«Solo aprendemos de lo que nos emociona»

Foto: UOC
20/09/2017
Elisenda Estanyol
Ferran Lalueza, autor de la novela The show must go on

 

Profesor de los Estudios de Ciencias de la Información y de la Comunicación, Ferran Lalueza imparte la asignatura Comunicación de crisis y de riesgo en el máster universitario de Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos, que la UOC puso en marcha el curso pasado. Con motivo de la publicación de su primera novela, The show must go on, es entrevistado por Elisenda Estanyol, directora de esta titulación.

 

¿Qué es The show must go on?

Es una novela didáctica o, si se prefiere, un manual en forma de novela. Constituye una forma innovadora de aprender que potencia el entretenimiento, la emoción y la inmersión, pero sin renunciar, por ello, al rigor académico y profesional. The show must go on nació como recurso de aprendizaje principal de la asignatura Comunicación de crisis y de riesgo en el marco del máster universitario de Comunicación Corporativa, Protocolo y Eventos de la UOC, y ahora la obra ha sido publicada por la Editorial UOC para hacerla accesible a públicos más amplios.

¿A quién puede interesar esta novela?

A todas las personas que quieran aprender cómo se gestiona la comunicación de riesgo y la comunicación de crisis, es decir, que quieran aprovechar todo el potencial que nos brinda la comunicación a la hora de minimizar riesgos, de evitar el estallido de crisis y de ayudar a las organizaciones a recuperar la normalidad cuando atraviesan situaciones límite. También aporta valor a los que quieran descubrir cómo se desarrolla un proyecto estratégico de comunicación y relaciones públicas, ya que, en definitiva, lo que hacemos idealmente ante una situación de crisis es ejecutar contrarreloj un plan de comunicación que previamente ha sido meticulosamente elaborado y que implica activar una serie de cautelas específicas, así como varios mecanismos, que contribuyen a maximizar el acierto en el proceso de toma de decisiones, a pesar de estar sometidos a una gran presión. Me atrevería a decir que el libro, además, puede resultar muy interesante para cualquier lector que, aunque no se dedique profesionalmente al mundo de la comunicación, tenga curiosidad por saber cómo gestionan su actividad comunicativa las empresas, instituciones y entidades de todo tipo cuando las cosas van mal y su reputación se ve amenazada o, incluso, gravemente dañada.

A priori, el formato novela resulta bastante insólito como recurso de aprendizaje. ¿Por qué se apostó por esta opción?

En la UOC siempre estamos buscando fórmulas innovadoras que contribuyan a convertir el proceso de aprendizaje en una experiencia gratificante, entretenida, incluso apasionante. El concepto de funiversity, acuñado por el colega Lluís Pastor, va justamente en esta dirección. Nuestro alumnado mayoritariamente compagina sus estudios con responsabilidades laborales y familiares, por lo que muchas veces tiene que sacar tiempo de sus actividades de ocio para dedicarlo a su formación. Yo siempre digo que nuestro gran rival a la hora de mantener al estudiante motivado y activo es la última serie de Netflix, el partidazo de la semana, la superproducción hollywoodiense de turno, el restaurante de moda o el bestseller de la temporada. Parece razonable, pues, intentar batir a este rival con sus mismas armas, y The show must go on juega precisamente a eso. Es una historia de ficción que se desarrolla a un ritmo trepidante en un contexto de alto riesgo donde los errores se pagan muy caros y donde las peripecias personales de los protagonistas se entrecruzan íntima e inevitablemente con sus aventuras profesionales.

Pero no es la primera vez que la UOC utiliza este formato en sus recursos de aprendizaje, ¿verdad?

Hay dos o tres precedentes, vinculados esencialmente al grado de Criminología. Sin embargo, con The show must go on hemos cruzado dos fronteras hasta ahora inexploradas.

¿Cuáles son estas dos fronteras?

La primera es que el formato de novela deja de ser únicamente un andamio argumental ideado para sostener contenidos teóricos de forma más o menos entretenida. En nuestro caso, el valor didáctico reside sobre todo en la propia trama porque es la que permite que el lector se sitúe en el epicentro de una situación muy problemática que debe ser resuelta y que acompañe al protagonista en todas las decisiones que toma y las acciones que lleva a cabo para conseguirlo. En el entorno profesional, la formación de calidad en el ámbito de la comunicación de crisis siempre se ha articulado a partir de simulaciones muy inmersivas que recrean situaciones ficticias pero plausibles. La opción novela permite preservar un nivel de implicación elevado y llevar a las aulas universitarias, de forma eficiente y escalable, una formación que hasta ahora estaba reservada a altos ejecutivos y tenía un coste prohibitivo.

¿Y la segunda frontera que se ha cruzado con The show must go on?

