«El "big data" aporta conocimiento sobre las necesidades de la población y permite hacer políticas sociales mejores»

 Fundació iSocial

Foto: Fundació iSocial
A la foto: Toni Codina, director de la Fundació iSocial

16/01/2020
Cristina Sáez
Toni Codina, director de la Fundación iSocial

 

Espoo es la segunda ciudad más importante de Finlandia después de la capital, Helsinki. Con medio millón de habitantes, este municipio es pionero en el mundo en implementar herramientas de tratamiento masivo de datos para mejorar la planificación de las políticas y los presupuestos sociales, y también para acoger mejor a los recién llegados, que han aumentado de forma considerable en los últimos años.

Disponer de datos —big data— y saber trabajarlos —aprendizaje automático— permite obtener un conocimiento más profundo y real sobre las necesidades de la ciudadanía y planificar, así, políticas de prevención, como hacen en la ciudad finlandesa. Sin embargo, a pesar de los beneficios que conlleva el uso del big data y la inteligencia artificial para extraer patrones y modelos predictivos, en el ámbito de los servicios sociales aún no es una práctica muy extendida internacionalmente.

En este sentido, la Fundación iSocial, que nació en 2018 en Barcelona con el objetivo, precisamente, de impulsar la innovación en el sector de los servicios sociales en Cataluña, ha organizado, en colaboración con la UOC, un ciclo de reflexión sobre minería de datos y servicios sociales. Entre los bastidores de este ciclo, el primero que se hace en Cataluña sobre esta temática, encontramos a Toni Codina, director de iSocial y exdirector general de la Mesa de Entidades del Tercer Sector Social de Cataluña (2007-2018).

 

¿Cuál es la situación del sector de los servicios sociales en Cataluña?

Es un sector en construcción. A pesar de ser la cuarta pata del estado de bienestar, la última que nació, aún es un sistema inacabado y en el que persisten graves dificultades de financiación. Basta con pensar en la Ley de la dependencia en España, que a día de hoy no se ha acabado de desarrollar y que arrastra importantes deficiencias presupuestarias y organizativas. Asimismo, las administraciones locales, los ayuntamientos y los consejos comarcales, que gestionan los servicios sociales principales y están en la primera línea, tienen muchas dificultades para poder disponer de unos servicios a la altura de lo que la sociedad necesita, y el liderazgo de la Generalitat no tiene por ahora la musculatura suficiente.

¿Disponer de más y mejores datos puede ayudar al progreso del sector?

Indiscutiblemente. El big data puede aportar conocimiento, evidencias que permitan que las administraciones conozcan mejor las necesidades de la población de cada territorio. A partir de los datos y empleando algoritmos de inteligencia artificial podemos extraer, en primer lugar, patrones demasiado difíciles de obtener manualmente; en segundo lugar, podemos analizar tendencias y, finalmente, podemos prever la evolución de las necesidades en los diferentes ámbitos de la intervención social, desde la atención domiciliaria de las personas mayores hasta la pobreza energética, los servicios de apoyo a las personas discapacitadas, la atención a la infancia maltratada y tantos otros.

Lamentablemente aún hoy, y a diferencia de otros sectores, como el de la educación o el de la salud, los servicios sociales siguen muy abocados a dar respuesta a situaciones de emergencia. La espiral imparable de acción-reacción ante nuevas necesidades y retos sociales dificulta la planificación, la prevención y la inversión de recursos, tiempo y esfuerzos en la innovación a medio y largo plazo. Así pues, la generación de conocimiento debe ayudar a los servicios sociales a planificar mejor, a hacer más eficientes los presupuestos públicos, a diseñar políticas sociales mejores y a fortalecer las políticas preventivas. Además, el big data también permite avanzar en la personalización de los servicios gracias al conocimiento y la segmentación de los diferentes tipos de usuarios.

¿No se hacen mejores políticas sociales por falta de conocimiento real sobre las necesidades de la población o porque no son una prioridad de las administraciones locales?

Los presupuestos públicos dedicados a los servicios sociales en los últimos quince años han crecido sin parar, tanto entre las administraciones locales como en la Generalitat. Incluso crecieron durante la época de crisis, cuando la situación de emergencia social hizo que fuera de los pocos capítulos de los presupuestos que no se vieron afectados por recortes.

