«Cuantos más trabajadores sociales sanitarios hay, más recursos se ahorran y más bienestar se genera»

  Foto: UOC

Foto: UOC

29/08/2018
Roser Reyner
Dolors Colom, impulsora del máster de Trabajo Social Sanitario de la UOC

 

Dolors Colom Masfret estudió, en los años ochenta, la diplomatura de Trabajo Social con una vocación: ejercer en el ámbito hospitalario. Décadas después, ha sido la impulsora de la creación del máster universitario de Trabajo Social Sanitario de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), el único de sus características que existe en el mundo. También es una de las personas que lideran la estrategia para que el anterior Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad reconozca el trabajo social sanitario como profesión sanitaria. Además, desde 2015, Colom lidera un movimiento para que la UNESCO declare el 3 de octubre Día Internacional del Trabajo Social Sanitario, propuesta que suma adeptos año tras año. El motivo es que el 3 de octubre de 1905 se creó la primera plaza de trabajadora social sanitaria en un hospital estadounidense. Pero, ¿qué labor desempeñan exactamente estos profesionales? «Estamos en el equipo de salud y ayudamos a las personas para que se ayuden», resume.

 

La he oído contar que los trabajadores sociales sanitarios tratan aspectos del enfermo pero también de la familia.

La cotidianidad se desequilibra cuando la persona se enferma y debe ingresar en un hospital o acudir al centro de atención primaria (CAP). Nosotros estudiamos, diagnosticamos y, partiendo de este diagnóstico, intervenimos en todos los aspectos psicosociales que tienen que ver con la persona enferma y su familia.

Ciertamente existen enfermedades que ponen a prueba a las familias mejor avenidas...

La enfermedad rompe la dinámica familiar y social y genera una red de dificultades que van afectando a las personas que están alrededor del enfermo. El trabajador social sanitario se centra en eso y ayuda a gestionarlo. Ayuda a las personas a tomar decisiones adecuadas. Les aclara ciertas cuestiones o, a veces, las asesora sobre los recursos externos a los que pueden acceder para ir asumiendo la nueva situación. Todas las personas son diferentes. Al trabajador social sanitario no le preocupan los problemas, sino cómo las personas se ocupan de ellos y los resuelven.

¿Un ejemplo?

Si don José se ha roto el fémur y vive solo, será muy distinto que tenga a un hijo que viva en la casa de enfrente y pueda ocuparse de él a que este hijo que viva en la casa de enfrente esté medio año de viaje por trabajo. El segundo caso es más complicado y el trabajador social sanitario estudiará la situación para que el hijo no tenga que dejar el trabajo pero el padre tenga asistencia.

¿Me puede ilustrar cómo de determinante puede llegar a ser su trabajo?

Otro ejemplo muy claro es si el trabajador social sanitario conoce al enfermo desde que entra por la puerta del hospital y puede elaborar una planificación del alta, o bien lo conoce al final, cuando el médico ya ha dicho que le da el alta.

En este último caso, pongamos que el médico le dice a una enferma que mañana ya podrá regresar a su casa, y la enferma dice que en casa nadie la ayudará, no tiene nada en la nevera y no podrá ir a buscar la medicación porque su marido está también enfermo. Y el médico le dice: «Retrasaremos el alta tres días para que usted pueda organizarse y avisaremos a la trabajadora social sanitaria para que la ayude».

Cuando podría haber actuado desde el principio...

Si lo hubiera hecho, veinticuatro horas después de ingresar ya habría llevado a cabo un cribado (screening) de trabajo social sanitario de la enferma, y habría detectado las dificultades evidentes, habría elaborado el diagnóstico social sanitario y diseñado un plan de intervención, y, cuando el médico le hubiera dado el alta, seguramente habría podido irse y hacerlo en mejores condiciones sociales. En el primer caso, consumimos recursos del hospital por humanidad, pero empezamos a desequilibrar el sistema con costes que no obedecen a los fines del hospital.

Así pues, ¿lo idóneo es que ustedes actúen tan pronto como lo hacen los médicos o el personal de enfermería?

Esto es lo que enseñamos que hay que hacer, en el máster. Hay que intervenir a partir de programas de planificación del alta y en coordinación con los trabajadores sociales sanitarios de los CAP, que serán los que verán a dicha enferma cuando le hayan dado el alta del hospital. Y el otro punto importante es que los profesionales del trabajo social sanitario no podemos ser solo prescriptores de recursos, como por ejemplo conseguir un servicio de apoyo a un cuidador de un enfermo de Alzheimer. Debemos conocer bien qué conlleva cada enfermedad y la situación concreta del enfermo y de su familia. Debemos ser profesionales y aplicar el conocimiento, a la hora de tomar decisiones. En definitiva, debemos elaborar el diagnóstico social sanitario. Por cierto, el año pasado, se celebró el centenario de la publicación del primer libro sobre el diagnóstico social, escrito por Mary E. Richmond.

