«Al poder no debería llegar una mujer sola, sino varias»

 Foto:  Prensa Cámara de Comercio de Barcelona

Foto: Prensa Cámara de Comercio de Barcelona

04/07/2019
Núria Peraire
Anna Mercadé, presidenta de la asociación 50a50 y fundadora y ex directora del Observatorio Mujer, Empresa y Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona

 

En los años setenta Anna Mercadé se dio cuenta de la gran desigualdad que sufrían las mujeres en el mundo laboral y empresarial. Y decidió actuar. Empezó creando un centro de formación de mujeres y desde entonces ha trabajado en numerosos proyectos para asesorarlas en emprendimiento y formarlas. Además, se ha preocupado de investigar y elaborar informes que han contribuido a crear conciencia sobre las desigualdades. Lo ha hecho en el marco de las Naciones Unidas (en 1976 organizó las Jornadas Catalanas de la Mujer) y de la Unión Europea. Pero también ha llevado a cabo proyectos propios como el Observatorio Mujer, Empresa y Economía de la Cámara de Comercio de Barcelona. Mercadé ha hablado de liderazgo en femenino en las organizaciones del futuro en un seminario en línea de UOC Alumni.

 

Estudiaste pedagogía, pero has acabado dedicándote a la formación de mujeres empresariales y al estudio de las desigualdades. ¿Cómo empezó todo y por qué ese cambio?

Estudié pedagogía y ejercí como maestra, pero en los años ochenta ya quería emprender, lo tenía en mente. Fui la primera en darme cuenta de que las mujeres tenían que formarse y promocionarse dentro de las empresas para entrar en los puestos de decisión.

Soy feminista desde siempre y me di cuenta de que las mujeres estaban muy mal tratadas en las empresas: sufrían discriminación, no las dejaban dirigir como ellas querían... Ahora hay un techo de cristal, pero en los años ochenta, aunque tuvieras una licenciatura, eras la secretaria, pertenecías a la tropa. Vi que se las tenía que ayudar a subir. Pero también era preciso ayudarlas después de tener hijos, cuando querían volver al trabajo y no podían. Entonces, en 1988, formaba a mujeres para que crearan pequeñas empresas y pudieran salir del paro.

Entonces Bruselas me fichó y durante unos años fui por toda España ayudando a las mujeres a crear empresas.

Aparte de formar a mujeres, viste que había que investigar para medir la desigualdad y creas el Observatorio Mujer, Empresa y Economía. ¿Por qué fue importante la creación del Observatorio?

En 1996 promocioné a mujeres para entrar en la Cámara de Comercio, y entramos, pero éramos pocas. Y hacia 2001 me di cuenta de que teníamos que trabajar profundamente en este camino, porque si las mujeres no llegamos a los puestos donde se decide la organización de las empresas y la sociedad siempre habrá un sistema patriarcal. Por lo tanto, en 2008 propuse constituir el Observatorio, que tenía que crear indicadores nuevos, que no existían, para cuantificar el valor económico de la pérdida de talento femenino, para ver cómo una sociedad no puede salir adelante sin la participación económica de las mujeres.

Ahora todo el mundo habla de la pérdida del talento femenino, pero hasta entonces no se sabía. Nosotros cuantificamos la pérdida de talento femenino en mil millones de euros al año en Cataluña, lo que significaba un 1 % del PIB.

¿La conciliación es una buena solución para no perder el talento femenino?

La conciliación es la mayor trampa que nos ha tendido el establishment, el poder político. Yo quiero corresponsabilidad. Los hijos no son de la madre. Son de la madre, del padre y de la sociedad, y el futuro de la sociedad son los hijos, por lo tanto, hay que pensar qué hacemos entre todos.

¿Qué consecuencias tiene la pérdida de talento femenino?

Hay consecuencias profundas. Por ejemplo, Cataluña es la comunidad de Europa con menos natalidad. Y también hay consecuencias para las propias mujeres; se vio que no había mujeres con un MBA, másteres para ser directivas de empresas. Vimos que en la universidad las mujeres eran el 60 %, pero que en los MBA solo llegaban al 20 %. Porque cuando llega el momento de hacer estos másteres tienen en torno a 38 años; entonces ya tienen hijos o quieren tenerlos, y no tienen tiempo para cursar el MBA.

