«El e-learning resolvería muchos de los problemas que tenemos por la dispersión de la población»

Foto: UOC
31/08/2017
Ángeles Doñate
Miguel Herrera, exviceministro de Educación de Ecuador y doctorado en Sociedad de la Información y el Conocimiento de la UOC

 

Miguel Herrera es el primer doctor de la UOC que ha inscrito su título en Ecuador. Maestro de formación, cuando inició su carrera profesional en un aula de primaria no podía imaginar que llegaría a ser viceministro de Educación en su país, a trabajar en Honduras, Perú o España, y hacerlo para Naciones Unidas y la Unión Europea. Miguel, que reconoce haber encontrado su vocación en la formación de los docentes, transmite optimismo, tiene capacidad de trabajo y es firme defensor de la voluntad de servicio que hay tras un educador y un político.

 

¡El primer doctorado en Sociedad de la Información y el Conocimiento inscrito en Ecuador!

Gracias. Acabé la tesis en 2014 pero hasta este julio de 2017 no he podido inscribir el título para que fuera reconocido.

La relación del país con la educación a distancia no ha sido fácil.

Estaba muy denostada: durante años había existido el típico método radiofónico con manual con el que si pagabas te daban el título. Teníamos educación a distancia en todos los niveles y era de muy mala calidad. Se hizo una reforma educativa que acabó con ella, incluyendo la virtual, aunque prácticamente no estaba desarrollada en nuestro país. Al hacerlo, el Gobierno dejó un vacío importante. Hubo quejas desde el campesinado, los profesionales... Presionamos desde muchos espacios para hacer entender a la gente que en vez de erradicar la educación a distancia había que asegurar su calidad.

¿Y qué pasó?

Se aprobó una nueva reglamentación estricta sobre educación a distancia, en línea o de modelos mixtos, por esas presiones y porque cada vez más universidades sacaban programas mixtos, sobre todo para profesionales a los que es impensable exigir presencialidad. Hasta 2016 no se consiguió esa nueva reglamentación y esa fue una de las dificultades que enfrentó la UOC para ser reconocida en mi país.

El reconocimiento de la UOC es muy reciente.

Ecuador es muy estricto en cuanto a qué universidades pueden ingresar en el país: tienen que constituirse de manera oficial, tener estatutos aprobados, sus programas han de pasar por el Consejo de Educación Superior… También el reconocimiento de los títulos es exigente. La SENESCYT tiene una lista en la que inscribe a las universidades que pasan. Una vez reconocidas las universidades, se reconocen sus títulos.

Pero mucho antes, tú ya habías sido estudiante de la UOC...

Me titulé como maestro con veintiocho años, por la Universidad de Sevilla. Me trasladé a Ecuador, donde empecé a ejercer en un aula de primaria por dos años en una zona de mucha migración a Estados Unidos. Aquella sociedad era muy compleja. Descubrí muchas carencias en los docentes. Me interesó la formación continua de mis colegas: cómo formarlos en servicio, cómo ayudarlos a enfrentar las situaciones educativas con más herramientas. Ahí noto que tengo vacíos... Y me acerco a la UOC, para estudiar Psicopedagogía.

¿Por qué elegiste la UOC?

Mi carrera profesional había empezado de una manera modesta, en un sitio donde pensaba quedarme toda la vida, pero resulta que los intereses y las oportunidades me fueron llevando a otros lugares. Siete años, cuatro países distintos… Si mi vida laboral iba a ser esta, no podía estudiar en la universidad convencional. Además, tenía la curiosidad constructivista y eso se estudiaba en una universidad española.

¿Por qué decidiste matricularte en el doctorado con una vida laboral tan intensa?

Durante esos años, había investigado por mi cuenta. Sé que tengo vocación cualitativa, así que pensé que tal vez estaría bien tener herramientas serias. Elegí este doctorado porque me interesó que fuera multidisciplinar, aunque me resultó un reto importante.

¿Qué te ha aportado la UOC y qué crees que gracias a ti hemos aportado a Ecuador?

