ganarme la vida con ello. Por razones prácticas, porque escribo muy poco; es el tercer libro que publico y pasan muchos años entre un libro y otro. Escribir es un proceso íntimo que hago cuando tengo la sensación de que hay algo que quiero decir. No podría sentirlo como una imposición o una obligación diaria. Sería muy extraño para mí. Algunas personas trabajan así y es una manera fantástica de funcionar, pero no es la mía.

¿Prefiere, pues, saborear el proceso creativo?

Es como si necesitara algo que dejara un poso, muy lento, como si se fuera creando cierto paisaje que luego, en cuanto encuentra la melodía, aflora.

 

«Escribir es un proceso íntimo que llevo a cabo cuando tengo la sensación de que hay algo que quiero decir»

 

La ciutat cansada no se publica hasta febrero. ¿Nos podría dar más pistas sobre qué podremos encontrar en él cuando lo tengamos en las manos?

Si lo tuviera que definir con una frase, diría que es el relato poético de un agotamiento, de este cansancio de una emoción que el propio título refleja. El cansancio de una ciudad es como un agotamiento emocional, de tanto repetir, de tanto dar vueltas a unas mismas ideas, unos mismos pensamientos o un mismo paisaje. Se trata de la proyección de las emociones en la ciudad y de la ciudad en las emociones, de pasar por las mismas calles, que están gastadas y que ya no te aportan nada nuevo, del mismo modo que pasas por las mismas ilusiones que también están gastadas y que sientes el peso de ellas. Es un estancamiento emocional.

Es de Girona, pero vive en Barcelona. ¿Hay alguna ciudad en concreto que le haya servido de inspiración para poder escribir La ciutat cansada?

No es tanto un lugar físico concreto, como una especie de paisaje metafórico. Si tuviera que nombrar una ciudad, yo vivo en Barcelona y hay un poema que hace referencia a ella porque habla de los bares de Barcelona. Sin embargo no hablo de un lugar físico real, sino de una especie de calles por donde circulas, que pueden ser las de una ciudad como Barcelona, como un mismo lugar, el mismo lugar por donde acostumbramos a pasar siempre. Esta rutina que acaba haciendo que desgastes el paisaje. Es lo mismo, pero con las emociones.

Volviendo al premio Carles Riba, el galardón ha celebrado cincuenta y ocho ediciones, en las cuales la gran mayoría de ganadores han sido hombres. De hecho, usted ha sido la octava mujer premiada. Por otra parte, según el último dossier de la Associación de Mujeres Periodistas de Cataluña, más de la mitad de la población lectora es femenina, pero solo un 20 % de la obra publicada está escrita por mujeres. Como mujer y poeta, ¿cuál es su opinión al respecto?

Sobre el papel de la mujer en el mundo literario, creo que ahora hay una generación de mujeres poetas que no solo son muy potentes en cuanto a calidad, sino también en lo que respecta a la cantidad. Es curioso, o más bien sospechoso, que seamos tantas mujeres escribiendo y leyendo y que, en cambio, las autoras publicadas no tengan tanta presencia. En poesía también es un reflejo de esta situación. En relación con los premios, hay muchas mujeres que escriben poesía pero todavía hay unos espacios, en la literatura en general, un poco vetados. Los premios se han dedicado más al reconocimiento de grandes trayectorias, que eran de hombres porque, antes, si escribías lo tenías que hacer con seudónimo, como Víctor Català. Está bien que esto empiece a cambiar y, en este sentido, creo que el premio Carles Riba es un reflejo de ello. Se trata de un premio prestigioso y me lo han dado a mí este año, que no tengo una trayectoria larga ni soy una persona consolidada en el mundo de las letras. Pienso que es una apuesta arriesgada, una decisión que ha tomado el jurado del premio Carles Riba y que agradezco tanto personal como generacionalmente. Aunque no me gusta cargar con ese peso, creo que podemos estar contentos porque lo han dado a una mujer y, además, porque lo han otorgado a una persona relativamente joven. Ha sido una decisión arriesgada y en la medida que es arriesgada, es positiva.

Últimamente hemos visto el auge de clubs de lectura feminista y de una reivindicación más fuerte del papel de la mujer en el mundo literario. ¿Cómo lo ve como mujer y escritora?

Este es un cambio que no solo vivimos en el mundo de la literatura, sino que las reivindicaciones feministas son un tema muy candente ahora mismo. Justo ahora estoy leyendo Los hombres me explican cosas, de Rebecca Solnit, sobre el llamado mansplaining. Este es un tema de ferviente actualidad y es interesante que lo siga siendo. Durante mucho tiempo ha parecido que no era necesario ser feminista porque se había llegado a una supuesta igualdad, pero pienso que esta transición hacia la igualdad —con el doble sentido que le queramos dar a la palabra transición, aquí— no acaba de ser cierta. Durante mucho tiempo hemos percibido todas estas reivindicaciones feministas como denuncias puntuales y no como una denuncia de un problema social que es estructural. Por lo tanto, está bien que salgan a colación aunque, desde el punto de vista de la escritura, a mí no me guste nada que me pregunten sobre mi visión de mujer porque no tengo la sensación de que escriba bajo el paraguas de mi condición.

