«Los resultados que se obtienen de la educación en línea son equivalentes o superiores a los de la presencial»
Foto: UOC
02/03/2017
Rubén Permuy

Albert Sangrà es pedagogo con 30 años dedicados a la docencia. Actualmente es un experto internacional en aprendizaje virtual. Es el director académico de la Cátedra UNESCO de Educación y Tecnología para el Cambio Social de la UOC y director del Plan de doctorados industriales de la Generalitat de Cataluña. Además, es investigador del grupo de investigación de Educación y TIC (EDUL@B), adscrito al eLearn Center de la UOC, del que fue director de 2012 a 2014. En 2015 fue galardonado con el Premio a la Excelencia en Aprendizaje Virtual del Congreso Mundial de Educación, el único académico en España con este galardón. También tiene el premio EDEN Senior Fellow. Analizamos con él la educación en línea hoy en día.

¿Estudiar en línea tiene suficiente buena reputación?

Hay quien quiere generar dudas. La educación en línea crece mucho porque se adapta a las necesidades de las personas que quieren estudiar, es más accesible y más flexible. Todo esto a veces genera un cierto nerviosismo en los modelos tradicionales de educación presencial. A nosotros lo que nos interesa es poner de manifiesto que existen muy buenas prácticas en educación en línea y que los resultados que se obtienen son equivalentes, o a veces incluso superiores, a los de la educación presencial.

¿Y esta reputación es muy desigual si la comparamos con los países de nuestro entorno?

Aunque en los países nórdicos y anglosajones la educación en línea tiene una mejor reputación que en los latinos o latinoamericanos, probablemente por razones culturales e históricas, estamos capacitados para darle la vuelta.

¿Podrías explicar brevemente en qué consiste tu actividad investigadora? ¿La educación en línea es el ámbito principal?

Trabajo fundamentalmente el concepto de e-learning o de educación en línea –me gusta más mencionarlo así porque creo que queda más claro–, es decir, todo lo que significa la evolución de la educación en línea y los modelos que han ido desarrollándose. Mi labor investigadora se concentra en el grupo de investigación reconocido EDUL@B y en los usos de la tecnología en el ámbito de la educación, entendidos desde la perspectiva de las políticas, la organización, la gestión, el liderazgo y el desarrollo profesional o la formación, siempre identificando cuáles son los elementos de calidad de la educación en línea. Además, como director académico de la Cátedra UNESCO, he desarrollado una línea de trabajo que se concentra en el impacto social y económico de la educación en línea, porque es un elemento fundamental para entender el papel tan importante que tiene en la sociedad de hoy en día y de qué forma está impactando en ella.

Es difícil predecirlo, pero ¿crees que la formación presencial universitaria irá desapareciendo a medida que se consolide la enseñanza en línea?

No solo no desaparecerá, sino que en los próximos años habrá una especie de resurgimiento de la educación presencial que intentará cuestionar la reputación de la educación en línea. A pesar de ello, se tenderá a un cierto equilibrio. No soy partidario de defender que una es mejor que la otra, sino que cada una sirve para momentos, finalidades y personas determinadas. Creo que ambas tienen que convivir.

¿Crees que la enseñanza en línea podría dar el salto a otros niveles educativos más allá de la educación superior, tales como facilitar la escolarización en casa en el caso de los niños?

Una cuestión es lo que permite la tecnología y otra, lo que conviene. Estamos demasiado acostumbrados a que, si la tecnología nos permite hacer algo, hay que hacerlo. Como seres humanos somos capaces de incorporar valores a lo que hacemos, sabemos por qué lo queremos hacer, de modo que hay aspectos filosóficos e ideológicos que deben valorarse. No se trata solo de instrucción, sino que debemos desarrollar la socialización de las personas, y para ello tenemos que ver en qué medida, por ejemplo, la escolarización en casa nos lo permite, qué es lo que ganamos o lo que perdemos. Se podría considerar en determinadas situaciones extremas, al igual que ya ocurre en otros países, como en familias que vivan a mucha distancia de un núcleo habitado. Pero en las ciudades, como puede ser Barcelona, si lo que queremos es la integración de los niños y las niñas en nuestra sociedad, probablemente no es la mejor solución, aunque lo pueda parecer en un momento determinado.

Hablamos de proyectos de investigación en los que estás implicado. Recientemente ha empezado el proyecto europeo coordinado por la UOC Creating an Online Dimension for University Rankings (CODUR). ¿Cuál es su principal objetivo?

Sí, esto parte de la necesidad actual. Los rankings quizás están sobrevalorados o son uno de los elementos en los que todo el mundo se fija a la hora de decidir si ir o no ir a una universidad. Cuando lo analizamos nos damos cuenta de que las universidades que ofrecemos formación en línea para nuestros estudiantes no estamos consideradas en ellos. Hay que desarrollar alguna mención para que puedan incorporarse y estos indicadores estén a disposición de las personas que los quieran usar. El proyecto CODUR tiene como objetivo crear esta dimensión específica para la educación en línea e incorporarla en algún ranking, como el europeo U-Multirank, que probablemente nos ayudaría a aumentar la reputación de este tipo de educación cuando el nivel de calidad es alto.

También participas en el proyecto Central Asian Center for Teaching, Learning and Entrepreneurship (CACTLE), del que la UOC es socia. ¿Podrías explicarnos brevemente cuáles son los objetivos de este proyecto?

