«Ahora vemos la ocasión de plantearnos un turismo más equilibrado y armonioso»

 Foto: Pablo Díaz

Foto: Pablo Díaz

04/06/2020
Helena Martín
Pablo Díaz, profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC

 

El sector del turismo afronta el verano con incertidumbre debido a la crisis económica que está causando la pandemia del coronavirus. Después de un largo confinamiento, la población quiere salir de casa y la industria turística busca formas para ofrecer soluciones que permitan unas vacaciones seguras y sostenibles. Con motivo del Día Mundial del Medioambiente, entrevistamos a Pablo Díaz, profesor de Turismo de los Estudios de Economía y Empresa de la UOC y experto en desarrollo del turismo y en turismo electrónico (e-turismo). Díaz expone la tensión que hay actualmente sobre la mesa: mantener el actual modelo turístico de masas, mayoritariamente contaminante, o apostar por un cambio hacia una alternativa que tenga en cuenta el entorno. Ahora más que nunca, asegura, es el momento de introducir hábitos nuevos y fomentar el turismo nacional y rural.

 

La pandemia del coronavirus ha tenido consecuencias directas para el sector del turismo, que está viviendo los estragos de una crisis económica cuyo impacto completo aún está por ver. ¿Esto cambiará radicalmente la forma de viajar?

Durante un tiempo se cambiará la forma de hacer turismo por las medidas de distanciamiento y por la movilidad limitada entre países. Durante este verano, será cuestión de hacer turismo local y nacional, pero se irá abriendo hacia el extranjero. Las consecuencias a largo plazo son muy inciertas: puede que haya una conciencia —como constatan algunas investigaciones— de cierto público preocupado respecto a las cuestiones sanitarias intrínsecas a la sostenibilidad que pida condiciones sanitarias y ecológicas adecuadas. Habrá que ver durante cuánto tiempo se mantiene esto y cómo se combina con los intereses de la industria turística, ya que también habrá una explosión extraordinaria de querer disfrutar plenamente del turismo, también en cuanto al turismo contaminante, como el de los cruceros.

¿Por qué a raíz de la propagación de la COVID-19 nos preocupa más el medioambiente?

La globalización y la conectividad turística han sido un factor determinante para que el virus se extendiera más rápidamente. Las pandemias de hace un siglo no se propagaban con tan poco tiempo porque el turismo y la movilidad no estaban tan desarrollados. Esta relación entre la globalización y la expansión de la COVID-19 puede hacer pensar al público que con este ritmo de vida las pandemias se extienden más rápidamente y que, por tanto, hay que vigilar estos factores. Sin embargo, ya había movimientos anteriores al coronavirus para una sostenibilidad turística, por ejemplo, para reducir los vuelos de corto recorrido, que son altamente contaminantes. Gracias a Greta Thunberg, estos movimientos tuvieron impacto en los países nórdicos y ya estaban llegando a Francia e incluso a España.

Una alternativa al modelo turístico actual es el turismo sostenible, que cada vez más tiene relevancia. ¿El sector está preparado para afrontar un cambio hacia la sostenibilidad?

Existe la intención de repensar el modelo actual. El sector turístico lideró cambios socioculturales en los años setenta, con la apertura del turismo al extranjero, que supusieron un impulso para el cambio político y para que se produjeran transformaciones en la sociedad. No considero que ahora le toque liderar ningún cambio: debe ser el fomento de una actividad económica más sostenible lo que debe arrastrar otras actividades en el mismo sentido. El turismo bebe del paradigma socioeconómico existente, y si el paradigma es el consumo de masas y el capitalismo, difícilmente podrá producirse un cambio significativo en el turismo.

El turismo de masas, sobre todo el de sol y playa, está muy consolidado en España, lo que dificulta esta transformación. ¿Hay alguna oportunidad para llevar este modelo hacia unas dinámicas más ecológicas?

El turismo de masas estaba saturando ciertos destinos turísticos y, aunque batía récords de ingresos, la imagen que se transmitía recientemente era que la curva de desarrollo del destino en sí podría empezar a bajar. La percepción de los turistas de Barcelona en los últimos años es que la autenticidad se está perdiendo, y este boca a boca podría invertir las cifras. De hecho, en España hay políticas para atraer turistas que hagan un mayor gasto y que se comporten mejor, es decir, que se relacionen de un modo menos perjudicial con el entorno. Ahora, además, con el impacto del coronavirus, muchos pisos turísticos se están convirtiendo en alquileres convencionales. Esto demuestra que lo que parecía un movimiento imparable de turistificación excesiva de centros urbanos puede cambiar; aquí hay una oportunidad. Hay más accesibilidad de la población local para aspirar a estos pisos, aunque el sector depende de estos ingresos.

Por lo tanto, ¿este podría ser el momento ideal para aplicar más conciencia medioambiental al turismo?

Ahora vemos la ocasión de plantearnos un turismo más equilibrado y armonioso y, al mismo tiempo, tenemos todos los ingredientes para que la actividad vuelva a su punto de origen, ¡y quién sabe si más allá! La actividad pública vuelve a tener la oportunidad de revisar qué tipo de turismo quiere: si apuesta por una recuperación rápida para volver al mismo modelo y ayudar a las compañías de bajo coste, o si aprovecha la emergencia sanitaria para hacer una mayor supervisión.

¿Cómo se presenta este verano en materia de sostenibilidad para el turismo nacional?

El turismo nacional tiene una oportunidad única de beneficiarse de la situación, porque no habrá tantos turistas extranjeros saturando ciudades como Barcelona o Madrid, o la costa de Tarragona y de Girona. Para los propios ciudadanos, que a menudo se ven saturados por la presencia masiva de turistas extranjeros, también se producirá un cambio. El equilibrio, sin embargo, es delicado, porque el turismo extranjero también genera mucho dinero.

El cambio de modelo también supone acostumbrar al consumidor e introducir nuevos hábitos. ¿Estamos preparados para hacerlo?

Hay cierto porcentaje de turistas que sí está dispuesto a renunciar a ciertas comodidades o a ciertas costumbres, pero una gran mayoría no. Puede haber un cambio de comportamiento en algunos turistas, pero otros pueden volver a la misma inconsciencia. Aun así, sí debe haber —y habrá— un crecimiento del turismo de naturaleza y rural para no saturar los destinos de sol y playa, un nuevo comportamiento que se aleje de los núcleos urbanos para expandir la actividad y no concentrarlo todo en una sola zona. La Administración pública tiene un papel muy importante en esta materia.