Gracias al trabajo realizado se ha avanzado en la visibilización de la mujer, pero la entrada efectiva de las mujeres en los puestos de toma de decisión no se ha producido...

No se ha avanzado. Cuando actualizamos el indicador vemos que se ha retrocedido en algunos ámbitos, por ejemplo, la brecha salarial no ha cambiado. En los consejos de administración no ha aumentado el número de mujeres y en los puestos de dirección tampoco. No ha cambiado nada.

¿Por qué no se ha avanzado en la entrada de la mujer en el poder efectivo?

Hay impedimentos, obstáculos, barreras. Hay un poder patriarcal masculino instaurado desde hace miles de años sobre los hombres y las mujeres.

Yo pensaba que después de luchar, desde los setenta, cuando empecé, ahora estaríamos como mínimo como los países nórdicos. Y no. Esto significa que no se ha trabajado bien, que no se han hecho servicios para que las mujeres puedan trabajar y los hombres se encarguen de las personas dependientes. Seguimos reivindicando la igualdad salarial... Los políticos no han hecho nada de eso... Se ha avanzado muy poco.

Ahora bien, hemos estado despistadas durante muchos años, y si las mujeres estamos despistadas ellos no van a cambiar nunca las cosas porque son ellos los que mandan en todas partes. O lo batallamos nosotras o ellos pondrán mil excusas.

¿Cómo pueden conseguir poder las mujeres? Como dice Mary Beard, al poder llegan las mujeres individualmente pero no como género.

Las mujeres no queremos el poder tal como es ahora, queremos cambiarlo... Pero mientras tanto, ¿qué hacemos? ¿Quién lo cambia?

Primero hay que llegar al poder para cambiarlo. Ya lo dije en Dirigir en femenino. Cuando una mujer sube se transforma en una abeja reina. Está contenta porque ha llegado y, como le ha costado mucho, en el fondo, no quiere a nadie más allí. Por lo tanto, la manera como llegamos arriba es un problema, porque llegamos con el visto bueno del poder y porque cuando la mujer llega está sola.

Por lo tanto, primer punto: al poder no tendría que llegar una mujer sola, sino más de una. Y una mujer nunca debería estar sola en una mesa en la que todo son hombres. Además, los hombres eligen a las mujeres que llegan al poder y lo hacen en clave masculina o con patrones masculinos. Y las mujeres se adaptan porque el entorno masculino puede más que la esencia y la conciencia propias. Por lo tanto, las mujeres tenemos que entrar juntas en los puestos de poder y debemos transformarnos porque somos portadoras del machismo. Si no nos transformamos nosotras, no vamos a arreglar nada.

La idea del poder es muy masculina, con la del liderazgo pasa lo mismo, ¿cómo debe ser el liderazgo en femenino?

Hasta ahora el único liderazgo que había en el mundo público y, por lo tanto, empresarial, era el de los hombres, porque lo han hecho todo a su imagen y semejanza. Y en las escuelas de negocios y en las universidades se estudia y se transmite el liderazgo masculino. ¿Pero qué ha ocurrido en los últimos cuarenta años cuando las mujeres han creado empresas? Que las mujeres han podido dirigir como han querido.

En mi investigación he visto qué es lo que hacen primero las mujeres cuando crean una empresa: buscan una socia, reparten el poder, hacen empresas muy transversales, les gusta que corra la información para que todo el mundo tire del carro, les gusta sacar lo mejor de cada uno y hacen algo excepcional: equilibrar vida privada y vida pública. Son las mejores administradoras del tiempo porque no lo tienen, y esto es una manera distinta de liderar.

¿Por lo tanto, la existencia de mujeres emprendedoras ha ayudado a que se vean nuevas formas de actuar en el mundo empresarial?

Se tiene que dar un gran valor a las mujeres emprendedoras. Con ellas ha entrado aire fresco en el mundo empresarial. Hace cincuenta años en la administración, los partidos y el mundo empresarial todo eran hombres, las mujeres éramos subalternas: secretarias, auxiliares... Ahora hay un 40 % de mujeres que crean su propia empresa, y esto ha provocado una transformación profunda en el liderazgo.

Sin embargo, la mujer no tiene el mismo derecho a equivocarse que un hombre...

A la mujer se la cuestiona más, no se le permite ningún error y, además, como sigue siendo un objeto sexual, se la cuestiona por todo: si es gorda, si es delgada, cómo viste...

