Número 119 (marzo 2022)

Bibliotecas, mujeres y guerras

Sandra Sanz Martos

Los libros, las bibliotecas y las mujeres juegan papeles similares e invisibles durante los conflictos bélicos. La labor social de las bibliotecas es ampliamente conocida, siempre al rescate de la sociedad. Lo hemos visto en las distintas crisis que hemos ido atravesando en lo que llevamos de siglo. A las mujeres se les atribuye las consabidas labores de apoyo y cuidados. Y, por otro lado, también en paralelo, ambas sufren consecuencias terribles y devastadoras.

Es poco conocida la presencia de los libros en algunas de las guerras del siglo XX. Las trincheras, los hospitales y los centros de entrenamiento estaban provistos de bibliotecas. Uno de los ejemplos que quizás más ha trascendido es el de la II República española y su esfuerzo por dotar de bibliotecas o de servicios de lectura a los soldados. Tal y como cuenta Raquel Pico (2014), al fin y al cabo, la II República puso un gran empeño en la alfabetización de la población mediante las escuelas y la red de bibliotecas públicas creadas durante esta época. Las Misiones Pedagógicas dotaban de libros y de bibliotecas los lugares por los que pasaban y las autoridades republicanas invirtieron una importante partida presupuestaria en libros. Era un período en el que, además, la industria editorial también estaba en pleno crecimiento y empezaron las ferias del libro en España. Durante la Guerra Civil, como cuentan en el documental Biblioteca en guerra, se crearon bibliotecas itinerantes que recorrían el frente. En las trincheras, la lectura era una forma de evadirse y, al final, de sobrevivir, ya que recordaba el mundo que estaba fuera de la batalla. Para los prisioneros de guerra, leer era una de las pocas cosas que podían hacer, como ocurría con quienes estaban en los hospitales. Para estos últimos, por cierto, la lectura era una recomendación terapéutica.

 

Bibliotecas y la guerra de Ucrania

 

Casi un siglo después y ante la crisis geopolítica y bélica más importante en mucho tiempo en Europa, la presidenta de la Asociación de Bibliotecas de Ucrania hace el siguiente llamamiento:

 

«¡Querida comunidad bibliotecaria!

 

¡Estamos a la vanguardia de la lucha contra las falsificaciones, la desinformación y las ciberamenazas! Las bibliotecas son espacios educativos donde todos tienen la oportunidad de adquirir nuevos conocimientos y habilidades. Los bibliotecarios enseñan y ayudan a cientos de miles de personas todos los días a dominar las habilidades para vivir en el mundo digital y tener un ciberespacio seguro para ellos y sus seres queridos. Todos los días, los bibliotecarios trabajan para que las personas, las comunidades y la sociedad puedan distinguir la información verdadera de la mentira y resistir la información y la manipulación psicológica.

 

Las bibliotecas son lugares de seguridad y libertad, donde todas las personas que lo necesiten tendrán acceso gratuito a la información, Internet, apoyo psicológico y ayuda para resolver las dificultades de su vida.

 

Las bibliotecas son lugares de poder donde las personas se encuentran a sí mismas. En la comunicación diaria, los bibliotecarios hacen todo lo posible para que todos los que vienen a la biblioteca amen los libros, amen su idioma, amen Ucrania.»

 

Y la respuesta europea no tardó en llegar. Coincidiendo con el inicio de la invasión rusa (24 de febrero) las tres organizaciones europeas EBLIDA, NAPLE y Public LIbraries 2030 lanzaron el siguiente comunicado: «El bárbaro ataque de la Federación Rusa contra Ucrania va en contra de los principios básicos de una sociedad sostenible, democrática y equitativa. En respuesta al llamamiento lanzado por la Asociación de Bibliotecas de Ucrania, EBLIDA, NAPLE y Public Libraries 2030 insta a las bibliotecas de toda Europa a movilizarse a favor de una información precisa. Difundir información sobre el conflicto como medio de apoyo a la democracia y la libertad de expresión. También insta a las bibliotecas a apoyar a los refugiados ucranianos, en colaboración con organizaciones gubernamentales y no gubernamentales. Deberíamos estar preparados para encontrar soluciones prácticas y para proporcionar a los ucranianos asistencia y servicios según sea necesario».