 

«Durante mucho tiempo pareció que no era necesario ser feminista pero creo que esta transición no termina de ser cierta»

 

En el año 2004, consiguió el premio Amadeu Oller para jóvenes poetas con Jonàs. Sigue siendo una persona joven. ¿La etiqueta da impulso o es más bien una carga cuando alguien quiere abrirse paso en el mundo de la creación literaria?

En mi caso, yo no diría que fuera joven sino que directamente era pequeña. Ahora bromeo, pero es un premio que me alegró muchísimo y hay gente que ha emprendido una carrera muy importante tras ganar el Amadeu Oller. Es un premio prestigioso. A veces, ser joven puede ser un arma de doble filo porque esta condición puede acallar un poco la voz de las personas. Yo soy joven igual que lo puede ser otra persona que escribe pero podemos decir cosas muy diferentes y parece que esta etiqueta nos uniformice y, más que peligrosa, diría que es poco rica. Pero también pienso que es un adjetivo que se propone para hablar de estas hornadas de gente que escribimos en un contexto histórico diferente al de otras generaciones, con unos hábitos de escritura y unos hábitos de lectura que se transforman al ritmo de los cambios de la sociedad.

Hay muchos músicos que han musicado sus poemas, como Manel, Bikimel o Sílvia Pérez Cruz. ¿Cómo se siente cuando otro artista quiere poner música a uno de sus poemas?

Cuando me lo piden, me parece fantástico porque los poemas los hago para quien los quiera, que los coja quien quiera y haga con ellos lo que le dé la gana, y esto, poder hacer lo que nos dé la gana con algo, pasa con muy poca frecuencia. Desde el punto de vista de recibir, la obra musicada es algo curioso. Por ejemplo, Silvia Pérez Cruz y yo nos conocimos un día en un recital, hace muchos años, cuando ella cantaba con Las Migas. Me escuchó recitar, hubo un poema que le gustó y me pidió si se lo dejaría musicar. Cuando le di aquel poema, se lo quedó y no nos vimos nunca más hasta que sacó el disco, a cuya presentación en el Liceu me invitó. Fue un proceso muy extraño, de sentir como si hubiera hecho el círculo completo. Escuché el poema musicado y me emocioné al oírlo, lo que con un poema propio me pasa de manera muy diferente. Me emocioné como oyente. Fue muy curioso. Que los músicos pongan música a alguno de mis poemas es una experiencia muy rica porque la gente ve matices que yo no veo. En cualquier poema que han musicado, hay lecturas diferentes de las que yo hago, o incluso con la misma cadencia de cantar el poema se hace hincapié en puntos donde yo no lo hago. Es un proceso enriquecedor que da una dimensión diferente al poema.

En los últimos años ha habido una tendencia a dar más importancia al conocimiento científico que al relacionado con las artes y las humanidades. Como profesora de los Estudios de Artes y Humanidades de la UOC y filóloga, ¿qué opina?

Pienso que es algo que ha pasado históricamente, que las letras siempre han tenido algo menos de prestigio que las ciencias. Desde el punto de vista académico también lo siento como profesora y como estudiante de doctorado. Los baremos con los que se ponderan las cosas tienen un carácter marcadamente científico. El declive de las humanidades o las asignaturas que se suprimen en los grados porque no hay docentes que puedan tomar el relevo de profesores que se jubilan... En definitiva es una situación que me preocupa y me disgusta. También pienso que es posible que esta visión cambie porque es un enfoque muy novecentista. La consolidación de la lingüística como ciencia es un hecho muy reciente y hay quien todavía lo cuestiona. Todo el mundo se atreve a hacer juicios sobre lingüística, todo el mundo lleva un lingüista dentro, un politólogo y un árbitro de fútbol, ¿verdad? Y, en cambio, en cuestiones de ciencia, nadie discute el criterio de un médico que te dice que tienes un problema en el hígado. No lo discutes porque entiendes que aquello no puedes juzgarlo con tus conocimientos. En cambio, con cosas de letras, sí que parece que no esté tan consolidada la idea de que estas tienen detrás una base científica que no se puede dejar de lado y esto también es un reflejo de esta desigualdad.

Como profesora, si se encontrara con algún alumno que quisiera ser escritor, ¿qué consejos le daría?

Pues me alegraría mucho. Me he encontrado con estudiantes que no me han dicho esto directamente pero que sé que tienen una sensibilidad literaria muy acusada. Le diría que me dijera si le puedo ayudar de alguna manera, por un lado, y, por otro, le diría que aproveche los estudios. Suena un poco naíf, pero estudiar lingüística y literatura me ha enriquecido mucho. No creo que hubiera podido escribir poesía, o no la habría escrito desde la óptica que la escribo ahora, si no hubiera estudiado lo que he estudiado, ni hubiera comenzado el doctorado sobre los temas de los que trato. Por lo tanto, le diría que lo aprovechara, tanto los estudios sobre literatura como los de lingüística, porque es un conocimiento que enriquece y deja un poso que a mí me da cierta seguridad, cuando escribo. Siento que tengo una base de conocimiento sobre las palabras que utilizo.