«El arte puede ayudarnos a superar el trauma de la crisis del coronavirus»

 Foto: Marta Alonso

Foto: Marta Alonso

08/06/2020
Rubén Permuy Iglesias
Mónica Bello, comisaria de arte, y Andy Gracie, artista, coordinadores de la última edición de la revista Artnodes de la UOC sobre arte y ciencia

 

Exploramos cómo se relacionan el arte y la ciencia con Mónica Bello, comisaria de arte interrelacionado con la ciencia, y con Andy Gracie, artista que en su obra interactúa con la actividad científica. Bello, que también es historiadora del arte, dirige Arts at CERN, en la Organización Europea para la Investigación Nuclear de Ginebra, una de las instituciones de investigación más importantes del mundo. Arts at CERN promueve el diálogo entre el arte y la ciencia, gracias a residencias de artistas en sus instalaciones, para que se acerquen a la generación de conocimiento de algunos de los físicos de referencia internacional. Por su parte, Gracie es un artista cuya experimentación lo ha llevado a tratar con disciplinas como la astronomía, la biología o la robótica, y ha expuesto sus trabajos en diferentes países. Su obra utiliza la teoría y la práctica científica como medio artístico y aborda cuestiones como los límites de lo que entendemos como vida. Ha trabajado con ciencias planetarias en la británica Open University y actualmente es artista residente en el Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona (ICCUB). Bello y Gracie han coordinado la edición más reciente de Artnodes, revista académica de la UOC sobre arte, ciencia y tecnología. La publicación recoge en su número 25 las reflexiones y aportaciones de artistas de diferentes partes del mundo bajo el título «Diálogos entre arte y ciencia fundamental».

 

foto: Andy Gracie

Foto: Andy Gracie

¿Qué relación tienen el arte y la ciencia?

Mónica Bello (MB). No es nuevo que arte y ciencia estén unidos. Tienen el espíritu común de preguntarse sobre el mundo y ambas disciplinas son maneras del ser humano de enfrentarse a sus inquietudes. Además, arte y ciencia son modos de crear marcos que desarrollan metodologías y herramientas, y transgreden todo tipo de fronteras. Por eso no es casualidad que el CERN, centro de investigación de referencia mundial dedicado a ciencia fundamental, albergue un programa de arte. La iniciativa la formuló el comisariado de Ariane Koek, a partir del año 2010, con el apoyo y la visión de quien entonces era director general del centro, Rolf-Dieter Heuer. Aunque el apoyo fue importante en un proyecto que fue un hito en la historia del CERN, los artistas siempre han venido desde hace décadas. En los años setenta, artistas como James Lee Byars pasaron veranos aquí e incluso fueron portada de la revista CERN Courier, una publicación de referencia sobre física de partículas.

Andy Gracie (AG). Los artistas intentamos buscar otros sentidos al conocimiento y comprender cómo se complementa con la interacción humana. Una de las maneras que tenemos para poder aprovechar nuestra investigación artística es acercándonos a procedimientos científicos. En ocasiones se produce un choque, ya que los científicos ven el arte como una manera de comunicar sus conocimientos, mientras que los artistas ofrecemos un discurso mucho más complejo y crítico, quizás más abstracto. Así, una de las cuestiones que creo que se hacen muy bien en el programa de arte del CERN es que no se presiona a los artistas en residencia para que obtengan resultados tangibles, sino que básicamente es un programa de experimentación de arte en la ciencia. El programa facilita un espacio de interacción e investigación dentro de un ámbito científico.

¿Podríais poner algún ejemplo concreto de aproximación del arte a la ciencia?