En los precedentes existentes, siempre se había contratado a un escritor profesional para desarrollar la trama novelesca a partir de los contenidos teórico-conceptuales desarrollados por el profesorado. En el caso que nos ocupa, fui yo mismo, en calidad de profesor responsable de la asignatura Comunicación de crisis y de riesgo, quien se lanzó a la piscina y escribió la novela. Me resultaba impensable disgregar el componente literario del componente pedagógico porque precisamente era en la trama donde residía el principal valor didáctico del artefacto de aprendizaje que estábamos diseñando. Además, tengo la suerte de trabajar en una institución que te alienta permanentemente a salir de tu zona de confort y te brinda la confianza requerida para aventurarte a experimentar sin miedo al error. Cuando decidí asumir la autoría de la novela, en lugar de encontrar cejas arqueadas, objeciones, dudas y recelos solo encontré apoyo entusiasta.

¿Y cómo resultó este proceso de lanzarse a la piscina y escribir una novela para alguien como tú, probablemente más acostumbrado a redactar artículos académicos que historias de ficción?

Fue un proceso extenuante pero apasionante. Extenuante porque, al menos desde mi experiencia particular, escribir literatura requiere en gran medida poner el alma, vaciarse, incluso desnudarse. En este caso, además, me vi obligado a trabajar con unos plazos ajustadísimos porque la novela constituía el principal recurso de aprendizaje de una asignatura que empezaba a impartirse el pasado mes de marzo y, lógicamente, todo debía estar a punto cuando se abrieran las aulas virtuales. Sin embargo, también fue, como digo, una experiencia apasionante y muy gratificante. Yo siempre he tenido cierta pulsión literaria y, de hecho, hace muchos años ya había escrito guiones de ficción para medios audiovisuales. Escribir una novela constituía un reto enorme, pero también un anhelo, aunque fuera latente, que celebro haber visto satisfecho gracias a este proyecto de innovación docente.

Visto desde la perspectiva literaria, imagino que supone una dificultad añadida verse obligado a incorporar en la historia todos los conocimientos que quiere transmitirse al estudiante/lector.

Inicialmente esto es lo que yo también pensé. Si te dejas arrastrar por la historia y sus protagonistas, puede parecer que tener que hacer concesiones a la finalidad eminentemente didáctica de la novela puede suponer un lastre, un peaje indeseable. La verdad, sin embargo, es que al final este inesquivable condicionante pedagógico ha actuado como un inmejorable acicate a la creatividad. Buena parte de los hallazgos narrativos y de los giros literariamente más eficaces de la trama son fruto directo del reto que supone aportar a la vez entretenimiento y conocimiento, y de la voluntad de hacerlo de tal forma que uno y otro se presenten intrínsecamente asociados.

Y desde la perspectiva formativa, ¿consideras que la novela permite alcanzar los resultados de aprendizaje vinculados a la asignatura que lo emplea como material didáctico?

Estoy convencido de que es así. Aunque el histórico hasta ahora es únicamente de un semestre, el que va de marzo a julio de este año, tenemos un par de indicios muy alentadores. El primero es que el 97 % de los estudiantes que han cursado la asignatura de Comunicación de crisis y de riesgo la han superado, es decir, que han sido capaces de aportar soluciones comunicativas potencialmente efectivas a situaciones conflictivas diferentes a la planteada en la novela, pero aplicando los conocimientos y las habilidades adquiridos mediante su lectura y análisis. Y el segundo indicio alentador es una pequeña encuesta que hicimos al alumnado de la asignatura para que valorara de forma específica el nuevo formato de recurso de aprendizaje y que ha evidenciado unos resultados extraordinariamente positivos.

Conociendo tu trayectoria profesional previa en el campo de la comunicación de crisis, ¿podemos presuponer que parte del contenido de la novela tiene carácter autobiográfico?

Blai Mur, el protagonista de la novela, se dedica profesionalmente a gestionar de forma comunicativa situaciones de crisis, tal como yo hice durante bastantes años mientras trabajé en una gran empresa consultora de relaciones públicas. Supongo que es inevitable, por lo tanto, que mi experiencia impregne su modus operandi e, incluso, algunos rasgos de su peculiar talante. Visto en perspectiva, sin embargo, diría que Blai es más hábil que yo, que sus principios éticos resultan bastante más laxos que los míos y que su vida personal es mucho más tormentosa que la mía, afortunadamente.

¿No piensas mojarte un poco más?

Digamos que la novela es un cóctel con un 60 % de ficción y un 40 % inspirado en mi propia experiencia.

Y hablando de experiencias, ¿repetirías la de escribir una novela con finalidad didáctica?

Si detectara en otra asignatura los rasgos que hacen que una historia de ficción pueda funcionar de forma óptima como recurso de aprendizaje, la respuesta es un sí rotundo. De hecho, los últimos hallazgos aportados por la neurodidáctica apuntan a que, en último término, solo aprendemos de lo que nos emociona. Ante esta constatación, el relato de ficción presenta un potencial que no deberíamos obviar.