Desmotivación, estrés y dolor de cabeza, efectos sobre los niños que duermen poco
Foto: CC/Flickr
Los niños de hasta 14 años se acuestan media hora más tarde que hace 30 años y descansan una media de 9,8 horas al día

Los niños de hasta 14 años duermen una media de 9,8 horas diariassegún datos de la última Encuesta nacional de salud (2012), publicada por el Ministerio de Sanidad. La cifra no llega al mínimo que recomienda el propio Ministerio, que es de 10 horas al día. De hecho, según el director del Instituto de Investigaciones del Sueño, Diego García Borreguero, desde 1985 se ha atrasado 30 minutos la hora de ir a dormir de los niños. Esta falta de tiempo de descanso puede tener consecuencias psicológicas y neurológicas entre los más pequeños que afectan sobre todo al rendimiento escolar. El neurocientífico y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC Diego Redolar, y la doctora en Psicología del centro GRAT y profesora colaboradora de los Estudios de Psicología y Educación de la UOC Amàlia Gordóvil, las analizan con motivo del Día Mundial del Sueño, que se celebra el viernes 17 de marzo.

«Dormir es clave para funciones fisiológicas y psicológicas como el crecimiento, el aprendizaje y la consolidación de la memoria. Su importancia en estas funciones está demostrada ya des de bebés», apunta Redolar. Gordóvil recuerda que se llevó a cabo un experimento con ratones que consistía en no dejarlos descansar. «Todos los animales murieron», deja claro. En este sentido Redolar afirma que si de manera crónica no se duerme bien, el sistema nervioso del niño puede llegar a no funcionar correctamente. El neurocientífico, sin embargo, también matiza que patologías como el insomnio afectan, básicamente, a las personas adultas.


El peligro de entrar en un círculo vicioso

Lo más común entre los niños es que no duerman las horas recomendadas y sufran efectos psicológicos como por ejemplo la falta de concentración: «El cansancio no permite que las funciones cerebrales funcionen de forma óptima, esto puede producir una hipofuncionalidad cerebral, que es muy similar a la que aparece en un estado de somnolencia», explica Gordóvil.

Esta falta de concentración repercute negativamente en el día a día del menor porque no puede hacer frente a las actividades escolares. Si este cansancio se mantiene en el tiempo –apunta la psicóloga‒ el niño puede entrar en un «círculo vicioso»: que no se concentre, que no participe en clase, que no esté atento, que saque malas notas... «Todo ello puede llevarlo a la desmotivación», dice Gordóvil.

Otra consecuencia de no dormir suficiente es tener dificultades de memoria generadas por el estrés. «La falta de sueño genera estados de estrés, que vienen dados por no poder hacer frente de una manera óptima a las demandas que nos llegan, sea desde la escuela o el trabajo», explica la psicóloga. Varios estudios apuntan que cuando se entra en ese estado se producen faltas de memoria que pueden repercutir en los estudios y se convierten en «factores de mantenimiento del círculo vicioso».

Además de los efectos psicológicos, sufrir sueño favorece el exceso de peso y/o a sintomatologías neurológicas como el dolor de cabeza. «Esta sintomatología puede producir que el niño no quiera ir al colegio y se esté ante el inicio de un absentismo escolar que, si no se para a tiempo, se puede complicar», matiza Gordóvil. La clave para evitarlo, coinciden los expertos, la tienen los padres, que han de ser los que «pongan límites» y hagan cumplir unos hábitos saludables a los hijos.

Según Redolar, lo más aconsejable es que justo antes de ir a dormir el niño haga una actividad para «sincronizar el funcionamiento del sistema nervioso» y así facilitar el sueño. Una de las actividades que recomienda el experto es la lectura. «Hay que hacerla, pero fuera de la cama y, después, ir a dormir», explica. Otros hábitos que facilitan el sueño según el Ministerio de Sanidad son: seguir la misma rutina tanto durante el día como la noche; controlar que los programas de televisión, los videojuegos y el uso del móvil sean adecuados para la edad que tiene el niño; disponer de un ambiente adecuado para dormir (sin ruido ni luces y con temperatura agradable); evitar largas siestas en horas próximas a la hora de dormir o evitar comidas y bebidas estimulantes como refrescos con gas o chocolate. «Un buen alimento es un vaso de leche caliente porque lleva una sustancia que se llama triptófano, que se ha demostrado que puede modular la calidad y la duración del sueño», concluye Redolar.

 

Foto del profesor Diego Redolar Ripoll

Diego Redolar Ripoll

Experto/a en: Neurociencia y psicobiología (bases biológicas del aprendizaje, la memoria, las emociones y el refuerzo).

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Amàlia Gordóvil

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