A mí, me posibilitó estudiar en unas circunstancias concretas, sin cambiar mi modelo de desarrollo profesional. Además, me facilitó herramientas, sobre todo relacionadas con el internet de las personas y las cosas, muy útiles en mi vida profesional y personal. Aparte de que fue la primera vez que viví una universidad en la que se aplica un modelo verdaderamente centrado en el estudiante. En cuanto a qué ha aportado a mi país… Recuerdo un hecho puntual. Celebramos un congreso de educación en la Universidad de las Fuerzas Armadas y vino Marta Aymerich. La educación a distancia había desaparecido en el país y gracias a ella tuvimos la oportunidad de conocer vuestro modelo. Ese modelo y el entusiasmo de la vicerrectora plantaron una semilla de duda en muchas personas sobre si la nueva legislación que se estaba haciendo, y que no contemplaba la educación en línea, era la correcta. Se reclamó una mente más abierta. Aproximarse a experiencias de otros países, en este caso a la de Catalunya de la mano de la UOC, permitió disidencia, se escucharon otras maneras de pensar y se pudo establecer una normativa que permitiera que hubiera formación virtual.

La formación a distancia, clásica y virtual, ya es un hecho en Ecuador.

Sí. Pero ahora mismo las universidades son extranjeras, con programas reconocidos en el país. Sería más interesante si pudieran desarrollarse dentro del país o incluso si pudieran buscarse esos nichos de consultoría para que universidades nacionales pudieran desarrollar modelos propios de educación a distancia y virtual de calidad. En eso las universidades necesitan asesoría. Hay demanda de profesionales que ayuden a generar esas ofertas.

¿Qué otras oportunidades se presentan para la UOC allí?

Esperemos que en un futuro no muy lejano podamos tener en Ecuador una universidad como la UOC o una UOC ecuatoriana. Resolvería muchos de los problemas que tenemos por la dispersión de la población en algunas áreas.

La Ley intercultural de educación (LOEI), que rige la educación básica, dice que para 2020 todos los educadores del sistema nacional deben tener su licenciatura y si no serán expulsados del magisterio. Tenemos alrededor de 19.000 docentes bachilleres en el país, que están en el medio rural, ejerciendo de maestros como funcionarios. La reforma que hemos comentado cerró muchas universidades y esos docentes no tienen acceso a esa formación. Una solución virtual sería magnífica.

¿Cómo y por qué entraste en el Gobierno?

Entré porque el proyecto de Rafael Correa me resultaba muy atractivo. Me gustaba su comunicación constante con la ciudadanía y la vocación de servicio público. La construcción de la política pública se hacía contando con los actores. Era agotador pero interesante. Me nombraron director de Estándares, luego de Currículo. Posteriormente, me hice cargo de la Subsecretaría de Fundamentos Educativos y luego fui viceministro. Ha sido una experiencia enriquecedora y compleja. Ahora vuelvo a la universidad, en temas de formación de docentes, porque creo que los cargos políticos tienen temporalidad pero no se sabe nunca...

Desde esa posición privilegiada para conocer la realidad, ¿qué problemas enfrenta la educación en el país andino? ¿Crees que son extrapolables a otros países, como el nuestro?

Seguro que en algún momento de la historia lo fueron o lo son… ¿Un problema común? El aula, la disciplina, el control del aula. Hay que darle herramientas al educador para la interacción en el aula, y nunca tiene suficientes; es una profesión muy compleja. Y eso es en cualquier aula de cualquier lugar. También el tema de las evaluaciones, PISA… Empezamos a tener problemas con el profesor: ¿para qué trabaja? ¿Para que el alumno pase las pruebas? Pero en Ecuador, además, el gran reto es la formación continua. Nuestro sistema de carrera profesional es reciente. Estamos en la sexta oposición para ser maestro funcionario público. Antes el puesto se heredaba del papá, a dedo... La meritocracia como sistema de selección es muy reciente y la cultura no existe. La gente, además, no es consciente de la obligación de la formación continua, de formarse en servicio… Aunque la ley lo expresa.