«Ha habido una actitud egoísta en el acceso global a las vacunas»

 Albert Barberà

El director del eHealth Center, Albert Barberà, sobre la gestión y distribución de las vacunas de la COVID-19: «Antes de empezar a pensar en vacunar a los niños no debemos olvidar que hay muchos países completamente desprotegidos». Foto: UOC

05/07/2021
Jesús Méndez
Albert Barberà, director del eHealth Center

 

La pandemia que estamos viviendo plantea toda una serie de retos en los que se mezclan aspectos relacionados con la sanidad, la política o la economía, entre otros. Y uno de esos grandes desafíos es el del acceso universal a las vacunas. La UOC, por medio del Vicerrectorado de Globalización y Cooperación y del eHealth Center, ha organizado un ciclo de cinco conversaciones para examinar varias de las claves de un proceso complejo pero esencial.

Las charlas, que pueden seguirse por el canal de YouTube de la UOC, reúnen a personas expertas de múltiples campos. En ellas se tratan aspectos como la importancia de la salud pública, el papel de las patentes y de la comunicación, los conflictos geopolíticos o el concepto de salud planetaria. Todas ellas están moderadas por Albert Barberà, director del eHealth Center. Hablamos con él sobre varios de estos temas.

El ciclo se articula alrededor del acceso a las vacunas, pero en realidad son muchos los asuntos que tienen que ver y que se relacionan con este problema. ¿Cuáles son los objetivos principales de estas conversaciones?

Creo que la pandemia ha hecho muy visibles aspectos que ya estaban encima de la mesa y que no terminábamos de abordar. En concreto, el acceso global a la vacuna plantea temas que tienen que ver con la ciencia, la información, la propiedad intelectual, la distribución y los planteamientos geopolíticos, entre otros. Nos parecía interesante tratar varios de estos aspectos con expertos tanto de dentro como de fuera de la universidad, abordar el conocimiento que existe e incluso el que aún no tenemos, y ser conscientes de ello.

El ciclo está organizado conjuntamente entre el Vicerrectorado de Globalización y Cooperación y el eHealth Center de la UOC. ¿Qué papel deben o pueden tener organismos como las universidades en estos temas?

Mi opinión es que la universidad no debe limitarse a las dos áreas tradicionales de enseñar e investigar, que también, sino que es un actor que contribuye a la transformación social. No debe estar encerrada en su torre de marfil, sino que debe participar en el entorno y hacerlo desde una posición alejada de paternalismos. En un mundo tan cambiante, el papel de la universidad debe ser el de ayudar a tener una opinión crítica y reflexiva, aunque no siempre pueda dar directamente las soluciones.

El desarrollo de las vacunas ha sido un éxito, pero en su distribución ha quedado clara la existencia de un mundo a dos velocidades: hay países con pautas ya avanzadas que se plantean vacunar a niños y adolescentes, donde la enfermedad apenas supone un riesgo, mientras que muchos otros apenas han podido vacunar a los más vulnerables o incluso a los sanitarios. ¿Cómo hemos llegado a esto? ¿Podría haberse evitado?

El problema es que ha habido un «nacionalismo sanitario», una actitud egoísta de «me first» o «yo primero». Y no solo con las vacunas, sino también con todos los productos de salud relacionados. Hasta cierto punto puede ser comprensible esta reacción emocional, pero en el fondo constata que los organismos internacionales no han tenido el compromiso suficiente para abordar un problema que es global. Sería utópico pensar que no fueran a existir diferentes ritmos, pero hay muchas cosas que podrían haberse hecho mejor. Y antes de empezar a pensar en vacunar a los niños no debemos olvidar que hay muchos países completamente desprotegidos.

Un tema importante y que se aborda específicamente en el ciclo es el de las patentes. ¿Hasta qué punto su mera suspensión es capaz de mejorar la situación? ¿Puede obligarse también a las compañías a hacer transferencia de conocimiento, como reclaman muchas voces y organizaciones?

Sí, es posible, pero probablemente a corto plazo el aumento de producción no sería demasiado grande. Otro asunto sería cómo deberíamos actuar a largo plazo, y hay mucha gente debatiendo sobre esto. Ante situaciones como esta debería reorganizarse y reforzarse el tema productivo y de negociación de precios. Hay otros mecanismos alternativos aparte de las patentes para promover la innovación, como el uso de incentivos. La salud es un tema esencial que no debería regirse por las mismas leyes que el mercado. Y estoy bastante en sintonía con las tesis de la economista Mariana Mazzucato: los estados también invierten y toman riesgos, y deben ser un actor activo hasta la parte final de la transferencia, no solo en la investigación.