 

Se trata del resultado de un proceso que se llevaba fraguando meses antes. Las tres importantes organizaciones bibliotecarias EBLIDA, NAPLE y PL2030 unían recursos y esfuerzos para reforzar la labor de las bibliotecas europeas. Esta iniciativa reúne a más de 60 servicios bibliotecarios europeos y 68 organismos nacionales de bibliotecas con el objetivo de crear una presencia más fuerte de las bibliotecas en Europa a través del intercambio de información, la puesta en marcha de acciones de promoción e investigación y la participación en programas de financiación.

 

Biblioteconomía y género

 

En otro orden de cosas, la profesión de bibliotecario/a es una de las más feminizadas. No en vano hasta bien avanzada la segunda mitad del siglo XX las escuelas de Biblioteconomía y Documentación todavía se les denominaba «de Bibliotecarias», como es el caso de la de Barcelona. También sucedió lo mismo con las escuelas de Enfermeras, que después pasaron a llamarse «de Enfermería». Las mujeres, tanto en tiempos de paz como de guerra, siempre han asumido roles –cumpliendo estereotipos– de educadoras y cuidadoras. Aunque con el tiempo, la historia les ha ido asignando otros papeles menos tradicionales. Según la Wikipedia, en la Primera Guerra Mundial se alistaron más de 12.000 mujeres en la Marina de Estados Unidos, y en la Infantería de Marina alrededor de 400 mujeres murieron en la Gran Guerra. Durante la contienda, sirvieron más de 2.000 mujeres en el Cuerpo Médico del Ejército Real de Canadá y el papel de las mujeres canadienses se extendió más allá de la enfermería en el ejército. Recibieron entrenamiento paramilitar en armas pequeñas, primeros auxilios, de perforación y mantenimiento de vehículos por si fueran necesarias como protectoras del hogar. En la Segunda Guerra Mundial, la expansión del papel de la mujer fue inevitable. Las mujeres tuvieron oportunidades como mano de obra y su papel fue más importante que en la Primera Guerra Mundial. Cerca del final de la guerra, más de dos millones de mujeres tenían trabajos en las fábricas de armamento. Las mujeres también sirvieron en las fuerzas armadas y combatieron en el frente o participaron en la resistencia.

 

En la guerra de Ucrania muchas mujeres han renunciado al exilio para quedarse a luchar y defender su país. Los medios han querido reflejar y reivindicar su labor, fabricando cócteles molotov o recibiendo entrenamiento.

 

Pero también tanto las mujeres como las bibliotecas sufren gran parte de las consecuencias más atroces de las guerras. Las bibliotecas son saqueadas y quemadas y las mujeres violadas y asesinadas. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, el Ejército Imperial Japonés forzó a mujeres a la esclavitud sexual, las conocidas como mujeres de confort.

 

Decía precisamente una mujer, María Montessori, en 1937 que «todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia, y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz».

 

Una vez más, como en tantas otras ocasiones, la solidaridad y la cooperación surgen para intentar salvar el mundo. Las bibliotecas europeas han sabido unirse para luchar contra la desinformación y garantizar el acceso a internet, entre otros servicios. Ojalá no hubiera que esperar a sufrir situaciones extremas de necesidad para que afloren las conductas solidarias y colaborativas. Aprendamos de las experiencias, de la colaboración, asumamos que la cultura del compartir nos hace mejores. Y pongamos nuestras esperanzas de futuro en la cooperación, quizás, y entre otras razones, porque la cooperación es femenina.

 

Para saber más:

Biblioteca en guerra. En: Youtube [vídeo en línea]. Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=7twyq4sqnd0

 

Citación recomendada

SANZ, Sandra. Bibliotecas, mujeres y guerras. COMeIN [en línea], marzo 2022, no. 119. ISSN: 1696-3296. DOI: https://doi.org/10.7238/c.n119.2219

género;  biblioteconomía;  gestión de la información;