Los países de Asia central implicados –Kazajistán, Kirguistán y Uzbekistán– están despertando con nuevos modelos de docencia en la universidad y buscan la forma con la que, desde Europa, se les pueda ayudar a desarrollarlos y a crear otros nuevos, y, por tanto, a modernizar su educación superior, introduciendo también las tecnologías y nuevas estrategias didácticas. Este proyecto está liderado por la Universidad de Viena, y tiene como objetivo desarrollar un centro virtual que permita dotar de recursos a estas universidades para que vayan avanzando y dispongan de la formación necesaria para incorporar estas novedades a su docencia. Participo para aportar la visión de cómo la tecnología las puede ayudar en esta modernización de la docencia en la educación superior.

Aunque la investigación en enseñanza en línea es relativamente nueva, ha cambiado mucho en poco tiempo, como ocurre con otros ámbitos tecnológicos por cuestiones como la presencia de las redes sociales. ¿El ritmo de cambio vertiginoso sería una de sus dificultades?

En cierto modo sí, porque forma parte de la naturaleza del objeto que estudiamos, pero también depende de si la investigación va a los fundamentos o si solo interesa lo más volátil. Yo voy más a los fundamentos: me interesa conocer cómo evoluciona y cómo van incorporándose nuevas tecnologías a un modelo de formación que no obliga a profesor y estudiante a coincidir en el mismo tiempo en el mismo lugar; un modelo que permite seguir un ritmo de estudio diferente, ampliarlo a lo largo de la vida con cierta facilidad y que, por tanto, utiliza tecnologías que se van incorporando. Esto me permite analizar la base, que no es tan cambiante, a diferencia de las tecnologías que se utilizan. Desde el grupo de investigación EDUL@B intentamos analizarlo con distancia para poder ver el dibujo entero y cómo los diferentes elementos pueden modificarlo, de forma que podemos hacer predicciones a más largo plazo.

Según diferentes pensadores, vivimos deprisa. ¿Quizás queremos formarnos deprisa, también? ¿Necesitamos una slow education para poder sacar el mejor provecho del aprendizaje? ¿Crees que la educación está demasiado determinada por las necesidades del mercado en cada momento?

La educación es una carrera de fondo en la que hace falta reflexión, interiorización y apropiación para poder aplicar bien posteriormente lo aprendido. La formación muy rápida, inmediata y corta, es un tipo de aprendizaje muy poco profundo y muy superficial. Si hablamos de educación y no de instrucción, hace falta reflexión. No comparto el rapid learning, porque hay evidencias que demuestran que es un aprendizaje muy superficial.

Desde el verano pasado eres el director del Plan de doctorados industriales de la Generalitat de Cataluña, que busca impulsar que puedan llevarse a cabo tesis doctorales en empresas. ¿Cuál es el objetivo que tienes en este nuevo proyecto?

El objetivo del Plan es conectar grupos de investigación de las universidades que están desarrollando determinadas investigaciones que pueden ser óptimas para el tejido industrial de nuestro país con empresas que pueden beneficiarse de que los grupos de investigación transfieran a la sociedad su actividad. Un proyecto de doctorado es una oportunidad fantástica para acercar la línea de investigación de un grupo a las necesidades de una empresa mediante la figura del doctorando. Si, además, conseguimos que las empresas contraten al doctorando y esa persona permanezca, incorporamos talento y competitividad.

¿El mercado aprovecha suficientemente el talento de excelencia como el que puede provenir de una tesis doctoral? ¿El Plan de doctorados industriales sería una apuesta decidida para mejorar la relación universidad-empresa?

Aunque queda mucho camino por recorrer, actualmente hay unas doscientas cuarenta empresas que participan en el Plan de doctorados industriales. No es suficiente. Todavía hay desconfianza a la hora de incorporar a un doctorando en una empresa, tanto por el mundo de la empresa como por parte de la academia. Con una herramienta como el Plan esta desconfianza debe desvanecerse, ya que se pone de manifiesto con evidencias que esta colaboración es posible y fructífera para ambas partes.

La UOC tiene actualmente once doctorados industriales. ¿Podríamos hacer un balance positivo?

Hombre, ¡claro! El balance es muy positivo, pero sí es verdad que podrían hacerse más. La UOC, probablemente por sus características y por su perfil de estudiante, puede tener alguna dificultad más porque los doctorandos suelen tener una media de edad más elevada que en otras universidades. Animo a los grupos de investigación que tengan en cuenta el Plan. Nos hemos dado cuenta de que hay grupos de investigación en todas las universidades que no disponen de un doctorado industrial porque no conocen la información necesaria para poderlo valorar. El Plan dota de una cantidad económica interesante para financiar una parte de la contratación por parte de la empresa y, además, proporciona al estudiante no solo una bolsa de movilidad, sino también alcanzar el precio de la matrícula, entre otros incentivos interesantes, para que un grupo de investigación se plantee que su relación con empresas pueda generarse en torno a un proyecto de un doctorado industrial. La UOC tiene camino por recorrer porque tenemos potencial.

Finalmente, ¿nos podrías recomendar un libro para quien quiera conocer de cerca cómo ha evolucionado la educación en línea?

Teaching in a digital age, obra de 2015 de mi amigo canadiense Tony Bates, que puede descargarse gratuitamente desde su web. Es un libro que repasa lo que implica la aventura de organizar y diseñar un curso en línea y ejercer la docencia.