(MB) Es difícil elegir. He tenido la suerte de ver un despliegue enorme de artistas y proyectos. Un abanico que va desde propuestas que se acercan a la metodología científica y otras que se distancian mucho y tratan de mostrar otras facetas de la vida del laboratorio, como la conversación social en torno a la ciencia, hasta los lenguajes que se crean. Aunque hay una diversidad tan grande… En mis cinco años en el CERN, destacaría HALO, la obra que hizo el grupo Semiconductor, que estuvo en residencia en el año 2015 y que más tarde regresó y se quedó hasta 2018. Hicieron tres obras, de las cuales HALO, producto de la cuarta comisión de arte de Audemars Piguet, es la más compleja. Trabajaron con los datos del experimento ATLAS en el CERN para desarrollar una instalación inmersiva en la que analizaban cómo la ciencia nos ofrece una lente para acceder a la naturaleza y, sobre todo, a sus fenómenos invisibles. Los datos de ATLAS se producen mediante las colisiones de partículas, a escalas temporales y espaciales mucho más allá de lo humano. Las grandes máquinas del CERN pueden capturar esta información, y los artistas la han utilizado sin ser procesada por los científicos para desarrollar una instalación inmersiva y sensorial, en la que los visitantes podían sentir este tipo de fenómenos.

(AG). Ejemplificaría la relación entre la ciencia y el arte con el artista y también científico americano Joe Davis, con una experiencia profesional de décadas que lo ha llevado a trabajar con el MIT y con la Escuela Médica de Harvard en áreas como la bioinformática, la biología molecular o el arte espacial. Es interesante cómo sus facetas artística y científica no se condicionan entre ellas. Destacaría su obra documental sobre su vida y trayectoria profesional, Heaven + Earth + Joe Davis. Es un pionero y un visionario.

¿Es necesario que un artista que se aproxima a una disciplina científica tenga unos conocimientos sólidos sobre ese ámbito?

(AG): Aunque el lenguaje de los artistas es muy distinto al de los científicos, encontrar una conexión común es siempre un reto estimulante. De todas maneras, ni los artistas tienen que aprender en detalle cuestiones científicas ni los científicos las que tienen que ver con el arte. Además, cada caso es distinto. Si el objetivo del artista es comunicar conocimientos, debería conocer con cierta profundidad lo que trata, para evitar errores. Pero, en general, los artistas buscan una respuesta distinta de comunicar el proceso de conocimiento, trasladándolo a otros registros. Hay artistas con poco conocimiento científico que realizan proyectos que pueden ser impresionantes. Hay que entender que la curiosidad artística ayuda a navegar de diferentes maneras en entornos como el científico.

(MB): Hay artistas que trabajan con procesos tecnológicos, entre otros, sin profundizar en lo que significan. Creo que entender el marco de conocimiento es útil, así como tratarlo con respeto y rigor. Entender la jerga científica te empodera en el desarrollo artístico, aun siendo consciente de que abordarás cuestiones que te van a parecer extrañas, con un lenguaje que no entiendes. Artistas como los de Semiconductor o Tomás Saraceno son buenos ejemplos. Que un artista no sepa física no implica que no pueda optar por una residencia en el CERN, aunque tener nociones sobre este campo siempre le será práctico.

Por vuestra experiencia, ¿los científicos son receptivos a que los artistas se aproximen a su conocimiento?

(AG): Mis experiencias, con la Open University o con la Universidad de Barcelona, no se han ajustado al formato de residencias de artistas, sino que son colaboraciones que he buscado. Son experiencias en las que poco a poco he generado la confianza de los científicos que me rodeaban para trabajar de manera conjunta. Una buena parte de los investigadores con los que he coincidido no se ha aproximado en profundidad a la experimentación artística. Sin embargo, muchos científicos tienen curiosidad y hacen planteamientos abiertos que permiten acomodar su conocimiento al artista, y piensan cómo enriquecer sus propios procesos con este tipo de experiencias.

(MB): Igual que hay artistas a los que no les interesa la ciencia, hay científicos a los que no les interesa el arte. Tanto en la ciencia como en el arte se abordan los límites del conocimiento. El entendimiento de los científicos y los artistas converge en una idea compartida de tratar de entender lo que no se puede captar, lo que va más allá de nuestros límites. En mi caso, la inmersión de artistas en laboratorios científicos ha dado como resultado experiencias muy positivas para ambas partes. Como comisaria, mi papel debe facilitar las condiciones, pero la capacidad del artista para negociar su papel en un entorno no artístico es muy importante. En cualquier caso, los científicos están acostumbrados a plantear y discriminar ideas para avanzar, como lo hace el propio artista.