Sin embargo, a pesar de este aumento presupuestario, el sistema no ha avanzado en paralelo desde el punto de vista organizativo. Todavía es un sistema poco inteligente, en el sentido de que dispone de poco conocimiento y pocas evidencias que ayuden a la toma de decisiones, tanto en el nivel macro como en el nivel micro.

Seguramente tiene que ver con el hecho de que es un sistema permanentemente desbordado, tanto institucionalmente como en el día a día de las trabajadoras sociales que atienden a las personas. Pero eso no lo explica todo. La inestabilidad política, las prórrogas presupuestarias o la conflictividad competencial también son factores de debilidad.

¿Puede poner un ejemplo?

En el caso de la atención domiciliaria, que es el segundo contrato de muchos ayuntamientos después del de limpieza, los consistorios no suelen tener información para poder planificar un gasto tan importante. Desconocen cómo evolucionará la necesidad y la demanda de este servicio y, por tanto, elaboran el presupuesto anual a ciegas. Sin embargo, el sector de la salud hace quince años que trabaja con big data y sabe, por ejemplo, que en la próxima década se duplicarán los casos de ictus en Cataluña, y todo el sistema sanitario, en consecuencia, ya se está preparando para adaptarse a este nuevo escenario.

En este sentido, desde iSocial, con la colaboración de la UOC, han organizado unas jornadas de reflexión centradas en la aplicación del big data a los servicios sociales.

Sí, es la primera vez que se hacen unas jornadas en Cataluña poniendo el foco en los servicios sociales. Inauguramos el ciclo de reflexión el 25 de septiembre y culminará el 10 de marzo. Asisten a las jornadas, principalmente, directivos y técnicos de ayuntamientos y también entidades del tercer sector que desean conocer cómo poder utilizar el tratamiento masivo de datos para mejorar su trabajo diario, al igual que antes lo ha hecho el sector comercial o el sector sanitario.

Los servicios sociales todavía son un sector muy artesanal, en el que quienes se dedican al trabajo social hacen una labor muy personalizada de atención a las personas que sufren situaciones de vulnerabilidad, y en el que hay pocos procesos automatizados. De hecho, a menudo la automatización es vista como una amenaza y no como un apoyo necesario y útil. Todavía hay demasiados temores y preguntas en relación con el uso del big data en servicios sociales, y durante el ciclo de reflexión intentamos abordarlas y aportar respuestas.

¿Cuáles son los temas que vertebran este ciclo?

En primer lugar, hemos querido mostrar y explicar los beneficios que puede aportar la introducción del big data y la inteligencia artificial al sector de los servicios sociales, como fortalecer las políticas preventivas, que todo el mundo está de acuerdo que es importantísima. O también para la personalización de los servicios y el diseño de un catálogo de servicios que se adapte a los diversos perfiles de usuarios.

En segundo lugar, hemos querido debatir sobre los límites y los riesgos de emprender este camino, tanto desde el punto de vista ético como de los procesos de trabajo de los profesionales, o del respeto y la garantía de los derechos de las personas usuarias de los servicios.

¿La privacidad de los datos, como ocurre por ejemplo con las redes sociales, sería uno de estos puntos controvertidos?

Sí, con el añadido de que en este caso estamos hablando de personas más frágiles y con más riesgo de vulnerabilidad de sus derechos: personas mayores con deterioro cognitivo, jóvenes que sufren trastornos mentales, familias recién llegadas con poco conocimiento de la lengua y del entorno, personas sin hogar, etc. Por lo tanto, hay que ser mucho más cuidadoso a la hora de preservar los derechos de estas personas en el uso de sus datos, aunque el big data trabaje generalmente a partir de datos anonimizados.

¿Cuál es la contribución de la UOC en este ciclo?

La UOC nos ha ayudado a organizar el ciclo de reflexión por medio del ámbito de ciencia de datos en salud del eHealth Center, tanto en el diseño de contenidos y la identificación de ponentes como en la moderación de algunos de los debates. Además, con varios profesores e investigadores de este ámbito hemos empezado a impulsar proyectos de investigación conjuntos que nos aporten más conocimiento sobre las oportunidades que puede ofrecer el big data para hacer avanzar determinados ámbitos de los servicios sociales.

Hasta ahora la UOC había investigado sobre big data en temas de salud, y para iSocial es una buena noticia que también empiece a poner el foco en el sector de los servicios sociales, como parte de la función social de la universidad, porque puede ser una aportación muy relevante para el avance de nuestra sociedad.