«El blockchain es la segunda oportunidad de internet, una forma de arreglar lo que ha hecho mal la red»

16/05/2019
Germán Sierra
Marc Rocas, doctorando en el grupo de investigación Digital Commons del IN3 de la UOC y presidente de la asociación Blockchain Catalunya

 

Todo el mundo ha oído hablar del blockchain. Es una de las tecnologías más mencionadas como promesa de futuro, pero ya la tenemos aquí y ya la podemos utilizar. Marc Rocas es una de las personas de Cataluña más involucradas en el desarrollo y la difusión de esta tecnología. Rocas es doctorando en el grupo de investigación Digital Commons (DIMMONS) y estudia la interrelación del blockchain con la economía colaborativa y su intersección con el mundo cooperativo. Asimismo, preside la asociación Blockchain Catalunya, desde la que se dedica a hacer crecer la comunidad de usuarios de esta tecnología mediante la organización de eventos y encuentros. Rocas es profesor asociado de dirección estratégica en la Universidad de Barcelona y consultor de dirección estratégica en el ámbito del blockchain.

 

Todo el mundo ha oído hablar del blockchain, pero ¿qué es exactamente?

La primera dificultad para definirla es que utilizamos el término cadena de bloques o blockchain de forma polisémica. Desde un punto de vista estrictamente tecnológico, podemos describir el blockchain como una base de datos distribuida que mantiene un único registro de transacciones compartido para todos los nodos de la red. Pero a la vez se trata, también, de una tecnología de propósito general y en una fase muy incipiente de desarrollo. Cuando hablamos del propósito general queremos decir que el blockchain afecta a todos los ámbitos. Un ejemplo cercano de tecnología de propósito general sería la propia internet. De hecho, a menudo se compara blockchain con el internet de los años noventa. Tienen muchas similitudes.

No hace mucho entrevistamos a Hervé Falciani y él nos definía el blockchain como una comunidad de confianza, una especie de WhatsApp gigantesco en el que unos expertos validan la información que llega. ¿Te parece que es una definición acertada?

Se trata de un buen ejemplo de definición de la gobernanza del sistema. El blockchain contiene tres niveles de gobernanza: la gobernanza de la propia red, que viene del protocolo de consenso que se establece en el seno del blockchain; la gobernanza de los usuarios del sistema, que tienen la propiedad distribuida del sistema y toman las decisiones sobre este; y, por encima de estas dos, la gobernanza de interacción con el mercado, que sería similar a la relación que se establece entre cualquier servicio y los usuarios. El blockchain permite que nosotros podamos confiar en actores para realizar transacciones sin la necesidad de confiar en ellos, porque la red ya nos habrá dicho que este actor es válido.

El blockchain es una tecnología que opera sobre otra tecnología, que es internet. Es decir, todas las operaciones que queramos hacer con el blockchain deben ejecutarse necesariamente en internet.

Sí, y esto es importante, porque el blockchain ya tiene la experiencia de usuario realizada, ya sabemos cómo funciona internet. Para el usuario es tan sencillo como abrir una aplicación en el móvil o una pestaña en el navegador del ordenador. Si eres un usuario que quiere descubrir el blockchain y estás en los alrededores de Barcelona, tienes una comunidad muy amplia para familiarizarte con ella. Yo empezaría por ahí, por conocer gente de la comunidad. También es interesante la posibilidad de hacerse socio de la asociación Blockchain Catalunya. Ahora mismo es un mundo en ebullición y se dispone de mucha información.

¿Cuáles son las principales ventajas del uso de esta tecnología?

Mi opinión es un poco sesgada, porque soy un gran defensor de ella, pero señalaría como una gran ventaja el hecho de que el blockchain potencialmente permite una transformación de los sistemas de valor económico y social. Por ejemplo, con el blockchain se puede diseñar una red gigante de economía colaborativa que opere en una ciudad. En el ámbito energético, te permite eliminar intermediarios y democratizar la energía. Es una tecnología que te permite colectivizar los bienes. Sé que todo esto suena muy revolucionario, pero es muy interesante poder desarrollar la gestión de los bienes comunes por medio de los incentivos individuales. Un ejemplo: puedo trabajar en la lucha contra el cambio climático, que sería un bien global, pero lo hago de manera individual, porque trabajando en ello obtengo un beneficio personal. Esta dualidad hace que el blockchain sea muy interesante.