¿Os habéis encontrado con muchos científicos que tengan una parte artística muy desarrollada?

(MB): Constantemente. Por ejemplo, en el CERN hay físicos que son músicos de alto nivel. Nuestra directora, Fabiola Gianotti, es una gran pianista. He conocido casos de físicos que en apenas dos años han aprendido a tocar el piano a un gran nivel. Los científicos a veces necesitan marcos de expresión que van más allá de la ciencia, como puede ser el del arte.

(AG): La artista Daniela de Paulis ha trabajado muchos años con la NASA, donde formó una orquesta con científicos que eran músicos. En general, entre los investigadores se pueden encontrar todo tipo de expresiones artísticas, como la música o la poesía, porque parten de tener una profesión muy creativa que consiste en experimentar. La creatividad no es exclusiva de los artistas.

Habéis coordinado una edición de la revista científica de la UOC Artnodes sobre arte, ciencia y tecnología: ¿cómo valoráis las aportaciones recibidas?

(MB): Hay muchos artistas que están haciendo investigación académica en el ámbito del arte. Son horas que no pueden destinar a la producción artística, más necesaria que nunca en momentos de crisis como la pandemia actual. Es un colectivo al que hay que apoyar. Sin embargo, es muy interesante un formato para expresar las ideas como el del artículo (paper) científico, que también ayuda a conocer cómo se siente esta comunidad de personas con intereses compartidos y cómo se defiende en un ámbito académico. Hay mucha práctica entre artistas y científicos, pero queda mucho camino para captar de la mejor manera posible estas ideas. El ejercicio de Artnodes nos permite descubrir que aún es necesario aterrizar mejor muchas ideas. Es un entorno que hay que estimular, para dar respuesta a inquietudes artísticas y científicas.

(AG): Artnodes es un formato muy interesante para que los artistas puedan escribir sobre su trabajo. Hay artistas que se sienten presionados para darle un formato académico a la expresión de su obra, y escribir para revistas científicas significa hacerlo de una manera muy ajustada a unos determinados parámetros. Destacaría de esta edición de Artnodes el texto de Suzanne Treister, que se mantiene fiel a su propia expresión como artista. Escribió su artículo en un formato que probablemente es el único en el que puede funcionar su texto, que no cabe en los patrones de las revistas científicas. Hubo que apostar por darle flexibilidad, dando un paso que me parece muy importante. De hecho, muchos artistas no comparten sus conocimientos porque no se sienten cómodos con los formatos académicos, así que son caminos en los que conviene seguir avanzando.

¿Cómo puede afectar la crisis del coronavirus al arte?

(AG): Es una cuestión en la que pensamos, ¿qué pasará después de esta situación? Muchos creadores están dedicados a ayudar y han fabricado productos de protección con impresoras 3D. Hay grupos de artistas que han hecho y hacen encuentros digitales periódicos pensando en qué aportaciones pueden hacer a esta crisis no solo sanitaria, sino, en general, humana.

(MB): Cuando hay momentos de crisis, echo mano de la historia. Fue precisamente en momentos críticos cuando muchos científicos y pensadores hicieron grandes aportaciones a la humanidad. Durante diferentes épocas, el conocimiento ha dictado las soluciones, y en estos momentos la realidad nos está sobrepasando. En esta situación, el papel del científico y del artista es también ayudarnos a superar el trauma individual y colectivo y ver cuál debe ser nuestro lugar en el mundo. Vivimos un momento de cataclismo, pero también de catarsis. Tenemos que pensar cómo contribuimos al cambio necesario, cuáles son nuestro compromiso y nuestra responsabilidad. Van a aparecer propuestas artísticas en torno a la ciencia que demuestran que no nos da las claves del mundo, sino que es un ámbito de exploración y de errores. La sociedad ha visto la ciencia como la verdad y es un momento de oportunidad para poner las expectativas en su lugar. Tengo grandes esperanzas de que esta situación impulsará acciones necesarias para que se produzcan cambios en muchos sentidos, que en el caso del arte afectarán a políticas culturales, agendas de los museos y nuevas metodologías… Hay que abanderar el cambio.