Número 43 (abril de 2015)
El paréntesis de Gutenberg
Sílvia Sivera

El paréntesis de Semana Santa permite disfrutar de una procesión de lecturas pendientes y reencontrar a autores que a menudo profesan la provocación como liturgia intelectual. Es el caso del libro que titula este artículo y que el filósofo Alejandro Piscitelli subtitula oportunamente como la religión digital en la era de las pantallas ubicuas. El autor se une a aquellos que piensan que los quinientos años transcurridos desde la primera Biblia de Gutenberg son un mero paréntesis entre el mundo oral de la larga historia previa al invento de la imprenta y la oralidad secundaria que implica Internet.

La tesis parentética fue formulada originalmente por el profesor Lars Ole Sauerberg, del The Gutenberg Parenthesis Research Forum de la Universidad de Dinamarca del Sur, a pesar de que ya fue prefigurada por Marshall McLuhan y Walter J. Ong. Desde su perspectiva, se reduce a categoría de anécdota histórica al período comprendido entre finales del Renacimiento y principios del siglo XXI, en que predominó el texto impreso – y el libro, específicamente– en la producción cultural. Tiene su lógica: ¿qué son quinientos años dentro de la historia de más de doscientos mil del Homo sapiens?

 

Es más, Piscitelli califica el mismo acto de leer como “algo muy extraño”, dado que durante centenares de miles de años nadie lo hizo. A partir de este razonamiento, uno de los padres de la inteligencia artificial, Seymour Papert, se sitúa al final del paréntesis cuando afirma que en un futuro más o menos cercano no nos hará falta leer o, al menos, la lectura no será la única vía de acceso privilegiada al conocimiento.

 

Las nuevas tecnologías permiten nuevas formas de aprendizaje y, puestos a emplear las provocaciones como técnica creativa, podríamos llegar a pensar que nos pueden incluso ‘ahorrar’ ciertos aprendizajes. Por ejemplo, la sofisticación de los motores de traducción simultánea/síncrona, ¿podría poner entre unos paréntesis incómodos a las academias de idiomas?

 

Si la imprenta cambió radicalmente el acceso a la información y al conocimiento, de manera inversa, la conversión digital hace que el libro sea solo una opción más entre otras muchas y, cognitivamente, Piscitelli considera imposible separar la forma y la materia de la mediación.

 

En otras palabras, el libro, que era en sí mismo una autoridad, el símbolo del conocimiento, de la cultura, ha perdido la solidez del papel y en el espacio digital el texto no es un producto, sino un proceso que se caracteriza por la interactividad y por un ritmo más acelerado de consumo y coautoría.

 

Internet estaría provocando una contra-revolución que traiciona a Gutenberg en lugar de complementarlo. La mayoría de las interacciones humanas vuelven al estado líquido de conversaciones, síncronas y simultáneas, que desplazan la hegemonía diacrónica representada por los libros. Paradójicamente, estos (re)planteamientos líquidos de Piscitelli los descubro a partir de la lectura de su libro sólido (aunque hay que entender esta crítica como en un paréntesis, dado que el autor no reniega de los formatos físicos y, como devoto declarado del “santo patrón” McLuhan, no pretende explicar nada sino explorarlo todo). Más combatiente con los nostálgicos del mundo analógico se sitúa la antropóloga Paula Sibilia cuando afirma que “la cultura de los libros no dio como resultado un mundo mejor”.

 

Es demasiado pronto para saber si la cultura de Internet dará como resultado un mundo mejor, pero los paréntesis de pensamiento que abre y cierra Piscitelli apuntan que resultará, como mínimo, en un mundo diferente.

 

En el libro parentético que cierra la trilogía iniciada con Nativos Digitales (Santillana, 2009) y 1@1 Derivas en la educación digital (Santillana, 2010), el autor no filosofa solo sobre la cultura del libro, sino también sobre pedagogía (con conceptos tan interesantes como el edupunkismo o el polialfabetismo), sobre la crisis de las profesiones P, dedicadas a transformar a los otros (Profesores, Publicitarios, imPrenteros, Políticos y Periodistas), sobre el cuestionamiento radical de las estructuras jurídicas que defienden el copyright o sobre el futuro de la industria de los medios (que avanza que tendrá que ser una industria de creadores, teniendo en cuenta que toda obra de creación es derivada).

 

A pesar de que se trata de una lectura pagana, heterodoxa e iconoclasta en muchos aspectos, no faltan los paralelismos religiosos cuando se afirma que la cultura digital es la única rival actual de la religión como presencia universal (Doueihi, 2010). Y como una provocación trae a otra, esto hace pensar en hipotéticos paréntesis protagonizados por ‘dioses’ poco cuestionados del ámbito de la comunicación actual, ya sean marcas, empresas o personas: el paréntesis de la Coca-cola, el paréntesis de Google, el paréntesis de Zuckerberg...

 

Habrá que buscar nuevos paréntesis temporales para ir pensando en ellos (...) (...) (...)

 

Para saber más:

 

Doueihi, M. (2010). La gran conversión digital. Buenos Aires: FCE.

 

McLuhan, M. (1962). The Gutenberg Galaxy: the making of typographic man. Toronto: University of Toronto Press.

 

Ong, W. J. (1987). Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra. México: FCE.

 

Piscitelli, A. (2011). El paréntesis de Gutenberg. La religión digital en la era de las pantallas ubicuas. Buenos Aires: Santillana.

 

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