¿Qué motivación tienen las mujeres para emprender?

Ha habido una trampa. Con la crisis, las empresas redujeron los sueldos de los trabajadores hasta sueldos de miseria (y ahora que ha pasado la crisis no han aumentado los sueldos, hay contratos precarios) y, a las personas que se quedaron en paro, los políticos, para darles una salida, les tendieron una trampa: los animaron a emprender y a ser autónomos. Y esto es una trampa porque muchos autónomos malviven o son falsos autónomos.

Sin embargo, en los años ochenta, muchas mujeres no tenían títulos universitarios y la solución era montar un pequeño negocio (un quiosco o una peluquería) para salir del paro. La máxima motivación de una mujer para crear una empresa es salir del paro porque, si no, no lo harían, excepto en los casos de vocaciones muy claras. Ahora las mujeres ya son licenciadas, especialmente en carreras de letras y servicios. Por lo tanto, cuando crean empresas son de servicios: consultas de psicología, servicios educativos... En el mundo científico hay pocas mujeres y sabemos que sufren discriminación, porque sabemos que cuando una mujer lidera un equipo se le da menos dinero para investigación.

¿A qué retos de futuro nos enfrentamos para acabar con la desigualdad de las mujeres en el ámbito profesional y empresarial?

Lo más importante es tomar conciencia, el cambio empieza por nosotras mismas. Hace muchos años ya vi que las mujeres tenían unas actitudes machistas muy fuertes. Por ello, si no lo hacemos nosotras, no lo hará nadie.

También pienso en un refrán africano que dice: «Yo sola llego muy rápido —de hecho, me han ofrecido ser consejera y he dicho siempre que no—, pero juntas llegaremos más lejos», y lo transformaremos y cambiaremos todo.

Además, tenemos que seguir creando indicadores y estudios para medir la desigualdad. Es lo que ayuda a abrir los ojos. 

También deben crearse estructuras propias, las necesitamos. Ellos lo tienen todo: las patronales, Fomento, el Círculo de Economía, las cámaras de comercio, CECOT, PIMEC... donde todo son hombres, y las mujeres que están se han mimetizado con ellos para que no las echen. Por lo tanto, tenemos que entrar en masa a los puestos de poder, al 50 %. Hay una ley muy buena, la Ley 17/2015, de igualdad efectiva de mujeres y hombres, que no se cumple. Tenemos que exigir que se cumpla, también en los partidos políticos.

La presidenta del Banco Santander, Ana Botín, ha explicado públicamente que hasta ahora no se ha considerado feminista, pero que ahora lo cree necesario y ha empezado a tomar decisiones para aumentar el número de mujeres en el banco, sobre todo en puestos de responsabilidad. ¿Por qué crees que se van produciendo estos cambios?

Ana Botín se da cuenta ahora porque es una mujer inteligente que ve que no se puede ir en contra de esta corriente. Las mujeres mandaremos y haremos una sociedad mejor, con coliderazgo con los hombres, pero tenemos que dirigir nosotras. Y esto es imparable, puede haber bajadas y subidas, pero será así. Y eso es bueno porque las mujeres trabajan mejor, al final se va a saber. Tienen muy buenas habilidades directivas, habilidades que están en consonancia con el tipo de empresas del futuro y con una sociedad equilibrada y más sostenible. No con esta locura que vivimos ahora que nos llevará a acabar con el planeta. La gente inteligente ve que no puede ir contra corriente, y ella lo está haciendo dentro del Santander.

Hasta ahora había velos que cubrían las actitudes auténticas. Los hombres decían que estaban a favor de la igualdad, pero no era cierto. Ahora han caído los velos porque las mujeres piden más. A pesar de tener igualdad en la ley, estamos tan mal como antes. Por lo tanto, las mujeres han salido a la calle y los hombres se han puesto histéricos.

Precisamente teniendo en cuenta el movimiento #Metoo y las manifestaciones multitudinarias del 8M, ¿tienes la sensación de que vivimos una revolución?

Tengo sensación de cambio de paradigma y lo están haciendo los jóvenes que ya no se creen según qué. Y también empieza a haber hombres en el mundo empresarial que están enfermos de estrés y que ahora confiesan que no ha valido la pena. Por lo tanto, tenemos que organizar la vida de otra manera, con horarios diferentes, trabajar menos horas y dedicarnos a la cultura y a los nuestros.