Entiendo que, desgraciadamente, no pueden efectuar un seguimiento de todas las personas que ingresan en un hospital o llegan a un CAP. ¿En qué perfiles se fijan más?

Algunos de los actuales criterios de riesgo pueden darse en personas de más de setenta años que viven solas con un cónyuge de edad similar o personas de más de setenta y cinco años que ingresan muy a menudo en el hospital, o de más de setenta y cinco años que han sufrido alguna caída. En este último caso, en los años noventa se desarrollaron estudios en el Departamento de Geriatría del Hospital Mount Sinai de Nueva York, donde tuve la suerte de hacer pequeñas estancias cuando empecé a ejercer, que indicaban que había personas que provocaban la caída para poder ingresar en el hospital. También existen factores de riesgo que no están relacionados con la edad, como es el caso de personas que han padecido un accidente vascular cerebral [un ictus o una hemorragia], que han sufrido politraumatismos o que padecen enfermedades crónicas degenerativas.

¿Y la situación económica? ¿No es un factor de riesgo?

Lo es como determinante de la salud. Pero para los trabajadores sociales sanitarios no es más importante que para un médico o un enfermero. Para nosotros, toda persona que entra en el sistema sanitario lo hace porque está enferma, no porque tenga más o menos capacidad económica. Claro que, cuando desarrollas el cribado, si detectas una dificultad económica, puede influir. Volviendo al ejemplo de don José: si se ha roto el fémur, y vive solo y tiene un hijo que no siempre puede estar por él, pero posee muchas propiedades y, por consiguiente, ingresos económicos, y puede contratar a alguien que lo ayude, es distinto que en el caso de que solo disponga de una pensión mínima. Con todo, en trabajo social sanitario, el criterio económico nunca nos hace iniciar una intervención. Es secundario.

Hablando de recursos: entiendo que, si atienden solo a los perfiles de riesgo, es porque ustedes son minoría, en los hospitales, a diferencia de lo que ocurre en casos como Estados Unidos.

En 1985 hice un viaje privado a Estados Unidos y, por curiosidad, me acerqué al Hospital Universitario George Washington, donde pregunté por la trabajadora social sanitaria. En España, en ese momento, muchos hospitales no tenían. La señora de información de aquel hospital estadounidense me dijo: «¿Con cuál quiere hablar?». Y yo le pregunté si había muchas. «Unas doscientas», me respondió. Creí que lo había entendido mal. Poco después, la directora del departamento me lo confirmaba. Era un hospital de unas mil camas y contaban con unas doscientas profesionales de trabajo social sanitario. Aquí es muy distinto. En el hospital donde ejercí trece años, el Hospital de Sant Andreu de Manresa, que hoy es la Fundación Sociosanitaria de Manresa, primero estaba yo sola, y cuando lo dejé ya éramos un equipo de una responsable de servicio (yo misma), cuatro trabajadoras sociales sanitarias y dos trabajadoras familiares. Tenemos que trabajárnoslo, tenemos que aplicar el método científico para crecer como crecen todas las disciplinas. Tenemos la responsabilidad, mediante la investigación y las pruebas, de ir proponiendo a las gerencias y los representantes políticos que creen programas y servicios para resolver los problemas reales que tiene la población. Lo social siempre es más lento que poner un antibiótico para una infección. Social significa cotidiano, y lo que es cotidiano tiembla ante la enfermedad, incluso en el caso de las familias más sólidas.

Cree, pues, que, si el sistema sanitario público contratara más trabajadores sociales sanitarios, ¿los amortizaría rápidamente?

He desarrollado bastante investigación en este sentido y, cuantos más trabajadores sociales sanitarios hay, ejerciendo como tales, por supuesto, más recursos se ahorran y más bienestar se genera; sin privar a las personas de ningún derecho, al contrario.

¿Cuáles son hoy los grandes retos de los trabajadores sociales sanitarios?

El primero es el reconocimiento de la tarea de trabajador social sanitario como profesión sanitaria. Junto con la presidenta de la Sociedad Científica Española de Trabajo Social Sanitario (SCETSS), Neri Iglesias, estamos trabajando muy seriamente en ello, y el máster de la UOC es una pieza clave. Tenemos entrevistas con representantes políticos. Y el segundo reto, el gran reto, es que los profesionales, cuando entren a trabajar en un centro sanitario, comiencen a intervenir a partir de protocolos, procedimientos... que ejerzan un trabajo profesional, que se organicen, que apliquen y generen conocimientos.