¿Y cuáles son sus aspectos negativos?

Existe una brecha tecnológica, es evidente que se necesita una nueva cultura para utilizar la cadena de bloques. Hay un ámbito de seguridad muy fuerte y rígido. También destacaría como elemento negativo el hecho de que es muy apetecible; ahora mismo, es una moda y ha generado mucho ruido a su alrededor. El blockchain no sirve para hacerlo todo. Mi consejo es que, si puedes hacer algo sin la cadena de bloques, no lo hagas con la cadena de bloques, aprovecha las tecnologías ya maduras. Yo, como consultor, la primera tarea en el diagnóstico que realizo es convencer a los clientes de la necesidad de utilizar o no la cadena de bloques, y muchas veces no lo recomiendo.

¿Qué porcentaje del mundo global y conectado utiliza la cadena de bloques?

No hay una adopción del blockchain muy masiva, a pesar de que es un sector que mueve mucho dinero. Cuando digo que el blockchain no es una tecnología madura, me refiero, por ejemplo, a que no tenemos estándares. No existe una plataforma dominante, sino que hay varias operando, y hoy por hoy no se sabe cuál será la ganadora y se impondrá dentro de unos años. Para hacernos una idea de ello, ocurre lo que sucedió con los formatos de vídeo VHS y Beta, con la guerra que hubo entre ambos formatos en los años ochenta.

En el aspecto legislativo, la cadena de bloques, como tecnología que desafía el sistema, ¿puede encontrar problemas?

Es una respuesta complicada. Para mucha gente el blockchain es la segunda oportunidad de internet, una forma de arreglar lo que ha hecho mal internet. Desde el punto de vista empresarial, el blockchain puede representar un ahorro de gasto inmenso, porque la eliminación de intermediarios hace que la empresa tenga sistemas más óptimos. Las empresas están interesadas en la implantación del blockchain y el regulador tiene una posición complicada, en esta tarea. En primer lugar, tiene que poner orden y, en un sistema tan abierto como la cadena de bloques, esto es complejo. Si regula mucho una tecnología desde el principio, elimina la innovación, pero si la regula poco, puede no dar respuesta a externalidades negativas. También hay un trasfondo político: la elección entre una regulación a la americana, es decir, mínima, o una regulación europea, más garantista.

¿Se trata de una tecnología muy extendida en el Estado?

Depende del ámbito. En Cataluña, desde la asociación, hemos puesto en marcha un observatorio del sector que, mediante un mapa colaborativo, nos muestra en tiempo real y de forma dinámica el sector del el blockchain en Cataluña. Una vez puesta en marcha, hemos visto que nos pensábamos que éramos una comunidad más pequeña de lo que realmente somos. En la vertiente académica, hay mucha potencia y mucha investigación, y en la vertiente empresarial, la etapa de desarrollo de la tecnología está generando un ambiente entre la colaboración y la competición, lo que llamamos coopetition. En España, está el caso de Alastria, que es un consorcio muy potente impulsado por empresas del entorno del IBEX. En Cataluña, la comunidad es muy activa, pero los usuarios somos los que somos, usuarios pioneros (early adopters). Yo pienso que todavía falta una aplicación asesina para alcanzar grandes volúmenes de uso, pero acabará llegando.

¿Qué hace la universidad con respecto a la cadena de bloques? ¿Enseñará a utilizarla igual que ahora enseña a programar?

Esto ya ocurre ahora. Me consta que la Universidad de Stanford, el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), la Universidad de Nicosia y muchos otros centros ya tienen cursos relacionados con la cadena de bloques. Aquí en Cataluña la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC), por ejemplo, también ofrece formación. Y la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) inicia el 26 de junio un seminario que se llama Tecnología blockchain como herramienta de transformación social. Sin embargo, en el futuro no tendrá ningún sentido una formación genérica sobre la cadena de bloques, porque ya la tendremos integrada. Ahora nadie «enseña internet», sino aspectos de la tecnología mucho más concretos y orientados a su aplicación específica. Con el blockchain ocurrirá lo mismo, pero todavía tienen que pasar varios años para verlo.