Otro aspecto que se trata es el de la comunicación, que ha sido particularmente difícil en un periodo de constantes incertidumbres. ¿Qué valoración global hace de ella durante este casi año y medio de pandemia?

Creo que se ha ido mejorando, pero al principio no hemos transmitido bien cómo funciona y evoluciona la ciencia. Los científicos y académicos quizá tendimos hacia una actitud demasiado paternalista. Pero tampoco funcionó bien desde la política, donde muchas veces ha sobrado testosterona y ha faltado una actitud de reconocimiento sobre aspectos que se desconocían. Por otro lado, siempre habrá quien acepte teorías alternativas o conspiranoicas, pero tengo la convicción de que, cuando la comunicación es honesta, la gente acepta bien la incertidumbre. Y que es preferible a la falsa seguridad, porque además esta va acompañada muchas veces de contradicciones, y eso se percibe.

Hay también una sesión del ciclo dedicada al impacto ambiental. La pandemia ha vuelto a poner sobre la mesa el concepto one health (una sola salud humana, animal y ambiental). ¿Hasta qué punto este impacto influyó en la aparición de la pandemia y hasta qué punto era inevitable en un mundo tan globalizado e interconectado?

Es cierto que en un mundo como el actual es difícil evitar zoonosis como esta. Pero también lo es que si cuidamos el medio ambiente es más difícil que pase. En cualquier caso, el concepto de salud planetaria va mucho más allá, y tiene que ver con que hemos reducido mucho nuestra visión de la salud humana. Nuestra salud no solo está marcada por los genes o por los hábitos, que obviamente son importantes, sino que el entorno también nos influye de muchas maneras si no lo cuidamos.

Muchas decisiones o planteamientos durante este año y medio han generado debates éticos. ¿Estaban las leyes preparadas para enfrentarse a una situación así? ¿Lo están ahora?

Más allá de las leyes concretas, creo que es importante que como sociedad lleguemos a consensos. Por ejemplo, hubo mucha discusión con el tema de cómo se compartían los datos por medio de las aplicaciones de seguimiento. Los buenos datos permiten tomar mejores decisiones, pero debemos sentirnos seguros respecto a la información que aportamos. Y eso implica seguramente llegar a un pacto social y a partir de ahí legislar, aunque no sea sencillo.

Si tuviera que escoger, ¿qué sería lo mejor y lo peor de la respuesta frente a la pandemia?

Sobre lo mejor diría dos cosas. Una sería el desarrollo tan rápido de vacunas eficaces, en parte gracias a que ya había mucha investigación previa. Otra sería la conciencia que se ha tenido sobre la importancia de la ciencia abierta y de compartir datos, que en realidad va un poco ligado.

Lo peor creo que sería que en muchas ocasiones no se ha transmitido con honestidad la incertidumbre. Y, por supuesto, que ha tenido lugar un nacionalismo sanitario extremo.

Por último, ante una muy probable futura pandemia: ¿hemos aprendido de esta? ¿Estaremos mejor preparados?

Yo quiero ser optimista y creo que sí. El sistema científico y de innovación lo estará, y hemos aprendido en muchos campos. Ha habido avances en muchos temas como la ciencia abierta y en la toma de conciencia de temas importantes como la capacidad productiva, la colaboración social o los sistemas de sanidad sólidos. Muchas piezas del puzle han cogido importancia y se han replanteado, aunque falta armarlas de forma global.

A mí me gusta subrayar el concepto de que esta pandemia es en realidad una sindemia, como propuso Richard Horton, el redactor jefe de la revista The Lancet. Eso implica pensar que hay muchos factores que influyen en ella además del virus. Si no transformamos el sistema global de salud, vamos a seguir teniendo problemas. Nosotros desde el eHealth Center de la UOC pensamos que la tecnología ofrece una oportunidad para ayudar en este proceso de transformación.

UOC R&I

La investigación e innovación (RI) de la UOC contribuye a solucionar los retos a los que se enfrentan las sociedades globales del siglo xxi, mediante el estudio de la interacción de la tecnología y las ciencias humanas y sociales, con un foco específico en la sociedad red, el aprendizaje en línea y la salud digital. Los más de 500 investigadores y 51 grupos de investigación se articulan en torno a los siete estudios de la UOC y dos centros de investigación: el Internet Interdisciplinary Institute (IN3) y el eHealth Center (EHC).

Los objetivos de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y el conocimiento abierto son ejes estratégicos de la docencia, la investigación y la innovación de la UOC. Más información: research.uoc.edu. #25añosUOC